{"id":3150,"date":"2011-09-18T18:49:41","date_gmt":"2011-09-18T21:49:41","guid":{"rendered":"http:\/\/www.nuestrotaller.com.ar\/?p=3150"},"modified":"2011-09-18T18:49:41","modified_gmt":"2011-09-18T21:49:41","slug":"natalia-massei-4","status":"publish","type":"post","link":"http:\/\/marceloscalona.com.ar\/?p=3150","title":{"rendered":"NATALIA MASSEI"},"content":{"rendered":"<p><strong>.<a href=\"http:\/\/www.nuestrotaller.com.ar\/wp-content\/uploads\/2011\/09\/travesti.jpg\"><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" class=\"alignright size-full wp-image-3151\" title=\"travesti\" src=\"http:\/\/www.nuestrotaller.com.ar\/wp-content\/uploads\/2011\/09\/travesti.jpg\" alt=\"\" width=\"495\" height=\"270\" srcset=\"http:\/\/marceloscalona.com.ar\/wp-content\/uploads\/2011\/09\/travesti.jpg 495w, http:\/\/marceloscalona.com.ar\/wp-content\/uploads\/2011\/09\/travesti-188x102.jpg 188w, http:\/\/marceloscalona.com.ar\/wp-content\/uploads\/2011\/09\/travesti-494x269.jpg 494w\" sizes=\"auto, (max-width: 495px) 100vw, 495px\" \/><\/a><\/strong><\/p>\n<h2><span style=\"color: #ff00ff;\">T<span style=\"color: #339966;\">R<\/span>A<span style=\"color: #0000ff;\">VE<\/span>S<span style=\"color: #ff0000;\">TI<\/span><\/span><\/h2>\n<p><strong>\u00a0<\/strong><\/p>\n<p><strong>Natalia Massei<\/strong><\/p>\n<p><em>Les feuilles mortes se ramassent \u00e0 la pelle,<br \/>\nles souvenirs et les regrets aussi.<\/em><\/p>\n<p><em>J. Pr\u00e9vert<strong>\u00a0<\/strong><\/em><\/p>\n<p><strong>\u00a0<\/strong><\/p>\n<p>Trescientos cincuenta y dos proyectores y veinte mil l\u00e1mparas encienden la torre Eiffel sobre el fondo nocturno de Paris. La ciudad es un tel\u00f3n negro interminable detr\u00e1s de la pir\u00e1mide de hierro. A pesar del encandilamiento es f\u00e1cil imaginarse toda Paris iluminada por el resplandor: los picos, los techos, las antenas, las chimeneas, los gallos en las veletas&#8230; Una fisura oxidada interrumpe el trazo de luces a la altura de uno los cuatro pilares de acero. El cartel se ha resquebrajado en uno de sus extremos: Florer\u00eda de Paris. Av. Francia 1986. Justo al lado del cementerio. Otro letrero ubicado sobre la puerta del local -una vista panor\u00e1mica de la avenida de Champs \u00c9lys\u00e9es- indica que la florer\u00eda fue fundada en 1965. Dudo que los clientes se detengan en las gigantograf\u00edas parisinas y mucho menos que noten la grieta, antes de entrar a comprar flores para un finado.<\/p>\n<p>Tengo atragantado un cuento que empieza as\u00ed pero no s\u00e9 c\u00f3mo sigue. Nada. Ni un conflicto, ni un personaje. S\u00f3lo este punto de partida: Paris de noche en un cartel, una florer\u00eda, el cementerio. Busco la intersecci\u00f3n donde vibra el nudo de una historia.<\/p>\n<p>Lo primero es la alucinaci\u00f3n de Paris. Me pasa todo el tiempo, escucho una canci\u00f3n y me trasporto. Si el tema es viejo y con fritura de fondo, mucho mejor.<\/p>\n<p><em>Sur les quais du vieux Paris,<br \/>\nle long de la Seine<br \/>\nle bonheur sourit,<br \/>\nsur les quais du vieux Paris,<br \/>\nl&#8217;amour se prom\u00e8ne<br \/>\nen cherchant un nid.<a href=\"http:\/\/www.nuestrotaller.com.ar\/wp-admin\/post-new.php#_ftn1\"><strong>[*]<\/strong><\/a><\/em><\/p>\n<p><em>\u00a0<\/em><\/p>\n<p>Es una suerte de idilio, nada original, que tengo desde chica reforzado por mi profesi\u00f3n de profesora en franc\u00e9s. Idilio no es lo mismo que idealizaci\u00f3n aunque se rocen. Hay cosas que jam\u00e1s har\u00eda, como pegar calcoman\u00edas de la bandera francesa en mi agenda; conversar en franc\u00e9s con otros profesores que hablan el espa\u00f1ol argentino como lengua materna; saludar a los estudiantes fuera del aula con un <em>bonjour<\/em>; traducir mi nombre y convertirme en Nathalie cuando doy clases.<\/p>\n<p>Paris es aqu\u00ed una foto sobre un chap\u00f3n. Un cementerio es la realidad lindera a mi fantas\u00eda donde el relato encalla. Froto las teclas con las yemas de los dedos, les doy golpecitos como si escribiera pero sin presionar. Estoy seriamente paralizada. Reviso mi correo electr\u00f3nico, ingreso a Facebook para distraerme. En este punto doy con la primera intersecci\u00f3n, el primer encuentro movilizador: una actualizaci\u00f3n de estado de <span style=\"text-decoration: underline;\">Marcelo Enrique Scalona<\/span>. <strong>Tengo una buena y una mala noticia. La buena es que existe vida (o algo as\u00ed) despu\u00e9s de la muerte. La mala es\u2026 <\/strong>Suficiente. No termino de leer la frase (que nadie se ofenda, es Facebook). La cita es de Roberto Bola\u00f1o, un cuento suyo: El Retorno. Ya s\u00e9 lo que tengo que hacer.<\/p>\n<p>\/\/\/\/\/\/\/\/\/\/<\/p>\n<p>Empec\u00e9 a visitar el cementerio invocando a Bola\u00f1o. Que apareciera en mi cuento y me brindara el giro necesario para resolver la historia como lo hace en la novela de Javier Cercas, Soldados de Salamina. No la le\u00ed pero me contaron que hace eso y es justo lo que necesito. Se me ocurri\u00f3 mientra le\u00eda El Retorno: un muerto que piensa, siente, habla, se compadece. Marcelo me hab\u00eda ayudado a dar el primer paso para desentra\u00f1ar esta historia: perseguir el esp\u00edritu de Bola\u00f1o. S\u00e9 que la pretensi\u00f3n es ambiciosa.<\/p>\n<p>La primera visita fue un s\u00e1bado a la tarde, mientras en casa dorm\u00edan la siesta. Esper\u00e9 durante veinticinco minutos un colectivo que por fin me dej\u00f3 en la puerta del Salvador, por calle Ovidio Lagos. Baj\u00e9 detr\u00e1s de una se\u00f1ora de cabello muy blanco, elegant\u00edsima con un blazer violeta y perfume dulz\u00f3n. Cruc\u00e9 la calle en l\u00ednea recta mirando el asfalto y me persign\u00e9 antes de entrar aunque yo no soy cat\u00f3lica. Avanc\u00e9 un poco por la calle 6, entre los mausoleos m\u00e1s ostentosos. Me recordaron un poco a las fotos que hab\u00eda visto del cementerio P\u00e8re Lachaise en Paris. Se me aflojaron las piernas enseguida. Tuve que retroceder y volver a tomar impulso para desviarme hacia una galer\u00eda de nichos laterales. No pude subir los tres escalones que acced\u00edan a un extenso pasillo de sepulturas verticales. De reojo vi pasar a la se\u00f1ora del colectivo que ahora llevaba un ramo de flores. Empec\u00e9 a caminar detr\u00e1s de ella a una distancia respetuosa. Atravesamos la calle hasta el otro extremo: un edificio de nichos en el que entr\u00f3. No la segu\u00ed, no me pareci\u00f3 correcto. Reci\u00e9n ah\u00ed not\u00e9 que me hab\u00eda adentrado por completo en el laberinto de tumbas. Busqu\u00e9 la salida apurando la respiraci\u00f3n, sobre la mitad del camino empec\u00e9 a correr.<\/p>\n<p>Fui varias veces m\u00e1s. Casi siempre entrando por avenida Francia. La entrada por Francia es una experiencia m\u00e1s administrativa y terrenal que la de Lagos con su fachada blanca de 1888, construida en estilo d\u00f3rico. En el extremo opuesto: el pared\u00f3n de ladrillos con sus puestos de flores a lo largo, los vendedores sobre la vereda que toman mate y escuchan cumbia; el ingreso de edificio p\u00fablico: paredes lisas y puertas de vidrio. La Florer\u00eda de Paris al lado y el ritmo perif\u00e9rico de la avenida con sus galpones, sus dependencias municipales, la circulaci\u00f3n de colectivos y de camiones que pasan a alta velocidad dejando detr\u00e1s de s\u00ed un eco de carga pesada.<\/p>\n<p>De Bola\u00f1o, nada, ni siquiera un atisbo de inspiraci\u00f3n. Hasta que conoc\u00ed a Susi. La hab\u00eda visto antes, lo s\u00e9 porque figuraba entre mis notas, pero no hab\u00eda reparado en ella, ni se me hubiese ocurrido hablarle. En realidad, yo intentaba pasar desapercibida y no me hubiera atrevido a hablar con nadie. En general, hac\u00eda mis anotaciones en una libreta cuando ya me hab\u00eda alejado del cementerio. Tampoco me hab\u00eda animado a utilizar la c\u00e1mara fotogr\u00e1fica que llevaba en la cartera. Usaba siempre anteojos oscuros para neutralizar la expresi\u00f3n del rostro y, en la medida de lo posible, la identidad. Ten\u00eda pensado qu\u00e9 decir si un vigilante me interrogaba sobre el motivo de mis reiterados paseos. Aunque no hab\u00eda podido decidirme por una de las dos explicaciones que ten\u00eda preparadas: soy estudiante de arquitectura y estoy haciendo un trabajo para la facultad; soy escritora y estoy escribiendo un cuento que transcurre en el cementerio. Ambas me daban pudor. Hay gente que visita ese lugar para encontrarse con el rastro de un ser amado. Sin embargo, cuando Susi me abord\u00f3, a pocos metros de la entrada, perd\u00ed los reflejos. Estaba apoyada contra el pared\u00f3n, justo antes de los puestos de flores: <em>\u00bfA qui\u00e9n ven\u00eds a ver, hija?<\/em><\/p>\n<p>Susi es una travesti robusta. Aproximadamente metro setenta y cinco con tacos. Una melena sedosa, negro azabache. El maquillaje alineado y fresco. Un tono de voz amable, trabajado. Entre cuarenta y cinco y cincuenta a\u00f1os de edad. Estoy buscando un fantasma, le dije e inmediatamente sonre\u00ed para mostrarme cuerda. <em>Como todo el mundo, nena, incluso los que vienen a las visitas guiadas. <\/em><\/p>\n<p>Enseguida se present\u00f3 y a m\u00ed me dio un escalofr\u00edo porque mi mam\u00e1 se llama igual. Susana tambi\u00e9n se llamaba su madre fallecida. El nombre lo hab\u00eda elegido por ella. [Por fin, doy con la intersecci\u00f3n: descarga nerviosa]. Entramos y me llev\u00f3 hasta la sepultura de su madre en un pante\u00f3n social de siete plantas. Subimos en ascensor hasta el piso cinco. \u00a0<\/p>\n<p><em>Susana Ramos de Rodr\u00edguez<\/em><\/p>\n<p><em>1932 &#8211; 2007<\/em><\/p>\n<p><em>Vivir\u00e1s siempre en el recuerdo de tu hijo.<\/em><\/p>\n<p>Cuando falleci\u00f3 yo todav\u00eda trabajaba ac\u00e1. A ella la enterr\u00e9 yo. Y despu\u00e9s no vine m\u00e1s. Recib\u00ed un telegrama por abandono de trabajo. Sin indemnizaci\u00f3n. Diez a\u00f1os hab\u00eda laburado en esto y ya ven\u00eda sintiendo que no me daba m\u00e1s el cuero. Con mam\u00e1 ac\u00e1, no pod\u00eda seguir sepultando muertos.<\/p>\n<p>Hab\u00eda empezado de joven. Al laburo lo conoc\u00eda por mi viejo que lleg\u00f3 a jubilarse de sepulturero. Cosa rara. El trabajo es pesado y hay que tener est\u00f3mago. \u00c9l era un tipo callado y \u00e1spero de temperamento y de piel. No s\u00e9 si por efecto del oficio o si era su forma de ser.<\/p>\n<p>Cuando volv\u00ed a visitarla, me puso contenta que los muchachos la hubieran cuidado. El m\u00e1rmol estaba lustrado y le hab\u00edan dejado un ramito de flores. Ellos no sab\u00edan que yo iba a aparecer. No ten\u00edan ninguna obligaci\u00f3n de ocuparse. Yo creo que las flores las deben haber manoteado por ah\u00ed, pero era lo de menos. Al principio no me reconocieron. Les tuve que decir yo qui\u00e9n era. Se cayeron de culo. \u00a0<\/p>\n<p>Antes de la muerte de su madre s\u00f3lo se vest\u00eda de mujer para salir de noche. Nunca en el barrio, ni el trabajo. De d\u00eda jam\u00e1s. Tampoco tomaba hormonas. Era vestirse y maquillarse para salir y nada m\u00e1s. A su mam\u00e1 la despidi\u00f3 con una carta donde le contaba que le gustaba eso, que se iba a quedar con algunos vestidos suyos de cuando era joven, collares, anillos, el vestido de novia, y que se har\u00eda llamar Susi, como ella. Cuando volvi\u00f3 del entierro se duch\u00f3 un rato largo, tir\u00f3 la ropa sucia en una bolsa de consorcio, se calz\u00f3 una tanga del \u00faltimo caj\u00f3n y se tir\u00f3 a dormir un poco inc\u00f3modo porque todav\u00eda no se hab\u00eda acostumbrado a andar as\u00ed todo el d\u00eda.\u00a0<\/p>\n<p><em>\u00a0<\/em><\/p>\n<p>Una vez me pregunt\u00f3 a qu\u00e9 me dedicaba. Era raro que preguntara. En general, ella hablaba y yo escuchaba y tomaba notas. Profesora de franc\u00e9s, le dije y se le encendi\u00f3 la mirada: \u00a1Mam\u00e1 era fan\u00e1tica de todos: Charles Trenet, Yves Montand, Juliette Gr\u00e9co, \u00c9dith Piaf\u2026 todos los franceses! No conozco pero es como si hubiera ido mil veces\u2026<\/p>\n<p><em>Les feuilles mortes se ramassent \u00e0 la pelle,<br \/>\nLes souvenirs et les regrets aussi<br \/>\nEt le vent du nord les emporte<br \/>\nDans la nuit froide de l&#8217;oubli.<br \/>\nTu vois, je n&#8217;ai pas oubli\u00e9<br \/>\nLa chanson que tu me chantais.<a href=\"http:\/\/www.nuestrotaller.com.ar\/wp-admin\/post-new.php#_ftn2\"><strong>[\u2020]<\/strong><\/a><\/em><\/p>\n<p>Buscando el esp\u00edritu de Bola\u00f1o, encontr\u00e9 a Susi. No dejo de visitarla intentando hilvanar este relato inconcluso. Una imagen de Paris iluminada sobre el fondo negro de un cartel de chapa es la mejor manera que se me ocurre de empezar a contar esta historia de cruces sutiles que tendr\u00e1 como t\u00edtulo una sola palabra.<\/p>\n<hr size=\"1\" \/><a href=\"http:\/\/www.nuestrotaller.com.ar\/wp-admin\/post-new.php#_ftnref1\">[*]<\/a> <em>En los muelles de Paris\/ a lo largo del Sena\/ la felicidad sonr\u00ede,\/ en los muelles de Paris\/ se pasea el amor\/ buscando un nido.<\/em><\/p>\n<p><a href=\"http:\/\/www.nuestrotaller.com.ar\/wp-admin\/post-new.php#_ftnref2\">[\u2020]<\/a> Las hojas muertas se juntan con la pala\/ Los recuerdos y los pesares tambi\u00e9n\/ Y el viento del norte se los lleva\/ Hacia la noche fr\u00eda del olvido\/ Ya ves, no he olvidado\/ La canci\u00f3n que me cantabas.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>. TRAVESTI \u00a0 Natalia Massei Les feuilles mortes se ramassent \u00e0 la pelle, les souvenirs et les regrets aussi. J. 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