{"id":3417,"date":"2011-10-31T15:43:36","date_gmt":"2011-10-31T18:43:36","guid":{"rendered":"http:\/\/www.nuestrotaller.com.ar\/?p=3417"},"modified":"2011-10-31T15:46:07","modified_gmt":"2011-10-31T18:46:07","slug":"3417","status":"publish","type":"post","link":"http:\/\/marceloscalona.com.ar\/?p=3417","title":{"rendered":"Julio G. Mart\u00ednez"},"content":{"rendered":"<p>.<img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" src=\"http:\/\/guillermo-martinez.net\/usr_files\/notas\/204.jpg\" alt=\"\" width=\"423\" height=\"640\" \/><\/p>\n<p>&#8211;<\/p>\n<p>&#8211;<\/p>\n<p><strong>UN MITO FAMILIAR<\/strong><\/p>\n<p><strong>\u00a0<\/strong><\/p>\n<p><strong>\u00a0<\/strong><\/p>\n<p>La foto del t\u00edo F\u00e9lix yace definitivamente, la \u00f1ata contra el vidrio, en el \u00faltimo caj\u00f3n de la c\u00f3moda. No s\u00e9 por qu\u00e9 la conservo, quiz\u00e1 se m\u00e1s dif\u00edcil liquidar un mito familiar que expurgar de ap\u00f3crifos los Santos Evangelios. T\u00edo F\u00e9lix permanecer\u00e1 con su mirada insinuante clavada en el fondo del caj\u00f3n por muchos a\u00f1os: si Dios quiere, espero vivir abundantemente a pesar de mis sesenta, para que siga guardada all\u00ed. Despu\u00e9s quiz\u00e1 nadie lo recuerde por su nombre, o alg\u00fan fisg\u00f3n quiera utilizar el marco. Buen provecho, pero usalo con cuidado porque tiene su historia.<\/p>\n<p>Yo ten\u00eda siete a\u00f1os cuando falleci\u00f3 mam\u00e1, pero todav\u00eda veo si imagen contra el resplandor de la ventana, sentada en su sill\u00f3n favorito, las manos cruzas sobre la rodilla. Mir\u00e1ndome. Es uno de los pocos eslabones que me quedan con el pasado. Mejor que una foto, m\u00e1s puro y luminoso. Siete a\u00f1os, y me arrincon\u00e9 durante la agon\u00eda, velorio y entierro contra la pared,\u00a0 abandonada como un paraguas.<\/p>\n<p>Despu\u00e9s pasaron no s\u00e9 cuantos d\u00edas sin que pap\u00e1 se dignara recordarme hasta que, a instancias de sus hermanas-nunca me acostumbr\u00e9 a llamarlas t\u00edas, tan viejas y feas, tan lobiz\u00f3nicas como la abuela de Caperucita- me reintegr\u00f3, junto con mis hermanos, al universo privilegiado de su atenci\u00f3n.<\/p>\n<p>Tal vez porque yo era la menor y sinti\u00f3 algo as\u00ed como piedad, o porque quiso animarse, ese d\u00eda me visti\u00f3 personalmente. Me puso el mejor vestidito, el de corderoy azul, y las botitas de gamuza, como si fu\u00e9ramos a una fiesta. Me sirvi\u00f3 el caf\u00e9 en el inagotable taz\u00f3n de loza, mi preferido, e incluy\u00f3 un paquete de galletitas. Vamos a revisar la casa, a ver qu\u00e9 dej\u00f3 mam\u00e1, porque mam\u00e1 est\u00e1 muerta\u00a0 y ya nunca m\u00e1s va a volver. Esa fue la \u00fanica explicaci\u00f3n que recib\u00ed sobre el misterio de la muerte, c\u00f3mo no voy a rechazarla ahora, si casi no me lahan presentado.<\/p>\n<p>Realizamos la requisa pieza por pieza. Mi padre cargaba una enorme caja de cart\u00f3n donde iba a echando todo lo inservible, seg\u00fan su criterio utilitario y macho. Yo llevaba una caja m\u00e1s peque\u00f1a para lo que \u00e9l quer\u00eda rescatar y una bolsita donde atesoraba aquello que mi padre descartaba y que a m\u00ed me gustaba. Para la mu\u00f1eca, gritaba excitada por ese s\u00fabito enriquecimiento.<\/p>\n<p>As\u00ed, en el peregrinaje por el dormitorio, cocina, comedor, se fueron llenando las cajas, hasta que llegamos a la piecita de costura, reducto maternal por excelencia. All\u00ed me vi agradablemente sorprendido por una avalancha de retazos, una lluvia de lanas y botones, y oh, sorpresa, por la solemne entrega del equipo completo de bordar de mam\u00e1. Cu\u00eddalo como ella, me dijo pap\u00e1 mir\u00e1ndome por primera vez desde la cat\u00e1strofe, y otra vez lo sent\u00ed vivo.\u00a0<\/p>\n<p>Cunado vaciaba el cajoncito de la m\u00e1quina de coser-una Singer a pedal heredada de su madre y que ahora tengo yo para esc\u00e1ndalo de los m\u00edos por que no cabe en el departamento- lo sent\u00ed endurecerse y dudar. Sus dedos hab\u00edan olisqueado algo. Retir\u00f3 con parsimonia el cajoncito y metiendo la mano en el hueco arranc\u00f3 una foto pegada en el fondo mediante una contra adhesiva. Era un imagen tama\u00f1o seis, de fondo blanco, que mostraba el rostro barbilampi\u00f1o de un hombre de bigotes bien recortados, pelo muy ondulado, frente algo estrecha, corbata, alfiler presuntuoso y, sobre todo, una gioc\u00f3ndica sonrisa y una mirada so\u00f1adora de gal\u00e1n de radioteatro. Eso lo digo, por supuesto, desde mi perspectiva actual, entonces para m\u00ed era un se\u00f1or lindo, nada m\u00e1s.<\/p>\n<p>Pap\u00e1 se qued\u00f3 observando la foto un largo rato. El ce\u00f1o fruncido, como queriendo recordar algo. La boca c\u00f3micamente torcida en si af\u00e1n de morderse el bigote y unos ojos que se mov\u00edan por los l\u00edmites de la foto, recorri\u00e9ndola una y otra vez, como queriendo medirla. De pronto me le extendi\u00f3 y me pregunt\u00f3 si lo conoc\u00eda. Yo a mi vez repet\u00ed el ritual de la contemplaci\u00f3n cuidadosa y severa- es incre\u00edble el poder de mimesis de la infancia- y se la devolv\u00ed muy seria arguyendo mi ignorancia.<\/p>\n<p>La foto circul\u00f3 por el \u00e1mbito familiar m\u00e1s estricto-t\u00edas y abuelas sobrevivientes- sin que pap\u00e1 aclarara su origen. Incluso minti\u00f3, para gran esc\u00e1ndalo m\u00edo. Dijo que la hab\u00eda encontrado mezclada en un mont\u00f3n de papeles del abuelo, recientemente fallecido, y que pod\u00eda ser algo importante porque la acompa\u00f1aba un pagar\u00e9 lleno, peo sin firmar, por una gruesa suma. No ten\u00eda valor legal, adujo, pero ser\u00eda interesante conservar con ese se\u00f1or, por las dudas.<\/p>\n<p>Nadie reconoci\u00f3 al carilindo, todos se reconcentraban frente al altar de la foto, y despu\u00e9s de encogerse de hombros mov\u00edan la cabeza r\u00edtmicamente. Era hasta c\u00f3mica la repetici\u00f3n del gesto con la misma expresi\u00f3n, misterios del aire de familia. Cuando termin\u00f3 la infructuosa recorrida, pap\u00e1 murmur\u00f3 un debe ser el t\u00edo F\u00e9lix, el hijo natural del viejo. Hubo un embarazoso silencio y all\u00ed finaliz\u00f3 todo por un tiempo.<\/p>\n<p>Y entonces ocurri\u00f3 la segunda muerte d mam\u00e1. Desde ese momento desaparecieron misteriosamente sus fotos de casamiento y de primera comuni\u00f3n, as\u00ed como otros rastros de su existencia. Hasta su nombre lleg\u00f3 a ser \u00e1spero, sin que mediara prohibici\u00f3n expl\u00edcita de usarlo. Bastaba ver la expresi\u00f3n de pap\u00e1-tristeza, nos ment\u00edamos- para que nos fu\u00e9ramos desanimando en su uso hasta transformarlo en un incluso &lt;&lt;ella&gt;&gt;. Pap\u00e1 pareci\u00f3 sobrevivir y su actividad recobr\u00f3 el empuje de antes, pero yo desde mi atalaya, usando como cobertura mis flamantes aros de bordar, vigilaba todas las tardes la lucha silenciosa que lo minaba.<\/p>\n<p>Casi un mes estuvo pap\u00e1 con los pu\u00f1os en la frente y la mirada acorralada en el recuerdo de la imagen maldita.\u00a0 Pero esa mirada era cada vez m\u00e1s dura y astuta, m\u00e1s implacable. S\u00f3lo pocas veces hab\u00eda yo descubierto ese gesto: cuando discut\u00eda sobre la herencia con sus hermanos, o cuando persegu\u00eda con sus man\u00edas, que yo entonces cre\u00eda leyes, a la acosada mam\u00e1. Siempre el mismo ceremonial. Tra\u00eda la pava y el mate preparado, tomaba dos o tres y despu\u00e9s se pasaba las horas haciendo que trabajaba en los libros de contabilidad. Pero le dedicaba frecuentes y anda amistosas miradas a la foto. Yo, a fuerza de carajos, hab\u00eda aprendido a no mencionarla; as\u00ed adquir\u00ed los principios de la discreci\u00f3n y las voluptuosidades del espionaje morboso.\u00a0 \u00a0<\/p>\n<p>Un d\u00eda por fin se decidi\u00f3 a actuar. Lo adivin\u00e9 por el endurecimiento brusco e sus hombros y su postura, por su cabeza echada hacia atr\u00e1s, por la s\u00fabita afirmaci\u00f3n de sus facciones. Se levant\u00f3 llev\u00e1ndose la foto, tomo su sombrero\u00a0 y su paraguas- llov\u00eda, reci\u00e9n ahora lo advierto, qu\u00e9 urgente debi\u00f3 ser su compulsi\u00f3n- y sali\u00f3. A los tres d\u00edas se apareci\u00f3 con la foto ampliada a tama\u00f1o natural, levemente pintada y enmarcada en madera lustrosa. El cuadro fue colgado en la sala, frente a la puerta cancel, a la vista de todo el que entrara. Imposible pasarlo por alto. Era el t\u00edo F\u00e9lix, se dictamino a todos los habitantes de la casa. Era el t\u00edo y est\u00e1 en Europa. Era el hijo mayor del abuelo, ustedes no lo conocen, pero lo queremos mucho y pronto volver\u00e1.<\/p>\n<p>Desde ese d\u00eda hasta la muerte de pap\u00e1 permaneci\u00f3 el cuadro de guardia frente a la puerta principal, all\u00e1 qued\u00f3 la mancha blanquecina para atestiguarlo. Era el t\u00edo F\u00e9lix para todos, menos para m\u00ed. Yo sab\u00eda porque estaba all\u00ed, en exhibici\u00f3n, a la vista de todo el mundo, como saludando al que llegaba. Era un cebo: lo supe cuando sorprend\u00ed una noche a pap\u00e1\u00a0 limpiando la pistola, la vieja Browning del abuelo, que dorm\u00eda olvidada arriba del ropero. Hubo una mano que la despert\u00f3, la desnud\u00f3, la aceito, prob\u00f3 su peso y su gatillo, desech\u00f3 las viejas balas y llen\u00f3 su cargador con otras flamantes de puntas aplanadas y prometedor brillo niquelado. Desde entonces la pistola durmi\u00f3, alerta como un perro, en el mismo caj\u00f3n donde estaba la foto y pap\u00e1 contemplaba ambas, todas las tardes, con las mismas ansias. La escena del acecho se repet\u00eda cada vez que un conocido entraba en casa. Pap\u00e1 lo dirig\u00eda paso a paso \u2013yo advert\u00eda su agitaci\u00f3n de cazador- delante del retrato y despu\u00e9s le preguntaba inocentemente si no habr\u00eda conocido a ese se\u00f1or. Si no era reconocido \u2013 y adelanto que nuca lo fue-, soltaba el cuentito del t\u00edo F\u00e9lix en Europa y suspiraba de alivio y decepci\u00f3n.<\/p>\n<p>Hubo un \u00faltimo intento, un nuevo rebrote de rebeld\u00eda. Una ma\u00f1ana, tras una noche de insomnio que mantuvo\u00a0 en vilo a toda la familia, pap\u00e1 me visti\u00f3 y me llev\u00f3 con \u00e9l, como si nuevamente necesitara un testigo, hasta la redacci\u00f3n del diario local. Llegaba la foto original envuelta con cuidado en un papel de seda y la entreg\u00f3, acompa\u00f1ada de una suma de dinero. Parec\u00eda sereno, un avisador dominguero, pero sus manos temblaban de excitaci\u00f3n mientras recib\u00eda el vuelto. A la ma\u00f1ana siguiente lo vi levantarse varias veces, hasta que lleg\u00f3 el diario. M\u00e1s tarde hurgu\u00e9 entre las p\u00e1ginas revueltas y all\u00ed estaba el t\u00edo F\u00e9lix de cara presente,\u00a0 con un &lt;&lt;se gratificar\u00e1 cualquier noticia\u2026 llamar al tel\u00e9fono\u2026&gt;&gt; Pero los d\u00edas transcurrieron en vano, salvo las infaltable llamadas de los bromistas.<\/p>\n<p>As\u00ed pasaron los a\u00f1os, con el t\u00edo siempre ah\u00ed arriba. Tan prominente que pas\u00f3 a convertirse en leyenda. El lejano t\u00edo buscavidas que regresar\u00eda alg\u00fan\u00a0 d\u00eda con las valijas repletas de soluciones para los problemas econ\u00f3micos de los sobrinos. Mientras tanto la casona se llen\u00f3 de nietos- la crisis de la vivienda- y el viejo de arrugas y canas y achaques, ahora f\u00edsicos. El temblor nervioso de sus manos se hizo permanente, empez\u00f3 a arrasar los pies y su car\u00e1cter se abland\u00f3, como las comisuras de sus labios.<\/p>\n<p>Pero el cambio total lo provoc\u00f3 un hecho nimio\u2026 Una primita segunda o tercera vio la foto y aventur\u00f3 un parecido con el cantor de boleros Fulano, ahora olvidado, pero que hab\u00eda tenido alguna fama en la \u00e9poca de mam\u00e1. De inmediato alguno crey\u00f3 recordar tambi\u00e9n la semejanza, y despu\u00e9s, en los d\u00edas siguientes, ante mi intencionada pregunta a todos los visitantes de si\u00a0 &lt;&lt; la foto no es igual a la del conocido antor Fulano&gt;&gt;, \u00e9stos asent\u00edan calurosamente, como para probar sus culturas art\u00edsticas. Yo ve\u00eda que pap\u00e1 iba armando en silencio conjeturas y coartadas y cambiando su rostro contra\u00eddo de resentido paranoide por la bobalicona expresi\u00f3n de un hombre feliz.<\/p>\n<p>En el aniversario de cumplea\u00f1os de mam\u00e1 reaparecieron misteriosamente las fotos de casamiento y comuni\u00f3n y las alabanzas a su belleza y bondad. Y desde entonces se habl\u00f3 con libertad de ella y se rastrearon en los rincones nuevas pruebas de su existencia. Todos quer\u00edan saber de pronto algo sobre la nona muerta tan joven y le toc\u00f3 a pap\u00e1 el turno de representar el mejor papel, de centralizar otra vez la atenci\u00f3n general contando la eleg\u00eda de un matrimonio ejemplar. Todos contribuimos en lo posible a ese reencuentro y al remiendo del tejido desgarrado, y los nietos terminaron la labor de ablande.<\/p>\n<p>Al final de su existencia, de su arteriosclerosis, pap\u00e1 no hac\u00eda sino hablar, con l\u00e1grimas en los ojos, de mam\u00e1 y de su feliz matrimonio, y a veces de un error que le hab\u00eda amargado la existencia. Lamentablemente no pude seguirlo por ese camino de tolerante mansedumbre, porque mi memoria es a\u00fan lo bastante buena como para recordar el d\u00eda del descubrimiento de la foto y su gesto de estupor horrorizado mientras borraba febrilmente las palabras escritas detr\u00e1s del cart\u00f3n. \u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0<\/p>\n<p>\u00a0&#8211;<\/p>\n<p>JULIO MART\u00cdNEZ es el padre del escritor argentino GUILLERMO MART\u00cdNEZ.\u00a0 Este relato abre el libro de cuentos del mismo nombre, editado por PLANETA, \u00fanico libro publicado del autor.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>. &#8211; &#8211; UN MITO FAMILIAR \u00a0 \u00a0 La foto del t\u00edo F\u00e9lix yace definitivamente, la \u00f1ata contra el vidrio, en el \u00faltimo caj\u00f3n de [&hellip;]<\/p>\n","protected":false},"author":1,"featured_media":0,"comment_status":"closed","ping_status":"closed","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"footnotes":""},"categories":[3],"tags":[],"class_list":["post-3417","post","type-post","status-publish","format-standard","hentry","category-taller"],"_links":{"self":[{"href":"http:\/\/marceloscalona.com.ar\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts\/3417","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"http:\/\/marceloscalona.com.ar\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"http:\/\/marceloscalona.com.ar\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"http:\/\/marceloscalona.com.ar\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/users\/1"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"http:\/\/marceloscalona.com.ar\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Fcomments&post=3417"}],"version-history":[{"count":3,"href":"http:\/\/marceloscalona.com.ar\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts\/3417\/revisions"}],"predecessor-version":[{"id":3419,"href":"http:\/\/marceloscalona.com.ar\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts\/3417\/revisions\/3419"}],"wp:attachment":[{"href":"http:\/\/marceloscalona.com.ar\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Fmedia&parent=3417"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"http:\/\/marceloscalona.com.ar\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Fcategories&post=3417"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"http:\/\/marceloscalona.com.ar\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Ftags&post=3417"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}