{"id":1229,"date":"2010-10-12T11:30:54","date_gmt":"2010-10-12T14:30:54","guid":{"rendered":"http:\/\/www.nuestrotaller.com.ar\/?p=1229"},"modified":"2010-10-12T11:38:45","modified_gmt":"2010-10-12T14:38:45","slug":"el-idiota-por-javier-nunez","status":"publish","type":"post","link":"http:\/\/marceloscalona.com.ar\/?p=1229","title":{"rendered":"EL IDIOTA.-  por Javier Nu\u00f1ez.-"},"content":{"rendered":"<p><strong>.\u00a0 <a href=\"http:\/\/www.nuestrotaller.com.ar\/wp-content\/uploads\/2010\/10\/bg01_02.jpg\"><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" class=\"aligncenter size-full wp-image-1233\" title=\"bg01_02\" src=\"http:\/\/www.nuestrotaller.com.ar\/wp-content\/uploads\/2010\/10\/bg01_02.jpg\" alt=\"\" width=\"456\" height=\"418\" srcset=\"http:\/\/marceloscalona.com.ar\/wp-content\/uploads\/2010\/10\/bg01_02.jpg 456w, http:\/\/marceloscalona.com.ar\/wp-content\/uploads\/2010\/10\/bg01_02-188x172.jpg 188w\" sizes=\"auto, (max-width: 456px) 100vw, 456px\" \/><\/a><\/strong><\/p>\n<p><strong>El idiota<\/strong>\u00a0\u00a0 <strong>*<\/strong><br \/>\n&#8212;&#8212;<\/p>\n<p>por\u00a0 <strong>JAVIER NU\u00d1EZ<\/strong>.-<\/p>\n<p>&#8212;&#8212;&#8212;&#8212;&#8211;<\/p>\n<p>Lo cierto es que la primera vez que lo vimos no lo notamos. Que era idiota, quiero decir. Alguna vez Clara explic\u00f3 que se trataba de una enfermedad cong\u00e9nita de nombre largo y complejo. Supongo que si un d\u00eda decide escribir todo esto se puede tomar el trabajo de buscarlo. Pero d\u00e9jeme decirle una cosa, N\u00fa\u00f1ez: no es una buena historia. No es algo que a muchos les gustar\u00eda leer. Clara, el beb\u00e9 y yo acab\u00e1bamos de mudarnos. Era una casa vieja, a tres cuadras de la ruta. Ten\u00eda un terreno enorme y bien cuidado que hab\u00eda enloquecido a mi mujer y una piecita que nos ven\u00eda al pelo para el taller. Por detr\u00e1s de la casa pasaba el r\u00edo. \u00bfNo suena incre\u00edble? A la ma\u00f1ana, cuando abr\u00edamos las ventanas para dejar que el sol invadiera el dormitorio, lo primero que ve\u00edamos era el r\u00edo: amplio, salvaje, con los sauces de la ribera opuesta inclin\u00e1ndose para acariciarlo. Patricio viv\u00eda enfrente. El idiota, claro. Recuerde que esta historia es sobre \u00e9l: sobre Clara, el beb\u00e9, la casa, los sue\u00f1os. Pero, ante todo, sobre \u00e9l. Viv\u00eda con la madre, una viuda cansada que parec\u00eda haberse resignado a la irremediable imbecilidad de su hijo. Lo dejaba vagar toda la tarde y hasta bien entrada la noche, quiz\u00e1s con la inconfesable ilusi\u00f3n de que un d\u00eda el r\u00edo le ahorrara tanto esfuerzo. Era com\u00fan verlo asomado por encima de la ligustrina que cercaba la casa, o espi\u00e1ndonos desde lo alto de alg\u00fan \u00e1rbol cercano como si fu\u00e9ramos una especie de fen\u00f3meno de circo. Lo hac\u00eda con total descaro, hasta que yo le gritaba algo y entonces se alejaba a todo correr. \u2014No seas cruel \u2014me reprochaba Clara\u2014. No se da cuenta. Y a m\u00ed me dol\u00eda este reproche por lo que callaba, por esa secreta alusi\u00f3n al problema del beb\u00e9 y al resentimiento que me embargaba cuando sent\u00eda en la mirada de la gente algo parecido a la curiosidad y a la pena. Espero que no le moleste si me guardo los detalles: el desconcierto inicial, las consultas al m\u00e9dico, los an\u00e1lisis. Y el dolor. El dolor cuando nos confirmaron que era irreversible, que la enfermedad de Clara durante el embarazo hab\u00eda afectado al beb\u00e9 y que poco a poco iba a perder por completo la visi\u00f3n. Y ese preguntarle a Dios por qu\u00e9 a nosotros.<br \/>\nNos fuimos acostumbrando a la presencia del idiota. Clara incluso propici\u00f3 un acercamiento: a veces lo saludaba con la mano, o le ofrec\u00eda una sonrisa silenciosa. Cierta tarde empezaron a conversar, seguro a instancias de ella. Cuando sal\u00ed \u2014Clara estaba sentada en el jard\u00edn, meciendo el cochecito\u2014 el idiota se call\u00f3 de golpe, como turbado. Clara le dijo que no tuviera miedo, y se volvi\u00f3 hacia m\u00ed con una mueca para exigirme que lo tratara con decencia. \u2014Hola \u2014salud\u00e9. El idiota se asom\u00f3 a medias por encima de la ligustrina. Sus ojos saltones me observaban con fijeza, mientras un hilito de baba le chorreaba por el ment\u00f3n. Por un instante se qued\u00f3 as\u00ed, sin decir nada. Despu\u00e9s ech\u00f3 a correr. \u2014Lo asust\u00e1s. \u2014Dejate de joder, Clara. Fui amable. A pesar de ese recelo, el idiota sigui\u00f3 viniendo. Aprovechaba, sobre todo, las horas que yo pasaba encerrado en el taller. Desde el nacimiento del beb\u00e9 hab\u00eda perdido la ayuda de Clara \u2014antes trabajaba codo a codo conmigo\u2014 y, entre la mudanza y los problemas que siguieron al parto, se nos hab\u00eda acumulado un mont\u00f3n de laburo. Pasaba m\u00e1s tiempo entre las mu\u00f1ecas que con mi familia. S\u00e9 que le parecer\u00e1 raro, pero le sorprender\u00eda saber cu\u00e1nto trabajo puede tener un artesano respetado. El oficio se remonta a cuatro generaciones en mi familia: eso es toda una tradici\u00f3n, \u00bfno le parece? Recib\u00edamos encargos de todas partes. No s\u00f3lo de Buenos Aires y el resto del pa\u00eds: tambi\u00e9n de Espa\u00f1a, Portugal, Italia. Nuestro apellido, por a\u00f1os, fue marca registrada en la fabricaci\u00f3n y restauraci\u00f3n de mu\u00f1ecas artesanales. A Clara le jod\u00eda que pasara tanto tiempo ah\u00ed adentro. M\u00e1s de una vez me lo dijo. Y aunque evit\u00f3 mencionarlo, tambi\u00e9n s\u00e9 que cre\u00eda que me estaba escapando. Que detr\u00e1s de mi obstinada dedicaci\u00f3n hab\u00eda un silencioso rechazo hacia ella y el beb\u00e9. Supongo que esto contribuy\u00f3 para que Clara le abriera las puertas al idiota. A veces, cuando yo sal\u00eda del taller para buscar algo o tomar agua, los ve\u00eda conversando en el jard\u00edn: ella con un libro o un tejido en las manos, y el idiota al otro lado de los arbustos. Un d\u00eda lo invit\u00f3 a pasar. No s\u00e9 c\u00f3mo lo convenci\u00f3 porque el idiota no hab\u00eda dejado de temerme, pero una tarde lo encontr\u00e9 sentado en el pasto, observando maravillado c\u00f3mo Clara amamantaba al beb\u00e9. Esa noche le mencion\u00e9 el asunto, algo fastidiado. A Clara no le cay\u00f3 muy bien. \u2014No entiendo c\u00f3mo te puede molestar lo que pase en el jard\u00edn \u2014contest\u00f3\u2014, si te pas\u00e1s todo el d\u00eda encerrado. A partir de entonces el idiota se instal\u00f3 en mi casa. No pasaba un d\u00eda sin verlo en el jard\u00edn, conversando con su tosco balbuceo, contemplando en silencio c\u00f3mo mi mujer tej\u00eda o arrullaba al beb\u00e9, o corriendo mariposas hasta el borde de la barranca. Y si en un principio parec\u00eda haberse limitado a ese peque\u00f1o espacio que le hab\u00edamos otorgado \u2014Clara al invitarlo; yo al callar\u2014, con los d\u00edas la frontera empez\u00f3 a difuminarse y pas\u00f3 a moverse sin restricciones por la casa. Una tarde, mientras me ocupaba de una mu\u00f1eca que acababa de recibir, not\u00e9 su presencia, o m\u00e1s bien la intu\u00ed. Pod\u00eda o\u00edr su respiraci\u00f3n acompasada, cerca de la puerta que estaba a mi espalda. Me pregunt\u00e9 cu\u00e1nto tiempo llevar\u00eda ah\u00ed. \u2014\u00bfPor qu\u00e9 le cambi\u00e1s los ojos? \u2014dijo. Aunque ten\u00eda ganas de exigirle que se fuera, me contuve. Supongo que pens\u00e9 en Clara, en su vehemente defensa del idiota y en la discusi\u00f3n absurda en que terminar\u00edamos envueltos. \u2014Porque los otros estaban rotos \u2014contest\u00e9 sin volverme, con la esperanza de que ese gesto pusiera fin a la conversaci\u00f3n. Pero en lugar de marcharse el idiota entr\u00f3 al taller y se par\u00f3 a mi lado, como queriendo seguir mis movimientos. \u2014Correte de la luz \u2014dije. Se movi\u00f3 apenas, hasta encontrar otra ubicaci\u00f3n. \u2014\u00bfYa no serv\u00edan? \u2014pregunt\u00f3, la mano estirada para tocar un ojo de vidrio que hab\u00eda sobre la mesa de trabajo. Su codo roz\u00f3 un frasco de barniz. Debo haberle gritado mientras lo recog\u00eda, porque el idiota se ech\u00f3 atr\u00e1s y se tap\u00f3 la cara con los antebrazos como prepar\u00e1ndose para una golpiza. \u2014Andate \u2014le dije\u2014. Estoy ocupado. Pero no se movi\u00f3. Se qued\u00f3 ah\u00ed, la cara oculta detr\u00e1s de los brazos. Cuando di un paso hacia \u00e9l, sin saber muy bien qu\u00e9 hacer, Clara apareci\u00f3 en la puerta. \u2014Patricio \u2014dijo, y en su tono se percibi\u00f3 cierta alarma\u2014 \u00bfqu\u00e9 hac\u00e9s ac\u00e1? El idiota pas\u00f3 corriendo a mi lado y se refugi\u00f3 tras su espalda. Clara, sin decir una palabra, cerr\u00f3 la puerta y se fue. Esa noche volvimos a discutir. Le dije que era intolerable que el idiota se moviera por la casa como si fuera su feudo; lo \u00fanico que supo responderme fue que no lo llamara as\u00ed. Que no le dijera idiota. Ese momento de tensi\u00f3n no bast\u00f3 para alejarlo de mi taller. A veces lo ve\u00eda asomado a la ventana, espi\u00e1ndome. Pegaba la nariz al vidrio, empa\u00f1\u00e1ndolo con su respiraci\u00f3n, y segu\u00eda con una extra\u00f1a fascinaci\u00f3n cada uno de mis actos. No pod\u00eda decirle nada a Clara porque s\u00f3lo lograba iniciar otra pelea, y las discusiones que empezaban con el idiota terminaban siempre en acusaciones mutuas sobre nuestro hijo: ella me echaba en cara que no pod\u00eda asumir la enfermedad del beb\u00e9; yo le dec\u00eda alguna barbaridad de la que siempre terminaba arrepentido. No hab\u00eda que ser muy perspicaz para notar que todo se desmoronaba. Desde que hab\u00edamos llegado a la casa las cosas no hac\u00edan m\u00e1s que empeorar. Pero nada me podr\u00eda haber preparado para lo que iba a suceder. Una tarde, mientras estaba en el taller, mir\u00e9 por la ventana y vi que ca\u00eda agua del alero. Se trataba del tanque: otra vez hab\u00edamos dejado abierta la llave de paso y volv\u00eda a rebalsar. Me asom\u00e9 y le grit\u00e9 a Clara, pero no me escuch\u00f3. Sal\u00ed apresurado y dej\u00e9 la puerta abierta. No recuerdo qu\u00e9 me entretuvo cuando cerr\u00e9 la llave. Una de esas cosas fugaces cuya contemplaci\u00f3n suele despertar un instante de tregua con el mundo: el discurrir del r\u00edo, el temblor de las hojas en los \u00e1rboles, la geometr\u00eda de las nubes en el horizonte. Alguna cosa insignificante que ya no logro recordar. Cuando regres\u00e9, Clara sal\u00eda del ba\u00f1o. Le pregunt\u00e9 por el beb\u00e9. \u2014Est\u00e1 afuera, en el coche \u2014contest\u00f3\u2014. Reci\u00e9n se duerme. Dije que terminaba de guardar unas cosas y me iba a tomar unos mates con ella. Despu\u00e9s, mientras se alejaba por el pasillo, entr\u00e9 al taller. Un r\u00e1pido vistazo bast\u00f3 para inquietarme. Me acerqu\u00e9 a la mesa y comprob\u00e9 que alguien hab\u00eda estado hurgando en mis cosas. La tapa apenas abierta de una caja marr\u00f3n lo confirmaba. Entonces se oy\u00f3 el grito de Clara. Sal\u00ed por el pasillo y llegu\u00e9 al jard\u00edn a la carrera. Arrodillada en el piso y aferrada al coche del beb\u00e9, Clara chillaba algo incomprensible mientras todo su cuerpo se sacud\u00eda con el espasmo del llanto. A su lado, agarr\u00e1ndose la cabeza, el idiota repet\u00eda una explicaci\u00f3n in\u00fatil. Y sabiendo lo que estaba a punto de ver me asom\u00e9 al coche. Dos ojos de vidrio estaban hundidos en las cuencas del beb\u00e9. Estaban rotos, repet\u00eda el idiota. Los otros estaban rotos.<\/p>\n<p>&#8212;&#8212;&#8212;&#8212;&#8212;&#8212;<\/p>\n<p><strong>del libro LA RISA DE LOS P\u00c1JAROS.-<\/strong><\/p>\n<p><strong>Ed. Ciudad G\u00f3tica<\/strong>.-<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>.\u00a0 El idiota\u00a0\u00a0 * &#8212;&#8212; por\u00a0 JAVIER NU\u00d1EZ.- &#8212;&#8212;&#8212;&#8212;&#8211; Lo cierto es que la primera vez que lo vimos no lo notamos. 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