{"id":3549,"date":"2011-12-05T23:57:54","date_gmt":"2011-12-06T02:57:54","guid":{"rendered":"http:\/\/www.nuestrotaller.com.ar\/?p=3549"},"modified":"2011-12-05T23:59:09","modified_gmt":"2011-12-06T02:59:09","slug":"maldoror-lautremont","status":"publish","type":"post","link":"http:\/\/marceloscalona.com.ar\/?p=3549","title":{"rendered":"MALDOROR: Lautreamont"},"content":{"rendered":"<p>.<img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" src=\"http:\/\/cosasdepapa.galeon.com\/hermafrodita2.jpg\" alt=\"\" width=\"600\" height=\"398\" \/><\/p>\n<p>&#8211;<\/p>\n<h2><span style=\"color: #666699;\">Cantos de Maldoror<\/span><\/h2>\n<p><strong>\u00a0&#8211;<\/strong><\/p>\n<p><strong>&#8211;<\/strong><\/p>\n<p><strong>\u00a0<\/strong><\/p>\n<p><strong>\u00a0<\/strong><\/p>\n<p><strong>Conde de Lautr\u00e9amont <\/strong><\/p>\n<p>(p\u00e1gs. 54 a 57)<\/p>\n<p>&#8211;<\/p>\n<p>&#8211;<\/p>\n<p>\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0 7. \u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0All\u00ed, en un bosquecillo rodeado de flores, sumido en un profundo sopor, duerme el hermafrodita sobre el c\u00e9sped, empapado en llanto. La luna acaba de desprender su disco de la masa de las nubes, y acaricia con sus p\u00e1lidos rayos ese suave rostro de adolescente. Sus rasgos denotan la energ\u00eda m\u00e1s viril a la par que el encanto de una virgen celestial. Nada parece natural en \u00e9l, ni siquiera los m\u00fasculos de su cuerpo, que se abren paso a trav\u00e9s de los armoniosos contornos de formas femeninas. Tiene una mano sobre la frente y la otra apoyada contra el pecho como para retener los latidos de un coraz\u00f3n cerrado a todas las confidencias y abrumado por la pesada carga de un secreto eterno. Cansado de la vida y avergonzado de andar entre seres que no se le parecen, la desesperaci\u00f3n domina su alma y se aleja solo como el mendigo del valle. \u00bfC\u00f3mo se procura los medios de subsistir? Almas compasivas velan de cerca por \u00e9l, sin que sospeche esa vigilancia, y no lo abandonan: \u00a1es tan bueno! \u00a1tan resignado! Con gusto habla a veces con aquellos que tienen temperamento sensible, pero sin estrecharles la mano y manteni\u00e9ndose a distancia, temeroso de un peligro imaginario. Si le preguntan por qu\u00e9 ha elegido la soledad por compa\u00f1era, eleva los ojos al cielo, reteniendo con esfuerzo una l\u00e1grima de reproches a la Providencia; pero no responde a esa pregunta imprudente que hace extender por la nieve de sus p\u00e1rpados el rubor de la rosa matutina. Si la conversaci\u00f3n se prolonga, comienza a inquietarse, vuelve los ojos hacia los cuatro puntos cardinales, como tratando de eludir la presencia de un enemigo invisible que se aproxima, hace con la mano una brusca se\u00f1a de adi\u00f3s, se aleja en alas de su pudor siempre vigilante, y desaparece en el bosque. Generalmente lo toman por loco. Cierta vez, cuatro hombres enmascarados que hab\u00edan recibido \u00f3rdenes, se arrojaron sobre \u00e9l y lo sujetaron s\u00f3lidamente de modo que no pudiera mover sino las piernas. El l\u00e1tigo dej\u00f3 caer sus rudas tiras sobre su espalda, y le dijeron que tomara sin dilaci\u00f3n el camino que lleva a Bic\u00eatre. Al recibir los golpes comenz\u00f3 a sonre\u00edr y a hablar con tanto sentimiento e inteligencia sobre las muchas ciencias humanas que hab\u00eda estudiado, demostrando conocimientos excepcionales en alguien que todav\u00eda no hab\u00eda franqueado el umbral de la juventud, y sobre los destinos de la humanidad, revelando all\u00ed por entero la nobleza po\u00e9tica de su alma, que los guardianes, mortalmente espantados por la acci\u00f3n que acababan de cometer, soltaron sus miembros heridos y se arrastraron a sus plantas rog\u00e1ndole un perd\u00f3n que les otorg\u00f3, para finalmente alejarse con los testimonios de una veneraci\u00f3n que no se concede habitualmente a los hombres. Despu\u00e9s de este acontecimiento que fue muy comentado, todos adivinaron su secreto, aunque aparentaban ignorarlo para no aumentar sus sufrimientos; y el gobierno le otorg\u00f3 una pensi\u00f3n honorable para hacerle olvidar que por un momento se lo quiso internar por la fuerza, sin previa verificaci\u00f3n, en un hospicio de alienados. En cuanto a \u00e9l, s\u00f3lo emplea la mitad de su dinero, el resto lo distribuye entre los pobres. Cuando ve a un hombre y una mujer paseando por alguna avenida de pl\u00e1tanos, siente que su cuerpo se hiende en dos de abajo arriba, y cada una de las nueve porciones va a abrazar a uno de los paseantes; pero es s\u00f3lo una alucinaci\u00f3n, y pronto la raz\u00f3n recobra su dominio. Este es el motivo por el cual no se hace presente ni entre los hombres ni entre las mujeres, pues su pudor exagerado, que ha nacido con la idea de que es tan s\u00f3lo un monstruo, le impide otorgar su simpat\u00eda abrasadora a quienquiera que sea. Le parecer\u00eda que se profana y que profana a los otros. Su orgullo le repite ese axioma: \u201cQue cada cual persevere en su naturaleza\u201d. Su orgullo, dije, porque teme que uniendo su vida a un hombre o a una mujer, le reprochen tarde o temprano, como una falta enorme, la conformaci\u00f3n de su organismo. Entonces se retrae en su amor propio, agraviado por esta suposici\u00f3n imp\u00eda que nadie sino \u00e9l mismo ha hecho nacer, perseverando en medio de tormentos, en una soledad sin consuelo. All\u00ed, en un bosquecillo rodeado de flores, sumido en profundo sopor, duerme el hermafrodita sobre el c\u00e9sped, empapado en llanto. Los p\u00e1jaros despiertos contemplan hechizados esa figura melanc\u00f3lica, a trav\u00e9s de las ramas de los \u00e1rboles, y el ruise\u00f1or no quiere hacer o\u00edr sus cavatinas de cristal. El bosque se ha vuelto solemne como un sepulcro debido a la presencia nocturna del infortunado hermafrodita \u00a1Oh viajero extraviado!, por tu esp\u00edritu aventurero que te ha hecho dejar a tu padre y a tu madre desde la m\u00e1s tierna edad; por los sufrimientos que te ha provocado la sed en el desierto; por tu patria que acaso buscas despu\u00e9s de haber errado proscripto durante mucho tiempo por comarcas extranjeras; por tu corcel y su fidelidad amiga que ha soportado contigo el exilio y la intemperie de los climas que te obligaba a recorrer tu humor vagabundo; por la dignidad que dan al hombre los viajes por tierras lejanas y mares inexplorados, en medio de los t\u00e9mpanos polares o bajo los efectos de un sol t\u00f3rrido, no toques con tu mano, como si fuera el estremecimiento de la brisa, los bucles de esa cabellera esparcidos por el suelo y mezclados con la verde hierba. Ser\u00eda mejor que te apartaras unos pasos. Esa cabellera es sagrada; el hermafrodita mismo lo ha querido as\u00ed. No acepta que labios humanos besen con fervor religioso sus cabellos perfumados por los soplos de la monta\u00f1a, ni tampoco su frente que en este momento resplandece como las estrellas del firmamento. Pero m\u00e1s vale creer que se trata de una verdadera estrella, que ha descendido de su \u00f3rbita atravesando el espacio para posarse en esa frente majestuosa a la que circunda con su luminosidad de diamante como una aureola. La noche que aparta con la mano su tristeza se reviste de todos sus encantos para festejar el sue\u00f1o de esa encarnaci\u00f3n del pudor, de esa imagen perfecta de la inocencia de los \u00e1ngeles: el zumbido de los insectos se va apagando, a fin de protegerlo del roc\u00edo, y la brisa, haciendo sonar las cuerdas de su arpa melodiosa, env\u00eda sus gozosos acordes a trav\u00e9s del silencio universal hasta sus p\u00e1rpados cerrados que creen asistir inm\u00f3viles al arm\u00f3nico concierto de los mundos suspendidos. Sue\u00f1a que es feliz, que su naturaleza corporal se ha modificado, o que, por lo menos, vuela sobre una nube purp\u00farea hacia otra esfera habitada por seres de su misma naturaleza. \u00a1Ay! \u00a1Ojal\u00e1 su ilusi\u00f3n se prolongue hasta el despertar de la aurora! Sue\u00f1a que las flores danzan en ronda a su alrededor como inmensas guirnaldas enloquecidas, impregn\u00e1ndolo con sus delicados perfumes, mientras \u00e9l canta un himno de amor entre los brazos de un ser humano de m\u00e1gica belleza. Pero sus brazos no estrechan m\u00e1s que el vaho del crep\u00fasculo, y cuando despierte, sus brazos no estrechar\u00e1n nada. No te despiertes, hermafrodita; te ruego que todav\u00eda no te despiertes. \u00bfPor qu\u00e9 no me haces caso? Duerme\u2026 duerme siempre. S\u00f3lo te concedo que tu pecho se dilate al perseguir la esperanza quim\u00e9rica de la felicidad; pero no abras los ojos. \u00a1Ah, no abras los ojos! Quiero dejarte as\u00ed, para no ser testigo de tu despertar. Acaso un d\u00eda, con el auxilio de un libro voluminoso, en p\u00e1ginas conmovedoras, relate yo tu historia, espantado de lo que ella contiene y de las ense\u00f1anzas que se desprenden. Hasta ahora no he podido hacerlo, pues, cada vez que lo intent\u00e9, l\u00e1grimas abundantes se derramaban sobre el papel mientras mis dedos temblaban, y no era de vejez. Pero quiero tener ese valor al fin. Me indigna no poseer m\u00e1s nervios que una mujer, y desmayarme como una doncella cada vez que medito en tu gran infortunio. Duerme\u2026 duerme siempre; pero no abras los ojos. \u00a1Adi\u00f3s, hermafrodita! D\u00eda tras d\u00eda no olvidar\u00e9 de rogar al cielo por ti (si fuese por m\u00ed, no le rogar\u00eda). \u00a1Que la paz sea en tu seno!<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>. &#8211; Cantos de Maldoror \u00a0&#8211; &#8211; \u00a0 \u00a0 Conde de Lautr\u00e9amont (p\u00e1gs. 54 a 57) &#8211; &#8211; \u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0 7. \u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0All\u00ed, en un bosquecillo rodeado [&hellip;]<\/p>\n","protected":false},"author":1,"featured_media":0,"comment_status":"closed","ping_status":"closed","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"footnotes":""},"categories":[3],"tags":[],"class_list":["post-3549","post","type-post","status-publish","format-standard","hentry","category-taller"],"_links":{"self":[{"href":"http:\/\/marceloscalona.com.ar\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts\/3549","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"http:\/\/marceloscalona.com.ar\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"http:\/\/marceloscalona.com.ar\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"http:\/\/marceloscalona.com.ar\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/users\/1"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"http:\/\/marceloscalona.com.ar\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Fcomments&post=3549"}],"version-history":[{"count":3,"href":"http:\/\/marceloscalona.com.ar\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts\/3549\/revisions"}],"predecessor-version":[{"id":3551,"href":"http:\/\/marceloscalona.com.ar\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts\/3549\/revisions\/3551"}],"wp:attachment":[{"href":"http:\/\/marceloscalona.com.ar\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Fmedia&parent=3549"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"http:\/\/marceloscalona.com.ar\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Fcategories&post=3549"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"http:\/\/marceloscalona.com.ar\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Ftags&post=3549"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}