{"id":2835,"date":"2011-07-08T20:13:41","date_gmt":"2011-07-08T23:13:41","guid":{"rendered":"http:\/\/www.nuestrotaller.com.ar\/?p=2835"},"modified":"2011-07-08T20:49:54","modified_gmt":"2011-07-08T23:49:54","slug":"c-o-p-i","status":"publish","type":"post","link":"http:\/\/marceloscalona.com.ar\/?p=2835","title":{"rendered":"C O P I"},"content":{"rendered":"<p>.<img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" src=\"http:\/\/www.diasdehistoria.com.ar\/userfiles\/image\/copi-1.jpg\" alt=\"\" width=\"284\" height=\"400\" \/><\/p>\n<p><strong>\u00a0<\/strong><\/p>\n<p><span style=\"color: #ff6600;\"><span style=\"text-decoration: underline;\"><strong>LA TRAVESTI Y EL CUERVO\u00a0<\/strong><\/span><\/span><\/p>\n<p>\u00a0&#8211;<\/p>\n<p>&#8211;<\/p>\n<p>El d\u00eda en que Mar\u00eda Jos\u00e9 se dio cuenta de sus poderes se produjo un giro decisivo en su vida. \u00danica superviviente de un accidente de aviaci\u00f3n, se despert\u00f3 quince d\u00edas despu\u00e9s en la habitaci\u00f3n de una cl\u00ednica parisiense. Le dijeron que padec\u00eda un traumatismo craneal. Le hab\u00edan levantado la tapa de lo sesos, y pocos d\u00edas m\u00e1s tarde le colocaron otra, de metal esta vez, que le recosieron por debajo del cuero cabelludo, una vez debidamente rasurado; su cabello, luego, volvi\u00f3 a crecer tan crespo y espeso como antes. No era \u00e9sta primera la intervenci\u00f3n quir\u00fargica que sufr\u00eda Mar\u00eda Jos\u00e9. Hab\u00eda nacido en el norte de la Argentina, en la provincia de Misiones, de sexo masculino, dieciocho a\u00f1os atr\u00e1s, como \u00faltimo reto\u00f1o de una familia de veinticinco hermanos y hermanas, cada uno de un padre distinto. Hab\u00eda sido educada por su hermano mayor, que la vest\u00eda de chica, y lo prostituy\u00f3 a los seis a\u00f1os. Eran varios los que en su misma favela estaban en similar situaci\u00f3n. Era el sino de los hijos menores de las familias pobres: mestizos de indios, negros, blancos y asi\u00e1ticos, descendientes de esclavos importados por los jesuitas, m\u00e1s los abor\u00edgenes y los mismos jesuitas. El mestizaje en cascada previsto por los jesuitas, despu\u00e9s de seis generaciones, produc\u00eda ni\u00f1os de una belleza inaudita, que hac\u00edan las delicias de los ped\u00f3filos del mundo entero. Charters de ancianos de ralos cabellos te\u00f1idos y dentaduras deslumbrantes llegaban desde Munich, Boston y Viena al aeropuerto de Misiones, convertido en burdel de ni\u00f1os. Jos\u00e9 Mar\u00eda fue vendido a la edad de quince a\u00f1os por la bonita suma de cien mil d\u00f3lares, a Louis du Corbeau, un riqu\u00edsimo coleccionista de arte de nacionalidad francesa. Para celebrarlo, Pedro, el hermano mayor de Jos\u00e9 Mar\u00eda, gast\u00f3 una buena parte de la dote en dejar pasmada a la favela. Despu\u00e9s de danzar la macumba toda la noche, y ebrio de cacha\u00e7a y de marihuana, Jos\u00e9 Mar\u00eda se marc\u00f3 a\u00fan unos pasos de samba en la escalinata del avi\u00f3n que hab\u00eda de alejarlo de Misiones para siempre. Louis du Corbeau pose\u00eda un peque\u00f1o ch\u00e2teau en el Berry, cerca de la cl\u00ednica donde Jos\u00e9 Mar\u00eda se transform\u00f3 en Mar\u00eda Jos\u00e9, despu\u00e9s de una docena de delicadas operaciones quir\u00fargicas. A los diecisiete a\u00f1os se hab\u00eda transformado ya en una radiante criolla de puntiagudos senos, y dotada de un sexo femenino en el que Louis du Corbeau pod\u00eda incluso introducir su dedo \u00edndice. Por otra parte, ello no le procuraba el menor placer a Mar\u00eda Jos\u00e9. Conoc\u00eda bien su destino poco com\u00fan, y el placer que de tal conciencia extra\u00eda nada ten\u00eda que ver con el sexo. Reinaba en su ch\u00e2teau del Berry sobre una docena de criados blancos, a los que martirizaba hasta donde se lo permit\u00eda la ley francesa. Louis du Corbeau la adoraba hasta la locura, y no le permit\u00eda salir nuca del castillo. S\u00f3lo el m\u00e9dico que hab\u00eda practicado el cambio de sexo, y la anciana hermana de Louis du Corbeau, superiora de las carmelitas de un vecino convento de clausura, y que nada sospechaba del asunto, estaban autorizados a penetrar en el castillo. Una vez por semana, Louis du Corbeau la llevaba en su avi\u00f3n particular, que piloteaba \u00e9l mismo, a Par\u00eds, donde pasaban uno o dos d\u00edas, alojados en el Hotel Ritz, de la Place Vend\u00f4me. Mar\u00eda Jos\u00e9, siempre acompa\u00f1ada por Louis recorr\u00eda los establecimientos de los grandes proveedores de frusler\u00edas de este mundo, donde pod\u00eda escoger lo que quisiera sin l\u00edmites de precio. En una ocasi\u00f3n, lleg\u00f3 a adquirir toda la colecci\u00f3n de Dior y todo el escaparate de Cartier, para poder elegir con tranquilidad en su ch\u00e2teau del Berry, delante del espejo, y con la ayuda de su cu\u00f1ada carmelita, Anne du Corbeau. Est\u00e1 sent\u00eda una inmensa alegr\u00eda por el acto de caridad que hab\u00eda realizado su hermano al casarse con una pobre desheredada, por cuyas venas, sin lugar a dudas, corr\u00eda sangre de jesuita. Louis du Corbeau le ofrec\u00eda una vez al mes una cena en Maxim\u00b4s, seguida de un baile en los salones del Ritz, donde recib\u00edan a sus amistades, a las que jam\u00e1s invitaban a su casa. Mar\u00eda Jos\u00e9 pudo as\u00ed hablar de moda con Saint-Laurent, de cine con Sof\u00eda Loren y de pol\u00edtica con Jackie Onassis. Su belleza indiscutible dejaba en un segundo plano a su inteligencia. La elegancia con que pod\u00eda llevar un corpi\u00f1o enteramente recamado de diamantes con un armi\u00f1o y una pamela de plumas de ave del para\u00edso para subir las escaleras de la Opera la hac\u00edan figurar de manera completamente natural como uno de los integrantes del jet-set. Aquel lunes, Mar\u00eda Jos\u00e9 se aburr\u00eda mortalmente en su ch\u00e2teau del Berry, e insisti\u00f3 para convencer a Louis de pegarse un salto hasta Par\u00eds, con ocasi\u00f3n del Catorce de Julio. Louis du Corbeau, que detestaba las muchedumbres parisinas, le neg\u00f3 tal capricho. Ella lo amenaz\u00f3 por vez primera con dejarlo. Louis du Corbeau consinti\u00f3 en pilotear su avi\u00f3n hasta Par\u00eds, pensando ya en desembarazarse de aquella joven esclava que en menos de tres a\u00f1os se hab\u00eda transformado en una esposa tir\u00e1nica. Pero Mar\u00eda Jos\u00e9 fue mucho m\u00e1s r\u00e1pida en su instinto criminal, movida sin duda por mayores motivaciones. En pleno vuelo, lo noque\u00f3 con un bast\u00f3n de criquet y tom\u00f3 su lugar al mando del avi\u00f3n, que acab\u00f3 estrell\u00e1ndose contra una autopista, un segundo despu\u00e9s de haber saltado sobre el arc\u00e9n central. Pero el destino hizo que un coche que ven\u00eda en sentido contrario, para evitar el avi\u00f3n, se metiera por el arc\u00e9n. De ah\u00ed su traumatismo craneal y la adquisici\u00f3n de sus nuevos poderes. Esto fue algo que no lleg\u00f3 a advertir de inmediato. Apenas vuelta en s\u00ed, lo primero que vio, inclinada sobre ella, fue el rostro de madre Anne du Corbeau, la hermana de Louis.<\/p>\n<p>-Est\u00e1s viuda, mi pobrecita ni\u00f1a \u2013solloz\u00f3 a monja-. \u00bfQu\u00e9 ser\u00e1 ahora de ti? \u00a1Tendr\u00e1s que venirte conmigo al convento! \u2013Mar\u00eda Jos\u00e9 cay\u00f3 en un profundo sue\u00f1o, con la sonrisa dibujada en los labios. Se despert\u00f3 bien entrada ya la noche. Se hallaba sola en su habitaci\u00f3n de la cl\u00ednica, todo estaba en silencio. Sent\u00eda sed. Se gir\u00f3 para ver si hab\u00eda una botella de agua sobre su mesilla de noche; ni rastro de botella.<\/p>\n<p>La puerta de la habitaci\u00f3n se abri\u00f3, y un vaso lleno de agua, posado sobre una bandeja, penetr\u00f3 por s\u00ed solo en la habitaci\u00f3n y fue a posarse sobre la mesilla de noche. Crey\u00f3 que se trataba de una alucinaci\u00f3n, producto de la fiebre. Extendi\u00f3 la mano por si acaso y tom\u00f3 el vaso que era perfectamente real. En cuanto al agua fresca, jam\u00e1s en su vida hab\u00eda bebido una que calmara tan bien la sed. Era pues la \u00fanica heredera de Louis du Corbeau, propietario de las m\u00e1s completa colecci\u00f3n del mundo de arte precolombino, sin contar los Rubens y los G\u00e9ricaults que tapizaban las paredes del ch\u00e2teau del Berry. Se pregunt\u00f3 qu\u00e9 podr\u00eda hacer con su fortuna. Ahora Louis ya no estaba all\u00ed para poner freno a sus caprichos. \u00bfContinuar frecuentando el gran mundo de Maxim\u00b4s sin Louis? Sin duda ser\u00eda la viuda m\u00e1s codiciada del jet-set, \u00bfpero total para qu\u00e9? \u00bfPara encontrar un marido tan rico como el que acababa de perder? No, eso nunca. \u00bfY un amante? Obligada a practicar la sexualidad desde su infancia, su frigidez era total, y el cambio de sexo no hab\u00eda mejorado las cosas. Consideraba a su cuerpo del mismo modo que el titiritero considera a sus t\u00edteres, objeto de fascinaci\u00f3n y turbio deseo para el espectador, pero con un alma alojada en realidad en el arte digital del maestro de t\u00edteres. Sus recientes poderes le parec\u00edan, por tanto, naturales, como extra\u00eddos de la fuente misma de su personalidad. Dedic\u00f3 un pensamiento enternecido a Louis du Corbeau; lo iba a echar de menos en los peque\u00f1os detalles de la vida diaria. Si, por ejemplo, siguiera a\u00fan vivo, su habitaci\u00f3n de la cl\u00ednica estar\u00eda en aquel momento llena de ramos de flores. Al instante, vio entrar por la puerta varias docenas de jarrones llenos de soberbios arreglos florales, que se colocaron por s\u00ed solos en torno del lecho, entrechocando contra las baldosas al posarse en el suelo. Al poco, oy\u00f3 pasos que se acercaban por el pasillo. Una enfermera hizo su aparici\u00f3n. Permaneci\u00f3 inm\u00f3vil en la puerta durante algunos segundos, asombrada por la radiante sonrisa que mostraba una enferma hasta hac\u00eda apenas media hora sumida en un profundo coma.<\/p>\n<p>-\u00bfAs\u00ed que se ha despertado usted?<\/p>\n<p>Y se acerc\u00f3 a tocarle la frente. La fiebre hab\u00eda descendido considerablemente.<\/p>\n<p>-\u00bfPero qui\u00e9n le ha tra\u00eddo esas flores? \u00bfHa venido alguien a hacerle una visita?<\/p>\n<p>Una mano invisible agarr\u00f3 a la enfermera por los cabellos y la levant\u00f3 del suelo unos cincuenta cent\u00edmetros. La mujer lanz\u00f3 un grito que hubiera podido despertar a todo el hospital, antes de caer al suelo, lastim\u00e1ndose un tobillo. La habitaci\u00f3n se llen\u00f3 inmediatamente de enfermeras, y Mar\u00eda Jos\u00e9 se hizo la dormida.<\/p>\n<p>Cuando todo el mundo hubo salido de nuevo, llev\u00e1ndose los jarrones de flores, se durmi\u00f3 de verdad en el colmo de la dicha. La obligaron a permanecer a\u00fan tres d\u00edas m\u00e1s en la cl\u00ednica, ya que su repentina recuperaci\u00f3n intrigaba a los m\u00e9dicos. No comprend\u00edan que pudiera encontrarse en tan perfecta forma despu\u00e9s de haber sufrido una trepanaci\u00f3n que hab\u00eda durado seis horas, y sin necesitar siquiera de calmantes. Pero ignoraban que Mar\u00eda Jos\u00e9 era una asidua de los quir\u00f3fanos. Se oblig\u00f3 a s\u00ed misma a no exhibir sus poderes en p\u00fablico, por m\u00e1s que se sirviera de ellos cuando estaba a solas, para vestirse e incluso para trasladarse de una habitaci\u00f3n a otra. Nunca m\u00e1s volvi\u00f3 a pisar el Berry, del mismo modo que nunca hab\u00eda vuelto a Misiones. Convoc\u00f3 en el Ritz al asesor financiero de Louis du Corbeau, quien le comunic\u00f3 que pod\u00eda firmar talones hasta un total de quinientos mil d\u00f3lares al mes, sin tener que tocar su capital, invertido en las cuatro esquinas del mundo. Lo despidi\u00f3 r\u00e1pidamente, y por primera vez se vio a solas en su suite del Ritz. Era a principios de agosto, y todos sus conocidos hab\u00edan abandonado Par\u00eds para las vacaciones de verano. Se hizo subir la cena, y durante un rato se divirti\u00f3 arrojando compota de manzana contra los candelabros, pero pronto se aburri\u00f3 de este tipo de juego. Ten\u00eda clara conciencia de que no pod\u00eda desear nada que no poseyera ya, y el espect\u00e1culo del mundo la dejaba m\u00e1s bien indiferente. Eran las nueve y media de la noche. Par\u00eds estaba vaci\u00f3 aquel viernes quince de agosto. Se puso un vestido de noche de seda blanca, con el escote ribeteado de peque\u00f1a perlas, y se envolvi\u00f3 en un chal de suave pelo vicu\u00f1a. Se decidi\u00f3 por unos aretes de esmeralda \u2013el color de sus ojos- y un bolso de cocodrilo blanco, el mismo color que sus sandalias de cabritilla. Mand\u00f3 llamar un coche con chofer. Este, un hombre de sesenta a\u00f1os, se vio sorprendido ante la pregunta:<\/p>\n<p>-\u00bfEn qu\u00e9 sitio de Par\u00eds puedo encontrar clientes?<\/p>\n<p>-\u00bfYa lo ha intentado usted en el bar del Ritz? Tal vez encuentre usted mejor clientela en el George V. \u00bfQuiere que la lleve all\u00ed?<\/p>\n<p>-\u00a1Yo no soy una pauta, soy yo la que paga!<\/p>\n<p>El chofer recibi\u00f3 en la cara un pu\u00f1ado de billetes de quinientos francos. Marcel, el chofer, cre\u00eda conocer toda clase de gentes raras en Par\u00eds, pero esto lo desbordaba\u2026<\/p>\n<p>-Si quiere hacer el recorrido tur\u00edstico de Par\u00eds, puedo llevarla. \u00a1Conozco a todos los porteros de los cabarets de Pigalle!<\/p>\n<p>\u00a1Pigalle! Mar\u00eda Jos\u00e9 so\u00f1aba con Pigalle desde su infancia, porque para ella era mucho m\u00e1s Par\u00eds que el Ritz o Chez Cartier. Pero Louis du Corbeau le hab\u00eda prohibido siempre pasar por all\u00ed, aunque fuera en coche. Ahora era la ocasi\u00f3n so\u00f1ada. Marcel,\u00a0 chofer nocturno desde hac\u00eda veinte a\u00f1os, y homosexual tambi\u00e9n, hab\u00eda olisqueado a la travesti por debajo de su apariencia de rica criolla. Conoc\u00eda un turbio cabaret en la Rue des Martyrs, cuyo propietario, antiguo presidiario, hab\u00eda sido un compa\u00f1ero de la c\u00e1rcel. \u00a0A\u00fan era temprano para \u201cLa Cagnotte du Sexe\u201d, un local donde los travestis brasile\u00f1os nost\u00e1lgicos del samba, junto con otros nost\u00e1lgicos de la danza del vientre, ven\u00edan a desmelenarse despu\u00e9s del duro trabajo nocturno. La entrada ol\u00eda a meados y a \u00e9ter. En el sal\u00f3n propiamente dicho, una vieja travesti negra roncaba tirada sobre un banco. El lugar no era del todo s\u00f3rdido. En un \u00e1ngulo, al lado de la barra, se alzaba un min\u00fasculo teatrillo, donde los travestis montaban peque\u00f1os espect\u00e1culos. Lul\u00fa, el propietario, bes\u00f3 la mano de Mar\u00eda Jos\u00e9 y los hizo sentar a una mesa. Mar\u00eda Jos\u00e9 se pregunt\u00f3 si resistir\u00eda mucho tiempo en aquel antro. Le molestaba sobre todo verse sentada al lado de un taxista tan popular en todo Pigalle. Les trajeron una botella de champ\u00e1n de garraf\u00f3n, y Julio Iglesias empez\u00f3 a sonar en el juke-box. Lul\u00fa, el due\u00f1o, se excus\u00f3 repetidamente por la poca animaci\u00f3n que mostraba el local a aquellas horas, aunque asegur\u00f3 que la clientela chic no tardar\u00eda en hacer su aparici\u00f3n. Entretanto, intentar\u00eda despertar a la travesti negra para que les hiciera un n\u00famero en play-back, pero la negra dorm\u00eda como un tronco. Mar\u00eda Jos\u00e9, de pronto, se sinti\u00f3 a sus anchas, como si recuperara su infancia de la favela de Misiones. Marcel y ella rieron de buena gana al ver las in\u00fatiles patadas que Lul\u00fa le propinaba en el culo a la travesti, que segu\u00eda durmiendo como si tal cosa. \u00a0Entre ronquido y ronquido, pudo o\u00edrse que dec\u00eda:<\/p>\n<p>-\u00a1Patr\u00f3n de mierda!<\/p>\n<p>Mar\u00eda Jos\u00e9 se sobresalt\u00f3 al reconocer la expresi\u00f3n y la voz. \u00a1Era su hermano mayor, Pedro, el asqueroso hermano que la hab\u00eda prostituido desde su m\u00e1s tierna infancia y la hab\u00eda vendido a Louis du Corbeau! Hab\u00eda venido a engrosar las filas de los travestis del Tercer Mundo que adornan las aceras de Pigalle, en su mayor\u00eda fornidos mancebos a los que unos m\u00e9dicos carniceros castraban sin m\u00e1s contemplaciones, hinch\u00e1ndoles luego los pechos con parafinas, antes de soltarlos, para que se las arreglaran como mejor supieran, con una jeringa de hormonas en una mano y una jeringa de hero\u00edna en la otra. Mar\u00eda Jos\u00e9 se pregunto si el odio que sent\u00eda por Pedro no habr\u00eda jugado alg\u00fan papel en la consumaci\u00f3n de su atroz destino. Tal vez pose\u00eda m\u00e1s poderes de los que sospechaba. \u00bfPor qu\u00e9, si no, de todos los lugares donde hubiera podido recalar en Par\u00eds hab\u00eda ido a dar precisamente a aquel antro? Por un momento sospech\u00f3 que Marcel, el taxista, fuera el auto de todo aquel montaje. Pero era absurdo, \u00bfc\u00f3mo pod\u00eda \u00e9l conocer el parentesco entre aquel horrible travesti y la hermosa Mar\u00eda Jos\u00e9? La coincidencia, con todo, era demasiado grande, y el azar nunca hace tan bien las cosas. La puerta del bar se abri\u00f3 en aquel momento, y Louis du Corbeau hizo su aparici\u00f3n. Marcel y Lul\u00fa se inclinaron hasta el suelo.<\/p>\n<p>-Te entrego en manos de tu hermano mayor, que es donde te encontr\u00e9. Puedes quedarte con los aretes y con el dinero que llevas encima.<\/p>\n<p>Hab\u00eda un cuchillo de cortar el pan sobre la barra. Mar\u00eda Jos\u00e9 se concentr\u00f3 en su deseo de verlo hundirse en el coraz\u00f3n de Louis du Corbeau, pero nada de esto ocurri\u00f3. Hab\u00eda perdido sus poderes. Pas\u00f3 el resto de sus d\u00edas trabajando en la Rue des Martyrs al lado de su hermano Pedro, y muri\u00f3 de una sobredosis en los retretes de \u201cLa Cagnotte du Sexe\u201d, a la edad de veintis\u00e9is a\u00f1os.<\/p>\n<p>&#8211;<\/p>\n<p>&#8211;\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0 COPI\u00a0\u00a0 *<\/p>\n<p>&#8211;<\/p>\n<p>&#8211;<\/p>\n<p>*\u00a0 Ra\u00fal Damonte Botana,<\/p>\n<p>Bs As. 1939- Par\u00eds 1987<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>. \u00a0 LA TRAVESTI Y EL CUERVO\u00a0 \u00a0&#8211; &#8211; El d\u00eda en que Mar\u00eda Jos\u00e9 se dio cuenta de sus poderes se produjo un giro [&hellip;]<\/p>\n","protected":false},"author":1,"featured_media":0,"comment_status":"closed","ping_status":"closed","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"footnotes":""},"categories":[3],"tags":[],"class_list":["post-2835","post","type-post","status-publish","format-standard","hentry","category-taller"],"_links":{"self":[{"href":"http:\/\/marceloscalona.com.ar\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts\/2835","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"http:\/\/marceloscalona.com.ar\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"http:\/\/marceloscalona.com.ar\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"http:\/\/marceloscalona.com.ar\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/users\/1"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"http:\/\/marceloscalona.com.ar\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Fcomments&post=2835"}],"version-history":[{"count":3,"href":"http:\/\/marceloscalona.com.ar\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts\/2835\/revisions"}],"predecessor-version":[{"id":2837,"href":"http:\/\/marceloscalona.com.ar\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts\/2835\/revisions\/2837"}],"wp:attachment":[{"href":"http:\/\/marceloscalona.com.ar\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Fmedia&parent=2835"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"http:\/\/marceloscalona.com.ar\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Fcategories&post=2835"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"http:\/\/marceloscalona.com.ar\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Ftags&post=2835"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}