{"id":3025,"date":"2011-08-19T14:02:25","date_gmt":"2011-08-19T17:02:25","guid":{"rendered":"http:\/\/www.nuestrotaller.com.ar\/?p=3025"},"modified":"2011-08-19T14:04:26","modified_gmt":"2011-08-19T17:04:26","slug":"alicia-garcia-curutchet","status":"publish","type":"post","link":"http:\/\/marceloscalona.com.ar\/?p=3025","title":{"rendered":"ALICIA GARC\u00cdA CURUTCHET"},"content":{"rendered":"<p><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" src=\"http:\/\/4.bp.blogspot.com\/-DoAnHjcGjjM\/TgTe9wLRkuI\/AAAAAAAAASQ\/80SME9OfURQ\/s1600\/vieja-estacion-tren-empedra.jpg\" alt=\"\" width=\"500\" height=\"375\" \/><\/p>\n<p><strong><span style=\"text-decoration: underline;\">La \u00faltima estaci\u00f3n<\/span><\/strong><\/p>\n<p><strong><span style=\"text-decoration: underline;\">&#8211;<\/span><\/strong><\/p>\n<p><strong><\/strong><\/p>\n<p>Hac\u00eda a\u00f1os que el ferrocarril hab\u00eda dejado de pasar por el pueblo. Dijera un hombre de la empresa por la radio: <em>\u201cEl ramal es deficitario; hemos hecho grandes esfuerzos para mantenerlo en funcionamiento, pero la realidad es que el cierre es la \u00fanica soluci\u00f3n.\u201d<\/em> Los habitantes escucharon atentamente la noticia, y muchos pensaron que al final nada iba a suceder, pero en pocos meses comenzaron a sentir en carne propia la crueldad del desamparo. Por eso la mayor\u00eda abandon\u00f3 el pueblo en busca de mejores horizontes. Los pocos obstinados que se quedaron fueron testigos de la ca\u00edda de la antigua estaci\u00f3n, en cuya vereda vegetaban, desma\u00f1ados y enfermos, al menos veinte para\u00edsos. Siempre oportunistas, los chimangos anidaban en los huecos de los troncos, desde donde vigilaban lo poco que a\u00fan quedaba para vigilar. Esa noche, los \u00faltimos pajarracos que se negaban a abandonar el pueblo vieron una silueta avanzar hacia lo profundo del pajonal como alma que lleva el Diablo. Vieron al hombre llegar y frenar en seco. Una segunda figura vestida de negro sali\u00f3 a su encuentro desde los fondos del \u00faltimo and\u00e9n. No hubo saludos, apenas unas palabras que sonaron vacilantes.<\/p>\n<p>&#8211;\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0 <em>Ten\u00e9s que ayudarme, Gringo\u2026- <\/em>\u00a0La voz de la Lucecita hizo que el coraz\u00f3n del pe\u00f3n diera un respingo. Los chimangos abrieron grandes los ojos y prestaron atenci\u00f3n.<\/p>\n<p>&#8211;\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0 <em>Viniste\u2026-<\/em><\/p>\n<p>&#8211;\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0 <em>\u00bfC\u00f3mo no iba a venir? \u2013<\/em><\/p>\n<p>&#8211;\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0 <em>Como la \u00faltima vez\u2026 &#8211;<\/em><\/p>\n<p>&#8211;\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0 <em>Sos rencoroso, che. \u2013 <\/em>La Lucecita sonri\u00f3 desplegando los artilugios estudiados que siempre le hab\u00edan dado resultado; miraba al piso mientras se acariciaba las trenzas, y con el pie derecho pisoteaba un yuyo aplanando un poco la tierra.<em> \u2013 Yo te avis\u00e9 que no iba a poder venir, el pap\u00e1 me vigilaba. Y por eso te quiero hablar, me ten\u00e9s que ayudar\u2026- <\/em><\/p>\n<p>&#8211;\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0 <em>No, no me avisaste. \u2013 <\/em>dijo el Gringo amargamente. Y en el momento en que el reproche sal\u00eda de su boca, por la cabeza le iba pasando una sucesi\u00f3n de im\u00e1genes como naipes mal barajados, que saltaba de una a otra y se deten\u00eda en la visi\u00f3n anhelada de la Lucecita bajo su cuerpo, en medio del pajonal, los dos removiendo la tierra con el deseo cruel de la pampa.<\/p>\n<p>&#8211;\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0 <em>Bueno, pero tuve la intenci\u00f3n. \u00bfO vos pens\u00e1s que soy mala? No, yo no soy mala, tengo miedo nom\u00e1s. Miedo porque veo c\u00f3mo todo se complica y no soy due\u00f1a de vivir mi vida, de poder hacer lo que yo quiera; siempre vigilada, siempre pensando en las cosas que se andan diciendo por ah\u00ed. A m\u00ed no me gusta vivir as\u00ed, Gringo. Yo no quiero vivir as\u00ed.- <\/em>hizo una pausa y clav\u00f3 el verde de sus ojos en el pardo oscuro de los del Gringo.<em> \u2013 Y yo s\u00e9 que vos me quer\u00e9s, me quer\u00e9s bien. Por eso te pido ayuda, porque sola no puedo hacer nada\u2026 \u2013 <\/em><\/p>\n<p>&#8211;\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0 <em>\u00bfY yo qu\u00e9 puedo hacer? Si no soy nadie. \u2013 <\/em>la voz del Gringo ya no ten\u00eda la firmeza y convicci\u00f3n de siempre, en cada palabra hab\u00eda un poco de tristeza y amargura que formaban, en el conjunto total, una desolaci\u00f3n profunda.<em> \u2013 Yo no puedo hacer nada, Lucecita, m\u00e1s que soportar\u2026-<\/em><\/p>\n<p>&#8211;\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0 <em>Gringo, yo te conozco. Y no soy tonta, aunque parezca. Yo s\u00e9 que no sos el simple pe\u00f3n que dec\u00eds, y s\u00e9 muy bien que escond\u00e9s algo mucho m\u00e1s peligroso que la habilidad con la guitarra.<\/em><strong><em> <\/em><\/strong><em>Si hay alguien que puede hacer algo ac\u00e1, sos vos, \u00bfme entend\u00e9s? No tengas miedo, yo necesito un hombre con coraje ahora, no un miedoso. \u2013<\/em><\/p>\n<p>La cara del Gringo se transform\u00f3. La amargura mut\u00f3 en fiereza contenida y los ojos pardos brillaron en la oscuridad que cubr\u00eda los alrededores de la abandonada estaci\u00f3n. Ahora las im\u00e1genes en su cabeza corr\u00edan veloces como un tren fantasma. Una tras otra las estaciones se suced\u00edan en los pensamientos del Gringo pero todas eran fugaces; los vagones traqueteaban por una v\u00eda que \u00e9l mismo cre\u00eda ya abandonada y fuera de servicio, pero a medida que los rieles tomaban temperatura el tren aceleraba y aceleraba, revolv\u00edan en su interior los recuerdos m\u00e1s secretos. La voz de la hija de Barzola lo sac\u00f3 del v\u00e9rtigo justo en el momento en que la formaci\u00f3n se deten\u00eda de golpe en la estaci\u00f3n m\u00e1s ominosa y lo volvi\u00f3 a la realidad con un susurro extorsivo.<\/p>\n<p>&#8211;\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0 <em>Sacame de ac\u00e1, Gringo. Si me libr\u00e1s de todo esto puedo ser tuya para siempre. V\u00e1monos de ac\u00e1, dejemos este pueblo atr\u00e1s. \u2013<\/em><\/p>\n<p>La luz entre ambos cuerpos se apag\u00f3 de repente. La Lucecita avanz\u00f3 hasta palpar los brazos acerados del pe\u00f3n, quien de haber intuido cu\u00e1nto da\u00f1o le har\u00eda esa mentira se habr\u00eda apartado en el instante. Pero la carne es blanda. La Lucecita le desabroch\u00f3 dos botones de la camisa, le bes\u00f3 el pecho y sigui\u00f3 subiendo por el sudoroso cuello hasta las orejas con los labios entreabiertos. Alterado, jadeante como un perro con sed, el Gringo parec\u00eda echar luz por la piel. Estaba listo para descender a los infiernos y vencer a Satan\u00e1s en su propia salamanca si era necesario. Su boca se hab\u00eda inundado de una saliva espesa que asomaba hecha espuma por las comisuras de sus labios. As\u00ed y todo se besaron por un instante, hasta que la diestra del Gringo comenz\u00f3 a levantarle muslo arriba la falda a la muchacha. Pero la Lucecita se apart\u00f3 violentamente, acomod\u00e1ndose la ropa, las trenzas y el pa\u00f1uelo que llevaba al cuello.<\/p>\n<p>&#8211;\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0 <em>No, Gringo. No te apures. Es mejor que me vaya\u2026tengo que volver antes de que el pap\u00e1 descubra que no estoy. Ya sab\u00e9s c\u00f3mo es \u00e9l, tarde o temprano lo va a averiguar, lo nuestro, digo\u2026 Pens\u00e1 bien lo que te dije. &#8211;<\/em><\/p>\n<p>Los extensos terrenos del ferrocarril se desplegaban ante el Gringo como una s\u00e1bana blanca bajo la luna. Hab\u00edan adquirido una nueva fisonom\u00eda en la cual ahora pod\u00eda reconocer no s\u00f3lo sombras, sino tambi\u00e9n claridades. No hubo despedidas. La muchacha gir\u00f3<strong> <\/strong>y sin m\u00e1s emprendi\u00f3 el regreso. \u00c9l la acompa\u00f1o con la mirada hasta que en la distancia su ropa negra la disimul\u00f3 en la oscuridad. El hombre se arremang\u00f3, la sangre le herv\u00eda en las venas. No tra\u00eda reloj, pero sab\u00eda que el tiempo hab\u00eda pasado sin clemencia. Andar por las calles a esa hora ser\u00eda tan desaconsejable como volver a su rancho y meter al Pich\u00f3n en sus propios problemas. En poco tiempo llegar\u00eda el alba, y las tareas en la estancia comenzaban siempre al cantar el primer gallo. Al rojo como una fragua, el Gringo emprendi\u00f3 la caminata. Le quedaban quince kil\u00f3metros y mucha oscuridad para enfriarse y pensar qu\u00e9 hacer con Barzola, con la Lucecita y con su vida. Algunos trenes hay que tomarlos una sola vez en la vida, pensaba. O a lo mejor no. A un costado, refugiados por los para\u00edsos, los chimangos lo vieron irse con su paso en\u00e9rgico, agitaron un poco las plumas y cerraron los ojos esperando el amanecer.<\/p>\n<p>&#8211;<\/p>\n<p><strong><span style=\"color: #ff0000;\">La culpa no es del toro<\/span><\/strong><\/p>\n<p><strong><span style=\"color: #ff0000;\">&#8211;<\/span><\/strong><\/p>\n<p><strong><span style=\"color: #ff0000;\">\u00a0<\/span><\/strong><\/p>\n<p>No solamente niebla hab\u00eda tra\u00eddo la primavera, sino tambi\u00e9n una seca brutal que de a poco fue convirtiendo al arroyo en un alambre de vidrio. Entre las costras desordenadas del lecho marr\u00f3n, la vida y la muerte se las arreglaban para seguir adelante. Y los chimangos, de parabienes. Pajarracos de porquer\u00eda. Con ojos turbios y desafiantes calculaban el resultado de la deprimente ecuaci\u00f3n; mucho animal sediento, poco pastizal en pie, apenas yuyos\u2026 mucha v\u00edbora. No era raro que en ocasiones, al irse la niebla, quedara a la vista alguna osamenta de vaca desparramada sobre la tierra. Desorientadas, pisaban a las cruceras; al rato flaqueaban las patas y se recostaban suavemente sobre un costado. Se entregaban mansas e ignorantes a la muerte lenta. Despu\u00e9s, los gases de la pudrici\u00f3n las inflaban, las deformaban, las transformaban en carro\u00f1a. Un espect\u00e1culo feo para cualquiera, salvo para los chimangos que esa ma\u00f1ana amanecieron alrededor del cuerpo helado del pe\u00f3n Juan Gauna.<\/p>\n<p>Al mediod\u00eda el aire estaba limpio y no hab\u00eda nubes que se animaran a tapar el sol, como si la niebla se hubiera retirado de golpe para facilitar el hallazgo macabro.<\/p>\n<p>&#8211;\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0 \u00bfVe usted lo que yo, comisario?-<\/p>\n<p>&#8211;\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0 Yo estoy viendo lo que usted ver\u00e1 en un rato, Carlini.-<\/p>\n<p>Justo Becerra y el oficial Carlini bajaron por la pendiente. Carlini segu\u00eda al comisario un par de pasos atr\u00e1s, un poco porque iba anotando prolijamente sus observaciones y otro tanto porque que era cortito como tranco \u2018e pollo. Ambos sab\u00edan que la naturaleza ten\u00eda sus propias leyes, seguramente cercanas a las de Dios, si es que \u00e9ste exist\u00eda. No pose\u00edan el esp\u00edritu r\u00fastico de la gente del campo, aunque s\u00ed un olfato muy delicado al momento de rastrear a quienes se apartaban de las leyes del Hombre. Odiaban el haberse mojado los zapatos, las medias y los pantalones del uniforme con el pasto a\u00fan h\u00famedo, pero no lo hablar\u00edan hasta llegar al patrullero, en privado. Los sabuesos ten\u00edan un motivo muy poderoso para estar ah\u00ed: el segundo cad\u00e1ver que en pocos d\u00edas hab\u00eda aparecido en la \u00f3rbita de la estancia. Al llegar al potrero de los toros, un hombre con cara de pocos amigos los recibi\u00f3 con la diestra extendida.<\/p>\n<p>&#8211;\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0 Barzola, a sus \u00f3rdenes. &#8211;\u00a0 Antes de las presentaciones de rigor, los oficiales cruzaron una mirada inequ\u00edvoca.<\/p>\n<p>El lote estaba vac\u00edo. Carlini ech\u00f3 un vistazo r\u00e1pido y comenz\u00f3 a caminar meditando cada pisada. Avanzaba dos pasos, se deten\u00eda, miraba el cielo, anotaba en la libreta, daba un paso m\u00e1s, volv\u00eda la vista hacia Becerra y Barzola, avanzaba. Le llev\u00f3 cinco minutos llegar hasta el esquinero contra el que estaba apoyado el cad\u00e1ver. Era evidente que lo hab\u00edan movido hasta all\u00ed, nadie se muere de una cornada de toro y queda acomodado de manera tan gentil. Hasta Carlini sab\u00eda eso. El pobre Gauna ten\u00eda la espalda apoyada contra el esquinero y la cabeza ladeada como tomando una siesta contra el alambre de p\u00faa. Carlini espant\u00f3 con un gesto a dos chimangos irrespetuosos que le picoteaban la cara. Uno de ellos se alej\u00f3 con un aleteo desprolijo; de su pico colgaba la gelatina albiceleste que Gauna sol\u00eda llevar por ojos. Bichos de mierda, pens\u00f3 Carlini. Mir\u00f3 el cuerpo del pe\u00f3n sin emoci\u00f3n alguna, no era el primer muerto que le tocaba inspeccionar. Sobre el pecho descubierto de Gauna se ve\u00eda la cornada limpia y brutal; ten\u00eda la camisa pegoteada con tierra y sangre, varios rasgu\u00f1os en los brazos y los pu\u00f1os apretados. El ojo izquierdo, que se hab\u00eda salvado del saqueo de los pajarracos, sosten\u00eda una expresi\u00f3n que Carlini no pudo evitar reconocer. Mientras el comisario y el capataz segu\u00edan hablando desentendidos, se puso a inspeccionar, usando el l\u00e1piz como herramienta forense, las evidencias que el cuerpo ya tieso de Gauna le brindaba.<\/p>\n<p>&#8211;\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0 Espesa la niebla\u2026 \u2013 dijo Becerra mirando fijo a los ojos de Barzola. \u2013<\/p>\n<p>&#8211;\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0 Aj\u00e1. \u2013 respondi\u00f3 Barzola secamente. \u2013 A m\u00ed no me disgusta del todo, lo que tiene de malo es que en ma\u00f1anas as\u00ed la peonada se me resiste a arrancar. Les falta coraje, se ve. \u2013<\/p>\n<p>&#8211;\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0 Parece que a \u00e9ste no le faltaba. Pero ahora no le qued\u00f3 nada, le falta todo. \u2013<\/p>\n<p>&#8211;\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0 Ah, el pobre Gauna, la excepci\u00f3n a la regla. Un tipo diferente a las otras lacras. Una l\u00e1stima. \u2013<\/p>\n<p>&#8211;\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0 Una l\u00e1stima, pero lo mandaron a arregl\u00e1rselas a tientas con animales tan peligrosos. \u2013 retruc\u00f3 Becerra sin bajar la mirada. \u2013 \u00bfNo le parece, mi amigo? \u2013<\/p>\n<p>&#8211;\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0 Cosas del patr\u00f3n\u2026 y del agr\u00f3nomo. Yo obedezco nom\u00e1s. De lo \u00fanico que entiendo es de \u00f3rdenes, no de prop\u00f3sitos, comisario. El patr\u00f3n no est\u00e1, pero si quiere le llamo al ingeniero. \u2013 Barzola extrajo de su campera un cigarro armado y le dio mecha con un encendedor de bronce algo desvencijado.<\/p>\n<p>&#8211;\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0 \u00bfY el toro? \u2013 pregunt\u00f3 Becerra ignorando las \u00faltimas palabras del capataz.<\/p>\n<p>&#8211;\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0 Andaba nervioso, as\u00ed que tuvimos que llevarlo con los dem\u00e1s al lote del fondo. Si estuviera ac\u00e1 ni usted, ni el inspector, ni yo estar\u00edamos conversando tan tranquilos. Mart\u00ednez es una fiera. \u2013<\/p>\n<p>&#8211;\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0 \u00bfMart\u00ednez? &#8211;<\/p>\n<p>&#8211;\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0 As\u00ed se lo llama. No me mire raro, yo no le puse ese nombre. \u2013<\/p>\n<p>&#8211;\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0 Al oficial Carlini y a m\u00ed nos gustar\u00eda verlo m\u00e1s de cerca\u2026 \u2013 arremeti\u00f3 Becerra mirando con ojos entrecerrados para el lote del fondo, donde la torada se manten\u00eda todav\u00eda ajena a la tragedia.<\/p>\n<p>&#8211;\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0 Como guste, ya le mando un pe\u00f3n para que los acompa\u00f1e. Yo debo disculparme, pero un asunto urgente me reclama. Si no tienen m\u00e1s dudas\u2026-<\/p>\n<p>Barzola se dio vuelta y levantando los brazos llam\u00f3 a uno de sus hombres. En ese momento, Carlini se acerc\u00f3 hasta los dos hombres. Se par\u00f3 a la par del comisario y sin que Barzola lo notara le puso algo en la mano a Becerra. \u00c9ste lo palp\u00f3 con la palma y las yemas, pero ni siquiera amag\u00f3 mirar de qu\u00e9 se trataba. Entre los dedos agarrotados del cad\u00e1ver de Gauna, la pericia de Carlini hab\u00eda descubierto un pedazo de piol\u00edn de unos treinta cent\u00edmetros de largo; su olfato para aquellos asuntos le dec\u00eda que se trataba de una pieza importante para entender el accidente entre el malogrado Gauna y el angus reproductor.<\/p>\n<p>&#8211;\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0 No por ahora. Vaya nom\u00e1s. \u2013 dijo el comisario, expeditivo.<\/p>\n<p>&#8211;\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0 Por ac\u00e1 estaremos. \u2013 respondi\u00f3 el capataz.<\/p>\n<p>Los tres hombres se estrecharon las manos como estudi\u00e1ndose la fuerza y la astucia. El pe\u00f3n que hab\u00eda llamado Barzola lleg\u00f3 hasta ellos.<\/p>\n<p>&#8211;\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0 Ac\u00e1 est\u00e1\u2026 \u2013 comenz\u00f3 a decir Barzola, pero el comisario lo interrumpi\u00f3 sin que pudiera terminar la frase.<\/p>\n<p>&#8211;\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0 El Gringo. Ya nos hemos visto las caras.-<\/p>\n<p>&#8211;\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0 Buenos d\u00edas. Comisario, oficial\u2026- la voz reposada del Gringo llevaba la misma serenidad del primer interrogatorio, tras el homicidio del Lorenzo.<\/p>\n<p>&#8211;\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0 Acompa\u00f1e a los oficiales al lote cuatro, a ver a Mart\u00ednez. \u2013 Barzola finaliz\u00f3 la conversaci\u00f3n y apurando el tranco por la pendiente se alej\u00f3 del potrero.<\/p>\n<p>Una hora m\u00e1s tarde, Becerra y Carlini se quitaban los zapatos y las medias empapadas dentro de la relativa comodidad del patrullero. Hab\u00edan hablado con el Gringo sin poder obtener mayores detalles. Si bien parco, el hombre parec\u00eda sincero en su desconocimiento de los hechos. Al menos, esa era la impresi\u00f3n que le hab\u00eda causado a Carlini y que quedara registrada en su libreta de notas, adem\u00e1s de una disquisici\u00f3n\u00a0 humanizada del instinto asesino de un Mart\u00ednez que lam\u00eda de su cuero la sangre seca de Gauna. De todas maneras, se le recomend\u00f3 que no se alejara de la estancia. El comisario, ensimismado, pensativo, escuch\u00f3 el informe preliminar de Carlini mientras jugueteaba con el piol\u00edn, estimando su resistencia y olfate\u00e1ndolo de a ratos. Cuando el oficial hubo terminado, Becerra levant\u00f3 la mirada, arroj\u00f3 la prueba sobre la libreta y poniendo en su voz un tono afectado por la soberbia dijo:<\/p>\n<p>&#8211;\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0 Si mi olfato no me enga\u00f1a, hemos estado hablado con el asesino.<\/p>\n<p>&#8211;<\/p>\n<p><strong><span style=\"text-decoration: underline;\">ALICIA GARC\u00cdA CURUTCHET<\/span><\/strong><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>La \u00faltima estaci\u00f3n &#8211; Hac\u00eda a\u00f1os que el ferrocarril hab\u00eda dejado de pasar por el pueblo. 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