{"id":2907,"date":"2011-07-18T11:58:13","date_gmt":"2011-07-18T14:58:13","guid":{"rendered":"http:\/\/www.nuestrotaller.com.ar\/?p=2907"},"modified":"2011-07-18T11:58:13","modified_gmt":"2011-07-18T14:58:13","slug":"natalia-massei-en-pagina12-5","status":"publish","type":"post","link":"http:\/\/marceloscalona.com.ar\/?p=2907","title":{"rendered":"NATALIA MASSEI en P\u00e1gina\/12"},"content":{"rendered":"<h2>.<img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" src=\"http:\/\/www.terminaldebusessantiago.cl\/images\/stories\/COMIDAS01.JPG\" alt=\"\" width=\"533\" height=\"399\" \/><\/h2>\n<h2>Patio de comidas<\/h2>\n<p>\u00a0<\/p>\n<div id=\"xmail\">\n<form id=\"form_mail\" action=\"\/usuarios\/enviar.php\" enctype=\"application\/x-www-form-urlencoded\" method=\"post\">&#8211;<\/p>\n<p>\u00a0Por\u00a0Natalia Massei<\/p>\n<\/form>\n<\/div>\n<div id=\"cuerpo\">\n<p>&#8211;<\/p>\n<p>En fila india, como en un hormiguero, por los senderos estrechos entre las mesas avanzamos. Emma delante, Marcos detr\u00e1s, sosteniendo una bandeja repleta de porquer\u00edas. En sentido contrario, una banda de adolescentes salidos de un video de Wisin &amp; Yandel. La m\u00fasica proveniente de sus tel\u00e9fonos completa la performance:<\/p>\n<p>\u00a1Latinos!<\/p>\n<p>Nuevamente el d\u00fao din\u00e1mico haciendo historia apunta otro palo, One million, en el libro de Guinness.<\/p>\n<p>Jajaja&#8230;<\/p>\n<p>El Capit\u00e1n Yandel en Sociedad con W&#8230; (W!), los vaqueros, la sociedad del dinero&#8230;<\/p>\n<p>\u00a1Oye! \u00a1Una organizaci\u00f3n creada sin fines de lucros controlando los masas y las avenidas!<\/p>\n<p>Los chicos doblan justo una mesa antes de impactar con nosotros. Por la derecha se acerca un grupo de floggers como bandada de mariposas. Un shock de est\u00edmulos visuales. Por fin encontramos una mesa vac\u00eda.<\/p>\n<p>Literalmente. Recolectamos tres sillas en los alrededores. Muy cerca, una se\u00f1ora de labios voluptuosos ?-ensanchados con col\u00e1geno (\u00bfo Botox?)-? saca leche en polvo de un tupper y prepara una mamadera para el beb\u00e9 que espera en su coche Chicco. La chica de al lado exhibe botas Ricky Sarkani y maquillaje profesional que combina con el tono de su campera de cuero beige. Detr\u00e1s, una familia numerosa ha unido tres mesas y gasta parte del aguinaldo a cuenta. Comen con entusiasmo y casi no conversan. No muy lejos, una joven, aguarda cruzada de brazos a que su esposo (supongamos que es su esposo), mayor y excedido en alhajas masculinas, termine su hamburguesa. La cara larga de la mujer es prominente. \u00bfLa habr\u00edan enga\u00f1ado las joyas? \u00bfHabr\u00eda so\u00f1ado con otro futuro al lado de ese hombre ostentoso? \u00bfTodo para terminar aqu\u00ed? Una ni\u00f1a de doce a\u00f1os camina detr\u00e1s de su madre, llev\u00e1ndose todo por delante, mientras habla por celular. De pie, en medio del gent\u00edo, diviso a mis vecinos, matrimonio tipo de mediana edad, esperando que se libere alguna mesa. Durante este breve lapso saludo, en total, a dos colegas.<\/p>\n<p>En el centro de mi escena estamos nosotros: Marcos, Emma y yo. Sin embargo, los veo borrosos. No logro focalizar. Ellos ya abrieron sus envoltorios de comida r\u00e1pida. Yo sigo sin decidirme: Arabian&#8217;s Kingdom, Ronny Lomito, Pizza Hut, Burger Kong, Ave Cesar.<\/p>\n<p>Nuestro punto de llegada hab\u00eda sido Mac Donald, por el pelotero que result\u00f3 estar cerrado. Seg\u00fan una de las empleadas del local: tiraron la bola. La explicaci\u00f3n bien vale un par\u00e9ntesis: la bola es una parte del juego, una esfera de pl\u00e1stico, elevada a un metro y medio de altura, donde algunos ni\u00f1os entran mientras otros corretean por debajo. Tiraron es la tercera persona del plural, conjugada en pret\u00e9rito indicativo del verbo tirar. El sujeto t\u00e1cito se refiere a los ni\u00f1os. Si la empleada hubiese elegido la tercera persona del singular del verbo caer en su forma pronominal (se cay\u00f3 la bola) el responsable t\u00e1cito hubiera sido la empresa. Fin de la digresi\u00f3n.<\/p>\n<p>Contin\u00faa el relato: amagamos con irnos pero Emma ya estaba pegada al exhibidor que promociona la cajita feliz. No nos qued\u00f3 m\u00e1s remedio que hacer la cola y esperar nuestro turno, a\u00fan sabiendo que el juguete que ella eligiese no estar\u00eda disponible como en cada una de las ocasiones que hab\u00edamos venido a este lugar. Nos atendi\u00f3 una joven de dieciocho a\u00f1os que meses atr\u00e1s hab\u00eda sido escolta de la bandera en el colegio. Lo s\u00e9 porque fue alumna m\u00eda y sac\u00f3 m\u00e1s de un diez. Emma termin\u00f3 optando por un koala en una canastita, en lugar de un armadillo en un carrito. Marcos por un Big Mac.<\/p>\n<p>En mi caso, la decisi\u00f3n fue m\u00e1s dif\u00edcil pero finalmente me qued\u00e9 con Ronny Lomito, uno de los locales m\u00e1s poblados del patio de comidas. Mientras esperaba, not\u00e9 que el rostro del cajero me resultaba familiar. En realidad, no su rostro sino sus ojos. Me recordaban a los de un joven haitiano que hab\u00eda sido alumno m\u00edo poco m\u00e1s de un a\u00f1o atr\u00e1s. Sus facciones, sin embargo, no coincid\u00edan en nada con la imagen que yo guardaba de aquel muchacho. Su cabello rapado debajo de la gorra de la empresa, en lugar de las rastas que yo le hab\u00eda conocido, tambi\u00e9n me llevaba a pensar que no se trataba de la misma persona. No obstante, sus ojos eran los de aquel.<\/p>\n<p>Frente a la caja, antes de ordenar directamente un especial me anim\u00e9 a un hola. Reconozco que no siempre lo hago en estos casos, la \u00faltima vez que hab\u00eda abundado en palabras en un fast?food hab\u00eda resultado m\u00e1s o menos as\u00ed:<\/p>\n<p>-Hola, \u00bfme podr\u00edas dar dos conitos por favor?<\/p>\n<p>-D\u00e1rtelos no puedo. Te los tengo que vender.<\/p>\n<p>Entend\u00ed que el concepto de rapidez implicaba tambi\u00e9n simplificaci\u00f3n de los intercambios. En este contexto, la explicaci\u00f3n desorienta y la amabilidad sobra. Al menos esa era la teor\u00eda que hab\u00eda podido elaborar por entonces.<\/p>\n<p>-Comment allez-vous madame?<\/p>\n<p>La respuesta a mi saludo neutro y en espa\u00f1ol, me desconcert\u00f3. Aunque mi memoria no hab\u00eda fallado. Reci\u00e9n en ese momento logr\u00e9 recordar su nombre.<\/p>\n<p>-Albert?<\/p>\n<p>-Oui<\/p>\n<p>Respondi\u00f3 relajado como si no hubiese habido una fila de veinte personas detr\u00e1s de m\u00ed aguardando su atenci\u00f3n. Le pregunt\u00e9 por los estudios, me cont\u00f3 que pensaba rendir m\u00e1s adelante.<\/p>\n<p>-Boisson?<\/p>\n<p>No le entend\u00ed. Segu\u00ed hablando de la facultad.<\/p>\n<p>-\u00bfBebida?<\/p>\n<p>Ahora era yo quien se encontraba perdida en la superposici\u00f3n de lenguas y registros.<\/p>\n<p>-Coca Zero.<\/p>\n<p>-$30, 25.<\/p>\n<p>-Est\u00e1 justo.<\/p>\n<p>-Merci, au revoir!<\/p>\n<p>Vuelvo a la mesa, mastico apurada el lomo especial, aunque ya perd\u00ed el apetito. Marcos y Emma terminaron hace un rato. Me levanto, una vez m\u00e1s, para recorrer el sal\u00f3n de punta a punta. Quiero contar las mesas. Calculo unas trescientas, quiz\u00e1s sean m\u00e1s. Alrededor de mil personas. \u00bfPor qu\u00e9 estamos aqu\u00ed? \u00bfCu\u00e1ntos ser\u00e1n habit\u00faes y cu\u00e1ntos se sentir\u00e1n outsiders como yo? \u00bfImporta? Recojo un individual de papel que encuentro en el piso (es de cafeter\u00eda, no est\u00e1 engrasado). Me siento un poco mareada. Comienzo a tomar notas desordenadas sobre el mantel descartable. Marcos me mira sin impacientarse. Entiende que no hay conversaci\u00f3n ni lazo posibles. O quiz\u00e1s est\u00e1 tan disperso como yo. Emma juega con su koala.<\/p>\n<p>-\u00bfLa llevo a los juegos?<\/p>\n<p>-Dale.<\/p>\n<p>Enseguida aparecen nuevos cazadores recolectores y se llevan las dos sillas desocupadas. Mientras los veo alejarse me prometo no volver a este lugar. Escribo como loca. En medio de la marea de luces, sonidos, gente, voces, m\u00fasica, ringtones, olores, emerge un recuerdo como una caja negra.<\/p>\n<p>Desarrollo una clase de historia francesa. Explico en qu\u00e9 hab\u00eda consistido el llamado comercio triangular: barcos zarpando desde Europa hacia Africa, trasportando mercader\u00edas que ser\u00edan intercambiadas por esclavos trasladados luego a Am\u00e9rica para ser vendidos a los colonos. Con el producto de dicha venta se compraban art\u00edculos tropicales que posteriormente eran comercializados en Europa. Antes de completar la exposici\u00f3n Albert me corrige con tino: des hommes devenus esclaves. Hombres esclavizados, no esclavos. Es evidente, pero jam\u00e1s hab\u00eda reparado en ello. Agradezco, inc\u00f3moda pero sinceramente, la observaci\u00f3n. Voy a la biblioteca, mientras transcribo. Releo mis fuentes. Googleo comercio triangular. El t\u00e9rmino que nombra a aquellos hombres, en todos los casos, es el mismo: esclavos, donde deber\u00eda decir hombres esclavizados. Otra vez el lenguaje: una elecci\u00f3n oculta un sentido y crea otro inaugurando una larga cadena de implicancias. El recuerdo de esa escena, en ese marco, completaba el escenario agobiante abriendo una salida.<\/p>\n<p>Se me termina el individual de La Cafeter\u00eda. Observo, desde lejos, por \u00faltima vez a Albert que ingresa cifras en la caja registradora levantando la mirada de vez en cuando, ampliando la perspectiva. Del otro lado, el mundo de luces intermitentes y melod\u00edas superpuestas creado para divertimento de los ni\u00f1os, hacia donde me dirijo para contemplar la cara de alegr\u00eda de mi hija cada vez que el vaiv\u00e9n de la calesita la ubica por un momento frente a m\u00ed.<\/p>\n<\/div>\n<p><script type=\"text\/javascript\"><\/script><\/p>\n<div>\n<div><\/div>\n<\/div>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>. Patio de comidas \u00a0 &#8211; \u00a0Por\u00a0Natalia Massei &#8211; En fila india, como en un hormiguero, por los senderos estrechos entre las mesas avanzamos. 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