{"id":1297,"date":"2010-10-19T19:37:04","date_gmt":"2010-10-19T22:37:04","guid":{"rendered":"http:\/\/www.nuestrotaller.com.ar\/?p=1297"},"modified":"2010-10-19T19:38:37","modified_gmt":"2010-10-19T22:38:37","slug":"haroldo-conti","status":"publish","type":"post","link":"http:\/\/marceloscalona.com.ar\/?p=1297","title":{"rendered":"HAROLDO CONTI .-"},"content":{"rendered":"<p><strong>.\u00a0 <a href=\"http:\/\/www.nuestrotaller.com.ar\/wp-content\/uploads\/2010\/10\/conti.jpg\"><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" class=\"alignright size-full wp-image-1299\" title=\"conti\" src=\"http:\/\/www.nuestrotaller.com.ar\/wp-content\/uploads\/2010\/10\/conti.jpg\" alt=\"\" width=\"400\" height=\"317\" srcset=\"http:\/\/marceloscalona.com.ar\/wp-content\/uploads\/2010\/10\/conti.jpg 400w, http:\/\/marceloscalona.com.ar\/wp-content\/uploads\/2010\/10\/conti-188x148.jpg 188w\" sizes=\"auto, (max-width: 400px) 100vw, 400px\" \/><\/a><\/strong><\/p>\n<p><strong>Todos los veranos<\/strong><\/p>\n<p><strong>&#8212;&#8212;&#8212;&#8212;&#8212;&#8212;&#8212;&#8212;&#8212;-<\/strong><\/p>\n<p>A veces pienso en mi viejo.<br \/>\nO es un barco que parte o esa gente vagabunda que trae el verano o simplemente una luz en el r\u00edo. Entonces me siento en la costa y pienso en mi viejo.<br \/>\nPara todos, para m\u00ed mismo, la historia comienza el d\u00eda que hizo volar en pedazos al Raquelita, en el 28. Era una chata de once metros con un motor Regal. El viejo ten\u00eda la maldita costumbre de mojar un papel retorcido en el carburador, luego quitaba el cable de una de las buj\u00edas, lo arrimaba al block y con la chispa encend\u00eda el papel y con el papel uno de esos cigarros que llevaba desparramados por los bolsillos. Recuerdo aquel olor pestilente y las grandes manchas marrones con dos y hasta tres aureolas en tonos m\u00e1s d\u00e9biles donde ten\u00eda un bolsillo que hab\u00eda sido alcanzado por el agua. Esto suced\u00eda bastante a me-nudo, de manera que en los viajes largos era com\u00fan ver algunos cigarros sec\u00e1ndose sobre el block. Echaban un humo m\u00e1s pa-recido al de una estopa empapada en gasoil que al de un aut\u00e9ntico cigarro.<br \/>\nAlgunas veces el ruego se hab\u00eda contagiado al carburador pero mi padre no perd\u00eda la cabeza por eso. Sin dejar de encender el cigarro depositaba la otra mano sobre el carburador y ahoga-ba el fuego. Pero un d\u00eda aquella mano lleg\u00f3 demasiado tarde. Poco a poco se hab\u00eda formado en la sentina un charquito de nafta que con el tiempo se extendi\u00f3 a todo lo largo del Raquelita. Eso, naturalmente, fue el fin. Con aquellos cigarros el viejo casi hab\u00eda perdido el olfato. Dos o tres veces, al inclinarse para buscar cualquier cosa, hab\u00eda entrevisto aquel brillo movedizo que se extend\u00eda cada vez m\u00e1s, pero como no estaba en condicio-nes de reparar en el olor de nada debi\u00f3 pensar o prefiri\u00f3 pensar, si es que pens\u00f3 en algo, que el barco hac\u00eda un poco de agua.<br \/>\nUn d\u00eda, pues, encendi\u00f3 el cigarro de acuerdo con sus procedimientos y fue como si encendiera el mundo entero de una punta a otra. Instintivamente, el viejo alarg\u00f3 una mano hacia el carburador pero ni el carburador, ni \u00e9l estaban m\u00e1s all\u00ed d\u00f3nde deb\u00edan estar. Sin saber c\u00f3mo, se encontr\u00f3 en medio del agua con el cigarro todav\u00eda en la boca. El Raquelita, por su parte, o lo que quedaba de \u00e9l, aparec\u00eda a unos diez metros. Despu\u00e9s de todo, nunca hab\u00eda lucido tan bien, ni tan espl\u00e9ndido aquel barco de por s\u00ed oscuro. Cada tabla brillaba como una barra de oro. Cuando vol\u00f3 el tanque suplementario, el viejo tuvo m\u00e1s bien un estremecimiento de j\u00fabilo, como si se tratara del d\u00eda del juicio para un justo o algo por el estilo. Fue todo muy breve y muy solemne, seg\u00fan dijo.<br \/>\nEso ocurri\u00f3 cuando mi padre ten\u00eda cuarenta y cinco a\u00f1os, apenas uno despu\u00e9s que apareci\u00f3 en las islas. El recuerdo de los de la costa y mi propio recuerdo arrancan de ah\u00ed. Nadie tuvo noticias del viejo hasta el 28 y la verdad es que con lo que hizo o deshizo desde entonces hasta su muerte, en el 37, hubo de sobra. (Y con todo, tambi\u00e9n a \u00e9l, tan denso y macizo, tan \u00fanico, se lo llev\u00f3 el tiempo. \u00bfQui\u00e9n recuerda ahora a mi padre?)<br \/>\nAntes del 28, seg\u00fan parece, estuvo transportando p\u00f3lvora desde Pernambuco hasta R\u00edo Grande do Sul a bordo del Isla Madre de Dens, que vol\u00f3 tambi\u00e9n en su tiempo entre el faro Mostardas y Solidao, sin faro por aquel entonces. Pero \u00e9stas son meras conjeturas a trav\u00e9s de brumosas y no expresas referencias porque el viejo hablaba poco y en un estilo complicado.<br \/>\nDespu\u00e9s de lo del Raquelita compr\u00f3 uno de los botes sal-vavidas que hab\u00edan pertenecido al Speranza, que se hundi\u00f3 en el Canal del Norte a la altura de Punta Colorada, en el 23. Era un casco tinglado de siete metros de eslora con dos tanques de aire. El viejo le coloc\u00f3 un Penta de 4 cilindros.<br \/>\nPor ese tiempo se instal\u00f3 al fondo del Desaguadero, cerca de los bancos, en una casilla que arm\u00f3 con tablas de cajones de autom\u00f3viles un poco apartada de la costa. Una zanja con la entrada disimulada por un sauce tumbado, que el viejo levan-taba o bajaba a voluntad con un aparejo, permit\u00eda arrimar el barquito hasta la misma casilla. Uno y otra estaban pintados con un color impreciso, entre el verde y el marr\u00f3n, de manera que pasaban inadvertidos. Al viejo le reventaba un barco de ese color y toda la vida se pas\u00f3 so\u00f1ando con uno bien blanco. En realidad mi recuerdo parte de ah\u00ed. Lo dem\u00e1s es incierto y fragmentario y parece el recuerdo de otro. Ahora mismo, a pesar del tiempo, lo veo sentado en el piso de la peque\u00f1a galena que daba al frente con el sombrero rumbado sobre los ojos y los pies apoyados en la baranda. Casi toda la semana se la pasaba echado all\u00ed fumando aquellos cigarros apestosos, con una bo-tella de ca\u00f1a paraguaya al alcance de la mano.<br \/>\n\u2014Hijo \u2014sol\u00eda decir con esa voz profunda que le sal\u00eda desde adentro y medio cigarro entre los labios\u2014, la verdad que Dios hizo seis d\u00edas para descansar y el s\u00e9ptimo para trabajar, ya que no hab\u00eda m\u00e1s remedio. A veces el sexto y el s\u00e9ptimo, seg\u00fan como vengan las cosas. Pero estos mierdas de ingleses han dado vuelta todo el asunto&#8230;<br \/>\nCulpaba a los ingleses de cualquier cosa, aunque el motivo no era muy claro. Con el s\u00e9ptimo d\u00eda el viejo estaba aludiendo a aquellas misteriosas excursiones que realizaba una vez a la semana en el antiguo bote del Speranza, que hab\u00eda bautizado con el nombre de Arvoredo. A veces estaba afuera dos d\u00edas y dos noches, con lo que tambi\u00e9n el sexto ten\u00eda ocasi\u00f3n de figurar entre los d\u00edas laborables. A decir verdad el viejo se afanaba m\u00e1s bien durante la noche de manera que eso del d\u00eda se refer\u00eda exclusivamente al tiempo que tarda la Tierra en dar una vuelta sobre s\u00ed misma, que era lo que tardaba en estar fuera de casa y m\u00e1s precisamente el tiempo que dejaba de estar echado en la galer\u00eda del frente.<br \/>\nDe vez en cuando volv\u00eda de aquellos viajes con un regalito. Una vez fue una navaja de Albacete y otra un rifle de un tiro calibre 12 chico, a cerrojo, para cartucho de munici\u00f3n. No recuerdo el fin de la navaja, que hac\u00eda un ruido siniestro al abrirse, pero s\u00ed el del rifle. Fue cuando el viejo le alarg\u00f3 la rec\u00e1mara para usar cartuchos 36-75, que algunos llaman 12 grande, y el cerrojo, no soport\u00f3 la presi\u00f3n de la sobrecarga. Felizmente, lo hab\u00eda sujetado a un \u00e1rbol y lo dispar\u00f3 a distancia.<br \/>\nA menudo el viejo alargaba la mano m\u00e1s all\u00e1 de la botella de ca\u00f1a paraguaya y arrastraba una achacosa victrola que con-servaba de su \u00e9poca anterior a las islas, y cuya bocina utilizaba a veces como embudo. Ten\u00eda unos pocos discos en un caj\u00f3n de Cinzano junto con los dos tomos de Las batallas de siglo XIX, desde Marengo a la insurrecci\u00f3n de los \u00abboxers\u00bb, una colecci\u00f3n de postales de R\u00edo en color sepia, un cat\u00e1logo de motores Gardner, un Manual del Capit\u00e1n de Cabotaje, una Biblia pro-testante, el Digesto mar\u00edtimo y un paquete de diarios de hojas amarillentas. Sin embargo, el viejo pon\u00eda siempre el mismo disco, Praga Onze.<br \/>\nO&#8217; Deus en me acho t\u00e1o cansada Ao vohar da batucada&#8230;<br \/>\nCuando pienso en la letra no recuerdo nada m\u00e1s que el comienzo, pero a veces la m\u00fasica me sale desde adentro, sin propon\u00e9rmelo, y entonces la recuerdo o la canto simplemente de una punta a otra.<br \/>\nO&#8217; Deus eu me acho t\u00e1o cansada<br \/>\nAo voltar da batucada<br \/>\nQue tomei parte l\u00e1 na praga onze&#8230;<\/p>\n<p>Era una m\u00fasica dulce y atormentada a pesar de su aire bullicioso. El viejo golpeaba las manos hasta el cansancio o bien la lata de aceite que us\u00e1bamos como balde. Por fin la p\u00faa quedaba girando en el centro con una especie de chasquido alternado que terminaba por convertirse en el motivo central de ese ruido que produc\u00eda mi padre contone\u00e1ndose y gimiendo.<br \/>\nAl principio aquel alboroto pod\u00eda parecer divertido, pero debajo hab\u00eda algo distinto, algo como una tristeza tal vez. Comenzaba despacio hasta apoderarse de mi padre por entero. Era capaz de pasarse horas as\u00ed. Al fin quedaba tumbado sobre el piso, empapado de sudor, y se dorm\u00eda all\u00ed mismo gimiendo y sobresalt\u00e1ndose entre sue\u00f1os. Entonces le echaba encima una manta y me acurrucaba al lado.<br \/>\nNo dur\u00f3 mucho esa vida porque con el viejo no hab\u00eda cosa que durase demasiado. Los viajes siguieron por un tiempo, pero se hicieron cada vez m\u00e1s espaciados. En uno de los \u00faltimos volvi\u00f3 con aquel perro taciturno que lo acompa\u00f1ar\u00eda hasta el fin de sus d\u00edas.<br \/>\nLo recuerdo como si fuera hoy. O\u00ed el ruido del motor de la Arvoredo mucho antes, porque soplaba el pampero, un viento de tierra que trae el olor y los ruidos de la tierra. Me aproxim\u00e9 a la costa y entonces vi al perro sobre la cubierta, a proa, aunque la embarcaci\u00f3n todav\u00eda estaba lejos, en mitad del Desaguadero.<br \/>\nEl viejo sonri\u00f3, agit\u00f3 una mano y salt\u00f3 a tierra. Era una de las primeras tardes de calor, al comienzo de la primavera. El perro se qued\u00f3 a bordo, un poco indeciso, y desde all\u00ed nos contemplaba con ese aire tan serio que tienen los perros.<br \/>\nEl viejo ri\u00f3 un poco y luego se palme\u00f3 una pierna al tiempo que dec\u00eda:<br \/>\n\u2014\u00a1Vamos, Olimpio!&#8230; no te quedes ah\u00ed mir\u00e1ndonos como un idiota&#8230; \u00e9sta es tu casa, muchacho.<br \/>\nEra muy dulce la voz del viejo en esa ocasi\u00f3n, aquella tardecita de primavera. Y el perro mene\u00f3 la cola y salt\u00f3 a tierra y vino hasta \u00e9l y le oli\u00f3 una pierna. Recuerdo todo eso.<br \/>\nAquella noche encendi\u00f3 un fuego frente a la casilla y los tres, incluyendo a Olimpio, nos sentamos alrededor de las llamas. Siempre que volv\u00eda de la costa el viejo tra\u00eda un poco de cordero y lo asaba sobre las brasas.<br \/>\nYo esperaba que dijese algo sobre el perro. Y efectiva-mente fue lo que dijo.<br \/>\n\u2014Hace rato que estaba pensando en esto&#8230; Un perro es m\u00e1s importante que una mujer por estos lados \u2014reflexion\u00f3 un instante, pensando que probablemente yo no supiera todo lo importante que es una mujer, y entonces a\u00f1adi\u00f3\u2014: un perro es importante sin necesidad de compararlo con nada, as\u00ed piojoso y todo. No es necesario que te explique los motivos porque son muchos y porque el tiempo te los va a ense\u00f1ar mejor que yo. En fin, \u00bfte gusta o no te gusta?<br \/>\nOlimpio estaba sentado entre los dos y nos miraba hablar con una especie de dignidad.<br \/>\nAlargu\u00e9 una mano y lo acarici\u00e9 lentamente.<br \/>\nEl viejo ten\u00eda ideas muy especiales. Con respecto al nombre de los perros hab\u00eda dicho una vez:<br \/>\n\u2014No es cosa de tomarla a la ligera. Ponerle un nombre a un perro es casi como fabricarlo. Ya uno le da un car\u00e1cter especial que no lo pierde en la puta vida&#8230;<br \/>\nVaya a saber qu\u00e9 cosa quiso expresar cuando llam\u00f3 a aquel perro con ese nombre un poco divertido. Olimpio aqu\u00ed, Olimpio all\u00e1&#8230; Con el tiempo me acostumbr\u00e9 a \u00e9l. Al principio el nombre y la cosa est\u00e1n uno frente al otro, resisti\u00e9ndose. Uno dice el nombre y piensa en la cosa como distinto. Por fin se mezclan y confunden y resultan una sola y misma cosa. Sucede con un barco, cuyo esp\u00edritu resiste tan s\u00f3lo con un nombre: Gemma, Speranza, Maca, Traverso, Recluta, Hillstone, Baldissera. El Baldissera desapareci\u00f3 en el a\u00f1o 13, mucho antes de que yo naciera&#8230;<\/p>\n<p>&#8212;&#8212;&#8212;&#8212;&#8212;&#8212;&#8212;&#8212;&#8212;&#8212;&#8212;&#8212;&#8212;&#8212;&#8212;&#8212;&#8212;&#8212;&#8212;&#8212;<\/p>\n<p><strong>EL RESTO DEL CUENTO AQU\u00cd&#8230;<\/strong><\/p>\n<p><a href=\"http:\/\/www4.loscuentos.net\/cuentos\/link\/204\/204618\/\"><strong>http:\/\/www4.loscuentos.net\/cuentos\/link\/204\/204618\/<\/strong><\/a><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>.\u00a0 Todos los veranos &#8212;&#8212;&#8212;&#8212;&#8212;&#8212;&#8212;&#8212;&#8212;- A veces pienso en mi viejo. O es un barco que parte o esa gente vagabunda que trae el verano [&hellip;]<\/p>\n","protected":false},"author":1,"featured_media":0,"comment_status":"closed","ping_status":"closed","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"footnotes":""},"categories":[3],"tags":[],"class_list":["post-1297","post","type-post","status-publish","format-standard","hentry","category-taller"],"_links":{"self":[{"href":"http:\/\/marceloscalona.com.ar\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts\/1297","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"http:\/\/marceloscalona.com.ar\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"http:\/\/marceloscalona.com.ar\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"http:\/\/marceloscalona.com.ar\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/users\/1"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"http:\/\/marceloscalona.com.ar\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Fcomments&post=1297"}],"version-history":[{"count":2,"href":"http:\/\/marceloscalona.com.ar\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts\/1297\/revisions"}],"predecessor-version":[{"id":1300,"href":"http:\/\/marceloscalona.com.ar\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts\/1297\/revisions\/1300"}],"wp:attachment":[{"href":"http:\/\/marceloscalona.com.ar\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Fmedia&parent=1297"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"http:\/\/marceloscalona.com.ar\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Fcategories&post=1297"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"http:\/\/marceloscalona.com.ar\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Ftags&post=1297"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}