{"id":2716,"date":"2011-06-10T14:04:05","date_gmt":"2011-06-10T17:04:05","guid":{"rendered":"http:\/\/www.nuestrotaller.com.ar\/?p=2716"},"modified":"2011-06-10T14:04:05","modified_gmt":"2011-06-10T17:04:05","slug":"cintia-sartorio-verde-amarelo","status":"publish","type":"post","link":"http:\/\/marceloscalona.com.ar\/?p=2716","title":{"rendered":"CINTIA SARTORIO: Verde amarelo.-"},"content":{"rendered":"<h2>. <a href=\"http:\/\/www.nuestrotaller.com.ar\/wp-content\/uploads\/2011\/06\/amarelo.jpg\"><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" class=\"alignright size-full wp-image-2717\" title=\"amarelo\" src=\"http:\/\/www.nuestrotaller.com.ar\/wp-content\/uploads\/2011\/06\/amarelo.jpg\" alt=\"\" width=\"560\" height=\"468\" srcset=\"http:\/\/marceloscalona.com.ar\/wp-content\/uploads\/2011\/06\/amarelo.jpg 560w, http:\/\/marceloscalona.com.ar\/wp-content\/uploads\/2011\/06\/amarelo-187x157.jpg 187w, http:\/\/marceloscalona.com.ar\/wp-content\/uploads\/2011\/06\/amarelo-494x412.jpg 494w\" sizes=\"auto, (max-width: 560px) 100vw, 560px\" \/><\/a><\/h2>\n<h2>VERDE AMARELO<\/h2>\n<p><strong>\u00a0<\/strong><\/p>\n<h1>\u00a0<\/h1>\n<p>Hac\u00eda a\u00f1os que nos conoc\u00edamos y mil veces escribimos y repasamos nuestros\u00a0 antecedentes laborales. Siempre supe que hab\u00eda vivido m\u00e1s de diez a\u00f1os en Brasil repartiendo su historial acad\u00e9mico entre Sao Pablo y Rio de Janeiro. \u201cIngeniero Salvo R\u00edas. Se desempe\u00f1\u00f3 como ingeniero de procesos para Ultratec Engenharia\u00a0&#8211; Montagens y asesor para la cadena de producci\u00f3n de empresas vinculadas a la obtenci\u00f3n electroqu\u00edmica de cloro\u201d.<\/p>\n<p>Escrib\u00ed y revis\u00e9 este p\u00e1rrafo de veintinueve palabras una y otra vez para cada proyecto al que nos present\u00e1ramos a cotizar.<\/p>\n<p>Aquella tarde de enero est\u00e1bamos con un sin fin de trabajo a entregar y nos hab\u00edamos convocado en el departamento de la calle Rodr\u00edguez al 1100 para trabajar hasta la noche. Era un d\u00eda de pleno verano donde el cemento de la ciudad es capaz de derretir el alma del m\u00e1s osado visitante urbano.<\/p>\n<p>Una larga lista de pendientes nos esperaba.<\/p>\n<p>Ni bien llegu\u00e9 no tuve m\u00e1s que sonre\u00edr. Sobre la mesada junto a la ventana que daba al patio reflectante del mediod\u00eda, reposaba una botella de aceite de ma\u00edz, reciente adquisici\u00f3n que el ingeniero realizara tras la infructuosa cocci\u00f3n de milanesas al horno de d\u00edas atr\u00e1s con una soluci\u00f3n improvisada de mayonesa con agua. Me entretuve mirando las dos macetas de estampillas resguardadas en las ventanas. La de color coral matizado con blanco llevaba la delantera sobre la fucsia. No es f\u00e1cil tener m\u00e1s de una flor cuando el agua llega de vez en cuando, acompa\u00f1ando alguna visita. Pens\u00e9 que deber\u00eda regarlas de un descuido mientras preparara un mate dulce en un par de horas.<\/p>\n<p>El perfil de Salvo se interpuso en mis pensamientos unos instantes. Quiz\u00e1 la luz solar sobre la pared ocre clara de la casa lindera o mis exacerbados sentidos de ese d\u00eda, me resaltaron por primera vez desde que nos conoc\u00edamos el matiz nada anglosaj\u00f3n del rostro de Salvo. \u00a0Su piel no era blanca, ni morena ni oliva. Era un bronceado de otra latitud; \u00a0de esos que s\u00f3lo da el mar cuando el yodo y la sal se combinan en alquimia perfecta con el viento. Era un bronceado interno que a veces, en invierno, ahora recuerdo, se verdeaba con la injusta carencia de m\u00fasica y aire libre.<\/p>\n<p>\u201cNunca le pregunt\u00e9 por qu\u00e9 volvi\u00f3\u201d, pens\u00e9. \u00bfPor qu\u00e9 volvi\u00f3 a Argentina luego de diez a\u00f1os en la \u201cCidade Maravilhosa\u201d? \u00a0Era extra\u00f1o. En su estructura f\u00edsico-qu\u00edmica de especialista en procesos electroqu\u00edmicos es el \u00fanico capaz de entender que el r\u00edo es todos los d\u00edas diferente. Desde el marr\u00f3n Baglieto al azul espejo de <em>rosarigasino<\/em>.<\/p>\n<p>&#8211;\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0 Mir\u00e1 Salvo. \u00bfDe qu\u00e9 color lo vez hoy?, sol\u00eda preguntarle cuando pas\u00e1bamos por la costanera camino a la zona portuaria.<\/p>\n<p>&#8211;\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0 Hoy est\u00e1 verde. Hasta te dir\u00eda que verde <em>amarelo<\/em>, me dijo un d\u00eda.<\/p>\n<p>En ese instante, esa frase vino a mi mente como un punz\u00f3n. Ten\u00edamos tanto trabajo aquella tarde. Yo era de aquellas que sufr\u00eda de ataques cr\u00f3nicos de responsabilidad (a pesar de estar de moda los ataques de p\u00e1nico) por lo cual adelant\u00e9 la hora del mate, hecho que alegr\u00f3 notoriamente a las macetitas de la ventana.<\/p>\n<p>Mientras tanto Salvo encendi\u00f3 el equipo de m\u00fasica. Si hubiera sido Vinicius de Moraes ser\u00eda, valga la redundancia, una se\u00f1al del destino y deber\u00eda cerrar mi agenda para encerrarnos en el remanso de una buena conversaci\u00f3n. Una voz en la radio promocionando una l\u00ednea de electrodom\u00e9sticos me desalent\u00f3 con iron\u00eda.<\/p>\n<p>Dos computadoras y una serie de listas, agendas y archivos se desplegaron r\u00e1pidamente. Abr\u00ed varias tablas din\u00e1micas en la pantalla, la p\u00e1gina web de nuestra empresa en la parte de usuarios, algunos procedimientos en borrador y una hoja en blanco de un nuevo documento.<\/p>\n<p>Comenzamos a trabajar en el planeamiento estrat\u00e9gico de unos cuantos clientes del sur de Santa Fe. Salvo, que generalmente se caracterizaba por su notoria t\u00e9cnica pero profusa concentraci\u00f3n, se hab\u00eda obstinado aquel d\u00eda en alcanzar impensados est\u00e1ndares de productividad. El primer termo de agua fluy\u00f3 con rapidez como derriti\u00e9ndose entre los teclados de nuestras computadoras. \u00a0Mientras debat\u00edamos los detalles de cada tabla, Salvo le\u00eda de su cuadernillo la informaci\u00f3n relevada y yo simulaba una alta concentraci\u00f3n completando los campos de la tabla en mi pantalla.<\/p>\n<p>La hoja en blanco se insinuaba lentamente ante mis ojos. Con indiferencia la evitaba.<\/p>\n<p>El perfil de Salvo, bronce piel. La tabla. La hoja en blanco. Otra vez la tabla.<\/p>\n<p>&#8211;\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0 Est\u00e1s rara. Hoy que tengo aceite s\u00f3lo viniste a tomar mate.<\/p>\n<p>Ambos re\u00edmos. Suger\u00ed un terer\u00e9 con jugo de pomelo y hubo aceptaci\u00f3n general. Un terer\u00e9 ruso es una excelente opci\u00f3n en una tarde penetrante como aquella. Terminamos las carpetas de un par de clientes. Yo estaba como lejana, molesta. Algo indescriptible y desconocido me remov\u00eda las entra\u00f1as. Estaba en el departamento de Salvo; deb\u00eda, sin saberlo, estar en barrio Industrial y me perd\u00eda sin esfuerzo en una hoja blanca como haciendo de mi una transparencia que se esfumaba en ella sin sentido. Si hubiera sabido que mam\u00e1 morir\u00eda cuatro d\u00edas despu\u00e9s quiz\u00e1 hubiera entendido, o mal entendido, mi inexplicable incertidumbre. Lo obvio era que s\u00f3lo quer\u00eda que Salvo me contara. Con el segundo termo, \u00e9l se levant\u00f3 a cambiar la m\u00fasica.<\/p>\n<p>&#8211;\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0 Voy a poner una m\u00fasica que te va a encantar. Me la dio un amigo del grupo de los s\u00e1bados. Nelson Nogueira se llama. Es un brasilero que interpreta a su estilo cl\u00e1sicos de los a\u00f1os ochenta. \u00bfTe gustar\u00e1?<\/p>\n<p>&#8211;\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0 Hasta te dir\u00eda que <em>verde amarelo<\/em>.<\/p>\n<p>&#8211;\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0 \u00bfQu\u00e9?, me pregunto desorientado.<\/p>\n<p>El termo estaba transpirando gotas frescas sobre su silueta de acero y sent\u00ed como si cada una de ellas recorriera mi columna vertebral como una fresca calma.<\/p>\n<p>&#8211;\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0 Ya s\u00e9- dijo Salvo. Tenemos que terminar y vamos atrasados.<\/p>\n<p>&#8211;\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0 \u201cHasta te dir\u00eda que verde amarelo\u201d<\/p>\n<p>&#8211;\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0 \u00bfQu\u00e9?, volvi\u00f3 a preguntar.<\/p>\n<p>&#8211;\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0 Salvo. \u00bfPor qu\u00e9 te volviste?<\/p>\n<p>&#8211;\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0 \u00bfDe Ca\u00f1ada con la tormenta del martes?<\/p>\n<p>&#8211;\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0 No Salvo, de R\u00edo. \u00bfPor qu\u00e9 te volviste de R\u00edo?<\/p>\n<p>Un silencio yerto se apoder\u00f3 del espacio entre Salvo y yo.<\/p>\n<p>&#8211;\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0 Nunca nadie me hizo esa pregunta antes. Yo me la hago todos los d\u00edas. Casi nunca tengo respuesta. A veces, si\u2026<\/p>\n<p>Un par de p\u00e9talos de estampillas entornaron hacia nosotros. La yerba del mate me pidi\u00f3 posta, la recambi\u00e9 y el olor dulce del polvo seco en la palma de mi mano me abri\u00f3 un apetito voraz por las palabras. Salvo se recost\u00f3 sobre el respaldar de la silla y cruz\u00f3 ambas manos sobre su vientre. Le ceb\u00e9 dos mates seguidos para contagiarle mi apetito. Desconozco si fue eso o la dulce guitarra de Nogueira la que lo transport\u00f3.<\/p>\n<p>&#8211;\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0 No fue una cosa; fueron varias.<\/p>\n<p>A partir de all\u00ed abandon\u00f3 el di\u00e1logo sistem\u00e1tico y emprendi\u00f3 un mon\u00f3logo donde mis preguntas s\u00f3lo eran un entornar de ojos o cabeza.<\/p>\n<p>&#8211;\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0 Aquel fue un lugar donde sent\u00ed que no es necesario ser un gran curr\u00edculum para ser una gran persona. Los protocolos no son ni m\u00e1s ni menos importantes que una cerveza fr\u00eda a la siete de la tarde en la orilla de la playa mientras buscas descubrir algo nuevo en el horizonte.- Me mir\u00f3 c\u00f3mplice- \u00bfSab\u00e9s de qu\u00e9 hablo?<\/p>\n<p>Sonre\u00ed.<\/p>\n<p>&#8211; \u00a0\u00a0\u00a0Si, todos los d\u00edas mir\u00e1s el r\u00edo y est\u00e1 diferente.<\/p>\n<p>&#8211;\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0 Exacto. El borde del mar en el borde de la playa te deja ver siempre algo nuevo. La l\u00ednea finita de espuma es siempre algo nuevo. Como el blanco que se forma a cuarenta metros de pasar los silos por la Avenida de la Costa, donde la isla se corta en un \u00e1ngulo obtuso con el puente y pod\u00e9s ver\u2026<\/p>\n<p>&#8211;\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0 Todo- complet\u00e9.<\/p>\n<p>&#8211;\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0 Apenas llegado, joven y con familia, empezando. Un d\u00eda mencion\u00e9 a mis nuevos compa\u00f1eros de trabajo que me ir\u00eda r\u00e1pido ese d\u00eda por la tarde para averiguar por una casa m\u00e1s cerca de Ultratec. S\u00f3lo eso bast\u00f3 para que a las cinco de la tarde un par de colegas me esperaran en la porter\u00eda. Ba\u00fal en mano con cerveza fr\u00eda para un, digamos, \u201cHappy hour\u201d de los de ahora.<\/p>\n<p>C\u00f3mo mis \u201cataques de p\u00e1nico\u201d, pens\u00e9.<\/p>\n<p>&#8211;\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0 Al llegar a lugar del encuentro.<\/p>\n<p>&#8211;\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0 Obviamente en el mar- lo interrump\u00ed.<\/p>\n<p>&#8211;\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0 Si. S\u00ed. Se nos uni\u00f3 un colega bancario en bermudas celestes de palmeras. Con la simple garant\u00eda de un choque de manos el pr\u00e9stamo ya estaba otorgado mientras los garantes brindaban con cerveza. Casi me parece estar vivi\u00e9ndolo de nuevo. Espuma blanca en las manos y en los pies. Al poco tiempo nos mudamos a la casa en la que viviera el resto de los a\u00f1os en Brasil. Mi casa, justo en la base de la pendiente del morro.<\/p>\n<p>Se qued\u00f3 pensativo unos instantes.<\/p>\n<p>&#8211;\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0 Todo se daba con una excitante y rotunda matem\u00e1tica.<\/p>\n<p>&#8211;\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0 Ya veo. \u00a1Te cuesta controlar el ingeniero!<\/p>\n<p>&#8211;\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0 Obvio. Pero era otra cosa. Era cerveza m\u00e1s cerveza, amigos. Mar m\u00e1s f\u00e1brica, hogar en la base del cerro. Proyecto m\u00e1s espuma, viaje a Europa.<\/p>\n<p>&#8211;\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0 \u00bfEstuviste en Europa entonces?<\/p>\n<p>&#8211;\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0 Matem\u00e1ticas. All\u00e1 me ir\u00eda. A Francia. Un d\u00eda me lo comunicaron. Unos cuantos meses sin mi familia pero en una oportunidad casi \u00fanica. Sal\u00ed caminado lentamente entre alegre y triste. No sab\u00eda. Fui hacia la esquina de transporte. Decid\u00ed ese d\u00eda dejar mi auto esper\u00e1ndome hasta el otro d\u00eda en la cochera. O sub\u00eda al transporte de planta o el transporte p\u00fablico que par\u00f3 frente a m\u00ed. Lo mir\u00e9 con desconfianza. Sub\u00ed. Sent\u00ed dos cosas: un ritmo de tambor y un olor sudoroso y fresco de favela que me, arrojaron, te dir\u00eda, al fondo del coche.<\/p>\n<p>Repentinamente cerr\u00e9 cada una de las ventanas con tablas din\u00e1micas de mi computadora. Un calor en oleada empez\u00f3 a subir desde mis pies, en ese momento descalzos sobre el mosaico fresco. Las estampillas intrusas cabecearon entre la pared de brillosa de la siesta, el perfil de Salvo y la hoja en blanco.<\/p>\n<p>&#8211;\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0 \u00bfQu\u00e9 hac\u00e9s? Me grito Salvo con una intriga casi arrasadora.<\/p>\n<p>&#8211;\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0 Suficiente planificaci\u00f3n estrat\u00e9gica por hoy.<\/p>\n<p>&#8211;\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0 \u00bfEst\u00e1s bien? Te desconozco.<\/p>\n<p>&#8211;\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0 \u201cUn olor sudoroso y fresco de favela\u201d<\/p>\n<p>Con un rictus sonriente de ya haber entendido apoyo su mano en la m\u00eda.<\/p>\n<p>&#8211;\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0 Hago otro termo. Me toca.<\/p>\n<p>El calor se convirti\u00f3 entonces en un hormigueo tempestuoso alojado ahora a la altura de mi cadera mientras las yemas de mis dedos censaban el teclado en un contraste helado. Sent\u00eda que el paso vertiginoso de las im\u00e1genes casi ideas pon\u00edan mi mente en blanco bosquejando el camino intuido del calor desde mis caderas al teclado.\u00a0 Fue como la primera vez que pensaba: un vac\u00edo abstracto colmado plenamente de todo.<\/p>\n<p>De espaldas a mis sensaciones y obviamente sin tampoco saber que mi madre morir\u00eda cuatro d\u00edas despu\u00e9s, Salvo prosigui\u00f3.<\/p>\n<p>&#8211;\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0 Una oleada de escuela de samba me mare\u00f3 al arrancar el colectivo y termin\u00e9 tirado\u00a0 sobre un asiento descuidado y movedizo. Hab\u00eda un par de morenos, como patinados del sudor que te cont\u00e9, que se mov\u00edan a la vez con un ritmo sinusoide. Todos entorno m\u00edo, con piernas, manos y hasta pesta\u00f1as, bailaban. Empec\u00e9 a moverme.<\/p>\n<p>Sus rodillas, t\u00e9cnicas, hasta ahora para m\u00ed almidonadas de tanto dar capacitaciones, comenzaron a moverse r\u00edtmicamente mientras sosten\u00edan el termo condensado por la charla.<\/p>\n<p>&#8211;\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0 \u00bfD\u00f3nde vas?, me pregunt\u00f3 un muchacho moreno con enorme sonrisa perlada.<\/p>\n<p>&#8211;\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0 No lo s\u00e9- le devolv\u00ed en su portugu\u00e9s nativo.<\/p>\n<p>&#8211;\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0 Yo s\u00ed. Me replic\u00f3.<\/p>\n<p>&#8211;\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0 No me anim\u00e9 a contradecirlo. S\u00f3lo segu\u00ed bailando mientras el coche fue ascendiendo zigzagueante por el cerro.<\/p>\n<p>Imit\u00e1ndolo, el calor a esa altura ya me hab\u00eda traspasado las costillas.<\/p>\n<p>&#8211;\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0 De tardecita llevamos a un barrio donde casi todo bailaba. All\u00ed, la luz amarillenta y siempre titilante ilumina todo. Los contornos de la calle, \u00a0la cena de arroz, <em>frango y feijoada<\/em>. Fuimos hasta el frente de un gran galp\u00f3n. Yo sosten\u00eda una gran caja colmada de plumas que una hermosa mujer rizada me cambi\u00f3 de inmediato por una cerveza fr\u00eda sin siquiera preguntarme. Cientos de banderines brillantes blanco y celestes colgaban del techo de aquel lugar. Atravesar ese port\u00f3n fue algo as\u00ed como entrar al para\u00edso. En grupos de tres, diez, treinta, otros cientos de personas de toda edad, color y obviamente procedencia social, bailaban, bordaban, armaban y cantaban ensayando lo que ser\u00eda, casi uno a\u00f1o despu\u00e9s su carnaval.<\/p>\n<p>\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0 Era mi primera vez ah\u00ed, no ser\u00eda la \u00faltima pero en realidad sent\u00eda que hab\u00eda estado en ese lugar miles de veces. Aquella noche escrib\u00ed la letra de una \u201csamba-enredo\u201d que un grupo de cantantes ensayaban una y otra vez. Luego martill\u00e9 un tirante sobre un costado de lo que ser\u00eda una enorme <em>alegoria<\/em> brillante tiempo despu\u00e9s. Pegaba plumas y lentejuelas. Practicaba un paso, me ca\u00eda y me levantaba, Me volv\u00eda a caer. Me volv\u00eda a levantar.<\/p>\n<p>\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0 Un calambre en las manos me retorn\u00f3 a la mesa frente a Salvo.<\/p>\n<p>Mis dedos en posici\u00f3n de ara\u00f1a sobre el teclado hab\u00edan quedado pegados sobre el borde de la mesa con una expresi\u00f3n de acecho que me sorprendi\u00f3.<\/p>\n<p>&#8211;\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0 Salvo, \u00bfqu\u00e9 hora era entonces? No puedo ni imaginarlo.<\/p>\n<p>&#8211;\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0 Como las once. Volv\u00ed a casa cerca de las tres durante varias semanas. Solo, con la camisa a\u00fan h\u00fameda del traj\u00edn y la pr\u00e1ctica\u2026 Ella s\u00f3lo me miraba sin decirme nada. Como siempre.<\/p>\n<p>&#8211;\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0 \u00bfQu\u00e9 le contaste?<\/p>\n<p>&#8211;\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0 Nada. Nada de nada. No encontraba nada que decir. Nada de nada. No ve\u00eda la hora de dejar la planta s\u00f3lo para agarrar siempre una gran caja de plumas. Durante mucho tiempo me sent\u00ed una indescriptible mezcla de ingenier\u00eda, baile y est\u00fapida cobard\u00eda. D\u00edas despu\u00e9s avis\u00e9 que no viajar\u00eda. Muchas horas de espuma en la arena con mis amigos me despreocuparon de Francia.<\/p>\n<p>&#8211;\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0 Si quieres bailar, tienes que bailar. Me dec\u00edan ellos.<\/p>\n<p>Ella no lo entendi\u00f3. Volv\u00eda a mi vida normal y a mi proyecto de Europa o nos volv\u00edamos a Argentina.<\/p>\n<p>&#8211;\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0 \u00bfPero nunca le contaste? Entiendo que quisiera volverse. Seguramente estaba pensando cualquier cosa.<\/p>\n<p>&#8211;\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0 Si. Ahora yo tambi\u00e9n lo entiendo. Conversar no es lo mismo que dialogar. La comunicaci\u00f3n es otra cosa.<\/p>\n<p>El agua con jugo de pomelo se hab\u00eda acabado hac\u00eda rato. Era ya de noche. Compramos pizza de cantimpalo y fugazza. No s\u00e9 porque recuerdo tanto aquella pizza. Yo no pude comer. Ten\u00eda las mu\u00f1ecas a\u00fan acalambradas y esa sensaci\u00f3n de calor, ahora en las axilas, quem\u00e1ndome.<\/p>\n<p>Salvo se recost\u00f3 sobre la silla con una aceituna entre sus dedos.<\/p>\n<p>&#8211;\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0 Llegue a pensar que ese repentino amor por las noches en el galp\u00f3n de la <em>favela<\/em> eran una cuesti\u00f3n de color. Algo del color de este lugar debe estar volvi\u00e9ndome loco. Aquella <em>scola<\/em> era la de <em>Beija-Flor de Nilopolis<\/em>. Sus colores son el celeste y blanco. Ser\u00e1 que quiero volver y no lo admito, pens\u00e9 muchas veces. Hasta llegu\u00e9 a recorrer varios galpones: <em>Academicos do Salgueiro, Mocidade Independente<\/em>. Todas para probar si en alguna de ellas me sent\u00eda un extra\u00f1o. M\u00e1s las conoc\u00eda, m\u00e1s me enamoraba. \u00a1Ese olor! Si lo sintieras. Un d\u00eda decid\u00ed que recorrer\u00eda las dos \u00faltimas y tom\u00e9 coraje. Fui hasta el barrio donde estaba Unidos da Tijuca. Me detuve con los ojos cerrados frente al port\u00f3n. Un regordete con enorme gorro azul y amarillo lleno de lentejuelas me zamarre\u00f3 para despertarme con, obviamente una cerveza fr\u00eda. Azul y amarillo. Rosario Central. Rosario. El r\u00edo. Me cachetearon los recuerdos. Alguien que ni recuerdo quien fue, me llev\u00f3 en un desvencijado auto hasta Madureira. Corr\u00ed desde la calle hasta la fiesta. La <em>scola<\/em> de Imperio Serrano, verde amarillo, me encontr\u00f3. Esa noche no regres\u00e9 hasta la madrugada. Amanec\u00ed junto al mar tirado de espaldas sobre la arena y uno de los muchachos de Ultratec me encontr\u00f3 de paso, me acer\u00f3 un caf\u00e9 caliente y se qued\u00f3 conmigo en silencio. Tijuca, azul y amarillo; Beijaflor de Nilopolis, celeste y blanco; Imperio Serrano, verde y amarillo. <em>Verde amarelo<\/em>.<\/p>\n<p>Ese a\u00f1o no baile, dej\u00e9 mis noches <em>marabilosas <\/em>y apareci\u00f3 el Ingeniero Salvo R\u00edas para quedarse. Quedarse mucho tiempo.<\/p>\n<p>Las puntas de mis u\u00f1as se relajaron. El calor me lleg\u00f3 a la punta de los dedos Sent\u00ed algo que siempre hab\u00eda sentido y reci\u00e9n ese d\u00eda lo entend\u00ed.<\/p>\n<p>Yo nunca hab\u00eda estado all\u00ed.<\/p>\n<p>&#8211;\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0 Fue entonces que un d\u00eda de marzo ya dorm\u00edamos. Descans\u00e1bamos en una noche como de esas, siempre agradable, siempre tan c\u00e1lidas que eran frescas, siempre de morro al fondo del azul profundo, estrellas de floresta. Golpearon la puerta. Era Ricardo. Mi amigo uruguayo tan verde amarelo como yo en aquel entonces, que pas\u00f3 a buscarme a media noche. Me dijo &#8211; Vamos.<\/p>\n<p>Y fue la primera y una de las \u00faltimas frases que pronunci\u00f3. Condujo el auto por la calle de noche clara y fuimos directo al pie del Corcovado. Yo tampoco dije palabra alguna en todo el camino. No me anim\u00e9. Tomamos creo, una camino paralelo o parecido al <a title=\"Corcovado Cremallera (a\u00fan no redactado)\" href=\"http:\/\/es.wikipedia.org\/w\/index.php?title=Corcovado_Cremallera&amp;action=edit&amp;redlink=1\">Corcovado Cremallera<\/a> que en partes sube paralelo a la v\u00eda del ferrocarril. Yo sab\u00eda que eran 223 pasos, hasta el pie del Cristo. Los hab\u00eda hecho tantas veces para verla.\u00a0 Igual que los m\u00e1s o menos cinco quil\u00f3metros desde Arroyito a la Florida por la costa, a pie.<\/p>\n<p>La Floresta de Tijuca, la isla del Paran\u00e1 chico.<\/p>\n<p>All\u00e1 arriba la visi\u00f3n no era tal. M\u00e1s bien era una imagen de ilusiones y sue\u00f1os dibujados sobre el agua del casi Atl\u00e1ntico. A un lado la silueta de los morros s\u00f3lo insinu\u00e1ndose en medio de la noche. Del otro lado las luces de R\u00edo, plena, joven. M\u00e1s bien luminosa que iluminada.<\/p>\n<p>En plena degustaci\u00f3n de paisaje Ricardo volvi\u00f3 a hablar. Est\u00e1bamos solos en medio de ese olor que \u00fanicamente tiene tu lugar en el mundo. Levant\u00f3 su mano y se\u00f1al\u00f3 en c\u00edrculo con los dedos extendidos y separados intentando abarcarlo todo. S\u00f3lo esa frase dijo por el resto de la noche:<\/p>\n<p>&#8211;\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0 \u00bfEst\u00e1s seguro que vas a dejar todo esto?<\/p>\n<p>Respir\u00e9 profundo. Hab\u00eda olor a mi lugar en el mundo. No era Copacabana. No era Rodr\u00edguez al 1100. No era la terraza de mi casa del barrio Industrial las ma\u00f1anas de verano a las siete con mi madre y con el mate.<\/p>\n<p>Era lo hoja blanca, ahora, inconteniblemente, llen\u00e1ndose de a poco con cualquier lugar del mundo que quisiera.<\/p>\n<p>\u00a0&#8212;&#8212;&#8212;&#8212;&#8212;&#8212;&#8212;&#8212;&#8212;&#8212;&#8212;-<\/p>\n<p>\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0CINTIA SARTORIO<\/p>\n<p>&#8212;&#8212;&#8212;&#8212;&#8212;&#8212;&#8212;-<\/p>\n<p>Este cuento obtuvo Menci\u00f3n en el concurso de cuentos 2010-11 de nuestro taller.-<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>. VERDE AMARELO \u00a0 \u00a0 Hac\u00eda a\u00f1os que nos conoc\u00edamos y mil veces escribimos y repasamos nuestros\u00a0 antecedentes laborales. Siempre supe que hab\u00eda vivido m\u00e1s [&hellip;]<\/p>\n","protected":false},"author":1,"featured_media":0,"comment_status":"closed","ping_status":"closed","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"footnotes":""},"categories":[3],"tags":[],"class_list":["post-2716","post","type-post","status-publish","format-standard","hentry","category-taller"],"_links":{"self":[{"href":"http:\/\/marceloscalona.com.ar\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts\/2716","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"http:\/\/marceloscalona.com.ar\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"http:\/\/marceloscalona.com.ar\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"http:\/\/marceloscalona.com.ar\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/users\/1"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"http:\/\/marceloscalona.com.ar\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Fcomments&post=2716"}],"version-history":[{"count":1,"href":"http:\/\/marceloscalona.com.ar\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts\/2716\/revisions"}],"predecessor-version":[{"id":2718,"href":"http:\/\/marceloscalona.com.ar\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts\/2716\/revisions\/2718"}],"wp:attachment":[{"href":"http:\/\/marceloscalona.com.ar\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Fmedia&parent=2716"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"http:\/\/marceloscalona.com.ar\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Fcategories&post=2716"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"http:\/\/marceloscalona.com.ar\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Ftags&post=2716"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}