{"id":2164,"date":"2011-02-01T20:25:01","date_gmt":"2011-02-01T23:25:01","guid":{"rendered":"http:\/\/www.nuestrotaller.com.ar\/?p=2164"},"modified":"2011-02-01T20:31:11","modified_gmt":"2011-02-01T23:31:11","slug":"roberto-bolano-jim","status":"publish","type":"post","link":"http:\/\/marceloscalona.com.ar\/?p=2164","title":{"rendered":"ROBERTO BOLA\u00d1O:  \u00abJim\u00bb .-"},"content":{"rendered":"<p>\u00a0. <img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" src=\"http:\/\/www.google.com\/url?source=imgres&amp;ct=img&amp;q=http:\/\/sientemag.com\/wp-content\/uploads\/roberto_bolano.jpg&amp;sa=X&amp;ei=h5dITZCuHY22sAO1wfjzAQ&amp;ved=0CAQQ8wc4Mg&amp;usg=AFQjCNGMzBDzuJyS1qFmJGyZZJeWWJztvg\" alt=\"\" width=\"345\" height=\"400\" \/><\/p>\n<p>\u00a0\u00a0<strong>\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0 JIM <\/strong><\/p>\n<p><strong>\u00a0<\/strong><\/p>\n<p>Hace muchos a\u00f1os tuve un amigo que se llamaba Jim y desde entonces nunca he vuelto a ver a un norteamericano m\u00e1s triste. Desesperados he visto muchos. Tristes, como Jim, ninguno. Una vez se march\u00f3 a Per\u00fa, en un viaje que deb\u00eda durar m\u00e1s de seis meses, pero al cabo de poco tiempo volv\u00ed a verlo. \u00bfEn qu\u00e9 consiste la poes\u00eda, Jim?, le preguntaban los ni\u00f1os mendigos de M\u00e9xico. Jim los escuchaba mirando las nubes y luego se pon\u00eda a vomitar. L\u00e9xico, elocuencia, b\u00fasqueda de la verdad. Epifan\u00eda. Como cuando se te aparece la Virgen. En Centroam\u00e9rica lo asaltaron varias veces, lo que resultaba extraordinario para alguien que hab\u00eda sido marine y antiguo combatiente en Vietnam. No m\u00e1s peleas, dec\u00eda Jim. Ahora soy poeta y busco lo extraordinario para decirlo con palabras comunes y corrientes. \u00bfT\u00fa crees que existen palabras comunes y corrientes? Yo creo que s\u00ed, dec\u00eda Jim. Su mujer era una poeta chicana que amenazaba, cada cierto tiempo, con abandonarlo. Me mostr\u00f3 una foto de ella. No era particularmente bonita. Su rostro expresaba sufrimiento y debajo del sufrimiento asomaba la rabia. La imagin\u00e9 en un apartamento de San Francisco o en una casa de Los \u00c1ngeles, con las ventanas cerradas y las cortinas abiertas, sentada a la mesa, comiendo trocitos de pan de molde y un plato de sopa verde. Por lo visto a Jim\u00a0 le gustaban las morenas, las mujeres secretas de la historia, dec\u00eda sin dar mayores explicaciones. A m\u00ed, por el contrario, me gustaban las rubias. Una vez lo vi contemplando a los tragafuegos de las calles del DF. Lo vi de espaldas y no lo salud\u00e9, pero evidentemente era Jim. El pelo mal cortado, la camisa blanca y sucia, la espalda cargada como si a\u00fan sintiera el peso de la mochila. El cuello rojo, un cuello que evocaba, de alguna manera, un linchamiento en el campo, un campo en blanco y negro, sin anuncios ni luces de estaciones de gasolina, un campo tal como es o como deber\u00eda ser el campo: bald\u00edos sin soluci\u00f3n de continuidad, habitaciones de ladrillo o blindadas de donde hemos escapado y que esperan nuestro regreso. Jim ten\u00eda las manos en los bolsillos. El tragafuegos agitaba su antorcha y se re\u00eda de forma feroz. Su rostro, ennegrecido, dec\u00eda que pod\u00eda tener treintaicinco a\u00f1os o quince. No llevaba camisa y una cicatriz vertical le sub\u00eda desde el ombligo hasta el pecho. Cada cierto tiempo se llenaba la boca de l\u00edquido inflamable y luego escup\u00eda una larga culebra de fuego. La gente lo miraba, apreciaba su arte y segu\u00eda su camino, menos Jim, que permanec\u00eda en el borde de la acera, inm\u00f3vil, como si esperara algo m\u00e1s del tragafuegos, una d\u00e9cima se\u00f1al despu\u00e9s de haber descifrado las nueve de rigor, o como si en el rostro tiznado hubiera descubierto la cara de un antiguo amigo o de alguien que hab\u00eda matado. Durante un buen rato lo estuve mirando. Yo entonces ten\u00eda dieciocho o diecinueve a\u00f1os y cre\u00eda que era inmortal. Si hubiera sabido que no lo era, habr\u00eda dado media vuelta y me hubiera alejado de all\u00ed. Pasado un tiempo me cans\u00e9 de mirar la espalda de Jim y los visajes de tragafuegos. Lo cierto es que me acerqu\u00e9 y lo llam\u00e9. Jim pareci\u00f3 no o\u00edrme. Al volverse observ\u00e9 que ten\u00eda la cara mojada de sudor. Parec\u00eda afiebrado y le cost\u00f3 reconocerme: me salud\u00f3 con un movimiento de cabeza y luego sigui\u00f3 mirando al tragafuegos. Cuando me puse a su lado me di cuenta de que estaba llorando. Probablemente tambi\u00e9n ten\u00eda fiebre. Asimismo descubr\u00ed, con menos asombro con el que ahora lo escribo, que el tragafuegos estaba trabajando exclusivamente para \u00e9l, como si todos los m\u00e1s transe\u00fantes de aquella esquina del DF no existi\u00e9ramos. Las llamaradas, en ocasiones, iban a morir a menos de un metro de donde est\u00e1bamos. \u00bfQu\u00e9 quieres, le dije, que te asen en la calle? Una broma tonta, dicha sin pensar, pero de golpe ca\u00ed en que eso, precisamente, esperaba Jim. <em>Chingado, hechizado \/ Chingado, hechizado<\/em>, era el estribillo, creo recordar, de una canci\u00f3n de moda aquel a\u00f1o en algunos hoyos funkis. Chingado y hechizado parec\u00eda Jim. \u00a0El embrujo de M\u00e9xico lo hab\u00eda atrapado y ahora miraba directamente a la cara a sus fantasmas. V\u00e1monos de aqu\u00ed, le dije. Tambi\u00e9n le pregunt\u00e9 si estaba drogado, si se sent\u00eda mal. Dijo que no con la cabeza. El tragafuegos nos mir\u00f3. Luego, con los carrillos hinchados, como Eolo, el dios del viento, se acerc\u00f3 a nosotros. Supe, en una fracci\u00f3n de segundo, que no era precisamente viento lo que nos iba a caer encima. V\u00e1monos, dije, y de un golpe lo despegu\u00e9 del funesto borde de la acera. Nos perdimos calle abajo, en direcci\u00f3n a Reforma, y al poco rato nos separamos. Jim no abri\u00f3 la boca en todo el tiempo. Nunca m\u00e1s lo volv\u00ed a ver.<\/p>\n<p>\u00a0&#8212;&#8212;&#8212;&#8212;&#8212;&#8212;&#8212;&#8212;&#8212;&#8212;&#8212;<\/p>\n<p>Este relato inaugura el <strong>libro EL GAUCHO INSUFRIBLE<\/strong>, Ed Anagrama.<\/p>\n<p>Bola\u00f1o vivi\u00f3 entre 1953-2003. Naci\u00f3 en Chile, pero su escritura le debe mucho a M\u00e9xico (vivi\u00f3 all\u00ed del 73 al 93) y sobre todo, a s\u00ed mismo.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>\u00a0. \u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0 JIM \u00a0 Hace muchos a\u00f1os tuve un amigo que se llamaba Jim y desde entonces nunca he vuelto a ver a un norteamericano [&hellip;]<\/p>\n","protected":false},"author":1,"featured_media":0,"comment_status":"closed","ping_status":"closed","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"footnotes":""},"categories":[3],"tags":[],"class_list":["post-2164","post","type-post","status-publish","format-standard","hentry","category-taller"],"_links":{"self":[{"href":"http:\/\/marceloscalona.com.ar\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts\/2164","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"http:\/\/marceloscalona.com.ar\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"http:\/\/marceloscalona.com.ar\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"http:\/\/marceloscalona.com.ar\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/users\/1"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"http:\/\/marceloscalona.com.ar\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Fcomments&post=2164"}],"version-history":[{"count":8,"href":"http:\/\/marceloscalona.com.ar\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts\/2164\/revisions"}],"predecessor-version":[{"id":2174,"href":"http:\/\/marceloscalona.com.ar\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts\/2164\/revisions\/2174"}],"wp:attachment":[{"href":"http:\/\/marceloscalona.com.ar\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Fmedia&parent=2164"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"http:\/\/marceloscalona.com.ar\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Fcategories&post=2164"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"http:\/\/marceloscalona.com.ar\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Ftags&post=2164"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}