{"id":3729,"date":"2012-01-06T15:01:37","date_gmt":"2012-01-06T18:01:37","guid":{"rendered":"http:\/\/www.nuestrotaller.com.ar\/?p=3729"},"modified":"2012-01-06T15:08:47","modified_gmt":"2012-01-06T18:08:47","slug":"virginia-woolf","status":"publish","type":"post","link":"http:\/\/marceloscalona.com.ar\/?p=3729","title":{"rendered":"VIRGINIA WOOLF,  -todas las mujeres (m\u00e1s a\u00fan las que escriben), le deben mucho a esta dama inglesa. Este es su 1\u00ba cuento."},"content":{"rendered":"<h2><span style=\"color: #ff6600;\">.<img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" src=\"http:\/\/4.bp.blogspot.com\/_Ao690OrlgWg\/TP5LPpxJCpI\/AAAAAAAAAF4\/iS_6y_W73FI\/s1600\/Virginia_Woolf_%25284%2529-2.jpg\" alt=\"\" width=\"729\" height=\"833\" \/><\/span><\/h2>\n<h2><span style=\"color: #ff6600;\">&#8211;<\/span><\/h2>\n<h2><span style=\"color: #ff6600;\">\u00a0<\/span><\/h2>\n<h2><span style=\"color: #ff6600;\">Phyllis y Rosamund\u00a0 <\/span>(1906)<\/h2>\n<p><strong>\u00a0&#8211;<\/strong><\/p>\n<p><strong>&#8211;<\/strong><\/p>\n<p><strong>\u00a0<\/strong><\/p>\n<p><strong>\u00a0<\/strong><\/p>\n<h3><span style=\"color: #666699;\">\u00a0Virginia Woolf <\/span><\/h3>\n<p><strong>\u00a0&#8211;<\/strong><\/p>\n<p><strong>&#8211;<\/strong><\/p>\n<p><strong>\u00a0<\/strong><\/p>\n<p><strong>\u00a0<\/strong><\/p>\n<p><strong>\u00a0<\/strong><\/p>\n<p>\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0 En estos tiempos tan extra\u00f1os, ahora que comenzamos a necesitar retratos de la gente, de sus mentes y su indumentaria, un boceto fiel, dibujado sin maestr\u00eda pero con veracidad, podr\u00eda resultar \u00fatil.<\/p>\n<p>\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0 Que cada hombre, o\u00ed decir el otro d\u00eda, anote los detalles de su jornada de trabajo; la posteridad se alegrar\u00e1 tanto como nos alegrar\u00edamos nosotros si dispusi\u00e9semos de una cr\u00f3nica de c\u00f3mo el portero del Globe y el guarda del Parque pasaron el s\u00e1bado 18 de marzo del a\u00f1o del Se\u00f1or de 1568.<\/p>\n<p>\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0 Y como quiera que los retratos de disponemos son casi siempre del sexo masculino, que se pavonea por el escenario de un modo m\u00e1s llamativo, parece oportuno tomar como modelo a una de tantas mujeres hacinadas en la sombra. Pues un estudio hist\u00f3rico y biogr\u00e1fico convence a cualquier persona honesta de que estas figuras oscuras ocupan un lugar no muy distinto del de la mano de titiritero en el baile de las marionetas; y con ello se pone el dedo en la llaga. Es cierto que nuestros inocentes ojos creyeron durante mucho tiempo que las figuras bailaban por voluntad propia y daban tantos pasos como se les antojaba; y la escasa luz que algunos novelistas e historiadores han comenzado a arrojar sobre ese lugar oscuro y atestado de gente, situado entre bastidores, ha servido hasta el momento poco m\u00e1s que para mostrarnos cu\u00e1ntos hilos hay all\u00ed, movidos por manos desconocidas, de cuya sacudida o tir\u00f3n depende por completo el resultado del baile. Este prefacio nos lleva pues al punto de partida. Intentamos observar lo m\u00e1s atentamente posible a un peque\u00f1o grupo de personas que vive en este momento (20 de junio de 1906) y que por razones que indicaremos m\u00e1s adelante parece compendiar las cualidades de muchas otras. Se trata de un caso com\u00fan, pues, a fin de cuentas hay muchas mujeres j\u00f3venes, nacidas de padres ricos, respetables, reconocidos; y todas ellas se enfrentan a problemas muy similares, y es dif\u00edcil, por desgracia, hallar demasiada variedad en sus respuestas.<\/p>\n<p>\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0 Son cinco, todas mujeres, le explicar\u00e1n con pesar, lamentando durante toda la vida este error inicial en nombre de sus padres. Adem\u00e1s, est\u00e1n divididas en dos bandos: dos de las hermanas se oponen a las otras dos; la quinta vacila igualmente entre ambos. Ha querido la naturaleza que dos de ellas hereden un car\u00e1cter resuelto y batallador, que se aplica felizmente y con \u00e9xito a la econom\u00eda pol\u00edtica y los problemas sociales; mientras que a las otras dos las ha hecho fr\u00edvolas, hogare\u00f1as, de temperamento m\u00e1s d\u00f3cil y sensible. Estas ultimas est\u00e1n pues condenadas a ser lo que en la jerga del siglo se llama \u201cni\u00f1as de su casa\u201d. Sus hermanas, por el contrario, deciden cultivar sus mentes, van a la Universidad, terminan brillantemente sus estudios y se casan con acad\u00e9micos. Su trayectoria profesional es tan parecida a la de los hombres que casi no merece la pena convertirla en objeto de un estudio especial. La quinta hermana posee una personalidad menos marcada que cualquiera de las otras; pero se casa a los veintid\u00f3s a\u00f1os, de manera que apenas tiene tiempo para desarrollar las caracter\u00edsticas propias de las j\u00f3venes damas que nos proponemos describir. En las dos \u201cni\u00f1as de su casa\u201d, a quienes llamaremos Phyllis y Rosamond, hallamos un material excelente para nuestro estudio.<\/p>\n<p>\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0 Disponemos de algunos hechos que nos ayudar\u00e1n a situarlas en el lugar que les corresponde antes de comenzar nuestra investigaci\u00f3n. Phyllis tiene veintiocho a\u00f1os y Rosamond veinticuatro. Son hermosas, vivaces, de mejillas sonrosadas; un observador atento no encontrar\u00eda belleza alguna en sus rasgos, pero su indumentaria y sus modales les confieren la apariencia de la belleza, aunque sin su sustancia. El sal\u00f3n parece ser su medio natural, como si, nacidas entre mantillas de seda, jam\u00e1s hubiesen pisado suelo m\u00e1s duro que el de la alfombra turca, o jam\u00e1s se hubiesen reclinado sobre terreno m\u00e1s \u00e1rido que el sill\u00f3n o el sof\u00e1. Verlas en un sal\u00f3n lleno de hombres y mujeres bien vestidos es como ver al corredor en la Bolsa, o al abogado en los Tribunales. \u00c9ste, cada movimiento y cada palabra as\u00ed lo proclaman, es su medio natural, su centro de operaciones, su c\u00edrculo profesional. Aqu\u00ed, tal vez, cosechan sus victorias y se ganan el pan. Pero ser\u00eda injusto como f\u00e1cil forzar esta met\u00e1fora hasta el punto de sugerir que la comparaci\u00f3n resulta adecuada y completa en todos sus aspectos. Tiene sus fallos. Sin embargo, nos llevar\u00e1 tiempo y algo de atenci\u00f3n descubrir d\u00f3nde y por qu\u00e9 falla.<\/p>\n<p>\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0 Debemos estar dispuestos a seguir a estas j\u00f3venes damas hasta su casa y o\u00edr sus comentarios en el dormitorio, a la luz de las velas. Debemos estar con ellas cuando despierten a la ma\u00f1ana siguiente; y debemos observar su actividad a lo largo el d\u00eda. Una vez hecho esto, no s\u00f3lo durante un d\u00eda sino durante muchos, podremos valorar correctamente las impresiones que recibiremos por la noche, en el sal\u00f3n.<\/p>\n<p>\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0 Esto nos recuerda en cierto modo la met\u00e1fora que ya empleamos anteriormente: que el escenario del sal\u00f3n representa para ellas trabajo y no diversi\u00f3n. El hecho queda claro en la escena que tiene lugar en la calesa, de vuelta a casa. Lady Hibbert es una cr\u00edtica muy severa de este tipo de representaciones. Ha estado observando si el aspecto de sus hijas era el adecuado, si hablaban como es debido, si se comportaban como es debido; si atra\u00edan a qui\u00e9n deb\u00edan atraer y rechazaban a quien deb\u00edan rechazar; si la impresi\u00f3n que causaban era en conjunto favorable. Resulta f\u00e1cil apreciar, por lo variopinto y minucioso de sus comentarios, que dos horas de espect\u00e1culo son, para este tipo de artistas, un trabajo sumamente delicado y complejo. Al parecer, todo depende en gran medida de c\u00f3mo se defiendan. Las hijas contestan sumisamente y luego guardan silencio, tanto si reciben halagos como si reciben censuras por parte de su madre; y sus cr\u00edticas son siempre severas. Cuando por fin se quedan solas en el dormitorio de modestas dimensiones que comparten en el \u00e1tico de una casa grande y fea, se abrazan y suspiran aliviadas. Su conversaci\u00f3n no es muy edificante; hablan como hombres de negocios. Calculan sus beneficios y sus p\u00e9rdidas y no manifiestan el menor inter\u00e9s por nada, salvo por s\u00ed mismas. Y sin embargo, tambi\u00e9n podr\u00edamos o\u00edrles hablar de libros y teatro y pintura, como si fuesen cosas de suma importancia para ellas. Discutir sobre este tipo de asuntos era el \u00fanico objetivo de una \u201creuni\u00f3n social\u201d.<\/p>\n<p>\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0 Con todo, en estas horas de desabrida franqueza tambi\u00e9n puede observarse algo absolutamente sincero y en modo alguno desagradable. Las dos hermanas se quer\u00edan de verdad. Su afecto se hab\u00eda convertido en una especie de libre asociaci\u00f3n, que es cualquier cosa menos sentimental. Comparten por igual esperanzas y temores; y es \u00e9ste un sentimiento aut\u00e9ntico, profundo, pese a su prosaica apariencia. Demuestran un estricto sentido del honor en todos sus pactos, e incluso hay cierta hidalgu\u00eda en la actitud de la m\u00e1s joven hacia la mayor. Para \u00e9sta, que en raz\u00f3n de su mayor edad es la m\u00e1s vulnerable, ha de ser siempre lo mejor. Hay tambi\u00e9n cierto patetismo en la gratitud con que Phyllis acepta el privilegio\u2026 Pero se hace tarde y, por respeto a su cutis, estas j\u00f3venes profesionales se recuerdan mutuamente que es hora de apagar la luz.<\/p>\n<p>\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0 Pese a esta precauci\u00f3n duermen de buena gana hasta que les avisan a la ma\u00f1ana siguiente. Pero Rosamond se levanta de un salto y sacude a Phyllis.<\/p>\n<p>\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0 -Phyllis, llegaremos tarde a desayunar.<\/p>\n<p>El argumento deb\u00eda de ser convincente, porque Phyllis se levant\u00f3 y comenz\u00f3 a vestirse en silencio. Pero las prisas no impidieron que se vistiesen con sumo cuidado y destreza, y que cada una de las hermanas examinase minuciosamente los resultados antes de bajar a desayunar. El reloj daba las nueve cuando entraron en el comedor: el padre ya estaba all\u00ed, bes\u00f3 a sus hijas mec\u00e1nicamente, alarg\u00f3 la taza para que le sirvieran el caf\u00e9, ley\u00f3 el peri\u00f3dico y desapareci\u00f3. El desayuno transcurri\u00f3 en silencio. Lady Hibbert lo tomaba en su habitaci\u00f3n; ten\u00edan que visitarla en cuanto terminasen para recibir las \u00f3rdenes del d\u00eda y, mientras la una redactaba sus notas, la otra se fue a discutir el men\u00fa con la cocinera. A eso de las once quedaron libres, por el momento, y se reunieron en la sala de estudio, donde la menor de las hermanas, Doris, de diecis\u00e9is a\u00f1os, escrib\u00eda una redacci\u00f3n en franc\u00e9s sobre la Carta Magna. Sus quejas por la interrupci\u00f3n \u2013pues ya so\u00f1aba con unos sobresalientes- fueron recibidas sin la menor consideraci\u00f3n:<\/p>\n<p>\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0 -Tenemos que sentarnos aqu\u00ed porque no disponemos de otro sitio \u2013observ\u00f3 Rosamond.<\/p>\n<p>-No pienses que buscamos tu compa\u00f1\u00eda \u2013a\u00f1adi\u00f3 Phyllis. Pero ambas frases fueron pronunciadas sin acritud, como meros t\u00f3picos de la vida diaria.<\/p>\n<p>Sin embargo, por deferencia a su hermana, Phyllis cogi\u00f3 un volumen de Anatole France y Rosamond abri\u00f3 los \u201cEstudios Griegos\u201d de Walter Pater. Leyeron en silencio durante algunos minutos; luego, una doncella llam\u00f3 a la puerta y dijo, casi sin aliento, que \u201cla Se\u00f1ora quer\u00eda ver a las se\u00f1oritas en el sal\u00f3n\u201d. Todas refunfu\u00f1aron. Rosamond se ofreci\u00f3 a ir ella sola; Phyllis dijo que no, que las dos eran v\u00edctimas; y pregunt\u00e1ndose cu\u00e1l ser\u00eda el recado, bajaron las escaleras a rega\u00f1adientes. Lady\u00a0 Hibbert las esperaba con impaciencia.<\/p>\n<p>-\u00a1Ah, por fin lleg\u00e1is! \u2013exclam\u00f3-. Vuestro padre ha invitado a comer al se\u00f1or Middleton y a Sir Thomas Carew. \u00a1Que inoportuno por su parte! No s\u00e9 que le habr\u00e1 movido a hacer una cosa as\u00ed, y no hay suficiente comida\u2026 veo que no has arreglado las flores, Phyllis. Y t\u00fa, Rosamond, quiero que cosas un pa\u00f1uelo limpio en mi vestido marr\u00f3n. \u00a1Dios m\u00edo, qu\u00e9 desconsiderados son los hombres!<\/p>\n<p>Las hijas estaban acostumbradas a este tipo de insinuaciones contra el padre: por lo general se pon\u00edan de su parte, pero nunca lo dec\u00edan.<\/p>\n<p>Salieron en silencio para cumplir sus cometidos por separado. Phyllis ten\u00eda que ir a por flores y un plato extra para el almuerzo; y Rosamond se sent\u00f3 a coser. \u00a0<\/p>\n<p>Apenas pudieron acabar sus tareas con tiempo suficiente para cambiarse antes de comer; pero a la una y media aparec\u00edan lozanas y sonrientes en el ostentoso y gran sal\u00f3n. El se\u00f1or Middleton era el secretario de Sir William Hibbert: un joven de cierta posici\u00f3n y muy prometedor, tal como lo defin\u00eda Lady Hibbert; un buen partido. Sir Thomas, un tipo gordo y gotoso, atractivo pero insignificante, trabajaba en la misma oficina.<\/p>\n<p>Durante la comida Phyllis y el se\u00f1or Middleton entablaron una animada conversaci\u00f3n, mientras los dem\u00e1s hablaban de cosas triviales con voz profunda y sonora. Rosamond se mostraba m\u00e1s bien reservada, como era su costumbre; especulaba con entusiasmo sobre el car\u00e1cter del secretario que podr\u00eda convertirse en su cu\u00f1ado y revisaba sus teor\u00edas a cada palabra que \u00e9l pronunciaba. Hab\u00edan decidido de com\u00fan\u00a0 acuerdo que el se\u00f1or Middleton era cosa de su hermana: ella no se inmiscuir\u00eda. Si alguien hubiese podido leer sus pensamientos, mientras escuchaba las historias de Sir Thomas sobre la India en 1860, habr\u00eda descubierto que Rosamond estaba enzarzada en c\u00e1lculos m\u00e1s bien abstrusos. El peque\u00f1o Middleton, como ella lo llamaba, no estaba nada mal, ten\u00eda talento, era, a ella le constaba, un bien hijo, y ser\u00eda un buen marido. Adem\u00e1s era rico y llegar\u00eda a hacer carrera. Por otro lado, su agudeza psicol\u00f3gica le dec\u00eda que aquel hombre era corto de miras, que carec\u00eda por completo de imaginaci\u00f3n o cualidades intelectuales, tal como ella las entend\u00eda, y conoc\u00eda a su hermana lo suficiente como para saber que jam\u00e1s amar\u00eda a aquel hombrecillo activo y eficaz, aunque s\u00ed lo respetar\u00eda. La cuesti\u00f3n era: \u00bfdeb\u00eda su hermana casarse con \u00e9l? \u00c9ste era el punto al que hab\u00eda llegado justo cuando Lord Mayo era asesinado; y mientras sus labios murmuraban \u00a1oh! y \u00a1ah! con horror, enviaba con la mirada un mensaje telegr\u00e1fico a trav\u00e9s de la mesa: \u201cTengo mis reservas\u201d. Si ella hubiese asentido, su hermana habr\u00eda comenzado a practicar esas artes mediante las cuales se hab\u00edan consumado ya tantas proposiciones de matrimonio. Rosamond, sin embargo, a\u00fan no dispon\u00eda de informaci\u00f3n suficiente para decidirse. Se limito a telegrafiar: \u201cS\u00edguele el juego\u201d.<\/p>\n<p>Los caballeros se marcharon poco despu\u00e9s de comer y Lady Hibbert se retir\u00f3 a descansar un rato. Pero antes de salir llam\u00f3 a Phyllis.<\/p>\n<p>-Bueno, querida \u2013le dijo con m\u00e1s afecto del que hab\u00eda mostrado hasta entonces-, \u00bfhas disfrutado de la comida? \u00bfTe ha parecido agradable el se\u00f1or Middleton? \u2013Acarici\u00f3 las mejillas de su hija y la mir\u00f3 atentamente a los ojos.<\/p>\n<p>Cierta petulancia se apoder\u00f3 de Phyllis, que contest\u00f3 con indiferencia:<\/p>\n<p>-No es mala persona, pero no me entusiasma.<\/p>\n<p>El rostro de Lady Hibbert se transform\u00f3 de inmediato; si antes parec\u00eda un gato bondadoso que jugaba con un rat\u00f3n por razones filantr\u00f3picas, ahora mostraba al aut\u00e9ntico animal, sin ning\u00fan tipo de adornos.<\/p>\n<p>-Te recuerdo \u2013le espet\u00f3- que esto no puede durar eternamente. Intenta ser un poco menos ego\u00edsta, querida.<\/p>\n<p>Sus palabras no habr\u00edan sonado peor de haber pronunciado directamente una maldici\u00f3n.<\/p>\n<p>Sali\u00f3 majestuosamente y las dos hermanas se miraron con una expresiva mueca en los labios.<\/p>\n<p>-No he podido evitarlo \u2013dijo Phyllis ech\u00e1ndose a re\u00edr-. Y ahora, d\u00e9monos un respiro. \u201cLa Se\u00f1ora\u201d no nos llamar\u00e1 hasta las cuatro.<\/p>\n<p>Subieron a la sala de estudio, que ahora estaba desierta, y se dejaron caer en unos c\u00f3modos sillones. Phyllis encendi\u00f3 un cigarrillo mientras Rosamond chupeteaba caramelos de menta como si la indujesen a pensar.<\/p>\n<p>-Y bien, querida \u2013dijo Phyllis al fin-, \u00bfqu\u00e9 decisi\u00f3n tomamos? Estamos en junio. Nuestros padres me dar\u00e1n de plazo hasta julio: el peque\u00f1o Middleton es el \u00fanico.<\/p>\n<p>-Salvo\u2026-comenz\u00f3 a decir Rosamond.<\/p>\n<p>-S\u00ed, pero m\u00e1s vale no pensar en \u00e9l.<\/p>\n<p>-\u00a1Pobre Phyllis! Bueno, no es un mal hombre.<\/p>\n<p>-Limpio y sobrio, leal y trabajador. \u00a1Seremos una pareja mod\u00e9lica! Deber\u00edas vivir con nosotros en Derbyshire.<\/p>\n<p>-Podr\u00edas aspirar a algo mejor \u2013continu\u00f3 Rosamond, con el aire reflexivo de un juez-. Por otra parte, ellos no van a aguantar mucho m\u00e1s-. \u201cEllos\u201d eran Sir William y Lady Hibbert.<\/p>\n<p>-Pap\u00e1 me pregunt\u00f3 ayer que har\u00eda si no me casase. No supe qu\u00e9 responder.<\/p>\n<p>-No; nos han educado para el matrimonio.<\/p>\n<p>-Tambi\u00e9n t\u00fa podr\u00edas aspirar a algo mejor. Yo, est\u00e1 claro que soy tonta, de modo que no importa.<\/p>\n<p>-Yo creo que el matrimonio es lo mejor que hay\u2026 si te dejasen casarte con el hombre al que quieres.\u00a0 \u00a0<\/p>\n<p>-Ya lo s\u00e9: es repugnante. Pero no hay otra salida.<\/p>\n<p>-Middleton \u2013dijo Rosamond brevemente-. \u00c9l es la salida en este momento. \u00bfSientes algo por \u00e9l?<\/p>\n<p>-Nada en absoluto.<\/p>\n<p>-\u00bfPodr\u00edas casarte con \u00e9l?<\/p>\n<p>&#8211; Si \u201cla Se\u00f1ora\u201d me obliga\u2026<\/p>\n<p>-De todos modos, podr\u00eda ser una soluci\u00f3n.<\/p>\n<p>-\u00bfQu\u00e9 piensas de \u00e9l? \u2013pregunt\u00f3 Phyllis, que habr\u00eda aceptado o rechazado a cualquier hombre s\u00f3lo por consejo de su hermana. Rosamond se hab\u00eda visto obligada a desarrollar su aguda y poderosa inteligencia observando exclusivamente la personalidad humana, y puesto que su ciencia apenas se ve\u00eda entorpecida por prejuicios personales, sus conclusiones eran por lo general dignas de cr\u00e9dito.<\/p>\n<p>-Es un hombre estupendo \u2013comenz\u00f3-. Cualidades morales: excelentes. Inteligencia: media. Seguro que lo har\u00e1 bien. No tiene ni una pizca de imaginaci\u00f3n o romanticismo, pero ser\u00e1 justo contigo.<\/p>\n<p>-En resumen, seremos una pareja respetable, \u00a1como nuestros padres!<\/p>\n<p>-La cuesti\u00f3n es \u2013continu\u00f3 Rosamond-; \u00bfvale la pena soportar otro a\u00f1o de esclavitud hasta que aparezca el pr\u00f3ximo? \u00bfY qui\u00e9n ser\u00e1 el pr\u00f3ximo? \u00bfSimpson, Rogers?<\/p>\n<p>A cada nombre su hermana le pon\u00eda una cara.<\/p>\n<p>-La conclusi\u00f3n parece ser esta: f\u00edjate un plazo y guarda las apariencias.<\/p>\n<p>-\u00a1Divert\u00e1monos mientras podamos! De no haber sido por ti, Rosamond, me habr\u00eda casado ya dos veces.<\/p>\n<p>-Soy demasiado respetable para eso. Sin ti me siento muy insegura. Y ahora, hablemos de tus asuntos.<\/p>\n<p>-Mis asuntos pueden esperar \u2013dijo Rosamond con decisi\u00f3n. Y las dos j\u00f3venes discutieron sobre las personalidades de sus amigos con cierta agudeza y sin la menor benevolencia, hasta que lleg\u00f3 la hora de cambiarse de nuevo. Pero merece la pena se\u00f1alar dos aspectos de su conversaci\u00f3n. Primero: que mostraban un gran respeto por la inteligencia y hac\u00edan de ella uno de los puntos cardinales de su discusi\u00f3n; segundo: que cuando albergaban la sospecha de una vida infeliz o una uni\u00f3n decepcionante, incluso en el caso de la menos atractiva, sus juicios eran siempre amables y comprensivos.<\/p>\n<p>A las cuatro salieron con Lady Hibbert a hacer visitas. El juego consist\u00eda en recorrer solemnemente las casas en las que ya hab\u00edan cenado o esperaban cenar, y depositar dos o tres tarjetas en manos del criado. En una de las casas entraron, tomaron una taza de t\u00e9 y hablaron del tiempo durante exactamente quince minutos. Concluyeron con un lento paseo por el parque, sum\u00e1ndose a la procesi\u00f3n de alegres carruajes que a esa hora circulaban a ritmo de paseo alrededor de la estatua de Aquiles. Lady Hibbert luc\u00eda una sonrisa permanente e inmutable.<\/p>\n<p>A eso de las seis ya estaban de vuelta en casa, donde Sir William intentaba entretener a un primo mayor y a su mujer mientras tomaban el t\u00e9. Eran personas a las que se pod\u00eda tratar sin ceremonia, de modo que Lady Hibbert se retir\u00f3 a descansar un rato; y dej\u00f3 que sus hijas se encargasen de preguntar c\u00f3mo estaba John y si Milly se hab\u00eda recuperado ya de la viruela.<\/p>\n<p>Recuerda que cenamos a las ocho, William \u2013dijo mientras sal\u00eda de la habitaci\u00f3n.<\/p>\n<p>Phyllis se fue con ellos; la fiesta ofrec\u00eda un distinguido juez y ella tuvo que distraer a un respetable KC (<em>King\u2019s Counsel, abogado que ostenta el cargo de consejero de la Corte brit\u00e1nica<\/em>); pod\u00eda relajar sus esfuerzos, al menos en una direcci\u00f3n; y su madre la miraba con indiferencia. Hablar con un hombre mayor e inteligente sobre temas impersonales, pensaba Phyllis, era como una corriente de agua clara y fresca. No teorizaban, pero \u00e9l le ofrec\u00eda hechos y a ella le agradaba descubrir que el mundo estaba lleno de cosas importantes que nada ten\u00edan que ver con su vida.<\/p>\n<p>Cuando se hubieron marchado, ella le dijo a su madre que iba a la casa de los Tristram para reunirse con Rosamond. Lady Hibbert apret\u00f3 los labios, se encogi\u00f3 de hombros y dijo \u201cmuy bien\u201d, como dispuesta a objetar algo si es que encontraba una buena raz\u00f3n. Pero Sir William la esperaba y se limit\u00f3 a fruncir el ce\u00f1o por todo argumento.<\/p>\n<p>De modo que Phyllis se fue sola hasta aquel barrio de Londres, alejado y poco elegante, donde viv\u00edan los Tristram. \u00c9sa era una de las muchas cosas envidiables de su suerte. Las fachadas de estuco, las impecables hileras de Belgravia y South Kensington le parec\u00edan a Phyllis el destino m\u00e1s adecuado para ella; el de una vida para crecer seg\u00fan una pauta deplorable en consonancia con la deplorable seriedad de sus semejantes. Pero qui\u00e9n viv\u00eda aqu\u00ed, en Bloomsbury \u2013comenz\u00f3 a teorizar saludando con la mano mientras su calesa cruzaba las grandes plazas tranquilas bajo el p\u00e1lido verdor de los \u00e1rboles- pod\u00eda crecer como quisiera. Hab\u00eda espacio, y libertad, y en el bullicio y el esplendor del Strand le\u00eda las vivas realidades del mundo, del cual su estuco y sus columnas la proteg\u00edan tan completamente.<\/p>\n<p>El coche se detuvo ante unas ventanas iluminadas que, abiertas a la noche estival, derramaban sobre el pavimento parte de la conversaci\u00f3n y la vida del interior. Esper\u00f3 con impaciencia a que se abriese la puerta que le permitir\u00eda entrar y participar en la reuni\u00f3n. Sin embargo, una vez en la sala, tom\u00f3 conciencia de su propio aspecto, que como muy bien sab\u00eda, era en tales ocasiones el de una mujer de Romney. Se vio a s\u00ed misma entrando en aquella habitaci\u00f3n llena de humo, donde todo el mundo estaba sentado en el suelo y el anfitri\u00f3n llevaba una chaqueta de cazador, con su peque\u00f1a cabeza bien alta y los labios apretados como a punto de recitar un epigrama. Llamaba la atenci\u00f3n por su vestido de seda blanca y sus lazos de color cereza. Y sin que le pasase por alto la diferencia que hab\u00eda entre ella y los dem\u00e1s, se sent\u00f3 sin decir palabra y sin aprovechar el hueco que para ella se hizo en la conversaci\u00f3n. Continu\u00f3 observando a las doce personas all\u00ed reunidas, con sensaci\u00f3n de desconcierto. La conversaci\u00f3n versaba sobre unos cuadros que estaban expuestos al p\u00fablico en ese momento, y sus m\u00e9ritos se discut\u00edan desde un punto de vista m\u00e1s bien t\u00e9cnico. \u00bfPor d\u00f3nde iba a empezar Phyllis? Hab\u00eda visto los cuadros; pero sab\u00eda que los t\u00f3picos que pudiera decir al respecto jam\u00e1s pasar\u00edan la prueba de la pregunta y la cr\u00edtica a la cual quedar\u00edan expuestos. Sab\u00eda adem\u00e1s que all\u00ed no hab\u00eda lugar para esa gracia femenina que tantas cosas pod\u00eda disimular. Hab\u00eda pasado el momento, pues la discusi\u00f3n era seria y acalorada y ninguno de los litigantes deseaba ponerse en evidencia con argumentos il\u00f3gicos. De modo que se sent\u00f3 y observ\u00f3, sinti\u00e9ndose como un p\u00e1jaro con las alas cortadas; y m\u00e1s inc\u00f3moda, dada la autenticidad del sentimiento, de lo que nunca se hab\u00eda sentido en ning\u00fan baile o fiesta. Se repet\u00eda a s\u00ed misma el amargo axioma de que hab\u00eda ca\u00eddo entre dos aguas; y al mismo tiempo se esforzaba por interpretar con sensatez lo que all\u00ed se dec\u00eda. Rosamond le indic\u00f3 desde el otro lado de la habitaci\u00f3n que ella se hallaba en id\u00e9ntico aprieto.<\/p>\n<p>Finalmente los contendientes se dispersaron y la conversaci\u00f3n volvi\u00f3 a generalizarse; pero nadie pidi\u00f3 disculpas por el clima tan concentrado que la discusi\u00f3n hab\u00eda generado, y las hermanas Hibbert descubrieron que la conversaci\u00f3n general, si bien derivaba hacia asuntos m\u00e1s triviales, tend\u00eda a despreciar el t\u00f3pico, y no vacilaron en decirlo abiertamente. Sin embargo, resultaba divertido y Rosamond se defendi\u00f3 muy dignamente al opinar sobre cierto personaje que pas\u00f3 a ser objeto de la discusi\u00f3n; pero comprob\u00f3 con asombro que sus m\u00e1s profundos hallazgos eran considerados como punto de partida para nuevas investigaciones y no resultaban en absoluto concluyentes.<\/p>\n<p>Adem\u00e1s, las hermanas Hibbert estaban sorprendidas y algo desalentadas al descubrir hasta qu\u00e9 punto eran v\u00edctimas de su educaci\u00f3n. A Phyllis le habr\u00eda gustado abofetearse por desaprobar de manera instintiva un chiste sobre el cristianismo que las Tristram contaron y los dem\u00e1s aplaudieron tan a la ligera como si la religi\u00f3n fuese una minucia.<\/p>\n<p>Sin embargo, lo que result\u00f3 a\u00fan m\u00e1s asombroso para ellas fue el tratamiento que se otorg\u00f3 a su propio gremio profesional, pues ellas supon\u00edan que incluso en aquel ambiente tan extra\u00f1o \u201clos hechos de la vida\u201d eran importantes. La se\u00f1ora Tristram, joven de gran belleza y artista realmente prometedora, discut\u00eda sobre el matrimonio con un caballero que, a juzgar por su actitud, bien pod\u00eda tener intereses personales sobre el particular. Pero la libertad y la franqueza con que ambos expon\u00edan sus opiniones y teorizaban sobre la cuesti\u00f3n del amor y del matrimonio parec\u00edan situar el asunto bajo una luz nueva y sorprendente. Esto fascin\u00f3 a las dos hermanas mucho m\u00e1s que todo cuanto hab\u00edan visto u o\u00eddo hasta entonces. Ellas se jactaban de conocer todos los aspectos o enfoques de la cuesti\u00f3n; pero aquello era algo no s\u00f3lo nuevo, sino incuestionablemente aut\u00e9ntico.<\/p>\n<p>-Yo no he recibido todav\u00eda ninguna proposici\u00f3n de matrimonio; quisiera saber qu\u00e9 se siente \u2013dijo la c\u00e1ndida y reflexiva voz de la menor de las Tristram; y Phyllis y Rosamond sintieron que era el momento de relatar sus experiencias para ilustrar a los all\u00ed presentes. Pero no eran capaces de adoptar ese punto de vista extra\u00f1o y nuevo, pues sus experiencias eran a fin de cuentas de naturaleza muy distinta. El amor era para ellas algo inducido por ciertas acciones calculadas; y surg\u00eda en los salones de baile, en los conservatorios perfumados, al abrigo de miradas furtivas, golpes de abanico y tonos de voz entrecortados y sugestivos. El amor era all\u00ed algo intenso e ingenuo que despuntaba a plena luz del d\u00eda, desnudo y s\u00f3lido, para ser explotado y analizado como cada cual mejor juzgase. Si bien eran libres para amar como quisieran, a Phyllis y Rosamond les pareci\u00f3 muy poco probable que ellas pudiesen amar de aquel modo. Se condenaron por completo movidas por ese r\u00e1pido impulso juvenil, y concluyeron que todo intento de liberaci\u00f3n ser\u00eda en vano: su largo cautiverio las hab\u00eda corrompido tanto por dentro como por fuera.<\/p>\n<p>Permanecieron pues all\u00ed sentadas, inconscientes de su propio silencio, como personas que, excluidas de una celebraci\u00f3n, se quedan en la calle, expuestas al fr\u00edo y al viento, invisibles para quienes participan en la fiesta. Pero en realidad, la presencia de aquellas dos muchachas silenciosas y de ojos \u00e1vidos resultaba opresiva para todos los all\u00ed presentes, aunque no sab\u00edan exactamente por qu\u00e9; tal vez porque estaban aburridos. Las se\u00f1oritas Tristram se sintieron responsables y Silvia Tristram, la m\u00e1s joven, tras o\u00edr un suspiro, entabl\u00f3 una conversaci\u00f3n en privado con Phyllis. Phyllis se aferr\u00f3 a la ocasi\u00f3n como perro al hueso; de hecho, su rostro cobr\u00f3 una expresi\u00f3n voraz cuando vio que la ocasi\u00f3n se le escapaba y que la esencia de aquella extra\u00f1a velada quedaba fuera de su alcance. Ya que no era capaz de participar pod\u00eda al menos explicar qu\u00e9 se lo imped\u00eda. Anhelaba demostrarse a s\u00ed misma que ten\u00eda buenas razones para sentirse impotente; y como consideraba a la se\u00f1orita Sylvia una mujer \u00edntegra, pese a lo impersonal de sus generalizaciones, cab\u00eda la esperanza de que alg\u00fan d\u00eda ambas se encontrasen en terreno com\u00fan. Cuando se inclin\u00f3 hacia adelante para hablar, Phyllis tuvo la extra\u00f1a sensaci\u00f3n de abrirse camino febrilmente entre un mont\u00f3n de frivolidades artificiosas para aferrarse a esa s\u00f3lida part\u00edcula de yo puro que ella supon\u00eda oculta en alguna parte.<\/p>\n<p>-\u00a1Ay, se\u00f1orita Tristram! \u2013comenz\u00f3 a decir-. Son todos tan brillantes que me siento intimidada.<\/p>\n<p>-\u00bfSe burla de nosotros? \u2013pregunt\u00f3 Sylvia.<\/p>\n<p>-\u00bfPor qu\u00e9 iba a burlarme? \u00bfNo ve lo tonta que me siento?<\/p>\n<p>Sylvia empezaba a ver y lo que ve\u00eda suscit\u00f3 su inter\u00e9s.<\/p>\n<p>-La suya es una vida maravillosa y totalmente extra\u00f1a para nosotras.<\/p>\n<p>Sylvia, que era escritora y experimentaba una suerte de placer literario al verse reflejada en espejos extra\u00f1os y levantar su propio espejo para observar en \u00e9l las vidas de los otros, se aplic\u00f3 con gusto a la tarea. Era la primera vez que consideraba a las hermanas Hibbert como seres humanos; siempre las hab\u00eda llamado \u201cjovencitas\u201d. As\u00ed pues, ahora estaba plenamente dispuesta a reparar su error, tanto por vanidad como por aut\u00e9ntica curiosidad.<\/p>\n<p>-\u00bfA qu\u00e9 se dedica usted? \u2013pregunt\u00f3 de repente, para entrar en materia lo antes posible.<\/p>\n<p>-\u00bfA qu\u00e9 me dedico? \u2013repiti\u00f3 Phyllis-. Bueno, me ocupo de los men\u00fas y arreglo flores.<\/p>\n<p>-S\u00ed, pero \u00bfcu\u00e1l es su profesi\u00f3n? \u2013continu\u00f3 Sylvia, que estaba decidida a no dejarse intimidar por frases estereotipadas.<\/p>\n<p>&#8211;<em>\u00c9sa <\/em>es mi profesi\u00f3n. \u00a1Ojal\u00e1 no lo fuese! No olvide, se\u00f1orita Tristram, que la mayor\u00eda de las muchachas j\u00f3venes somos esclavas; y usted no debe insultarme s\u00f3lo por que tiene la suerte de ser libre.<\/p>\n<p>-D\u00edgame \u2013interrumpi\u00f3 Sylvia- lo que quiere decir exactamente. Me interesa mucho. Me gusta saber cosas de la gente. Al fin y al cabo ya sabe usted que lo importante es el alma humana.<\/p>\n<p>-S\u00ed \u2013dijo Phyllis, ansiosa por evitar t\u00f3picos-. Pero nuestra vida es tan simple y vulgar\u2026 Seguro que conoce a docenas de personas como nosotras.<\/p>\n<p>-Conozco sus trajes de noche \u2013dijo Sylvia. Las veo desfilar ante m\u00ed en hermosas procesiones, pero nunca las he o\u00eddo hablar. \u00bfSon realmente de carne y hueso? \u2013Advirti\u00f3 que su tono hab\u00eda herido a Phyllis, de modo que cambi\u00f3 de t\u00e1ctica.<\/p>\n<p>-Yo dir\u00eda que somos hermanas. Pero \u00bfpor qu\u00e9 somos tan distintas por fuera?<\/p>\n<p>-Por desgracia no somos hermanas \u2013dijo Phyllis con acritud-; si eso fuese cierto, la compadecer\u00eda. \u00bfVe usted? Nos han educado simplemente para salir por las noches y pronunciar bonitos discursos y casarnos, supongo. Por supuesto, podr\u00edamos haber ido a la universidad si hubi\u00e9semos querido; pero como no quisimos ahora s\u00f3lo estamos dotadas para la vida dom\u00e9stica.<\/p>\n<p>-Nosotras tampoco fuimos a la universidad \u2013dijo Sylvia.<\/p>\n<p>-\u00bfY no se sienten como nosotras? Claro que usted y su hermana son lo aut\u00e9ntico, y Rosamond y yo somos burdas imitaciones; yo al menos lo soy. Pero \u00bfno lo ve ahora todo claro, no se da cuenta de lo perfecta que es su vida?<\/p>\n<p>-No veo por qu\u00e9 no pueden hacer lo que quieren, igual que nosotras \u2013dijo Sylvia, mirando a su alrededor.<\/p>\n<p>-\u00bfCree que nosotras podr\u00edamos invitar a gente como \u00e9sta? Nunca podemos invitar a nuestros amigos a casa, salvo cuando nuestros padres est\u00e1n fuera.<\/p>\n<p>-\u00bfPor qu\u00e9 no?<\/p>\n<p>-Para empezar, no disponemos de una habitaci\u00f3n, y, adem\u00e1s, jam\u00e1s nos los permitir\u00edan. Somos hijas, hasta que seamos mujeres casadas.<\/p>\n<p>Sylvia la mir\u00f3 con cierto desagrado. Phyllis comprendi\u00f3 que se hab\u00eda equivocado al hablar con franqueza del amor.<\/p>\n<p>-\u00bfUsted quiere casarse? \u2013pregunt\u00f3 Sylvia.<\/p>\n<p>-\u00bfC\u00f3mo puede preguntarme una cosa as\u00ed? \u00a1Qu\u00e9 inocente! Claro que tiene usted toda la raz\u00f3n. Deber\u00eda ser por amor y todo lo dem\u00e1s. Pero \u2013continu\u00f3 Phyllis, diciendo desesperadamente la verdad- nosotras no podemos pensar de ese modo. Es tanto lo que anhelamos, que nos resulta imposible considerar el matrimonio como un hecho aislado, tal como es o deber\u00eda ser. Siempre se confunde con muchas otras cosas. El matrimonio significa libertad y amigos y una casa propia y, bueno, \u00a1todas esas cosas que usted ya tiene! \u00bfLe parece esto terrible y mercenario?<\/p>\n<p>-Resulta bastante terrible, pero no creo que sea mercenario. Yo de usted me pondr\u00eda a escribir.<\/p>\n<p>-\u00a1Pero bueno, se\u00f1orita Tristram! \u2013exclam\u00f3 Phyllis con c\u00f3mica desesperaci\u00f3n-. No consigo hacerle comprender qu\u00e9, en primer lugar, no tenemos talento; y aunque lo tuvi\u00e9semos, no podr\u00edamos usarlo. Menos mal que el Buen Dios es compasivo y nos ha dotado debidamente para ocupar nuestra posici\u00f3n. Rosamond podr\u00eda haber hecho algo; pero ahora ya es demasiado mayor.<\/p>\n<p>-\u00a1D\u00edos m\u00edo! \u2013exclam\u00f3 Sylvia-. \u00a1Qu\u00e9 panorama tan negro! Yo estallar\u00eda, matar\u00eda, saltar\u00eda por la ventana, \u00a1har\u00eda algo!<\/p>\n<p>-\u00bfQu\u00e9? \u2013pregunt\u00f3 Phyllis sard\u00f3nicamente-. Si estuviera en nuestro lugar, tal vez; pero no creo que pudiera estar en nuestro lugar. No \u2013continu\u00f3 en un tono m\u00e1s ligero y c\u00ednico-, nuestra vida es as\u00ed y tenemos que sacar el mayor provecho de ella. S\u00f3lo quiero que comprenda por qu\u00e9 venimos aqu\u00ed y nos quedamos sentadas sin decir nada. \u00c9ste es el tipo de vida que a nosotros nos gustar\u00eda vivir, \u00bfsabe usted?; y ahora m\u00e1s bien dudo de que eso sea posible. Ustedes \u2013dijo se\u00f1alando a todos los presentes- nos consideran \u00fanicamente como unas frescas con clase; y eso es lo que somos en realidad, o casi. Aunque podr\u00edamos haber sido algo mejor. \u00bfNo es triste?<\/p>\n<p>Y solt\u00f3 su tonta risita de siempre.<\/p>\n<p>-Pero tiene que prometerme una cosa, se\u00f1orita Tristram: que vendr\u00e1 a visitarnos y nos permitir\u00e1 venir aqu\u00ed de vez en cuando. Y ahora, Rosamond, tenemos que irnos.<\/p>\n<p>Se marcharon y en el coche de caballos Phyllis se sorprendi\u00f3 un poco por el arranque que hab\u00eda tenido; pero sinti\u00f3 que hab\u00eda disfrutado. Estaban las dos algo excitadas; y deseosas de analizar su inquietud y ver qu\u00e9 significaba. La noche anterior hab\u00edan regresado a casa a la misma hora, en un estado de \u00e1nimo m\u00e1s taciturno pero al mismo tiempo m\u00e1s satisfactorio. Lo que hab\u00edan hecho hab\u00eda resultado aburrido, pero ten\u00edan la certeza de haberlo hecho bien. Y comprobaron con satisfacci\u00f3n que eran aptas para cosas mucho mejores. Esta noche no se hab\u00edan aburrido, pero sent\u00edan que no hab\u00edan dado la talla cuando tuvieron la oportunidad. Su conversaci\u00f3n en el dormitorio fue poco animada; al penetrar en su aut\u00e9ntico ser, Phyllis hab\u00eda permitido que r\u00e1fagas de aire helado inundasen aquel lugar tan celosamente custodiado. \u00bfQu\u00e9 quer\u00eda en realidad?, se preguntaba. \u00bfPara qu\u00e9 serv\u00eda? Para criticar ambos mundos y sentir que ninguno de los dos le ofrec\u00eda lo que ella necesitaba. Estaba demasiado deprimida como para exponerle el caso a su hermana; y su honestidad la convenci\u00f3 de que hablar no servir\u00eda de nada; si algo pod\u00eda hacer, tendr\u00eda que hacerlo sin ayuda de nadie. Sus \u00faltimos pensamientos de esa noche fueron que era realmente un alivio que Lady Hibbert hubiese planificado el d\u00eda siguiente para ellas de principio a fin: al menos as\u00ed\u00a0 no tendr\u00eda que pensar; y las fiestas en el r\u00edo eran divertidas.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>. &#8211; \u00a0 Phyllis y Rosamund\u00a0 (1906) \u00a0&#8211; &#8211; \u00a0 \u00a0 \u00a0Virginia Woolf \u00a0&#8211; &#8211; \u00a0 \u00a0 \u00a0 \u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0 En estos tiempos tan extra\u00f1os, ahora [&hellip;]<\/p>\n","protected":false},"author":1,"featured_media":0,"comment_status":"closed","ping_status":"closed","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"footnotes":""},"categories":[3],"tags":[],"class_list":["post-3729","post","type-post","status-publish","format-standard","hentry","category-taller"],"_links":{"self":[{"href":"http:\/\/marceloscalona.com.ar\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts\/3729","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"http:\/\/marceloscalona.com.ar\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"http:\/\/marceloscalona.com.ar\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"http:\/\/marceloscalona.com.ar\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/users\/1"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"http:\/\/marceloscalona.com.ar\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Fcomments&post=3729"}],"version-history":[{"count":4,"href":"http:\/\/marceloscalona.com.ar\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts\/3729\/revisions"}],"predecessor-version":[{"id":3733,"href":"http:\/\/marceloscalona.com.ar\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts\/3729\/revisions\/3733"}],"wp:attachment":[{"href":"http:\/\/marceloscalona.com.ar\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Fmedia&parent=3729"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"http:\/\/marceloscalona.com.ar\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Fcategories&post=3729"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"http:\/\/marceloscalona.com.ar\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Ftags&post=3729"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}