{"id":3136,"date":"2011-09-14T16:41:36","date_gmt":"2011-09-14T19:41:36","guid":{"rendered":"http:\/\/www.nuestrotaller.com.ar\/?p=3136"},"modified":"2011-09-14T16:41:36","modified_gmt":"2011-09-14T19:41:36","slug":"piglia-diarios","status":"publish","type":"post","link":"http:\/\/marceloscalona.com.ar\/?p=3136","title":{"rendered":"PIGLIA:  Diarios"},"content":{"rendered":"<p>\u00a0.<img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" src=\"http:\/\/1.bp.blogspot.com\/-Aopm6KiC0SM\/Tf272Lk5O3I\/AAAAAAAACa0\/oQL0f4OlBec\/s1600\/El%2Bbar%2Bde%2BScott%2BFitzgerald%2BPiglia%2BFernando%2BVicente.jpg\" alt=\"\" width=\"1006\" height=\"400\" \/><\/p>\n<p><strong>El bar de Scott Fitzgerald<\/strong><\/p>\n<p><strong>\u00a0<\/strong><\/p>\n<p><strong>Lunes<\/strong><\/p>\n<p>Solo puedo hacer una cosa por vez. Lento. Me muevo poco. Mi vida se ordena en series discontinuadas. Hay una persistencia invisible de los h\u00e1bitos. La serie de los bares, de las lecturas, de las pol\u00edticas, del dinero, del amor, de la m\u00fasica. Ciertas im\u00e1genes-una luz en la ventana en medio de la noche; la ciudad al amanecer- se repite a lo largo de los a\u00f1os.<\/p>\n<p>Me gustar\u00eda editar este diario en secuencias que sigan las series: todas las veces que me he encontrado con amigos en un bar, todas las veces que he ido a visitar a mi madre. De ese modo se podr\u00eda alterar la casualidad cronol\u00f3gica. No una situaci\u00f3n despu\u00e9s de otra, sino una situaci\u00f3n igual a otra. Efecto ir\u00f3nico de la repetici\u00f3n.<\/p>\n<p>Estas ideas surgen cuando estoy dando las \u00faltimas clases en Princeton.<\/p>\n<p>Un seminario sobre po\u00e9ticas de la novela. Otra serie posible: todas las veces que he entrado a dar clases en el aula B-6-M de Firestone en estos catorce a\u00f1os y lo que ha sucedido despu\u00e9s. \u00a0\u00a0<\/p>\n<p><strong>Mi\u00e9rcoles<\/strong><\/p>\n<p>Vamos con Arcadio D\u00edaz Qui\u00f1ones a visitar la exposici\u00f3n sobre el Nueva York latino en el Museo del Barrio. Las relaciones de America Latina con Nueva York a partir del siglo XVII.<\/p>\n<p>Arcadio es uno de los primeros que ha llamado la atenci\u00f3n sobre la importancia de la situaci\u00f3n extra-local en la di\u00e1spora puertorrique\u00f1a y en la historia de la ciudad. Del mismo modo que Juan Goytisolo ha destacado la presencia \u00e1rabe en las galer\u00edas y en los barrios de Par\u00eds, Arcadio ha registrado las marcas de las cultura latina en Nueva York y-a la inversa- el modo en que la migraci\u00f3n a los Estados Unidos ha definido la pr\u00e1ctica art\u00edstica y la tradici\u00f3n nacional de Puerto Rico.\u00a0 Sus libro La memoria rota, y El arte de bregar son fundadores de una nueva noci\u00f3n de cultura latinoamericana.<\/p>\n<p>En una esquina del Barrio vemos salir a los ni\u00f1os de la escuela, los padres vienen a buscarlos. Los chicos negros, latinos, coreanos, \u00e1rabes no andan solos por la ciudad. Una mujer cubierto con velo va con su hija de cinco o seis a\u00f1os tambi\u00e9n velada: esperan que cambie la luz del sem\u00e1foro, la ni\u00f1a se toma con la mano de la t\u00fanica de su madre.<\/p>\n<p><strong>Jueves<\/strong><\/p>\n<p>Sigue la discusi\u00f3n sobre el caso de Antonio Calvo. \u00a0Buenas intervenciones de Paul Firbas y de Luis Othoniel Rosa-Rodr\u00edguez Plantean la necesidad de politizar la cuesti\u00f3n. \u00bfPorque no funcionan los sindicatos de profesores, porque no hay centro de estudiantes? Los conflictos se personalizan y no hay donde recurrir en caso de despido.<\/p>\n<p><strong>S\u00e1bado<\/strong><\/p>\n<p>Con mi hermano vamos a Atlantic City\u00a0 jugar al casino. Los barrios perif\u00e9ricos llenos de edificios, ennegrecidos e incendiados; im\u00e1genes de desastre b\u00e9lico en las zonas pobres de la ciudad. Luego, los hoteles de lujo, la rambla de madera, los carteles de ne\u00f3n encendidos durante el d\u00eda. Perdemos en la ruleta lo que llevamos, pero uno de nosotros encuentra en la billetera una tarjeta de cr\u00e9dito a pesar de la promesa de dejarlas en casa. Volvemos a entrar, recuperamos el dinero y ganamos unos d\u00f3lares. A la vuelta tomamos un desvi\u00f3 equivocado y nos perdemos. Terminamos en un pueblo desconocido, no se ve a nadie en la calle; al fin en un supermercado vaci\u00f3, una mujer coreana o china pasa la aspiradora por los grandes pasillos iluminados. No sabe d\u00f3nde queda Princeton, ni como retomarla autopista. Damos algunas vueltas por suburbios oscuros hasta que entramos por fin en el freeway y llegamos a tiempo para cenar en Blue Point.<\/p>\n<p><strong>Domingo<\/strong><\/p>\n<p>Hace unos meses Alexander\u00a0 Kluge vino a Princeton a dar una conferencia pero un peque\u00f1o accidente invernal lo oblig\u00f3 a suspenderla. No pod\u00eda hablar porque se hab\u00eda golpeado la cara y quebrado un brazo. Kluge apareci\u00f3 en el sal\u00f3n, enyesado y se inclin\u00f3 a saludar con una especie de cortes\u00eda china. Eso fue todo.<\/p>\n<p>En sus narraciones hay siempre un hecho sorpresivo- un contratiempo- que altera la temporalidad y concentra sentidos m\u00faltiples. En alem\u00e1n es unerhorte Begebenheit, el suceso sorprendente. El acontecimiento inesperado est\u00e1 en el origen de la nouvelle como forma. Y el relato de media distancia es el modelo de la narraci\u00f3n en Kluge.<\/p>\n<p>En sus libros de relatos-biograf\u00edas, nuevas historias, Stalingrado- la vida breve de los protagonistas se entrevera en la trama de los hechos hist\u00f3ricos Kluge trabaja como nadie la diferencia entre el sentido de la experiencia y el vaci\u00f3 impersonal de la informaci\u00f3n. La literatura como historiograf\u00eda.<\/p>\n<p><strong>Martes<\/strong><\/p>\n<p>Pasamos un par de d\u00edas viendo-con intervalos. Las nueve horas del filme de Kluge sobre <em>El capital de Marx<\/em>. En verdad es un ensayo narrativo sobre las fantasmagor\u00edas del capital, sobre su capacidad de creaci\u00f3n de nuevas realidades. Por un lado retoma la potencia corrosiva del Manifiesto Comunista (la forma\u00a0 del manifiesto como irrupci\u00f3n de una nueva visi\u00f3n cr\u00edtica). Por otro lado renueva la discusi\u00f3n sobre el concepto de fetichismo de la mercanc\u00eda y analiza el car\u00e1cter ilusorio de lo real en la sociedad\u00a0 capitalista. \u00a0Muy buena utilizaci\u00f3n de los letreros, las consignas escritas y los carteles como im\u00e1genes verbales\u00a0 en la l\u00ednea del constructivismo Ruso. Una lecci\u00f3n de pedagog\u00eda y de arte did\u00e1ctico donde conviven los montajes y proyectos de Einstein, el cap\u00edtulo del catecismo del Ulises de Joyce y los poemas de Brecha. Una nueva dramaturgia hist\u00f3rica en la \u00e9poca de la tecnolog\u00eda avanzada.<\/p>\n<p><strong>Jueves<\/strong><\/p>\n<p>Despu\u00e9s de ver la pel\u00edcula de Kluge ella ha decidido viajar a la India con dos amigas. Un tr\u00edo no familiar. Justamente van a buscar la desfamiliarizaci\u00f3n absoluta. Piensan llegar a Nueva Delhi y luego para un tiempo en un pueblo ecol\u00f3gico y semidesierto (apenas un mill\u00f3n de habitantes), Todos los pobladores son vegetarianos, la medicina s\u00f3lo usa productos naturales, est\u00e1 prohibido el pl\u00e1stico y el poli\u00e9ster. Ella y sus amigas van en pos de la distancia, la ostranenie, el efecto-V. Lo m\u00e1s probable, le digo, es que ustedes se conviertan en objeto de atenci\u00f3n. Tambi\u00e9n vamos para eso, dice ella.<\/p>\n<p><strong>Lunes<\/strong><\/p>\n<p>Los estudiantes del seminario me regalan como recuerdo un Kindle. Para que actualice su modo de leer, profesor, ironizan. Me incluyen las obras completas de Rosa Luxemburgo y de Henry James. Paso varias horas estudiando las posibilidades m\u00faltiples del aparato digital. Una m\u00e1quina de leer m\u00e1s din\u00e1mica que un libro (y m\u00e1s fr\u00eda).<\/p>\n<p>\u00bfLeemos igual a pesar de los cambios? \u00bfQu\u00e9 es lo que persiste en esta pr\u00e1ctica de largu\u00edsima duraci\u00f3n? Tiendo a pensar que el modo de leer\u00a0 no ha variado, m\u00e1s all\u00e1 de los cambios, en el soporte-papiro, rollo, libro, pantalla-, de la posici\u00f3n del cuerpo, de los sistemas de iluminaci\u00f3n y en los cambios de la diagramaci\u00f3n de los textos. Leer ha sido siempre pasar de un signo a otro. Ese movimiento, como la respiraci\u00f3n, no ha variado. Leemos a la misma velocidad que en los tiempos de Arist\u00f3teles.<\/p>\n<p>Cuando se dice que una imagen vale m\u00e1s que mil palabras se quiere decir que la imagen llaga m\u00e1s r\u00e1pido, la captaci\u00f3n es instant\u00e1nea, mientras que leer un texto de mil palabras, cualquiera que sea, requiere de otro tiempo, una pausa. El lenguaje tiene su propia temporalidad: m\u00e1s bien, es el lenguaje el que define nuestra experiencia de la temporalidad, no s\u00f3lo porque la tematiza y la encarna en la conjugaci\u00f3n de los verbos, sino porque impone su propio tiempo. Para estar a la altura de la velocidad de circulaci\u00f3n de las nuevas tecnolog\u00edas habr\u00eda que abandonar las palabras\u00a0 y pasar a un lenguaje inventado, hecho de n\u00fameros y notaciones matem\u00e1ticas. Entonces si quiz\u00e1 estar\u00edamos a la altura de las m\u00e1quinas r\u00e1pidas. Pero es imposible sustituir el lenguaje, todo esperanto es c\u00f3mico. El sistema de abreviaciones taquigr\u00e1ficas del Twitter y de los mensajes de texto acelera la escritura pero no el tiempo de lectura: se deben reponer las letras que faltan- y reconstruir una desolada sintaxis. Para comprender el sentido.<\/p>\n<p><strong>S\u00e1bado<\/strong><\/p>\n<p>Voy al bar de Lahiere\u00b4s que ser\u00e1 clausurado definitivamente en unos d\u00edas. Ac\u00e1 ven\u00eda Scott Fitzgerald. Pido un whisky con hielo, despu\u00e9s de casi un a\u00f1o de no tomar alcohol.<\/p>\n<p><strong>Lunes<\/strong><\/p>\n<p>\u00daltima clase. Fotos de grupo. Voy a extra\u00f1ar a los estudiantes.<\/p>\n<p>Reuni\u00f3n en Palmer House con los colegas del departamento. Saludos, recuerdos, discursos, regalos.<\/p>\n<p><strong>Mi\u00e9rcoles<\/strong><\/p>\n<p>Andr\u00e9s Di Tella vino al Princeton Documental Festival y aprovecha para filmar en la biblioteca, descuelgo los cuadros, vaci\u00f3 los cajones, archivo papales. Tengo en \u00e9l a mi gran hermano personal.<\/p>\n<p><strong>Jueves<\/strong><\/p>\n<p>Cenamos con Arcadio, Alma Concepci\u00f3n y Sarah Hirschman en el legendario- para m\u00ed- restaurant chino del centro comercial, al fondo de Harrison Avenue. Nosotros llevamos el vino. Tomo de m\u00e1s, porque no me gustan las despedidas.<\/p>\n<p><strong>Viernes<\/strong><\/p>\n<p>Aeropuerto Kennedy. Viaje a Buenos Aires. No bien llegamos a la sala de embarque ella se asila en su Ipod. No soporta la exaltaci\u00f3n de los argentinos que se amontonan ah\u00ed. Todos usan un tono canchero y sobrador, aprendido en los anuncios de publicidad y en el estilo de actuaci\u00f3n de los actores argentinos. En realidad, parecen polic\u00edas que hubieran estudiado teatro con Alberto Ure, dice ella mientras cruzamos el pasillo para subir al avi\u00f3n.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>\u00a0. El bar de Scott Fitzgerald \u00a0 Lunes Solo puedo hacer una cosa por vez. Lento. Me muevo poco. 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