{"id":2955,"date":"2011-07-28T15:51:34","date_gmt":"2011-07-28T18:51:34","guid":{"rendered":"http:\/\/www.nuestrotaller.com.ar\/?p=2955"},"modified":"2011-07-28T15:51:34","modified_gmt":"2011-07-28T18:51:34","slug":"lautaro-cossia","status":"publish","type":"post","link":"http:\/\/marceloscalona.com.ar\/?p=2955","title":{"rendered":"LAUTARO COSSIA"},"content":{"rendered":"<p><strong>. <a href=\"http:\/\/www.nuestrotaller.com.ar\/wp-content\/uploads\/2011\/07\/langostas.jpg\"><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" class=\"alignright size-full wp-image-2956\" title=\"langostas\" src=\"http:\/\/www.nuestrotaller.com.ar\/wp-content\/uploads\/2011\/07\/langostas.jpg\" alt=\"\" width=\"400\" height=\"398\" srcset=\"http:\/\/marceloscalona.com.ar\/wp-content\/uploads\/2011\/07\/langostas.jpg 400w, http:\/\/marceloscalona.com.ar\/wp-content\/uploads\/2011\/07\/langostas-88x88.jpg 88w, http:\/\/marceloscalona.com.ar\/wp-content\/uploads\/2011\/07\/langostas-188x188.jpg 188w\" sizes=\"auto, (max-width: 400px) 100vw, 400px\" \/><\/a>\u00a0<\/strong><\/p>\n<p><strong>Langostas<\/strong><\/p>\n<p><strong>\u00a0&#8211;<\/strong><\/p>\n<p><strong>&#8211;<\/strong><\/p>\n<p><strong>\u00a0<\/strong><\/p>\n<p><strong>\u00a0<\/strong><\/p>\n<p>El \u00faltimo en entrar fue el doctor Castillo. Hacia un rato largo que la misa hab\u00eda comenzado, as\u00ed que moj\u00f3 la punta de sus de dedos en la pila de agua bendita,\u00a0 se persign\u00f3 y fue a apoyarse sobre la arcada del campanario tratando de divisar un espacio vac\u00edo; reci\u00e9n cuando los fieles se sentaron camin\u00f3 unos pasos por el pasillo de la crucifixi\u00f3n. Al verlo, Andrada, un gringo huesudo que envejec\u00eda como pe\u00f3n de estancia, le hizo una leve reverencia y corri\u00f3 su culo flaco resbalando unos cent\u00edmetros por la madera.<strong> <\/strong>El doctor asinti\u00f3 el gesto y se sent\u00f3, pero enseguida gir\u00f3 la cabeza, disimulando la incomodidad y el crujir de las coyunturas. Su mirada se encontr\u00f3 entonces con el hijo de Dios,<strong> <\/strong>rumbo al calvario, rodeado de fariseos, cargando una cruz descascarada. Abajo, sobre la piedra tallada ley\u00f3, Te adoramos, oh Cristo y te bendecimos. Perch\u00e9 con la tua Santa Croce, hai redento il mondo!,<em> <\/em>pero antes de asociar alguna idea el Padre Rafael orden\u00f3 ponerse de pie. Reci\u00e9n en ese instante los cuerpos se aflojaron. \u00a0<\/p>\n<p>Queridos Hermanos, dijo el Padre sin severidad mientras caminaba hacia el pulpito, arrastrando la casulla y descubriendo, a cada paso, un par de dedos martillos que desbordaban la hebilla plateada de las sandalias. Antes de citar a San Mateo repiti\u00f3 la pose, \u00e9sta vez como un aviso: Queridos hermanos. A Jes\u00fas le fue tra\u00eddo un endemoniado, ciego y mudo, y le san\u00f3, aunque los herejes a\u00fan desconfiaron de \u00e9l. Y agreg\u00f3 Jes\u00fas: Pero si Yo, por el Esp\u00edritu de Dios, expulso a los demonios, ha llegado a vosotros el reino de Dios. Y al que hable contra el Esp\u00edritu Santo, hermanos m\u00edos, no le ser\u00e1 perdonado, ni en \u00e9ste siglo ni en el venidero. El doctor hizo los c\u00e1lculos mentales<strong> <\/strong>y sinti\u00f3 que su cuerpo no resistir\u00eda cuarenta y cinco a\u00f1os m\u00e1s, as\u00ed que prefer\u00eda que el Se\u00f1or ajuste r\u00e1pidas cuentas con el Diablo. Es palabra de Dios. Am\u00e9n. Am\u00e9n. m\u00e9n. ennn. El eco fue interrumpido por el estallido un\u00e1nime de puertas y ventanas. Se sacudieron los floreros de petunias y temblaron los vitro y las campa\u00f1illas chirriaron a los pies de un monaguillo. Don Altuna, pr\u00f3ximo al p\u00f3rtico principal, comprob\u00f3 que la salida estaba atrancada por fuera; lo mismo se dijo de las salidas laterales que llevan al santuario y a la sacrist\u00eda. El Padre Rafael se acerc\u00f3 al altar y permaneci\u00f3 all\u00ed unos instantes, ligeramente recostado sobre su lado izquierdo, en una imagen simulada del Santo de cera erguido en la hornacina que se encontraba a sus espaldas.<\/p>\n<p>Un coro de voces superpuestas, \u00bfqu\u00e9 hacemos Padre?; s\u00ed Padre; \u00bfqu\u00e9 hacemos?, incr\u00e9dulas y balbuceantes, \u00a1Mi Santo Dios!; \u00a1Marta, ven\u00ed para ac\u00e1!; Padre!!!; Padre!!!?; el grito de la viuda de Bartolucci, sentada en la primera fila, devolvi\u00f3 las miradas al altar, donde el Padre Rafael sal\u00eda del trance. Primero amag\u00f3 una respuesta, pero prefiri\u00f3 continuar su homil\u00eda, esperando que el Cielo y la presentaci\u00f3n de las ofrendas y la consagraci\u00f3n de Cristo ofrezcan el milagro. Antes de rezar el Padre Nuestro tuvo que llamarles la atenci\u00f3n al sordo Gil y a Cuello, que segu\u00edan murmurando, y habl\u00f3 de la sabidur\u00eda de Dios y de los sagrados sacramentos, pero los corridillos continuaron, y not\u00f3 que la hija menor de Altuna miraba de soslayo a Bruno y el doctor se las hab\u00eda ingeniado para acomodarse adelante, bien cerca de la viuda, a la que le susurraba explicaciones que confund\u00edan ciencia, pol\u00edtica y religi\u00f3n. Cuando el Padre dio por terminada la misa a nadie pareci\u00f3 importarle que no hubieran comulgado.\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0<\/p>\n<p>La estampida fue previsible. Se arm\u00f3 un peque\u00f1o alboroto que termin\u00f3 con la viejita M\u00e1rquez en el suelo y pisotones sin consecuencias. No m\u00e1s, aunque el Padre Rafael levant\u00f3 la voz. Luego fue a testificar lo ya conocido y, con pausa, mir\u00f3 por el ojo de la cerradura. Si no fuera por el borracho que dorm\u00eda al pie del busto hembra, Dios misericordioso tuya la Justicia Divina, lo que se ve\u00eda no presentaba nada extra\u00f1o. La hilera de adoquines llegaba hasta el barro acumulado por las \u00faltimas lluvias, mientras la cola roja de un caballo entraba y sal\u00eda de escena y, m\u00e1s all\u00e1, el centro de la plaza, el m\u00e1stil, entornado por algunos fresnos y un pino al que no se le ve\u00eda la copa, y un fondo de nubes negras cabalgando sobre el convento de pupilas. Por los ventanales que daban al patio algunos parroquianos tambi\u00e9n intentaban develar el misterio, pero las im\u00e1genes lacradas apenas permit\u00edan distinguir unas siluetas amorfas y distorsionadas por la luz del mediod\u00eda.<\/p>\n<p>Al volver a la sede el Padre Rafael ya ten\u00eda tomada una decisi\u00f3n. Orden\u00f3 a los presentes que permanecieran en sus lugares y que, a viva voz, se vayan contando. Uno, dos, dos, dos, tres, tres; la ansiedad exigi\u00f3 que el recuento se repita varias veces. Ciento cuarenta y tres feligreses, cincuenta y ocho mujeres, treinta y nueve hombres, diecisiete j\u00f3venes y diecinueve ni\u00f1os seg\u00fan los n\u00fameros del censo. Las mujeres con hijos, por orden del Padre, subieron a la parte superior de la iglesia por la escalera ubicada en la parte izquierda de la nave. A las ancianas le fueron reservados los asientos traseros y las pocas solteras presentes quedaron encargadas de los ni\u00f1os sin madre o paganitos, seg\u00fan la caracterizaci\u00f3n que hizo el propio Padre al descubrir que la mayor\u00eda de ellos no estaban bautizados. Por \u00faltimo, reserv\u00f3 una tarea especial para el alem\u00e1n Korn, presidente de la Sociedad Rural, Cartetti, director de la Escuela Nacional, unos pocos comerciantes del pueblo y el doctor; el resto de los hombres buscar\u00eda la manera de forzar las salidas. Hab\u00edan pasado tres horas desde aquel soplo extra\u00f1o, y en lo alto comenzaban la segunda ronda del Rosario.<\/p>\n<p>Las tareas de rescate fueron sumando fracasos, haciendo que las alternativas sean m\u00e1s temerarias. Garc\u00eda propuso derribar las puertas con la cruz de madera que adornaba el amb\u00f3n, lo cual fue aprobado por unanimidad pero vetada por el Padre Rafael, quien tres a\u00f1os atr\u00e1s hab\u00eda inspirado esa obra para recordar los cuatrocientos sesenta a\u00f1os de la evangelizaci\u00f3n cristiana. Tambi\u00e9n se descart\u00f3 romper los vitrales del ventanal dado que las barras de hierro hubieran hecho absurdo el sacrilegio. La moci\u00f3n final fue propuesta por el Padre Rafael, aunque sufri\u00f3 el apoyo en disidencia del doctor. Dos grupos cincharon hasta desprender la primera hilera de bancos, corrieron a las ancianas que dormitaban en las cercan\u00edas del p\u00f3rtico y comenzaron una serie acompasada de golpes que el Padre dirig\u00eda con gestos orquestales. Luego repitieron el intento usando el podio del coro. En ambos casos la tarea fue desgastante pero in\u00fatil.<\/p>\n<p>Con la ca\u00edda de la tarde la circulaci\u00f3n adquiri\u00f3 cierta anarqu\u00eda. Ya no se rezaba y los pasillos se convirtieron en un campo de juego que mezclaba ni\u00f1os guerreros, empu\u00f1aduras de madera y madres y comadres dispuestas a reprimir con bofetadas. El Padre Rafael mir\u00f3 por \u00faltima vez a trav\u00e9s de la cerradura, y si no fuera porque el borracho se hab\u00eda marchado y porque las colas de caballo eran cuatro y descansaban inm\u00f3viles sobre el barro seco, hubiera cre\u00eddo que el tiempo estaba detenido. Una paloma que se pos\u00f3 sobre el rodete cincelado de la efigie le dio movimiento a la escena, mientras la noche comenzaba a caer sobre las ramas de los fresnos. En ese instante sinti\u00f3 hambre y, tambi\u00e9n, ganas de orinar, pero no pudo reprimir una mueca imaginando a los fieles meando por los rincones, convirtiendo a la Iglesia en una laguna caliente. Se reuni\u00f3 con Korn y Carletti, y escuch\u00f3 las demandas que sumaron algunos chismosos que se hab\u00edan acercado al convite; luego comunic\u00f3 la estrategia dise\u00f1ada: los dos confesionarios ser\u00edan llevados al campanario para usarse como ba\u00f1os, mientras que la patena y el incensario har\u00edan de sumideros, sacrificio que mereci\u00f3 un Ave Mar\u00eda y la bendici\u00f3n de los objetos lit\u00fargicos. Tres hombres y tres mujeres, en turnos rotativos, se encargar\u00edan de vaciarlos por uno de los ventanales que da al patio, rajado durante la cinchada. Por su parte, la esposa de Korn ser\u00eda la encargada de administrar el acetre, \u00fanico recipiente del que se beber\u00eda agua. Agua bendita.<\/p>\n<p>Mientras lo anunciaba, El Padre tuvo el instinto de dirigir la mirada al c\u00e1liz y comprob\u00f3 que la sangre de Cristo se hab\u00eda evaporado. En las vinajeras tampoco quedaban restos de agua ni de vino y de los panes de hostias s\u00f3lo el rastro de una dentellada que hab\u00eda partido al hijo de Dios en mitades sim\u00e9tricas. Tampoco hab\u00eda rastros de las ofrendas y sobre los escalones que llevan a la sacrist\u00eda vio como se disimulaban unos soretes infantiles, apenas cubiertos por las algunas hojas azarosas de la Biblia. El Padre recogi\u00f3 los restos del libro santo y los guard\u00f3 en el sagrario para evitar que se conviertan en una tentaci\u00f3n higi\u00e9nica. En ese instante, por segunda vez en el d\u00eda, mientras se dispon\u00eda la nueva arquitectura, sinti\u00f3 que ten\u00eda hambre; y acaso por eso anunci\u00f3 un ayuno obligatorio. Hasta nuevo aviso, dijo, fuera de todo protocolo.<\/p>\n<p>Con los ba\u00f1os inaugurados los esf\u00ednteres cedieron. Se form\u00f3 una fila de hombres y otra de mujeres cuyos \u00f3rdenes eran alterados a cada instante de acuerdo con las urgencias declaradas. El primero en hacer uso de las instalaciones fue el Padre Rafael; luego las bendijo y sali\u00f3 del campanario cruzando miradas con Marta, quien d\u00edas atr\u00e1s se hab\u00eda sentado en los flamantes mingitorios. Padre, he pecado. Yo, a m\u00ed, eh, eh, a m\u00ed me gusta un hombre Padre, pero \u00e9l est\u00e1 casado Padre, y, eh\u2026 La fidelidad, hija m\u00eda, es un principio que\u2026 si, ya s\u00e9 Padre, pero, no\u2026 Dios juzga el adulterio, hija m\u00eda, los deseos, hija m\u00eda\u2026 si Padre, los deseos\u2026 El Padre, aquella tarde, observ\u00f3 a Marta a trav\u00e9s de las mirillas del confesionario, secaba sus manos, un suspiro, pero reci\u00e9n ahora comprend\u00eda que con diez Ave Mar\u00edas y un credo no pod\u00eda resolverle los enigmas de la carne.<\/p>\n<p>En el pasillo tropez\u00f3 con un ni\u00f1o guerrero; al levantar la vista observ\u00f3 el cerco formado por la doble fila de desesperados, dispuestas en direcciones contrarias pero unidas en el v\u00e9rtice opuesto de la Iglesia, donde la oscuridad era plena. Al segundo paso reconoci\u00f3 la silueta del doctor en las penumbras proyectadas por las velas del oratorio bautismal. Estaba rodeado por un grupo de mujeres a las que como todo consuelo divert\u00eda. Con la mano derecha hurgaba los dedos sudorosos de la viuda, pero la llegada del Padre desanud\u00f3 el hechizo. Padre, \u00bfqu\u00e9 hacemos? Esta vez la muletilla de la deuda son\u00f3 desgarbada y el Padre prefiri\u00f3 redireccionar la consulta. No s\u00e9; a usted que le parece doctor, \u00bfla ciencia tiene alguna soluci\u00f3n para estos casos? No hubo tiempo de respuestas, el Padre les orden\u00f3 que recen el \u00faltimo Rosario y se preparen para una noche larga. Mir\u00f3 al doctor, sabor oporto en sus labios, y se manch\u00f3. Empezaba a llover y la luminosidad de un rayo no alcanz\u00f3 a impactar sobre los resabios atrasados. \u00a0<\/p>\n<p>La madrugada continu\u00f3 fatigosa, perdida entre los rumores del diluvio. El llanto de los ni\u00f1os se intercalaba con ronquidos y babeos y el delirio de do\u00f1a Mercedes, v\u00edctima del ensue\u00f1o y el Alzheimer. El Padre Rafael permaneci\u00f3 en duermevelas, certificando las postas del ba\u00f1o y el acetre, mediando en las rapi\u00f1as del espacio nocturno. Vigilante ante la posibilidad de un gemido insidioso. Las primeras luces del amanecer llegaron cargadas de agua y el hedor creci\u00f3 por los ojos. Un par de paganitos comenzaron a chapotear sobre la patina amarillenta; otros fabricaban tortitas con los restos desprendidos de las pelelas de oro. Un humedal de esti\u00e9rcol, sin tierra que abonar, entre zombis amuchados en los bancos o huyendo al refugio m\u00e1s alto por la crecida del r\u00edo.<\/p>\n<p>Las tripas del Padre Rafael crujieron inequ\u00edvocas, as\u00ed que salt\u00f3 del presbiterio y a sola declaraci\u00f3n jurada gan\u00f3 posiciones en la fila de col\u00e9ricos. Por tercera vez sinti\u00f3 hambre, y al entrar al campanario se cruz\u00f3 con el doctor, sin tiempos para gui\u00f1os o reproches. Levant\u00f3 con destreza la casulla y el alba e hizo blanco en el orificio del incensario pensando en los sorbos de agua bendita y en c\u00f3mo detener la hemorragia. En el suelo del confesionario encontr\u00f3 un par de p\u00e1ginas b\u00edblicas. Las tom\u00f3 por sus zonas secas y antes de convertirlas en papel pintado ley\u00f3 un trozo arrugado pero legible: \u2026y se oscureci\u00f3 el sol y el aire por el humo del pozo, 9:3 Y del humo salieron langostas sobre la tierra; y se les dio poder, como tienen poder los escorpiones de la tierra; 9:4 Y se les mand\u00f3 que no da\u00f1asen a la hierba de la tierra, ni a cosa verde alguna, ni a ning\u00fan \u00e1rbol, sino solamente a los hombres que no tuviesen el sello de Dios en sus frentes. Se persign\u00f3 en el aire y limpi\u00f3 sus partes pudendas, con el rostro beato de quien es consiente de la epifan\u00eda del instante.<\/p>\n<p>Al salir tropez\u00f3 nuevamente con un grupito de ni\u00f1os exploradores, pero no detuvo su marcha hasta el ojo de la cerradura. Su mirada recorri\u00f3 los adoquines, la tierra mojada y f\u00e9rtil, el coleteo de los caballos, el m\u00e1stil, los fresnos reverdecidos, sus flores de primavera, el pino incompleto, la fachada del convento, y la ma\u00f1ana te\u00f1ida de humo oscuro. A sus o\u00eddos llegaba el aleteo de ese man\u00e1 que atravesaba el horizonte, zigzagueante en la cortina de fuego y azufre que iba dejando a su paso. Por el aire serpenteaban los tormentos anunciados, castigo y redenci\u00f3n, aunque el pozo del abismo se abriera en el lugar equivocado.<\/p>\n<p><strong>LAUTARO\u00a0 COSSIA<\/strong><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>. \u00a0 Langostas \u00a0&#8211; &#8211; \u00a0 \u00a0 El \u00faltimo en entrar fue el doctor Castillo. 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