{"id":2768,"date":"2011-06-24T11:44:54","date_gmt":"2011-06-24T14:44:54","guid":{"rendered":"http:\/\/www.nuestrotaller.com.ar\/?p=2768"},"modified":"2011-06-24T11:47:23","modified_gmt":"2011-06-24T14:47:23","slug":"rafael-ielpi","status":"publish","type":"post","link":"http:\/\/marceloscalona.com.ar\/?p=2768","title":{"rendered":"RAFAEL  IELPI .-"},"content":{"rendered":"<p><strong><span style=\"color: #3366ff;\">\u00a0<\/span><\/strong><\/p>\n<p><strong><span style=\"color: #3366ff;\"><span style=\"text-decoration: underline;\">. <img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" src=\"http:\/\/www.cronicasderosario.com.ar\/wp-content\/uploads\/2008\/07\/ielpi.jpg\" alt=\"\" width=\"274\" height=\"365\" \/><\/span><\/span><\/strong><\/p>\n<p><strong><span style=\"color: #3366ff;\"><span style=\"text-decoration: underline;\">No juegues con gitanas <\/span><\/span><\/strong><\/p>\n<p><strong>\u00a0&#8212;&#8212;&#8212;&#8212;&#8212;&#8212;-<\/strong><\/p>\n<p><strong><span style=\"color: #800000;\">Rafael Ielpi<\/span><\/strong><\/p>\n<p><strong>\u00a0&#8212;&#8212;&#8212;&#8212;&#8212;&#8211;<\/strong><\/p>\n<p><strong>\u00a0<\/strong><\/p>\n<p>Nunca iba al centro los s\u00e1bados a la ma\u00f1ana. Tengo alergia a las multitudes y los s\u00e1bados la peatonal se llena de gente de todo pelaje: mirones, amas de casa, adolescentes que todo lo atropellan, algunos turistas escasos con caras de turistas y un mar de vendedores ambulantes que inundan la zona con sus caballetes, mesas, mesitas, manteles sobre la veredas, en los que acumulan pelapapas m\u00e1gicos, artesan\u00edas de dudosa artesan\u00eda, aparatitos para hacer pompas de jab\u00f3n, medias de Taiw\u00e1n, paraguas: chafalon\u00eda.<\/p>\n<p>Pero ese s\u00e1bado me arrastr\u00f3 la inercia y tom\u00e9 el \u00f3mnibus hacia all\u00ed. Me toc\u00f3 ventanilla y pude ir mirando a trav\u00e9s de un vidrio lleno de marcas de dedos, de polvo acumulado, de pegotes de caramelos de leche, c\u00f3mo una parte de la ciudad empezaba a desperezarse a las nueve de la ma\u00f1ana. Las verduler\u00edas hab\u00edan desparramado ya los cajones en las veredas: naranjas, mandarinas, manzanas, coliflores, apios. Una parafernalia vegetal y tentadora. Cuando me d\u00ed cuenta, casi hab\u00edamos entrado en el centro.<\/p>\n<p>Estuve dando vueltas de aqu\u00ed para all\u00e1 cerca de una hora y media; tomando un cafecito en el Savoy, leyendo el diario, mirando las vidrieras de las librer\u00edas, toqueteando las bateas de discos sabiendo que no comprar\u00eda ninguno. A eso de las once decid\u00ed el futuro: era buen momento para pararse a mirar las mujeres en la puerta del Sorocabana. Una pr\u00e1ctica que hab\u00eda adquirido hac\u00eda mucho y que compart\u00eda una legi\u00f3n de tipos: solitarios como yo, que viv\u00edan en pensiones oscuras; solterones irremediables; melanc\u00f3licos, violadores frustrados, t\u00edmidos sin redenci\u00f3n.<\/p>\n<p>En esos menesteres estaba cunado se me acercaron sin aviso. Eran dos: una gorda con los ojos rodeados de ojeras pronunciadas, y otra muy joven, hermosa, que mostraba sus brazos dorados apenas cubiertos por un vello rubio, brillante.<\/p>\n<p>La gorda fue la primera en abordarme. Las trenzas oscuras le sal\u00edan del pa\u00f1uelo que le cubr\u00eda la cabeza y ten\u00eda una cara quemada por el sol, con peque\u00f1as arrugas a los costados de los ojos. Sus dientes reluc\u00edan al sonre\u00edr mientras me intimaba:<\/p>\n<p>-Lindo muchacho\u2026 \u00bfayuda a una pobre gitana?<\/p>\n<p>La otra se hab\u00eda quedado un paso m\u00e1s atr\u00e1s y me miraba con ojeadas que parec\u00edan desnudarme. Una especie de sonrisa tipo Gioconda jugueteaba en sus labios y en un momento \u2013lo juro- la punta de una lengua rosada apareci\u00f3 en un costado de su boca y volvi\u00f3 a esconderse igual que un chico asustado. Mientras tanto, la gorda me hab\u00eda tomado de la manga y tironeaba hacia ella, tratando de acercarme un poco m\u00e1s a su cuerpo. Ten\u00eda un olor raro, mezcla de sudor y perfume perverso, de talco y caramelos. Me resist\u00ed un poco.<\/p>\n<p>-\u00bfTen\u00e9s miedo? \u2013me pregunt\u00f3 con su acento extranjero. Su mano hab\u00eda comenzado a acariciarme las costillas, debajo del saco. Eran como alfileres que se me met\u00edan en la piel haci\u00e9ndome dar saltitos en la vereda. La muchacha se re\u00eda ya sin ning\u00fan disimulo, casi como burl\u00e1ndose.<\/p>\n<p>-No tengo miedo \u2013dije-. Pero no me gustan los gitanos.<\/p>\n<p>La mujer retir\u00f3 sus dedos de mi flanco. Se le hab\u00edan oscurecido los ojos y todo presagiaba una tormentosa respuesta. Me arrepent\u00ed, pero era tarde.<\/p>\n<p>-\u00bfQu\u00e9 dijo? \u00bfQu\u00e9 dijo? \u2013le preguntaba la gorda a la joven, ignor\u00e1ndome ol\u00edmpicamente, como si yo nunca hubiera estado a su lado, roz\u00e1ndola como hac\u00eda un momento.<\/p>\n<p>-Tranquila, Ivana, tranquila \u2013dijo la muchacha. Ahora ella la que hab\u00eda comenzado a acariciar a su compa\u00f1era, con un gesto que la iba aquietando poco a poco.<\/p>\n<p>Yo la miraba buscando atraer sus ojos, por ella segu\u00eda en su tarea de pacificaci\u00f3n. La gorda iba cediendo en su enojo y al final fue ella la que dio un paso atr\u00e1s, con aprensi\u00f3n, como dolida por mi desaire.<\/p>\n<p>-No le gustan los gitanos \u2013dijo la muchacha inexpresivamente, sin agregar matiz alguno a la aseveraci\u00f3n. La gorda pareci\u00f3 removerse como para volver a la carga, pero una mirada de la otra la llam\u00f3 de nuevo a quietud.<\/p>\n<p>-Bueno\u2026-yo segu\u00ed mir\u00e1ndola con insistencia hasta que logr\u00e9 que me clavar\u00e1 sus ojos claros-: no quise decir eso\u2026<\/p>\n<p>-\u00bfUsted siempre dice lo que no quiere decir? \u2013otra vez ten\u00eda esa sonrisa giocondina. Los labios estaban h\u00famedos y tentadores, pero no se me ocurri\u00f3 ninguna idea sobre eso. S\u00f3lo quer\u00eda escapar airoso del paso.<\/p>\n<p>-Los gitanos no son demasiados confiables \u2013le inform\u00e9. Nunca hab\u00eda tenido ninguna experiencia que avalara semejante hip\u00f3tesis pero la frase me sali\u00f3 como si lo pensara de verdad.<\/p>\n<p>La gorda peg\u00f3 unas pataditas en el suelo. Hab\u00eda comenzado a hablar r\u00e1pidamente en un idioma ininteligible; yo no comprend\u00eda absolutamente nada pero algo me dec\u00eda que me insultaba con total entusiasmo. Mov\u00eda las manos llenas de pulseras doradas y al agitar la cabeza de un lado para otro, los grandes aros se balanceaban como badajos azorados, sin campana. La otra parec\u00eda no escucharla siquiera. Me miraba.<\/p>\n<p>-Dame la mano \u2013me pidi\u00f3 imperativamente. Hab\u00eda vuelto a acerc\u00e1rseme y casi me rozaba con su cuerpo. Se la tend\u00ed y ella la tom\u00f3 entre las suyas. Las ten\u00eda calientes, afiebradas, pero la piel era suave. Algunos que pasaban por la vereda del Sorocabana nos miraban ri\u00e9ndose. <em>Otro incauto<\/em>, le coment\u00f3 el quiosquero a uno de sus compradores, se\u00f1al\u00e1ndome con la cabeza. No le contest\u00e9.<\/p>\n<p>La muchacha hab\u00eda abierto mi mano y la estudiaba atentamente; de vez en cuando, con la punta de una u\u00f1a filosa, la recorr\u00eda haci\u00e9ndome sentir unos escalofr\u00edos en la espalda, como si me pasaran cubitos de hielo. Despu\u00e9s, volv\u00eda a examinarla tocando las l\u00edneas de la palma con la yema del dedo \u00edndice. Yo esperaba en silencio.<\/p>\n<p>-Usted nunca ha estado con gitanos \u2013afirm\u00f3 tajante.<\/p>\n<p>-Es cierto \u2013reconoc\u00ed avergonzado. La cara se me hab\u00eda puesto colorada, como cuando era chico. Me observ\u00f3 con los ojos entornados. La mirada se le volvi\u00f3 ahora calculadora, como constatando las posibilidades de ir m\u00e1s all\u00e1 con aquel inesperado adversario que yo era.<\/p>\n<p>-\u00bfC\u00f3mo sabe que no son confiables, entonces? \u2013pregunt\u00f3, otra vez agresiva.<\/p>\n<p>No supe qu\u00e9 contestarle. <em>\u00bfDe d\u00f3nde sali\u00f3 una gitana como \u00e9sta?<\/em>, me estaba preguntando, pero no encontr\u00e9 la respuesta. Adem\u00e1s, me hab\u00eda distra\u00eddo mirando c\u00f3mo\u00a0 la gorda parloteaba fren\u00e9ticamente con el quiosquero: se hab\u00eda desprendido el bot\u00f3n de la blusa y una enorme teta morena pugnaba por asomarse del todo. El tipo se volv\u00eda loco mir\u00e1ndola mientras ella iba embolsando en sus amplias polleras coloridas caramelos, chocolatines y cuanto estaba al alcance de sus manos veloces. El quiosquero no se daba cuenta de nada. <em>Incauto tu abuelo<\/em>, pens\u00e9 vengativo, pero tuve que dejar de lado la escena: las u\u00f1as afiladas hab\u00edan recomenzado su tarea de rascada en la palma de mi mano. Me pon\u00eda los pelos de punta y empec\u00e9 a sentir una excitaci\u00f3n importante. La gitana hab\u00eda dejado de investigarme la palma y ahora se dedicaba a tocarme el pecho, palpando y ara\u00f1ando, como comprobando vaya a saber qu\u00e9.<\/p>\n<p>\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0 -\u00bfQuer\u00e9s venir con nosotros? \u2013pregunt\u00f3 por fin, acerc\u00e1ndome la boca a la oreja. Me sopl\u00f3 un vientito c\u00e1lido que me entr\u00f3 igual que una r\u00e1faga de fuego, haci\u00e9ndome encoger los hombros y sacudir la cabeza.<\/p>\n<p>\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0 -\u00bfAd\u00f3nde? \u2013las palabras me salieron medio estranguladas.<\/p>\n<p>\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0 -A las carpas \u2013me contest\u00f3. Hab\u00eda terminado la revisaci\u00f3n de mi pecho y parec\u00eda satisfecha: me tom\u00f3 el brazo. La gorda, terminada la incursi\u00f3n punitiva contra el quiosco, estaba otra vez a nuestro lado. Me sonre\u00eda ahora, con una inesperada calidez. Habl\u00f3 con la muchacha otra vez, en aquella jeringoza infernal; las frases le sal\u00edan como furiosas de la boca de grandes labios pintados. <em>No est\u00e1 mal la gorda<\/em>, pens\u00e9, recordando el seno monumental. La otra le contestaba riendo, con una o dos palabras apenas. De repente, se pusieron de acuerdo y empezaron a caminar. Sent\u00eda el brazo c\u00e1lido de la gitana apretado contra el m\u00edo. La miraba de reojo tratando de no aparecer demasiado interesado, pero no pod\u00eda sacar los ojos de sus pechos: tambi\u00e9n los ten\u00eda hermosos y parec\u00edan realmente invencibles. Ella me sonre\u00eda de vez en cuando, como d\u00e1ndome \u00e1nimo. La gorda abr\u00eda la marcha contorneando el cuerpo voluminoso pero agradable. Canturreaba en su idioma y de tanto en tanto agitaba los brazos como para iniciar una danza. Nosotros, a la zaga, nos entreten\u00edamos con ella. Cuando me d\u00ed cuenta, hab\u00edamos dejado la peatonal y lleg\u00e1bamos a la Plaza Sarmiento.<\/p>\n<p>\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0 -\u00bfD\u00f3nde queda? \u2013pregunt\u00e9.<\/p>\n<p>\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0 La gitana gorda dio vuelta la cara para echarme una mirada. Me reprendi\u00f3 cari\u00f1osamente moviendo una mano, como hacen las madres con los hijos traviesos.<\/p>\n<p>\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0 -Muchacho tiene miedo \u2013coment\u00f3 ri\u00e9ndose. La muchacha tambi\u00e9n se ri\u00f3, sin dejar de agarrarme el brazo. Volvi\u00f3 a soplarme en la oreja.<\/p>\n<p>\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0 -No lejos, no lejos \u2013dijo la gorda. Ella no dijo nada: me miraba con los ojos brillosos.<\/p>\n<p>\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0 En la plaza, donde ten\u00edan la parada la mayor\u00eda de los colectivos, la gente se amontonaba en los refugio, protegi\u00e9ndose del sol del verano. Otra buena cantidad estaba sentada en los viejos bancos, debajo de los grandes palos borrachos florecidos. Era un verdadero carnaval: gritos de vendedores, bocinas, ladridos de perros, peleas de chicos, la m\u00fasica estridente de una cumbia que llegaba desde una disquer\u00eda cercana. Dos o tres tipos que estaban tirados en el c\u00e9sped nos miraron fijamente, pero m\u00e1s a la muchacha. Los ojos se les pusieron opacos. La gorda los insult\u00f3 y sac\u00f3 otra vez el pecho gigante y le apunt\u00f3 con \u00e9l. Los hombres dejaron de mirar.<\/p>\n<p>\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0 El camioncito se destacaba en el estacionamiento; ten\u00eda un toldo a rayas de colores que le cubr\u00eda la parte trasera, como una precaria techumbre, y en esa caja se acomodaban como pod\u00edan unos veinte gitanos y gitanas que armaban un jaleo tremendo de gritos, cantes y palmas. Cuando nos divisaron, el l\u00edo aument\u00f3 de volumen.<\/p>\n<p>\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0 Un gitano viejo, con un sombrero abollado en la cabeza, vino a nuestro encuentro. Ten\u00eda cara amargada pero los ojos eran los de un viejo p\u00edcaro. Se encar\u00f3 con la gorda y los dos se trenzaron en una discusi\u00f3n tan violenta como interminable. El viejo mov\u00eda las manos sin descanso hasta que la gorda nos se\u00f1al\u00f3 con el brazo extendido, gui\u00f1\u00e1ndole un ojo y d\u00e1ndole un codazo en el costado que casi lo parte en dos. Simult\u00e1neamente, comenz\u00f3 a re\u00edrse a carcajadas.<\/p>\n<p>\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0 El viejo estuvo unos segundos mudo, reponi\u00e9ndose del ahogo, la cara colorada como una ciruela; despu\u00e9s tambi\u00e9n empez\u00f3 a re\u00edrse como un loco. Todos los del cami\u00f3n hicieron lo mismo y nos miraban y se\u00f1alaban con algarab\u00eda.<\/p>\n<p>\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0 -\u00bfDe qu\u00e9 se r\u00eden? \u2013pregunt\u00e9 a la muchacha. Ella no me hab\u00eda soltado el brazo en todo ese tiempo: deb\u00eda tener sus dedos marcados.<\/p>\n<p>\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0 -Est\u00e1n contentos \u2013dijo secamente. Me empuj\u00f3 hacia el viejo. Cuando me d\u00ed cuenta, \u00e9ste me estaba abrazando con fuerza, grit\u00e1ndome cosas en la oreja, siempre con su cara de amargado, los ojos de viejo tr\u00e1nsfuga y mare\u00e1ndome con su aliento a tabaco, ajo y alcohol. La gorda se hab\u00eda acercado tambi\u00e9n y aprovechaba para toquetearme con disimulo. La muchacha parec\u00eda no darse cuenta, pero a m\u00ed los pelos empezaron a par\u00e1rseme en la nuca.<\/p>\n<p>\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0 De repente, el viejo dio una orden y subimos al camioncito. El trep\u00f3 a la cabina, con la gorda a su lado y un par de chiquillos requemados por el sol, que empezaron a aplaudir cuando descubrieron el bot\u00edn arrebatado al quiosquero. Salimos de la plaza como una compa\u00f1\u00eda de desastrados c\u00f3micos de la legua.<\/p>\n<p>\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0 Los gitanos me rodearon enseguida y quedamos separados. La muchacha entre las mujeres de pa\u00f1uelo en la cabeza y blusas escotadas y colorinches. Yo, metido en el medio de ocho o nueve tipos de cara seria, cejas encrespadas y pelo retinto. Mir\u00e9 a la muchacha. <em>\u00bfPor qu\u00e9 no usar\u00e1 pa\u00f1uelo?<\/em>, me pregunt\u00e9 mientras ve\u00eda c\u00f3mo el pelo se le alborotaba por el viento y la envolv\u00eda como una telara\u00f1a rojiza. Uno de los tipos, de grandes bigotes y bufanda roja al cuello, me pregunt\u00f3 algo de mal modo. Lo mir\u00e9 sin comprender, tratando de sonre\u00edrle. Me volvi\u00f3 a repetir lo mismo, m\u00e1s enojado todav\u00eda que al principio.<\/p>\n<p>\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0 -Es el novio de ella \u2013me inform\u00f3 un gitano petiso, de sombrero andaluz y palillo en la boca, se\u00f1alando a la muchacha que re\u00eda ahora entre sus bulliciosas compa\u00f1eras.<\/p>\n<p>\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0 -D\u00edgale que no pas\u00f3 nada\u2026 -le ped\u00ed.<\/p>\n<p>\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0 La muchacha, que hab\u00eda escuchado todo en medio de semejante batuque, encar\u00f3 hacia el bigotudo abri\u00e9ndose paso entre la muralla de gitanos y tambale\u00e1ndose por los sacudones del cami\u00f3n. Empez\u00f3 a gritar como una condenada mientras \u00e9l tambi\u00e9n empezaba a vociferar. La escena iba aumentando en intensidad y todos se sumaron a ella.<\/p>\n<p>\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0 De pronto, la muchacha sac\u00f3 una navaja de alguna parte y la puso delante de los ojos del tipo. Se la fue acercando poco a poco mientras \u00e9l se iba poniendo cada vez m\u00e1s p\u00e1lido y mas bizco. Cuando la tuvo a mil\u00edmetros de su frente, se ech\u00f3 atr\u00e1s r\u00e1pidamente pero ya no pudo ir m\u00e1s lejos: ten\u00eda la cabina contra la espalda. Ella lo miraba cada vez con ojos m\u00e1s alterados.<\/p>\n<p>\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0 -\u00bfC\u00f3mo se llama? \u2013le pregunt\u00e9 al gitano bajito, que tambi\u00e9n quer\u00eda participar en el tumulto. El palillo le temblaba entre los labios y reci\u00e9n entonces descubr\u00ed que ten\u00eda un aire a Paco Rabal.<\/p>\n<p>\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0 -Rita \u2013me dijo-: Rita Cansino.<\/p>\n<p>\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0 Y a los codazos trat\u00f3 de meterse en medio de aquel mar de gitanos que cada vez gritaba m\u00e1s. El camioncito hab\u00eda adquirido velocidad; el centro estaba lejos ya y cruz\u00e1bamos el Acceso Sur. Al costado, se elevaban yuyales y barrancas donde se avistaban algunas casillas de lata y cart\u00f3n. El viejo tocaba la bocina a toda orquesta, tratando de apaciguar el desorden pero lograba exactamente lo contrario.<\/p>\n<p>\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0 Cuando pude encontrar un hueco y ver qu\u00e9 pasaba, el bigotudo estaba sangrando como un marrano: le ca\u00edan hilitos rojizos desde la frente, ba\u00f1\u00e1ndole la cara que se le hab\u00eda puesto color ceniza. La muchacha segu\u00eda grit\u00e1ndole, pero ya no ten\u00eda ninguna navaja.<\/p>\n<p>\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0 Se dio vuelta busc\u00e1ndome. Los cabellos rojos le brillaban como si tuviera fuego encendido sobre la cabeza. Toda desmelenada, con las manos un poco manchadas por restos de sangre, me hizo una se\u00f1a de <em>Ac\u00e9rcate<\/em>.<\/p>\n<p>\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0 El camioncito aminoraba la marcha para doblar desde el Acceso hacia la ciudad. Sin dudar, salt\u00e9 limpiamente la baranda, rozando el toldo rayado, ca\u00ed dando tumbos y empec\u00e9 a correr por la orilla de la barranca, llena de malezas, basura y restos de comida. Escuch\u00e9 los gritos de la muchacha, la bocina del camioncito y un sonar de voces que parec\u00edan cada vez m\u00e1s lejanas y furiosas. Me pareci\u00f3 ver, cuando pude girar la cabeza, que la gorda se asomaba por la ventanilla sacando una teta abundosa que me apuntaba con su ojo renegrido.<\/p>\n<p>\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0 Como pude, empec\u00e9 a trepar y llegu\u00e9 arriba. El coraz\u00f3n me lat\u00eda como nunca. Cuando pude parar, mir\u00e9 otra vez hacia atr\u00e1s. El toldito a rayas se ve\u00eda apenas a lo lejos aunque escuchaba todav\u00eda el sonar de la bocina empecinada.<\/p>\n<p>\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0 D\u00ed la vuelta y me met\u00ed en el barrial que rodeaba la villa. Cuando alcanc\u00e9 la avenida, el mediod\u00eda del s\u00e1bado se estaba convirtiendo en la siesta y ya quedaba poca gente en la calle. Apenas uno que otro colectivo pasaba cansinamente y el calor me hab\u00eda hecho transpirar. En el brazo, unas marcas como de dedos se ve\u00edan n\u00edtidas. Me pas\u00e9 la mano pero no desaparecieron.<\/p>\n<p>\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0 Desde ese d\u00eda, estuve dos veces en la Peatonal. Una, cerca de las tres de la madrugada, con un fr\u00edo polar que habr\u00eda espantado a gitanos y a no gitanos. La otra, en medio de una manifestaci\u00f3n que nunca supe qu\u00e9 carajo reclamaba.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>\u00a0 . No juegues con gitanas \u00a0&#8212;&#8212;&#8212;&#8212;&#8212;&#8212;- Rafael Ielpi \u00a0&#8212;&#8212;&#8212;&#8212;&#8212;&#8211; \u00a0 Nunca iba al centro los s\u00e1bados a la ma\u00f1ana. 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