{"id":2074,"date":"2011-01-07T08:26:15","date_gmt":"2011-01-07T11:26:15","guid":{"rendered":"http:\/\/www.nuestrotaller.com.ar\/?p=2074"},"modified":"2011-01-07T08:29:26","modified_gmt":"2011-01-07T11:29:26","slug":"si-encuentran-un-cuento-mejor-por-favor-me-avisan","status":"publish","type":"post","link":"http:\/\/marceloscalona.com.ar\/?p=2074","title":{"rendered":"Si encuentran un cuento mejor, por favor me avisan&#8230;"},"content":{"rendered":"<p><strong>\u00a0<\/strong><\/p>\n<p><strong>.<a href=\"http:\/\/www.nuestrotaller.com.ar\/wp-content\/uploads\/2011\/01\/Malc-in-Curacao-1947.jpg\"><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" class=\"alignright size-full wp-image-2075\" title=\"Malc in Curacao 1947\" src=\"http:\/\/www.nuestrotaller.com.ar\/wp-content\/uploads\/2011\/01\/Malc-in-Curacao-1947.jpg\" alt=\"\" width=\"380\" height=\"400\" srcset=\"http:\/\/marceloscalona.com.ar\/wp-content\/uploads\/2011\/01\/Malc-in-Curacao-1947.jpg 380w, http:\/\/marceloscalona.com.ar\/wp-content\/uploads\/2011\/01\/Malc-in-Curacao-1947-178x188.jpg 178w\" sizes=\"auto, (max-width: 380px) 100vw, 380px\" \/><\/a><\/strong><\/p>\n<p><strong>El barco m\u00e1s audaz<\/strong><\/p>\n<p><strong>\u00a0<\/strong><\/p>\n<p><strong>\u00a0<\/strong><\/p>\n<p><strong>\u00a0<\/strong><\/p>\n<p>\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0 Era un d\u00eda en que el roc\u00edo y la espuma del mar volaban y nubes negras presagiaban una lluvia tra\u00edda desde el mar y sobre las monta\u00f1as por un borrascoso viento de marzo.<\/p>\n<p>\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0 Pero un n\u00edtido rayo de arg\u00e9ntea luz marina que lleg\u00f3 desde el horizonte, donde el propio cielo era como plata resplandeciente, y all\u00e1 lejos, en Estados Unidos, el volc\u00e1nico y nevado pico del monte Hood se alzaba, alto, incorp\u00f3reo, separado de la tierra y, sin embargo, demasiado pr\u00f3ximo, lo que constitu\u00eda un presagio a\u00fan m\u00e1s seguro de lluvia, como si las monta\u00f1as hubieran avanzado o estuviesen avanzando.<\/p>\n<p>\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0 En el parque de aquel puerto de mar, los gigantescos \u00e1rboles se bamboleaban y de ellos los m\u00e1s altos eran las tr\u00e1gicas Siete Hermanas, constelaci\u00f3n de siete nobles cedros rojos que durante siglos hab\u00edan crecido all\u00ed, pero ahora agonizaban, agostados, con las copas desnudas, descortezadas, y las ramas muertas. (Agonizaban para no seguir viviendo cerca de la civilizaci\u00f3n y, sin embargo, -aunque todo el mundo hab\u00eda olvidado que recib\u00edan su nombre de las Pl\u00e9yades y pensaba que se lo deb\u00edan, por orgullo c\u00edvico, a las siete hijas de un carnicero que setenta a\u00f1os atr\u00e1s, cuando la ciudad en desarrollo se llamaba Gaspool, hab\u00edan bailado juntas en un escaparate-, nadie tuvo valor para cortarlos.)<\/p>\n<p>\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0 Las ang\u00e9licas alas de gaviotas, que volaban en c\u00edrculo por sobre la copa de los \u00e1rboles, destacaban, muy blancas y resplandecientes, en el negro cielo. La nieve fresca ca\u00edda la noche anterior cubr\u00eda a lo lejos las faldas de las monta\u00f1as canadienses, cuyas heladas cumbres, masas de picos tras agujas, atravesaban en zigzag el pa\u00eds hacia el Norte y hasta donde alcanzaba la vista, y, por encima de todo, un \u00e1guila con porte de esquiador descend\u00eda en veloz e interminable ca\u00edda mundo abajo.<\/p>\n<p>\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0 En el espejo \u2013que reflejaba aquello y mucho m\u00e1s- de una vieja b\u00e1scula, con la leyenda SU PESO Y SU DESTINO en torno a su frente, que se encontraba en el malet\u00f3n, entre la parada final de trayecto del tranv\u00eda y un puesto de venta de hamburguesas, en aquel espejo situado abajo, junto a la orilla, poblada de juncos, del trecho de agua llamado Laguna Perdida, se ve\u00eda acercarse a dos figuras vestidas con impermeables, un hombre y una muchacha hermosa y de expresi\u00f3n apasionada, destocados, extraordinariamente rubios los dos y cogidos de la mano, por lo que, de no haber sido por su parecido, como de hermanos, y porque el hombre, aunque caminaba con nerviosa rapidez juvenil, parec\u00eda ahora mayor que la muchacha, se los habr\u00eda podido tomar por j\u00f3venes amantes.<\/p>\n<p>\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0 El hombre \u2013apuesto, alto pero fornido, muy bronceado y, al acercarse a\u00fan m\u00e1s, mucho mayor, evidentemente, que la muchacha y vestido con una de esas trincheras con cintur\u00f3n preferidas por los oficiales de la marina mercante de cualquier pa\u00eds, pero sin la gorra correspondiente (adem\u00e1s, la trinchera ten\u00eda mangas demasiado cortas, por lo que se le pod\u00eda ver un tatuaje en la mu\u00f1eca: al acercarse m\u00e1s, parec\u00eda un ancla, mientras que el impermeable de la muchacha era de una preciosa pana verde floresta)- hac\u00eda de vez en cuando un alto para contemplar la encantadora cara risue\u00f1a de la muchacha y una o dos veces se detuvieron los dos a aspirar a bocanadas el salado y puro aire del mar y la monta\u00f1a. Un ni\u00f1o les sonri\u00f3 y ellos le devolvieron la sonrisa, pero era un ni\u00f1o ajeno: la pareja no iba acompa\u00f1ada.<\/p>\n<p>\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0 En la laguna nadaban cisnes salvajes y muchos patos tambi\u00e9n salvajes: \u00e1nades reales, levancos, clang\u00fcelas y cacareantes focas negras de picos tallados en marfil. Los peque\u00f1os levancos sal\u00edan volando con frecuencia del agua y algunos de ellos revoloteaban como palomas entre los \u00e1rboles m\u00e1s bajos. Bajo esos \u00e1rboles que bordeaban la orilla, otros patos estaban mansamente posados en el talud, cubierto de c\u00e9sped, con los picos metidos en el plumaje alborotado por el viento. Los \u00e1rboles m\u00e1s bajos eran manzanos y espinos, algunos de los cuales empezaban a florecer antes incluso de haberse cubierto de follaje, y sauces llorones, cuyas ramas dejaron caer, a su paso, gotas de la lluvia nocturna sobre las dos figuras.<\/p>\n<p>\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0 Un mergo de pecho rojo surcaba la laguna y los dos paseantes se quedaron contemplando aquella r\u00e1pida y airada ave marina, con su orgullosa cresta desordenada, tal vez porque parec\u00eda muy sola sin su pareja. \u00a1Ah, c\u00f3mo se equivocaban! Al mergo de pecho rojo se uni\u00f3 entonces su compa\u00f1era y, con un s\u00fabito arranque ansarino e inmenso alboroto, las dos criaturas salvajes salieron volando para posarse en otra parte de la laguna y pareci\u00f3 \u2013a saber por qu\u00e9- que ese simple lance hab\u00eda hecho sentirse a aquellas dos buenas personas \u2013pues buenas son casi todas las personas que se pasean por los parques- muy felices otra vez.<\/p>\n<p>\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0 Entonces vieron, un poco m\u00e1s all\u00e1, a un ni\u00f1o que, arrodillado en la orilla y contemplado por su padre, intentaba hacer navegar un barco de juguete en la laguna, pero el borrascoso viento de marzo no tard\u00f3 en inclinar el peque\u00f1o yate hasta casi hacerlo zozobrar y el padre tir\u00f3 de \u00e9l con su palo curvado para recuperarlo y enderez\u00e1rselo otra vez.<\/p>\n<p>\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0 <em>Su peso y su destino<\/em>.<\/p>\n<p>\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0 De repente el rostro de la muchacha, visto de cerca en el espejo de la b\u00e1scula, pareci\u00f3 a punto de echarse a llorar; se desbroch\u00f3 el bot\u00f3n m\u00e1s alto del impermeable para atusarse la bufanda y dej\u00f3 al descubierto, colgada de una cadena \u00e1urea en torno a su cuello, una crucecita de oro. Ahora estaban parados junto a la b\u00e1scula del malec\u00f3n y \u2013si exceptuamos a unos ancianos que daban de comer a los patos abajo y al padre y su hijo con el yate de juguete, todos los cuales estaban vueltos de espaldas- completamente solos, cuando un tranv\u00eda vac\u00edo, tras dar la vuelta a la diminuta plaza del final del trayecto, arranc\u00f3 de repente hacia la ciudad y el hombre, que hab\u00eda estado intentando encender su pipa, abraz\u00f3 a la muchacha, la bes\u00f3 tiernamente y despu\u00e9s, con la cara pegada a su mejilla, la mantuvo por un momento estrechada contra s\u00ed.<\/p>\n<p>\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0 La pareja, tras haber bajado de nuevo hasta la laguna dando un rodeo, hab\u00eda pasado por delante del ni\u00f1o con el barco y su padre. Volv\u00edan a sonre\u00edr \u2013o al menos lo intentaban, mientras com\u00edan sus hamburguesas- y segu\u00edan sonriendo cuando pasaron por delante de los finos juncos, donde un tordo alirrojo \u2013que, como todas las aves por aquellos pagos, puede sentirse superior al hombre, por ser su propio agente de aduanas y poder cruzar la frontera agreste sin impedimento- hac\u00eda como que no sab\u00eda anidar.<\/p>\n<p>\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0 En el otro extremo de la Laguna Perdida, las dragonteas se adensaban y sus envainadas y encapuchadas hojas exhalaban su peculiar olor animal. Los dos amantes se acercaban al punto del bosque en que varios senderos avanzaban serpenteando entre los \u00e1rboles. El parque, rodeado por el mar, era muy extenso y, como en muchos parques del Pac\u00edfico noroccidental, las autoridades hab\u00edan tenido el acierto de preservar algunos trechos en su estado natural originario. De hecho, aunque su belleza probablemente no tuviera parang\u00f3n, se parec\u00eda mucho a algunos parques norteamericanos \u2013se habr\u00eda podido pensar-, de no ser por la bandera del Reino Unido que galopaba eternamente junto a una caseta y por la aparici\u00f3n, en aquel momento, de una patrulla de la Polic\u00eda Montada de Canad\u00e1 que, espl\u00e9ndidamente montada sobre los mullidos asientos de un Chevrolet norteamericano, pas\u00f3, un poco m\u00e1s arriba, por el paseo de coches, cuidadosamente ajardinado, que, con sus t\u00faneles y rodeos, conduc\u00eda hasta un puente colgante.<\/p>\n<p>\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0 M\u00e1s cerca del bosque hab\u00eda jardines con arriates protegidos de campanillas de invierno y aqu\u00ed y all\u00e1 algunos azafranes de primavera que elevaban sus dulces c\u00e1lices. El hombre y la muchacha parec\u00edan ahora absortos en sus pensamientos, afrontando los embates del viento, que hac\u00eda ondear la bufanda de la muchacha tras ella como un bander\u00edn y alborotaba el abundante pelo del hombre.<\/p>\n<p>\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0 Un altavoz, encamado en una furgoneta, rug\u00eda desde la ciudad de Enochvilleport, compuesta de rascacielos ruinosos, en diferentes niveles, unos con toda clase de chatarra en los tejados, incluso aviones descacharrados, mientras que otros eran edificios decr\u00e9pitos de lonjas, nuevas cervecer\u00edas colmadas de luz verminosa incluso por la tarde y que parec\u00edan gigantescos servicios p\u00fablicos para ambos sexos iluminados con luz esmeralda, construcciones que albergaban salones de t\u00e9 ingleses en los que pod\u00eda decirte la buenaventura una pariente de Maximiliano de M\u00e9xico, f\u00e1bricas en forma de t\u00f3tems, pa\u00f1er\u00edas con la mejor mezclilla escocesa y fumaderos de opio en el s\u00f3tano (aunque no bares, como si \u2013igual que un horrendo libertino zarandeando por toda clase de innombrables vicios secretos- aquella ciudad sin alegr\u00eda hubiera cacareado: \u201cNo, por ah\u00ed no paso\u201d. \u201c\u00bfQu\u00e9 ser\u00eda, si no, de nuestros muchachos?\u201d), conflagraciones de cines y modernos edificios de pisos de color cereza y otros monstruos desalmados, que albergaran \u2013bien pod\u00eda ser- nobles luchas invisibles, de la literatura, del teatro, del arte o de la m\u00fasica , la l\u00e1mpara del estudiante y el manuscrito rechazado, o pobreza y degradaci\u00f3n indescriptibles, atracciones urbanas entre las cuales quedaban apretujadas algunas encantadoras casas antiguas, sombr\u00edas y cubiertas de hiedra y que parec\u00edan llorar, privadas de toda luz y postradas de hinojos, y en otras partes hospitales en bancarrota y uno o dos antiguos bancos de piedra s\u00f3lida, v\u00edctimas de atracos aquella misma tarde, y entre los cuales aparec\u00edan tambi\u00e9n, a intervalos frecuentes, allende un melanc\u00f3lico reloj blanco y negro que nunca sonaba y que marcaba las tres, chapiteles empeque\u00f1ecidos pertenecientes a fachadas de madera con ventanas rosadas y ennegrecidas, extra\u00f1os domos mugrientos y con forma de cebolla e incluso pagodas chinas, por lo que al principio cre\u00edas encontrarte en Oriente y despu\u00e9s en Turqu\u00eda o Rusia, si bien al final, de no ser porque alguna de ellas eran iglesias, no te habr\u00eda cabido duda de que te encontrabas en el infierno: pese a ello, cualquiera que hubiese estado alguna vez en el infierno de verdad deb\u00eda de haber asentido ante Enochvilleport en se\u00f1al de reconocimiento, ratificado por el espect\u00e1culo, al principio no carente de pintoresquismo, de los numerosos aserraderos que no cesaban de humear y devorar como demonios, Molochs alimentados por faldas enteras de monta\u00f1as cubiertas de bosque que nunca volv\u00eda a crecer o por \u00e1rboles que ced\u00edan su lugar a sonrientes regimientos de chalets al fondo de \u201cnuestra hermosa ciudad en desarrollo\u201d, aserraderos que sacud\u00edan la tierra misma con su tumulto, que colmaban la ventosa atm\u00f3sfera con un sonido como de gemidos y crujir de dientes: todos aquellos curiosos logros del hombre, que juntos creaban, como se suele decir, \u201cla joya del Pac\u00edfico\u201d, bajaban como por una gran pendiente hasta un puerto m\u00e1s espectacular que los de R\u00edo de Janeiro y San Francisco juntos, con cargueros de altura amarrados en todos los \u00e1ngulos a lo largo de kil\u00f3metros y kil\u00f3metros de fondeadero, heroico panorama al que casi las \u00fanicas viviendas humanas visibles a este lado del agua que parec\u00edan pertenecer \u2013o en el que se pudiera hablar a\u00fan de la participaci\u00f3n de sus habitantes- eran, parad\u00f3jicamente, unas pocas y peque\u00f1as chozas bajas y casuchas flotantes de construcci\u00f3n improvisada por sus moradores, que podr\u00edan haber sido expulsadas de la ciudad enteramente, por la orilla del agua y dentro incluso del mar, donde se manten\u00edan sobre pilares, como caba\u00f1as de pescadores (como parec\u00edan ser algunas de ellas), o sobre rodillos, unas oscuras y en ruinas, otras reci\u00e9n pintadas con gracia, y cuya construcci\u00f3n o instalaci\u00f3n hab\u00eda estado inspirada, con toda evidencia, por alguna necesidad humana de belleza, aun cuando se vieran permanentemente amenazadas de desalojo, y todas ellas erectas, incluso las m\u00e1s sombr\u00edas, con sus chimeneas de hojalata acanalada humeando aqu\u00ed y all\u00e1, cual vapores de juguete, como desafiando la ciudad, ante la eternidad. En la propia Enochvilleport algunos anuncios de ne\u00f3n de colores espantosos llevaban ya un buen rato haciendo sus untuosos gui\u00f1os y gesticulaciones que la a\u00f1oranza y el amor transforman en poes\u00eda de la nostalgia; uno empez\u00f3 a parpadear m\u00e1s alegre: PALOMAR, LOUIS ARMSTRONG Y SU ORQUESTA. Un enorme hotel nuevo, gris y muerto, que en el mar podr\u00eda haber sido un hito de romanticismo, soltaba humo por su fantasmal techumbre torreada, como si se hubiera incendiado, y m\u00e1s all\u00e1 resplandec\u00edan todas las l\u00e1mparas en el l\u00fagubre patio del Palacio de Justicia \u2013tambi\u00e9n en el mar, casa de citas del coraz\u00f3n-, fuera del cual uno de los leones de piedra, recientemente volado, estaba reverentemente cubierto con un pa\u00f1o blanco y dentro del cual un grupo de ciudadanos sin tacha hab\u00eda pasado un mes juzgando por asesinato a un muchacho de diecis\u00e9is a\u00f1os.<\/p>\n<p>\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0 M\u00e1s cerca del parque, aparec\u00edan las luces del proscenio de un como enguijarrado sal\u00f3n de actos de la Asociaci\u00f3n de J\u00f3venes Cristianos y teatro de variedades a un tiempo, con el r\u00f3tulo TAMMUZ, EL MAESTRO DE HIPNOTIZADORES, ESTA NOCHE A LAS 8:30, y delante de \u00e9l los ra\u00edles de los tranv\u00edas, por los cuales se acercaba otro de ellos con destino al\u00a0 parque, llegaba \u2013se ve\u00eda- casi hasta los almacenes en cuyo escaparate el sujeto de Tammuz, somnolienta descendiente tal vez de las siete hermanas cuya fama hab\u00eda eclipsado incluso la de las Pl\u00e9yades, pero que proclamaba su ambici\u00f3n de llegar a ser psiquiatra, hab\u00eda pasado los tres \u00faltimos d\u00edas durmiendo c\u00f3moda y p\u00fablicamente en una cama de matrimonio como proeza publicitaria y previa a la funci\u00f3n de aquella noche.<\/p>\n<p>\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0 Por encima de la Laguna Perdida, en la carretera que ahora sub\u00eda hacia el puente colgante a lo lejos, de forma muy semejante a como una pieza de m\u00fasica de jazz asciende hacia un solo, un vendedor de peri\u00f3dicos voceaba: \u201c\u00a1Lash destinado a Saint Pierre! \u00a1Condenado a la horca el muchacho de diecis\u00e9is a\u00f1os que asesin\u00f3 a un ni\u00f1o! \u00a1Cr\u00f3nica detallada!\u201d.<\/p>\n<p>\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0 Tambi\u00e9n el tiempo se presentaba amenazador y, sin embargo, al ver a los amantes de paseo, los otros transe\u00fantes por aquella parte de la laguna \u2013un soldado herido que fumaba un cigarrillo tendido en un banco y uno o dos de esos seres indigentes, los muy ancianos, que paran en los parques, ya que, a la hora de elegir, los muy ancianos, en lugar de conservar una habitaci\u00f3n y pasar hambre, prefieren a veces, al menos en una ciudad como \u00e9sta, comer alguna cosa y vivir al aire libre- tambi\u00e9n sonrieron.<\/p>\n<p>\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0 Pues, al ver pasar a la muchacha junto al hombre y cogida a su brazo, al verlos sonre\u00edrse, cuando se cruzaban sus miradas cargadas de amor, o pararse a contemplar el vuelo de las gaviotas o la escena en permanente transformaci\u00f3n de las monta\u00f1as canadienses vetadas de nieve y con sus algodonosas simas azulinas o a escuchar la hondura y majestuosidad del resonante fragor de un buque mercante (las cosas que hac\u00edan imaginar a los feroces concejales de Enochvilleport que la hermosura correspond\u00eda a la propia ciudad y tal vez no les faltara del todo raz\u00f3n), el pitido de un transbordador al surcar la ensenada hacia el Norte, \u00bfqu\u00e9 recuerdos no revivir\u00edan en un pobre soldado, en los pechos de los desconsolados, de los ancianos, e incluso \u2013qui\u00e9n sabe- en los agentes de la Montada, no de un mero amor juvenil, sino de amantes tan enamorados, -parec\u00edan-, que tem\u00edan perder un momento de su tiempo compartido?<\/p>\n<p>\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0 Y, sin embargo, s\u00f3lo un \u00e1ngel de la guarda de aquellos dos \u2013y seguro que ten\u00edan un \u00e1ngel de la guarda- habr\u00eda podido saber la m\u00e1s extra\u00f1a de todas las cosas que estaban pensando, salvo que, como hab\u00edan hablado tan a menudo al respecto y, sobre todo, cuando ten\u00edan la oportunidad, en aquel d\u00eda del a\u00f1o, cada uno de ellos sab\u00eda, desde luego, que el otro lo estaba pensando, hasta tal punto, en realidad, que no constituy\u00f3 ninguna sorpresa, pareci\u00f3 tan s\u00f3lo el comienzo de un ritual, que \u2013cuando se internaron por el sendero principal del bosque, por entre cuyas ramas, que los proteg\u00edan del viento, se pod\u00eda divisar, de vez en cuando, lo que suger\u00eda un fragmento de una partitura, un retazo del propio puente colgante- el hombre dijera:<\/p>\n<p>\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0 -En tal d\u00eda como hoy solt\u00e9 las amarras del barco. Fue en junio de hace veintinueve a\u00f1os.<\/p>\n<p>\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0 -Fue hace veintinueve a\u00f1os en junio, mi amor, y fue el veintisiete de junio.<\/p>\n<p>\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0 -Fue cinco a\u00f1os antes de que t\u00fa nacieras, Astrid, y yo ten\u00eda diez a\u00f1os y hab\u00eda bajado al embarcadero con mi padre.<\/p>\n<p>\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0 -Fue cinco a\u00f1os antes de que yo naciera, t\u00fa ten\u00edas diez a\u00f1os y hab\u00edas bajado al embarcadero con tu padre. Tu padre y tu abuelo te hab\u00edan construido el barco: un barco estupendo, de veinticinco cent\u00edmetros de largo, muy bien barnizado y hecho de madera de tu caja de aeromodelismo y con una nueva y fuerte vela blanca.<\/p>\n<p>\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0 -S\u00ed, era madera de balsa de mi caja de aeromodelismo y mi padre se sent\u00f3 a mi lado y me dijo lo que deb\u00eda escribir en la nota que iba a llevar dentro.<\/p>\n<p>\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0 -Tu padre se sent\u00f3 a tu lado y te dijo lo que deb\u00edas escribir \u2013dijo entre risas Astrid- y t\u00fa escribiste as\u00ed:<\/p>\n<p>\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0 \u201cHola,<\/p>\n<p>\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0 Me llamo Sigurd Storlesen y tengo diez a\u00f1os. Ahora mismo estoy sentado en el embarcadero de Fearnought Bay del condado de Clallam, en el Estado de Washington (Estados Unidos de Am\u00e9rica), a ocho kil\u00f3metros al sur del cabo Flattery, por el lado del Pac\u00edfico, y mi pap\u00e1 est\u00e1 junto a m\u00ed dict\u00e1ndome lo que debo escribir. Hoy es 27 de junio de 1922. Mi pap\u00e1 es guardabosques en el Parque Nacional Olympic, pero mi abuelito es el encargado del faro del cabo Flatter. Junto a m\u00ed tengo una cano\u00edta reluciente que quien lea esta nota tendr\u00e1 ahora en sus manos. Es un d\u00eda ventoso y mi pap\u00e1 ha dicho que meta la canoa en el agua, cuando haya introducido esta nota en ella y haya pegado la tapa, que es un trozo de madera de balsa de mi caja de aeromodelismo.<\/p>\n<p>\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0 Bueno, tengo que terminar esta nota ahora, pero antes pido a quien la encuentre que se lo comunique al <em>Seattle Star<\/em>, porque a partir de hoy voy a empezar a leer el peri\u00f3dico para ver si dice qui\u00e9n, cu\u00e1ndo y d\u00f3nde lo ha encontrado.<\/p>\n<p>\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0 Gracias. Sigurd Storlesen\u201d.<\/p>\n<p>\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0 -S\u00ed, despu\u00e9s mi padre y yo metimos la nota dentro, pegamos la tapa y la sellamos y metimos el barco en el agua.<\/p>\n<p>\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0 -Metisteis el barco en el agua y la marea, que estaba bajando, se lo llev\u00f3. La corriente lo atrap\u00f3 y se lo llev\u00f3, \u00a1y estuvisteis contempl\u00e1ndolo hasta que se perdi\u00f3 de vista!<\/p>\n<p>\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0 Hab\u00edan llegado a un claro del bosque en el que unas cuantas ardillas correteaban por la hierba. Un indio de tez oscura y vestido con una cazadora, totalmente absorto en su amistosa tarea, daba de comer palomitas de ma\u00edz, de una bolsa, a una bru\u00f1ida ardilla negra, que las mordisqueaba posada en su hombro. Eso les record\u00f3 que deb\u00edan comprar cacahuetes para dar de comer a los osos, cuyas jaulas se encontraban m\u00e1s adelante.<\/p>\n<p>\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0 <em>Ursus Horribilis<\/em>: y ahora estaban arrojando cacahuetes a aquellos tristes y torpes seres muertos de sue\u00f1o \u2013si bien aquellos dos osos pardos estaban juntos, ten\u00edan incluso un hogar-, tal vez demasiado somnolientos a\u00fan para saber d\u00f3nde se encontraban, envueltos a\u00fan en un sue\u00f1o de lomas boscosas y ar\u00e1ndanos silvestres en las cordilleras que Sigurd y Astrid volv\u00edan a ver, al frente, entre los \u00e1rboles y allende una bah\u00eda.<\/p>\n<p>\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0 Pero, \u00bfc\u00f3mo iban a poder dejar de pensar en el barquito?<\/p>\n<p>\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0 Durante doce a\u00f1os hab\u00eda errado por entre las tormentas del invierno, por soleados mares estivales: \u00bfqu\u00e9 aguas revueltas entre corrientes lo habr\u00edan atrapado?, \u00bfqu\u00e9 aves marinas salvajes \u2013meaucas, petreles, gaviotas de rapi\u00f1a, de las que siguen las h\u00e9lices batientes, los oscuros albatros de aquellas aguas septentrionales-, habr\u00edan bajado en picada hacia \u00e9l o qu\u00e9 corrientes c\u00e1lidas lo habr\u00edan llevado perezosas hacia tierra y qu\u00e9 corrientes de aguas azules lo habr\u00edan arrastrado tras la albacora, con barcos de pesca como jirafas blancas, o qu\u00e9 flujos glaciales lo habr\u00edan arrojado por entre la espuma hacia el propio cabo Flattery? Tal vez hubiera descansado, flotando en una cala protectora, donde la orca golpeaba, azotaba, las claras aguas profundas, lo hubieran visto el \u00e1guila y el salm\u00f3n, lo hubiese mirado con ojos asombrados una cr\u00eda de foca, hasta que las olas lo hubieran hecho encallar, ba\u00f1ado por el sol de una tarde lluviosa, entre crueles rocas pobladas de percebes, embarrancado y golpeado por un flanco y por el otro en una pulgada de agua, como un ser vivo o una pobre lata vieja, empujado, aporreado en la orilla y volteado y vuelto a enderezar, arrojando arena arriba y despu\u00e9s barrido otro metro playa para volver loco toda la noche a un pescador con su d\u00e9bil y quejumbroso golpeteo, antes de que el reflujo se lo hubiera un oscuro amanecer de oto\u00f1o y hubiese seguido su camino de nuevo por el pi\u00e9lago, por entre truenos, hacia Dios sabe qu\u00e9 feroz costa yerma y deshabitada, conocida s\u00f3lo por el pavoroso Wendigo, donde ni siquiera un indio habr\u00eda podido encontrarlo, all\u00ed desamparado, perdido, hasta que las grandes y negras mareas rebosantes de enero o las inmensas y calmas mareas de la luna de mediados del verano lo hubieran devuelto al mara para que reanudara su traves\u00eda otra vez\u2026<\/p>\n<p>\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0 Astrid y Sigurd llegaron ante un gran recinto, un poco apartado del sendero, con dos arces con hojas de p\u00e1mpano (con sus bolas escarlatas \u2013delicadas precursoras de sus hojas- ya visibles) que atravesaban el techo y un refugio cavernoso a un lado, para que sirviera de guarida, y todo \u00e9l, excepto los barrotes del frente, cubierto por una resistente tela met\u00e1lica de malla ancha\u2026 considerada protecci\u00f3n suficiente contra una de las fieras m\u00e1s sat\u00e1nicas que pueblan la tierra.<\/p>\n<p>\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0 Dos animales habitaban la jaula, moteados como falsos leopardos de color pastel y parecidos a gatos decorados y con expresi\u00f3n man\u00edaca: ten\u00edan las orejas cubiertas de enormes borlas y, como si fueran una feroz parodia de los arces con hojas de p\u00e1mpano, tambi\u00e9n de su ment\u00f3n colgaban borlas. Sus piernas eran tan largas como el brazo de un hombre y sus zarpas, revestidas de piel gris de la que sobresal\u00edan unas garras curvadas como cimitarras, eran del tama\u00f1o de un pu\u00f1o humano cerrado.<\/p>\n<p>\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0 Y las dos hermosas y demon\u00edacas criaturas rondaban y recorr\u00edan el recinto sin cesar y hurgaban la base de su jaula, entre cuyos barrotes hab\u00eda el espacio justo para que introdujeran una garra asesina \u2013un gorri\u00f3n casi invisible, siempre a un brinco fuera de su alcance, se alej\u00f3 picoteando el polvo-, hurgaban con voracidad eterna, aunque tambi\u00e9n buscaban con desesperaci\u00f3n alguna salida, pasando y volviendo a pasar uno por delante del otro r\u00edtmicamente, como aut\u00e9nticos condenados y presas de alg\u00fan hechizo imperioso.<\/p>\n<p>\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0 Y, sin embargo \u2013mientras contemplaban el aterrador lince canadiense, que parec\u00eda encarnar en forma animal toda la ferocidad pura de la naturaleza, al tiempo que mascaban cacahuetes, a su vez, y se pasaban la bolsa el uno al otro-, ante los ojos de los amantes segu\u00eda navegando aquel barquito, luchando con los mares, a merced de una ferocidad a\u00fan m\u00e1s salvaje, durante todos aquellos a\u00f1os antes de que Astrid hubiera nacido.<\/p>\n<p>\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0 \u00a1Ah, su absoluta soledad entre aquellas inmensidades desiertas de mares encrespados y lluviosos, desprovistos incluso de aves marinas, entre vientos opuestos, o en la gran marejada muerta, sin viento, que sigue a un temporal, y luego, al soplar r\u00e1fagas que alzaban el roc\u00edo del mar como lluvia, como una visi\u00f3n de la creaci\u00f3n, volando el barquito hacia las alturas del cielo, desde las que chisporroteaban rel\u00e1mpagos de cobalto, y despu\u00e9s se hund\u00eda en el abismo, pero ya estaba subiendo otra vez, mientras el entero mar encrespado con espuma como lana de corderos iba repleg\u00e1ndose hacia sotavento, toda la vasta extensi\u00f3n impulsada por la luna, como los prados y los valles y las cadenas cubiertas de nieve de una Sierra Madre presa del delirio, en movimiento incesante, subiendo y bajando, y el barquito subiendo y bajando en un mar paralizante de blanco fuego a la deriva y espuma humeante que parec\u00eda arrollarlo y sin que dejara de o\u00edrse todo ese tiempo un sonido como un canto agudo, pero de armon\u00eda tan sostenida como de teletipos de tel\u00e9grafo o como el perpetuo sonido, incre\u00edblemente agudo, del viento donde no hay nadie que lo escuche, que tal vez no exista, o el espectro del viento en las jarcias de barcos desde hace mucho perdidos, y tal vez fuera el sonido del viento en sus jarcias de juguete, cuando el barco volv\u00eda a inclinarse hacia delante, pero aun entonces, \u00a1sobre qu\u00e9 otras ignotas profundidades habr\u00eda navegado, hasta que a saber qu\u00e9 aves de mal ag\u00fcero, vueltas por fin agentes divinos para \u00e9l, qu\u00e9 aves de hierro con alas como sables peinando eternamente en la oscuridad las grises marejadas inconmensurables, le hubieran impartido misteriosamente su sentido de la orientaci\u00f3n, al solitario y boyante barquito, impuls\u00e1ndolo con sus picos bajo ocasos dorados en un cielo azul, cuando navegaba cerca de costas monta\u00f1osas de nubes con astros por encima de ellas o costas una vez m\u00e1s ardientes en el ocaso, cuando doblaba no s\u00f3lo las terribles rocas empapadas de espuma, como incineradoras en aserraderos, de Flattery, sino tambi\u00e9n otros cabos desconocidos, durante aquellos doce a\u00f1os, con cumbres gigantescas, im\u00e1genes de aridez y desolaci\u00f3n, contra las que el coraz\u00f3n se ve arrojado y atravesado eternamente! Y \u2013lo m\u00e1s extra\u00f1o de todo- cu\u00e1ntos barcos lo habr\u00edan amenazado, a su vez, todos aquellos a\u00f1os \u2013los a\u00f1os tambi\u00e9n de los \u00faltimos barcos de vela que, con sus p\u00e1jaros de montera, se dirig\u00edan raudos hacia su olvido-, durante aquella traves\u00eda de tan s\u00f3lo cien kil\u00f3metros en l\u00ednea recta desde su botadura hasta su puerto final, surgiendo imponentes de entre la niebla y pasando por su lado sin tocarlo, pese a ir cargados con ca\u00f1ones o hierro para guerras inminentes, en cu\u00e1ntos cargueros ahora hundidos en el fondo del mar hab\u00eda viajado \u00e9l, Sigurd \u2013si vamos al caso-, cargados con m\u00e1rmol antiguo, vino y cerezas en salmuera, o cuyos motores segu\u00edan incluso entonces murmurando por alguna parte: <em>\u00a1Fr\u00e9re <\/em>Jacques! <em>\u00a1Fr\u00e9re <\/em>Jacques!<\/p>\n<p>\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0 \u00bfQu\u00e9 extra\u00f1o poema de la misericordia de Dios era aqu\u00e9l?<\/p>\n<p>\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0 De repente, una ardilla, ante su vista, trep\u00f3 por un \u00e1rbol junto a la jaula y despu\u00e9s, chachareando estridentemente, salt\u00f3 de una rama y cruz\u00f3 como una flecha la parte superior de la tela met\u00e1lica. Al instante, veloz y mort\u00edfero como un rayo, uno de los linces salt\u00f3 por el aire como una flecha los seis metros hasta el techo de la jaula en pos de la ardilla y produjo, al golpear el alambre, un son como de guitarra colosal, al tiempo que met\u00eda por entre el alambre, como centellas, las cimitarras de sus zarpas: Astrid dio un grito y se cubri\u00f3 la cara.<\/p>\n<p>\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0 Pero la ardilla, sana y salva, intacta, corr\u00eda ya ligera por otra rama, bajaba del \u00e1rbol y se alejaba, mientras el enfurecido lince saltaba hacia arriba una y otra vez y su pareja, agazapada abajo, gru\u00f1\u00eda y bufaba.<\/p>\n<p>\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0 Sigurd y Astrid se echaron a re\u00edr, pero entonces pareci\u00f3 en cierto modo injusto para el lince, que ahora lam\u00eda, solemne, la cara de su pareja. La inocente ardilla, por la que sent\u00edan tal alivio, casi pod\u00eda haber estado luci\u00e9ndose, casi pod\u00eda, a diferencia del absorto gorri\u00f3n, haber estado mof\u00e1ndose del animal enjaulado. El escape por los pelos de la ardilla \u2013una posibilidad entre mil- que, pens\u00e1ndolo bien, deb\u00eda de darse a diario, parec\u00eda algo insignificante, pero de pronto no lo parec\u00eda que hubieran estado ellos all\u00ed para verlo.<\/p>\n<p>\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0 -Ya sabes c\u00f3mo mir\u00e9 el peri\u00f3dico y esper\u00e9 \u2013dijo Sigurd, encorvado para volver a encender la pipa, mientras siguieron su camino.<\/p>\n<p>\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0 -El <em>Seattle Star <\/em>\u2013dijo Astrid.<\/p>\n<p>\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0 -El <em>Seattle Star\u2026<\/em>Fue el primer peri\u00f3dico que le\u00ed en mi vida. Mi padre siempre dec\u00eda que el barco hab\u00eda ido hacia el Sur\u2026 tal vez hacia M\u00e9xico\u2026 y creo recordar que mi abuelo dec\u00eda que no, que, si no se deshac\u00eda en Tattoosh, la marea lo llevar\u00eda por el estrecho de Juan de Fuca, tal vez a Puget Sound incluso. El caso es que mir\u00e9 el peri\u00f3dico y esper\u00e9 mucho tiempo y al final, como un ni\u00f1o que era, dej\u00e9 de mirar.<\/p>\n<p>\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0 -Y pasaron los a\u00f1os\u2026<\/p>\n<p>\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0 -Y crec\u00ed. El abuelo ya hab\u00eda muerto y mi padre\u2026 ya sabes\u2026 en fin, tambi\u00e9n ha muerto ya. Pero nunca lo olvid\u00e9. \u00a1Doce a\u00f1os! \u00a1Imag\u00ednate\u2026! Pero, \u00a1si es que estuvo viajando m\u00e1s de lo que llevamos nosotros casados!<\/p>\n<p>\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0 -Y llevamos casados siete a\u00f1os.<\/p>\n<p>\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0 -Hoy se cumplen siete a\u00f1os\u2026<\/p>\n<p>\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0 -\u00a1Parece un milagro!<\/p>\n<p>\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0 Pero sus palabras cayeron como flechas sin fuerza ante el blanco que aquel hecho representaba.<\/p>\n<p>\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0 Iban caminando, tras haber abandonado el bosque, entre dos largas filas de cerezos japoneses, que el mes pr\u00f3ximo formar\u00edan una et\u00e9rea avenida de flores celestiales. Tras dejar atr\u00e1s los cerezos, a derecha e izquierda del amplio claro, reapareci\u00f3 el bosque, que bordeaba los dos brazos de la bah\u00eda. Cuando se acercaban al Pac\u00edfico, bajando por la suave pendiente, el viento se volvi\u00f3, en aquella remota parte del puerto, m\u00e1s tempestuoso: las gaviotas, glaucas y estent\u00f3reas, revoloteaban y se deslizaban por encima de ellos, chillando, y de repente ya estaban mar adentro.<\/p>\n<p>\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0 Y ahora ten\u00edan delante el mar, al final de la cuesta que acababa en una playa abrupta, el mar desnudo y muy profundo, sin embarcadero ni malec\u00f3n ni casucha simp\u00e1tica alguna, si bien a la izquierda se ve\u00edan algunas casas bonitas, con luz en una ventana, que brillaba c\u00e1lida por entre los \u00e1rboles al borde mismo del bosque, como si fuera de un robusto Ad\u00e1n de la Columbia Brit\u00e1nica, de regreso, sigiloso, al Para\u00edso con su Eva bajo la flam\u00edgera espada del querub\u00edn urbano.<\/p>\n<p>\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0 La marea estaba baja. Por el agua corr\u00edan caballos blancos en torno a un punto. Los impetuosos embates de la marea, borbollones de plata batida, sobre el cruce de corrientes submarinas eran tan r\u00e1pidos, que la propia superficie del mar parec\u00eda alejarse veloz.<\/p>\n<p>\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0 El sendero se convirti\u00f3 en una pista de ceniza al abrigo de una antigua construcci\u00f3n de madera, un sal\u00f3n de t\u00e9 desierto y cerrado con tablas desde el verano pasado. Las hojas muertas se deslizaban por el porche, m\u00e1s all\u00e1 del cual, en una pendiente a la derecha y bajo un tempestuoso bosquecillo de abedules, aparec\u00edan, volcados, bancos y mesas para meriendas y un columpio estropeado. Era un panorama fr\u00edo, triste, inhumano, el que all\u00ed se ofrec\u00eda y tambi\u00e9n m\u00e1s all\u00e1, con el estruendo de aquella profunda marea baja. Sin embargo, algo hab\u00eda entre los amantes que conmov\u00eda como un cari\u00f1o y que podr\u00eda haber abierto de par en par los postigos, haber puesto pie en los bancos y las mesas y haber llenado todo el bosquecillo con las voces y las risas infantiles del verano. Astrid se detuvo un momento descansando una mano sobre el brazo de Sigurd, mientras se encontraban cobijados bajo aquella construcci\u00f3n, y dijo lo que tantas otras veces anteriores hab\u00eda dicho, por lo que siempre lo repet\u00edan como un conjuro:<\/p>\n<p>\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0 -Nunca lo olvidar\u00e9. Aquel d\u00eda, cuando ten\u00eda siete a\u00f1os y vine al parque, aqu\u00ed, de excursi\u00f3n con mi madre, mi padre y mi hermano. Despu\u00e9s de almorzar, mi hermano y yo bajamos a jugar a la playa. Era un hermoso d\u00eda de verano y la marea estaba baja, pero por la noche hab\u00eda habido una marea muy alta y se ve\u00edan las l\u00edneas de tablas y algas dejadas por las aguas\u2026 Estaba jugando en la playa, \u00a1y encontr\u00e9 tu barco!<\/p>\n<p>\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0 -Estabas jugando y encontraste mi barco y ten\u00eda el m\u00e1stil roto.<\/p>\n<p>\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0 -Ten\u00eda el m\u00e1stil roto y le colgaban jirones de vela, sucios y fl\u00e1ccidos, pero tu barco estaba entero e intacto, aunque maltratado por la intemperie y con ara\u00f1azos. Corr\u00ed hasta donde estaba mi madre y ella vio la cera que sellaba el puente de mando, \u00a1y encontr\u00e9 vuestra nota, mi amor!<\/p>\n<p>\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0 -Encontraste nuestra nota, mi amor.<\/p>\n<p>\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0 Astrid sac\u00f3 del bolsillo un pedazo de papel y, sosteni\u00e9ndolo entre los dos, se inclinaron y (aunque ya apenas resultaba legible y se lo sab\u00edan de memoria) leyeron:<\/p>\n<p>\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0 \u201cHola,<\/p>\n<p>Me llamo Sigurd Storlesen y tengo diez a\u00f1os. Ahora mismo estoy sentado en el embarcadero de Fearnought Bay del condado de Clallam, en el Estado de Washington (Estados Unidos de Am\u00e9rica), a ocho kil\u00f3metros al sur del cabo Flattery, por el lado del Pac\u00edfico, y mi pap\u00e1 est\u00e1 junto a m\u00ed dict\u00e1ndome lo que debo escribir. Hoy es 27 de junio de 1922. Mi pap\u00e1 es guardabosques en el Parque Nacional Olympic, pero mi abuelito es el encargado del faro del cabo Flatter. Junto a m\u00ed tengo una cano\u00edta reluciente que quien lea esta nota tendr\u00e1 ahora en sus manos. Es un d\u00eda ventoso y mi pap\u00e1 ha dicho que meta la canoa en el agua, cuando haya introducido esta nota en ella y haya pegado la tapa, que es un trozo de madera de balsa de mi caja de aeromodelismo.<\/p>\n<p>\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0 Bueno, tengo que terminar esta nota ahora, pero antes pido a quien la encuentre que se lo comunique al <em>Seattle Star<\/em>, porque a partir de hoy voy a empezar a leer el peri\u00f3dico para ver si dice qui\u00e9n, cu\u00e1ndo y d\u00f3nde lo ha encontrado.<\/p>\n<p>\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0 Gracias. Sigurd Storlesen\u201d.<\/p>\n<p>\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0 Llegaron a la playa desierta, salpicada de madera arrojada por el mar, por doquier esculpida, verticilada, apilada por mareas tan inmensas, que hab\u00eda una l\u00ednea de algas y detritos sobre la hierba, detr\u00e1s de ellos, y grandes troncos, le\u00f1os y tocones retorcidos, en forma de cruz o petrificados en un feroz ataque de ira \u2013o, mejor a\u00fan, algunos trozos de madera casi listos para quemar, para que alguien se los llevara a su casa, y autom\u00e1ticamente, recordando los inviernos en que ellos mismos hab\u00edan pasado necesidad, los arrojaron lejos del alcance del mar para que alguien los recogiera-, y m\u00e1s tocones all\u00ed, al pie del bosquecillo, y bien visibles en los taludes boscosos guada\u00f1ados por el mar a ambos lados, en los que crec\u00edan \u00e1rboles resquebrajados, suspirando por la ribera. Y dondequiera que miraran hab\u00eda despojos, el tributo a la ira invernal: de gallineros, de boyas, de la pared de una caba\u00f1a de pescador con las ensambladuras de las tablas rotas y los clavos al descubierto. La furia hab\u00eda afectado incluso a la propia playa, hab\u00eda formado mont\u00edculos, ondulaciones y barreras de guijarros y conchas que a veces ten\u00edan que escalar. Y por doquier se ve\u00edan tambi\u00e9n los grotescos y macabros frutos del mar, con su estimulante olor a yodo, bulbos de algas de pesadilla, como anticuadas bocinas de coches, con un rastro de cintas de raso marr\u00f3n de seis metros de longitud, fucos como demonios o los cercos desechados de esp\u00edritus malignos que se hab\u00edan purificado. Y despu\u00e9s m\u00e1s restos: botas, un reloj, redes de pescar rotas, una timonera demolida, un tim\u00f3n destrozado y tirado en la arena.<\/p>\n<p>\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0 Resultaba imposible entender por m\u00e1s de un momento que todo aquello, con su impresi\u00f3n de muerte, destrucci\u00f3n y esterilidad fuera s\u00f3lo una apariencia, que \u2013por debajo de los desechos flotantes, bajo las propias conchas que cruj\u00edan bajo sus pies, dentro de los arroyuelos que salvaban, abajo, en el borde de la marea- la vida, como en el bosque, hormigueara y se desplegara y bullese la primavera.<\/p>\n<p>\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0 Cuando Astrid y Sigurd estuvieron casi protegidos por un \u00e1rbol desarraigado en una de esas bajas ondulaciones de la playa, advirtieron que las nubes se hab\u00edan disipado sobre el mar, aunque el cielo no estaba azul, sino que segu\u00eda de color intensamente arg\u00e9nteo, por lo que pod\u00edan ver al otro lado del golfo y distinguir \u2013o as\u00ed les parec\u00eda- la l\u00ednea de algunas islas del golfo. Un carguero solitario con las gr\u00faas elevadas recib\u00eda los embates de las olas en el horizonte. Segu\u00eda vi\u00e9ndose un vestigio del monte Hood o pod\u00edan ser nubes. Tambi\u00e9n repararon, al Sudeste, en la base en declive de una colina, en un tri\u00e1ngulo de verde lavado por la tormenta, como recortado entre la negrura que se cern\u00eda, en el que hab\u00eda cuatro pinos, cinco postes de tel\u00e9grafos y un claro que parec\u00eda un cementerio. Detr\u00e1s de ellos, las heladas monta\u00f1as de Canad\u00e1 ocultaban sus feroces picos y nevadas tras nubes a\u00fan m\u00e1s feroces. Y vieron que en el mar, que estaba gris, se formaban cabrillas y corrientes que se alejaban de la costa y roc\u00edo que saltaba atr\u00e1s desde las rocas.<\/p>\n<p>\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0 Pero, cuando el viento los embisti\u00f3 con toda su fuerza, mirando desde la orilla, fue como contemplar el caos. El viento arrastr\u00f3 sus pensamientos, sus voces, casi sus sentidos mismos, mientras caminaban, haciendo crujir las conchas, riendo y tropezando. No pod\u00edan decir si era espuma o lluvia lo que les azotaba y cortaba la cara, si era espuma del mar o lluvia de la que hab\u00eda nacido el mar, hasta que por fin se vieron obligados a detenerse y quedarse all\u00ed cogidos del brazo\u2026 Y hasta aquella costa, por entre aquel caos, por aquellas corrientes, hab\u00eda llegado su barquito, con su inocente nota, procedente del pasado, para disfrutar por fin de seguridad y de un hogar.<\/p>\n<p>\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0 Pero, \u00a1ah, los temporales que hab\u00edan capeado ellos!<\/p>\n<p>&#8212;&#8212;&#8212;&#8212;&#8212;&#8212;&#8212;&#8212;&#8212;&#8212;&#8212;&#8212;&#8212;&#8212;&#8212;&#8212;&#8212;&#8212;&#8212;-<\/p>\n<p>\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0<strong>\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0 MALCOLM\u00a0 LOWRY<\/strong><\/p>\n<p><strong>\u00a0<\/strong><\/p>\n<p>Gran Breta\u00f1a, 1909-1957<\/p>\n<p>&#8212;&#8212;&#8212;&#8212;&#8212;&#8212;&#8212;&#8212;&#8212;&#8212;&#8212;&#8212;-<\/p>\n<p>Su obra m\u00e1s celebre es\u00a0la novela BAJO EL VOLC\u00c1N, enorme influencia\u00a0para Roberto Bola\u00f1o.-\u00a0Este cuento abre el libro de realtos titulado \u00abESC\u00daCHANOS SE\u00d1OR, DESDE EL CIELO, TU MORADA\u00bb, ed Tusquets, colecci\u00f3n F\u00e1bulas. La foto que ilustra este post es de Lowry en el puerto de Curacao en 1947.-<\/p>\n<p><strong>\u00a0<\/strong><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>\u00a0 . El barco m\u00e1s audaz \u00a0 \u00a0 \u00a0 \u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0 Era un d\u00eda en que el roc\u00edo y la espuma del mar volaban y nubes [&hellip;]<\/p>\n","protected":false},"author":1,"featured_media":0,"comment_status":"closed","ping_status":"closed","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"footnotes":""},"categories":[3],"tags":[],"class_list":["post-2074","post","type-post","status-publish","format-standard","hentry","category-taller"],"_links":{"self":[{"href":"http:\/\/marceloscalona.com.ar\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts\/2074","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"http:\/\/marceloscalona.com.ar\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"http:\/\/marceloscalona.com.ar\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"http:\/\/marceloscalona.com.ar\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/users\/1"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"http:\/\/marceloscalona.com.ar\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Fcomments&post=2074"}],"version-history":[{"count":3,"href":"http:\/\/marceloscalona.com.ar\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts\/2074\/revisions"}],"predecessor-version":[{"id":2077,"href":"http:\/\/marceloscalona.com.ar\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts\/2074\/revisions\/2077"}],"wp:attachment":[{"href":"http:\/\/marceloscalona.com.ar\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Fmedia&parent=2074"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"http:\/\/marceloscalona.com.ar\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Fcategories&post=2074"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"http:\/\/marceloscalona.com.ar\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Ftags&post=2074"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}