{"id":2519,"date":"2011-05-15T20:25:27","date_gmt":"2011-05-15T23:25:27","guid":{"rendered":"http:\/\/www.nuestrotaller.com.ar\/?p=2519"},"modified":"2011-05-15T20:25:27","modified_gmt":"2011-05-15T23:25:27","slug":"matias-magliano-9%c2%ba-piso-vereda-par","status":"publish","type":"post","link":"http:\/\/marceloscalona.com.ar\/?p=2519","title":{"rendered":"MAT\u00cdAS MAGLIANO: 9\u00ba piso, vereda par.-"},"content":{"rendered":"<p><img decoding=\"async\" src=\"http:\/\/3.bp.blogspot.com\/_OAYqL5QeNPY\/TAmMxcsOoxI\/AAAAAAAAAO4\/NhG3SrPxOVY\/s1600\/escultura__mirando_por_la_ventana_med.jpg\" alt=\"\" \/><\/p>\n<p><strong>Noveno piso, vereda par<\/strong><\/p>\n<p><strong>\u00a0<\/strong><\/p>\n<p>Los Rolling Stone gritaban desde la mesita de luz: seis en punto de la ma\u00f1ana. Horacio, todav\u00eda dormido, comprob\u00f3 con el pie izquierdo que el piso estaba fr\u00edo. Se estremeci\u00f3, record\u00f3 la alfombra que dej\u00f3 de comprar y apoy\u00f3 la mano izquierda en el umbral de la puerta. Con el pie derecho, de golpe y r\u00e1pido comprendi\u00f3 lo duro que son los marcos, y de golpe y r\u00e1pido se encontr\u00f3 despierto saltando en un pata agarr\u00e1ndose con las dos manos el otro pie y \u00a1la puta madre! mientras se sentaba otra vez en la cama. Incre\u00edble que el pie no haya reventado, seguro terminar\u00eda en hinchaz\u00f3n.<\/p>\n<p>\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0 Para la segunda oportunidad de abandonar la cama iba a estar mejor preparado. Se puso las medias blancas, las pantuflas azules y sinti\u00f3 que los dedos del pie derecho ya no le pertenec\u00edan. Sin laga\u00f1as y con dientes limpios mir\u00f3 la hora: hab\u00eda perdido quince minutos. Tendr\u00eda que apurarse con el desayuno para no echar a perder el esfuerzo que implica levantarse tan temprano y tanto dolor de pie.<\/p>\n<p>\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0 Caf\u00e9 negro bien cargado y una tostada con mermelada de naranja, daba lo mismo. Desde la cocina y a trav\u00e9s del balc\u00f3n, lo sorprendi\u00f3 la luz del octavo piso del edificio de enfrente. Buscando que la nueva renguera no tire caf\u00e9, arrastr\u00f3 las pantuflas hasta el balc\u00f3n, donde estaban la mesita y el sill\u00f3n listos para el espect\u00e1culo. Apoy\u00f3 el caf\u00e9, la tostada y busc\u00f3 los cigarrillos.<\/p>\n<p>\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0 En el octavo piso cruzando la calle, vereda impar, se ve\u00edan los dibujos que el cuerpo hab\u00eda dejado en el sommier. Ella no estaba y Horacio, por el golpe, se hab\u00eda perdido la primera escena. De la cama al ba\u00f1o sin poder mirarla. Ma\u00f1ana voy a tener que poner el reloj un rato antes, pens\u00f3.<\/p>\n<p>\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0 Se sent\u00f3, mordi\u00f3 la tostada y sorbi\u00f3 el caf\u00e9, muy caliente todav\u00eda. Ah\u00ed estaba,\u00a0 hermosa como siempre, sal\u00eda del ba\u00f1o envuelta en la toalla y en poco m\u00e1s se convertir\u00eda en su mariposa. Ahora era momento del cigarrillo, l\u00e1stima no haber terminado el desayuno un poco antes.<\/p>\n<p>\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0 All\u00e1 lejos parec\u00eda mirarlo. Algunas veces cerraba la cortina, pero otros d\u00edas, desnuda bajo la toalla, se acercaba a la ventana, se sentaba en la cama y empezaba a ponerse crema. Desde los dedos del pie, una mano sub\u00eda por la tibia y la otra por la pantorrilla, las piernas separadas para que la crema llegue a todos lados. Pasaban por la rodilla, sub\u00edan lento por el muslo, desataban la toalla y los dedos iban directo a la panza. Esa era la parte que m\u00e1s le gustaba a Horacio, esas dos manos imitando a las embarazadas y a los chicos cuando tienen hambre, intercalando caricias en toda la superficie abdominal. Sin crema, con toda la mano agarraba el pote, lo agitaba, lo daba vuelta y apretaba con fuerza. Empezaba otra vez desde la panza y acarici\u00e1ndose los senos, primero uno y despu\u00e9s el otro, segu\u00eda. La mano derecha en la teta izquierda masajeaba rodeando el pez\u00f3n y la mano izquierda la imitaba con la derecha. Bastante seguido, se dejaba caer en la cama y las manos segu\u00edan el juego, rodeaban el pupo, masajeaban la pelvis y se as\u00edan fuerte a las caras interna de los muslos mientras el pulgar primero y el mayor despu\u00e9s se encontraban con un cl\u00edtoris casi visible desde tan lejos por Horacio, que para esa altura, ya tendr\u00eda que volver a calentar el caf\u00e9 si quisiera tomarlo. Esos d\u00edas \u00e9l la imitaba y cerrando los ojos la ten\u00eda al alcance de la mano, al lado suyo, \u00e9l\u00a0 y su hormigueo en la pieza de la vereda impar.<\/p>\n<p>\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0 Hace tres d\u00edas, cuando lo mir\u00f3, se puso furiosa y corri\u00f3 desde el ba\u00f1o a cerrar la cortina. Claro, no iba a estar siempre dispuesta, pens\u00f3 Horacio. Era natural que esos d\u00edas elija la oscuridad de su cuarto. Fueron lunes, martes y mi\u00e9rcoles de total desesperaci\u00f3n. Esta ma\u00f1ana, al descubrir la luz prendida y la ventana abierta, se emocion\u00f3 tanto que empez\u00f3 a tocarse antes que vuelva del ba\u00f1o.<\/p>\n<p>\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0 Mordi\u00f3 la tostada, bebi\u00f3 caf\u00e9 y prendi\u00f3 el Camel. La mir\u00f3 salir, dejar caer las toallas en la alfombra y sentarse en la cama. Un pie lejos del otro, un pote de crema y el ritual. Esta vez, en el momento en que dejaba la rodilla y sub\u00eda, se corri\u00f3 el pelo de la cara y lo mir\u00f3. Una sonrisa desde el octavo y volvi\u00f3 a bajar la cabeza. Las manos empezaban el juego y el coraz\u00f3n de Horacio estaba a punto de estallar. Quince minutos hasta la siguiente mirada. Despu\u00e9s, boca abajo en la cama y como cuerpo a tierra fue movi\u00e9ndose hasta el otro lado. As\u00ed, hermosamente desnuda, se puso la bata sin cerrarla para que la siga mirando. Agarr\u00f3 el picaporte de la puerta y sali\u00f3. Horacio dej\u00f3 de entender y sent\u00eda tocarse, tocarla.<\/p>\n<p>\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0 Hab\u00eda dejado el caf\u00e9, la tostada y el cigarrillo en la mesita. Desconcertado se par\u00f3 y se acerc\u00f3 al balc\u00f3n para ver mejor. El dormitorio ten\u00eda el vac\u00edo de la luz prendida y \u00e9l la esperaba en un regreso triunfal. Nada. La mano izquierda de Horacio segu\u00eda adentro del pantal\u00f3n y con la derecha se hab\u00eda agarrado a la baranda. A lo lejos y abajo, la vio salir del edificio. En bata y antes de cruzar, levant\u00f3 la cabeza sabi\u00e9ndose mirada.<\/p>\n<p>\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0 La vista al frente, empez\u00f3 a caminar lento y segura. La sigue, la mira, la imagina, el coraz\u00f3n por reventar. Pasa por el medio de la calle y Horacio se asoma un poco m\u00e1s para no perderla. Por fin hab\u00eda dejado su timidez y cruzaba a la vereda par.<\/p>\n<p>\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0 Cuando subi\u00f3 a la vereda, \u00e9l ten\u00eda que hacer un esfuerzo para seguirla. Sac\u00f3 la mano del pantal\u00f3n y con las dos agarraba fuerte el ca\u00f1o. Estiraba m\u00e1s el cuello y todav\u00eda alcanzaba a verla. Otra vez levant\u00f3 la cabeza y lo vio, medio cuerpo afuera. Desde abajo dej\u00f3 caer un poco la bata mostr\u00e1ndole un hombro, esquiv\u00f3 a la portera que estaba regando y camin\u00f3. Horacio apoy\u00f3 el pie izquierdo en el z\u00f3calo del balc\u00f3n y la ve\u00eda despacito entrando a su edificio. El pie derecho lo ten\u00eda en el aire, el cuerpo afuera, el cuello estirado, las manos a\u00fan m\u00e1s fuertes. Cuando casi la perd\u00eda de vista desesper\u00f3. El pie derecho sub\u00eda al z\u00f3calo y el dolor volv\u00eda del recuerdo en el peor momento. Desde el pie hasta el alma. Ahora quiz\u00e1s, la pueda ver por \u00faltima vez un poco m\u00e1s cerca.<\/p>\n<p>\u2026<\/p>\n<p>El cielo c\u00e9ntrico de Rosario despert\u00f3 rojo y fr\u00edo. El sol y Horacio hab\u00edan salido.<\/p>\n<p>\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0 \u00a0La puerta de su noveno piso estaba cerrada por dentro. Las cortinas en el\u00a0 balc\u00f3n bailaban instant\u00e1neas. El caf\u00e9 y un cigarrillo a medio apagar humeaban en la mesita donde apenas comenzaba a dar el sol. La ausencia de Horacio aparec\u00eda en el dibujo que sus dientes hab\u00edan estampado en la tostada y la mermelada reflejaba un poco de la luz aun prendida.<\/p>\n<p>\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0 Afuera, en el cuarto o quinto piso y tambi\u00e9n de cara al viento, una paloma jugaba a imitarlo, segura de poder frenar a tiempo. La mano derecha extendida adelante se\u00f1alando el destino, la izquierda, floja y suelta, m\u00e1s arriba. Una pierna casi doblada. La otra, desordenada, terminaba en una media blanca seguida de cerca por una pantufla azul que hab\u00eda decidido no ir tan r\u00e1pido.<\/p>\n<p>\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0 Desde ah\u00ed, el \u00f3xido en el techo del 126 y otras palomas reunidas en los cables del alumbrado. Todav\u00eda la escarcha en el parabrisas de un auto negro, estacionado, que humeaba imitando al caf\u00e9. La calle ancha y limpia, en la vereda impar los algodones del palo borracho, suaves contrastes de la dureza del mundo. Tres baldosas ausentes en diagonal formaban un perfecto ta-te-ti dispuesto a desarmarse con la mordida de Horacio.<\/p>\n<p>\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0 La portera, regando el piso, hab\u00eda decidido saber por ella misma c\u00f3mo estaba el tiempo. No encontr\u00f3 nubes. Su cara de sue\u00f1o se transformaba en susto mientras descubr\u00eda a Horacio acerc\u00e1ndose. De no ser por la situaci\u00f3n, hubiera jurado que ven\u00eda saludando. Entre un cartel de Frigor y otro de Coca Cola el chorro de la maguera, est\u00e1tico,\u00a0 se\u00f1alaba el lugar donde dibujar\u00edan los forenses. El piyama, rayado, all\u00e1 en el cuarto o quinto piso, se perd\u00eda entre las sombras de la ma\u00f1ana. En primer plano: \u00e9l y la paloma. Desenfocada: la pantufla.<\/p>\n<p>\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0 Ella y la ventana. Horacio, el sol, el cielo, el suelo.<\/p>\n<p><strong><span style=\"color: #ff0000;\">\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0 Mat\u00edas Magliano<\/span><\/strong><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Noveno piso, vereda par \u00a0 Los Rolling Stone gritaban desde la mesita de luz: seis en punto de la ma\u00f1ana. 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