{"id":1199,"date":"2010-10-08T11:48:17","date_gmt":"2010-10-08T14:48:17","guid":{"rendered":"http:\/\/www.nuestrotaller.com.ar\/?p=1199"},"modified":"2010-10-08T11:53:07","modified_gmt":"2010-10-08T14:53:07","slug":"fumar","status":"publish","type":"post","link":"http:\/\/marceloscalona.com.ar\/?p=1199","title":{"rendered":"Fumar"},"content":{"rendered":"<p><!-- \t\t@page { margin: 2cm } \t\tP { margin-bottom: 0.21cm } -->Yo ya estaba en verdad bastante cansado y me molest\u00f3 un poco salir a esa hora de la noche. Ten\u00eda que verla porque hab\u00edan pasado cuatro o cinco d\u00edas desde la \u00faltima visita. Ella acusaba un fuerte dolor de cabeza as\u00ed que coloqu\u00e9 un libro en el malet\u00edn de trabajo y sal\u00ed con la bicicleta.<\/p>\n<p>La distancia de mi casa a su departamento era de doce o trece cuadras, mucho para caminar cuando uno est\u00e1 cansado al final de la jornada, y poco para esperar media hora un colectivo. Cuando llevaba s\u00f3lo dos cuadras de mi corto recorrido, detuve la bicicleta para fumar. No ten\u00eda fuego y el viejo guardia de uno de los edificios lindantes estaba fumando en la puerta. Le ped\u00ed prestado el encendedor. Esperaba alguna iron\u00eda, un chiste liviano o alguna acotaci\u00f3n sobre la intermitente lluvia  que llevaba ya m\u00e1s de una semana, pero el viejo no dijo nada. Me estir\u00f3 su brazo, que terminaba en una mano exageradamente grande para el resto del cuerpo y al abrirla, como si fuera un capullo que florece en primavera, un capullo de alguna plata insect\u00edvora del Amazonas, estaba el objeto requerido: un encendedor a gas que se activaba cuando la tapa del instrumento se corr\u00eda con un movimiento brusco.<\/p>\n<p>Eran comunes ese tipo de mecheros entre los viejos. Recuerdo algunas im\u00e1genes difusas de otro tiempo. El cumplea\u00f1os de mi t\u00edo-abuelo Bartolo, sus primeros 80 (creo que sigue vivo, aunque su familia dej\u00f3 de hablarle y mi familia perdi\u00f3 todo contacto con su esta rama del \u00e1rbol geneal\u00f3gico), ese d\u00eda peleaba un sorprendente Myke Tyson contra Tony Tucker, que perd\u00eda en fallo dividido tras 12 vueltas intensas. Nunca voy a olvidar esa pelea. Recuerdo como el t\u00edo Lito, algo m\u00e1s joven que Bartolo pero m\u00e1s cansado por una vida dura, me explic\u00f3 algunos puntos b\u00e1sicos de ese apasionante deporte.<\/p>\n<p>&#8211; Algo que no \t\tentiendo es qui\u00e9n va ganando&#8230;<\/p>\n<p>&#8211; Gana el que \t\tpega m\u00e1s, me dijo<\/p>\n<p>&#8211; Pero ac\u00e1 se \t\tpegan mucho los dos<\/p>\n<p>&#8211; Entonces ten\u00e9s \t\tque mirar el que tiene el centro del ring<\/p>\n<p>&#8211; \u00bfEl centro \t\tdel ring?<\/p>\n<p>&#8211; Si. El que \t\test\u00e1 parado en el centro es el que tiene el dominio<\/p>\n<ul>\n<li>\n<ul><\/ul>\n<\/li>\n<\/ul>\n<p>Y era verdad. El dominio lo ten\u00eda Tyson, aunque de a ratos se iban intercambiando el territorio.<\/p>\n<p>Ahora estaba parado yo en el centro de la calle, encendiendo un cigarrillo con aquel extra\u00f1o mechero del cuidador que no me hablaba. Me hubiera molestado que me hablase, pero me parec\u00eda extra\u00f1o, inquietante, que no lo hiciese. \u00bfC\u00f3mo ser\u00eda la voz de aquel sujeto? Le agradec\u00ed el fuego y emprend\u00ed camino por Mitre. Llevaba la bici a cuestas, arrastr\u00e1ndola como extensi\u00f3n de mi cuerpo. Agradec\u00ed por dentro que el colectivo no pasara, por miedo a arrepentirme de salir en bicicleta a esa hora y con semejante nivel de cansancio.<\/p>\n<p>Antes de cruzar, donde comenzaba la doble parada de colectivos mis ojos se cruzaron con los ojos de la mujer m\u00e1s hermosa que viera jam\u00e1s.<\/p>\n<p>El humo de mi cigarrillo y la oscuridad de la calle se alteraron ante aquella estupenda presencia. Creo que nunca, nunca olvidar\u00e9 esa mirada. Su gesto era sencillo, el ment\u00f3n era el punto de  fuga del Universo. Y no puedo exagerar. Esa imagen sublime era innombrable.<\/p>\n<p>Ella cruz\u00f3 su mirada con la m\u00eda, sus ojos celestes, y se sostuvo. Yo no pude contenerme y baj\u00e9 la vista casi inmediatamente. Me arrepent\u00ed mucho y cuando quise acordarme, ya estaba al otro lado de la calle.<\/p>\n<p>Me entr\u00f3 entonces una horrible desesperaci\u00f3n. Me reprochaba no haberle hablado, o al menos no haber sostenido la mirada un poco m\u00e1s, para que ella pudiera recordarme. Quiz\u00e1s m\u00e1s adelante, volverla a encontrar en otra circunstancia, pero exento del cariz del olvido. Pensaba, en t\u00e9rminos po\u00e9ticos, pero no pod\u00eda pensar de otra manera.<\/p>\n<p>Volv\u00ed a mirar hacia la parada. Albergaba la vana esperanza de ser correspondido. Ella tambi\u00e9n podr\u00eda estar arrepentida de no haberme ayudado a abordarla, a poder convertir algo f\u00fatil en un verdadero y poderoso acontecimiento. Algo que nos rescatar\u00eda a los dos&#8230;<\/p>\n<p>Apoy\u00e9 la bici sobre una baranda de escuela pintada de amarillo y mir\u00e9 lo que quedaba de mi cigarrillo. No hab\u00eda pitado m\u00e1s de dos o tres veces. Me qued\u00e9 quieto, esperando un milagro. Clav\u00e9 los ojos en aquella desconocida que hab\u00eda cambiado mi vida en un instante, pero no fui correspondido. Otras personas ocuparon el espacio y me sent\u00ed humillado. Nadie la conoc\u00eda o parec\u00eda conocerla, sin embargo, ya no era lo \u00fanico. Tom\u00e9 la bicicleta y me fui, antes de tirar el cigarrillo.<\/p>\n<p>Llegu\u00e9 y habl\u00e9 un rato con la negra, antes de acostarnos. Ella estaba contenta, as\u00ed que trat\u00e9 de escucharla sin hablar demasiado. Acostado, pens\u00e9 menos en la hermosa mujer de la parada que en Bartolo, Lito y la incre\u00edble pelea de Tyson. Yo ten\u00eda por entonces edad de primaria y ese d\u00eda, junto con los carnavales de cada a\u00f1o, son los recuerdos m\u00e1s fuertes que conservo del club. La fiesta de cumplea\u00f1os de Bartolo fue un acontecimiento social incomparable, como las primeras fiestas que pas\u00e1bamos en el barrio, antes de la mudanza.<\/p>\n<p>A su manera, el encuentro con la hermosa mujer de la parada, tambi\u00e9n constituir\u00eda con el tiempo, un recuerdo imborrable, magnificado, distorsionado o un hueco m\u00e1s en la memoria del olvido.<\/p>\n<p>Llegu\u00e9, entonces, y hablamos un rato con Carolina. Hizo caf\u00e9 y al cabo de un rato, nos acostamos. So\u00f1\u00e9 algo extra\u00f1o. No era com\u00fan que so\u00f1ara con ella. En el sue\u00f1o me dec\u00eda que se hab\u00eda besado con un tipo en una fiesta. Est\u00e1bamos en la cama, ella sentada, apoyada en la pared y yo acostado, dormitando con la vista d\u00e9bil puesta en el techo de la habitaci\u00f3n semi oscura. En esa posici\u00f3n, irreverente, y luego de confesarme su amor\u00edo, sacaba un papel de su media, una hoja arrancada de un cuaderno y escrita a mano con birome azul. No me la mostraba, pero pod\u00eda verla. Como si fuera una pel\u00edcula que salta de un plano general de dos cuerpos acostados, en una escena dram\u00e1tica, aunque no cargada, hacia un plano detalle de la carta. Pod\u00eda leerla, con alguna dificultad. Parec\u00edan extractos de poemas, desordenados. Era claramente una declaraci\u00f3n de amor extra\u00f1a, algo soberbia (toda declaraci\u00f3n que pone el foco en el declarante y no en el receptor es, cuanto menos, contradictoria). Recuerdo el t\u00e9rmino <em>intelligentzia<\/em>. Era est\u00fapido escribirle a una chica utilizando esos t\u00e9rminos. Pero ella parec\u00eda encantada. En el sue\u00f1o me invad\u00eda una angustia matizada. Por momentos pensaba en golpearla o insultarla pero inmediatamente desist\u00eda para dar paso a acciones moderadas. Parec\u00eda incapaz de reaccionar, dispuesto a humillarme hasta el l\u00edmite, pero para ella el relato y la carta eran hechos naturales.<\/p>\n<p>Me despert\u00e9 sin demasiado sobresalto. El reloj marcaba las 7:45. No hab\u00eda tiempo para volver a dormir, pero era demasiado temprano para levantarme. Encend\u00ed la radio y me vest\u00ed. Tom\u00e9 el desayuno s\u00f3lo. Ella segu\u00eda durmiendo y no quer\u00eda despertarla. Era un d\u00eda como cualquiera, un poco fr\u00edo para octubre tal vez. Pens\u00e9 que ser\u00eda conveniente salir con campera liviana y sueter de hilo, a\u00fan a sabiendas de que terminar\u00edan en la malet\u00edn antes del mediod\u00eda.<\/p>\n<p>Terminado el desayuno, era a\u00fan demasiado temprano. Pod\u00eda caminar lento, detenerme a mirar el paisaje urbano. Prefer\u00ed fumar un cigarrillo en la ventana antes de salir. Un s\u00f3lo cigarrillo. Fumando lentamente pasar\u00edan entre 5 y 7 minutos. Muy lentamente, no habr\u00eda apuro. Si ella se levanta \u2013  pens\u00e9 \u2013 no le va a gustar verme fumando tan temprano. Unos p\u00e1jaros bailaban en el pino del patio posterior del edificio.<\/p>\n<p>Faltan apenas diez minutos para las 3. E necesario que el reloj avance con prisa para poder irme. Necesito hacer algunas diligencias antes de volver a casa, comer y ponerme a producir nuevamente. Muchas veces puede aprovecharse el tiempo en la oficina cuando no hay mucho para hacer, algunos d\u00edas, los minutos son eternos y uno termina haciendo cualquier cosa con tal de atenuar la espera.<\/p>\n<p>Bruno Preatoni<img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" class=\"alignnone\" src=\"http:\/\/t2.gstatic.com\/images?q=tbn:byMCUn8E3bHOxM:http:\/\/i58.photobucket.com\/albums\/g274\/ghoflin\/paul_newman.jpg&amp;t=1\" alt=\"\" width=\"259\" height=\"194\" \/><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Yo ya estaba en verdad bastante cansado y me molest\u00f3 un poco salir a esa hora de la noche. 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