{"id":3773,"date":"2012-01-13T14:25:36","date_gmt":"2012-01-13T17:25:36","guid":{"rendered":"http:\/\/www.nuestrotaller.com.ar\/?p=3773"},"modified":"2012-01-13T14:32:03","modified_gmt":"2012-01-13T17:32:03","slug":"beatriz-vignoli-jurado-de-nuestro-concurso","status":"publish","type":"post","link":"http:\/\/marceloscalona.com.ar\/?p=3773","title":{"rendered":"BEATRIZ VIGNOLI, Jurado (*)"},"content":{"rendered":"<h2>.<a href=\"http:\/\/www.nuestrotaller.com.ar\/wp-content\/uploads\/2012\/01\/beatriz_Vignoli_.jpg\"><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" class=\"alignright size-full wp-image-3774\" title=\"beatriz_Vignoli_\" src=\"http:\/\/www.nuestrotaller.com.ar\/wp-content\/uploads\/2012\/01\/beatriz_Vignoli_.jpg\" alt=\"\" width=\"412\" height=\"500\" \/><\/a><\/h2>\n<h2>&#8211;<\/h2>\n<h2>Los borrados<\/h2>\n<div id=\"xmail\">\n<form id=\"form_mail\" action=\"\/usuarios\/enviar.php\" enctype=\"application\/x-www-form-urlencoded\" method=\"post\">&#8211;<\/form>\n<div id=\"cuerpo\">\n<p>\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0 <strong><em>Inge<\/em><\/strong> (a partir de Lardi)<\/p>\n<p>&#8211;<\/p>\n<p>Me anim\u00e9 a hacerme extraer las astillas. Dej\u00e9 las pastillas. Empec\u00e9 a salir y a ver amigos cuando supe que uno de mis verdugos se estaba muriendo de c\u00e1ncer. Hab\u00eda algo de justicia po\u00e9tica en eso. Me reconforta saber que se desintegr\u00f3 en el esfuerzo por destrozarnos. Nosotros no estamos enteros, pero de ellos pronto no quedar\u00e1 nada.<\/p>\n<p>\u00bfQu\u00e9 piensa el sobreviviente que pretende conquistar a una belleza joven? Piensa: que me ame, que se enamore de m\u00ed como si yo tuviera todav\u00eda aquella cara, la m\u00eda, la que me rompieron a golpes. Que guste de m\u00ed como si nada de todo eso hubiera sucedido.<\/p>\n<p>La foto de otro tipo en la mesa de luz. \u00abEste era yo\u00bb, dijiste. Hablabas como un muerto.<\/p>\n<p>T\u00e9cnicamente, eras un desaparecido. Concretamente, eras un sobreviviente. Viv\u00edas y andabas por ah\u00ed con una identidad falsa y no desalentabas (salvo para un c\u00edrculo muy cercano) la suposici\u00f3n de que el poseedor de tu leg\u00edtima identidad estaba muerto. De todos modos nadie hubiera relacionado tu cara con aquella foto. Hab\u00edas adquirido, en el exilio, un acento chileno. No te hab\u00edan perdonado la vida; hab\u00edas huido. Vos, y otros dos, se hab\u00edan fugado cuando estaban por fusilarlos y hab\u00edan cruzado la cordillera. Pod\u00edas vivir fuera de la ley porque total eras otro, desde cualquiera de las dos puntas de la alteridad eras otro. Dos puntas tiene el camino y en ninguna estabas por completo.<\/p>\n<p>Se est\u00e1 muriendo de c\u00e1ncer de pulm\u00f3n porque fumaba toda la noche, me acuerdo. Sal\u00ed con asma, por el cigarrillo del verdugo y los seis a\u00f1os de privaci\u00f3n de sue\u00f1o. Me acord\u00e9 mucho de vos. Vos tos\u00edas todo el tiempo y dec\u00edas que era por la tortura. Yo no sab\u00eda qu\u00e9 decirte. Supuse que aquello se arreglaba con psicoan\u00e1lisis. Era asma, asma por stress. Yo no pod\u00eda soportar o\u00edrte toser y no te lo dec\u00eda, y vos no tomabas nada para aliviar la tos. Tampoco dorm\u00edas, salvo con pastillas, y no dormir te agravaba la tos. En tu cama, tuviste que pedirme que te abrazara. Ahora yo te pedir\u00eda que me dejaras abrazarte.<\/p>\n<p>Ten\u00edas la piel muy suave y la espalda muy blanca, con pecas, y un olor dulce. Pero no pude enamorarme de vos porque se interpon\u00edan tu tos, tu cara que ocultaba sus fracturas debajo de los anteojos gruesos y la barba espesa, tu furia contenida que s\u00f3lo te permit\u00edas expresar a trav\u00e9s de ingeniosos pero amargos sarcasmos (que me sacaban de quicio a m\u00ed) y, sobre todo, mi l\u00e1stima y mi incapacidad de sentir genuina compasi\u00f3n. Tus sarcasmos se ensa\u00f1aban contra tus ideales, los que te hab\u00edan llevado a la tragedia.<\/p>\n<p>Ahora s\u00e9 que no eras un quebrado; eras un adulto. La desilusi\u00f3n viene con la madurez. Hubiera venido sola de todos modos; viviste para saber que los verdugos trabajaron en vano y, si su obra te enfurec\u00eda, lo absurdo de su obra tal vez te causaba algo de gracia.<\/p>\n<p>Ahora, tarde, me he enamorado de tu humor amargo y lo imito. Tambi\u00e9n imito tu forma de hablar. Te recuerdo como si fueras un amigo de la infancia. Te quiero tard\u00edamente, ahora que no est\u00e1s, y si estuvieras no s\u00e9 si me querr\u00edas, no s\u00e9 si amar\u00edas esto en lo que me he convertido. Tarde comprendo que en tu forma de hablar se concentraba una voluntad de belleza, unas ganas de volver a tener esa belleza que te hab\u00edan arrebatado.<\/p>\n<p>El tiempo, dice el poeta, es un verdugo; el verdugo es un tiempo cruel que se acelera.<\/p>\n<p>Me levant\u00e9 de la cama con el preservativo en la mano. \u00abPudo ser el Mes\u00edas\u00bb, te dije, antes de tirarlo por la ventana de tu departamento. Esto fue hace quince a\u00f1os. Vos te re\u00edas. S\u00e9 que fuiste feliz en ese instante. Feliz, como si nada de aquello hubiera sido.<\/p>\n<p>Alexis (para Ernesto)<\/p>\n<p>Me gustaba el pibe. Algo en \u00e9l no terminaba de gustarme, pero debo confesar que el pibe me gustaba. Aquello de \u00e9l que no me gustaba del todo no parec\u00eda hallarse en \u00e9l sino en otra parte: iba como rond\u00e1ndolo, detr\u00e1s o alrededor. Me gustaba porque me hac\u00eda acordar a unos \u00e1rboles que se me hab\u00edan aparecido \u00faltimamente en sue\u00f1os: unos pinos de corteza rugosa, altos y silenciosos como si guardaran silencio sobre algo. Me gustaba la lucidez, la aparente madurez con que el pibe me hab\u00eda hablado del silencio y de la angustia del que calla. Yo no lo ve\u00eda como a alguien de otra generaci\u00f3n sino como a un igual. \u00c9l se distanciaba cort\u00e9smente. Aunque nunca pude atravesar esa distancia, logr\u00e9 arrimarme a \u00e9l con excusas y prop\u00f3sitos variados. Le encargu\u00e9 trabajos, habl\u00e9 bien de lo que hac\u00eda. Me gustaba lo que el pibe hac\u00eda y lo comentaba con mis iguales desde ese lugar anfibio que he venido a ocupar entre las generaciones. Su madre tiene mi edad; \u00e9l me habl\u00f3 de ella y de sus abuelos. De su padre \u00fanicamente me dijo que hab\u00eda muerto.<\/p>\n<p>Alguien, hace poco, agreg\u00f3 un poco m\u00e1s de informaci\u00f3n. No mucha, apenas la suficiente como para que la figura de aquel padre muerto comenzara a importarme.<\/p>\n<p>A m\u00ed el pibe me gustaba y por eso yo demoraba insensatamente el momento en que visitar\u00eda su casa. No me hab\u00eda dado su tel\u00e9fono pero s\u00ed su direcci\u00f3n y apreci\u00e9 ese gesto de confianza. Pero no sab\u00eda si iba a estar a la altura. Con el pibe nunca me sent\u00eda a la altura. Siempre me quedaba con la sensaci\u00f3n de estar debi\u00e9ndole algo. Ya no era m\u00e1s un pibe sino un hombre joven, limpio, correcto y ordenado. Pero ten\u00eda una elegancia bohemia y como sin patria, algo que me hac\u00eda identificarme con \u00e9l. Supuse que \u00e9ramos dos n\u00f3mades, dos hu\u00e9rfanos. Supuse que \u00e9l viv\u00eda con su hermano en un monoambiente. Me imagin\u00e9 que al llegar a su casa yo le dar\u00eda un gran abrazo de cari\u00f1o desinteresado; el tipo de don que no me creo capaz de dar, pero me imaginaba cambiada por aquel padre.<\/p>\n<p>La casa era lo m\u00e1s distinto de un monoambiente que pudiera imaginarse. Amplia, elegante y con patio, todos los materiales nobles que la constitu\u00edan llevaban inscripto el signo de la herencia. No reconoc\u00ed al pibe cuando abri\u00f3 la puerta. Lo que vi fue otra cosa, otra persona: te vi a vos, como eras hace veinte a\u00f1os, cuando yo iba a tu casa y vos me hac\u00edas pasar a la cocina y me preparabas caf\u00e9. El pibe estaba en cuero pero su torso desnudo, que yo hab\u00eda esperado ver con ansia y curiosidad casi m\u00edsticas, ya no me seduc\u00eda en absoluto. El seductor que \u00e9l era fuera de su casa hab\u00eda desaparecido por completo y en su lugar hab\u00eda otra persona, un chico de anteojos parecidos a los que vos usabas en tu casa, cuando pon\u00edas el pocillo del caf\u00e9 adentro del microondas para entibiarlo en invierno, un gesto civilizado y considerado de entre los muchos gestos civilizados que ten\u00edas hace veinte a\u00f1os, y que supongo tendr\u00e1s tambi\u00e9n ahora, gestos que me enternec\u00edan pero que al mismo tiempo me entristec\u00edan porque yo no era as\u00ed, aunque tratara de imitarte, nunca iba a poder ser tan buena como vos y eso nos alejaba.<\/p>\n<p>Fue como en esas pel\u00edculas donde los personajes viajan en el tiempo a su propio pasado pero conservan su cuerpo del presente. Ah\u00ed estabas vos, con tus veinticinco a\u00f1os, abriendo la heladera para servir un vaso de agua fr\u00eda, y yo ah\u00ed sin mis veinticinco a\u00f1os pero con mis cuarenta y cinco, como alguien a quien el pibe le explica sus planes: \u00abPrimero estudiar, despu\u00e9s recibirme, despu\u00e9s escribir. Cada cosa a su tiempo\u00bb. El pibe hablaba como un padre, hablaba como si fuera el padre de s\u00ed mismo, y cuando mencion\u00e9 al que conoc\u00eda a su padre se limit\u00f3 a un comentario seco. \u00abMuchos lo conocieron\u00bb, dijo.<\/p>\n<p>Y entonces comprend\u00ed qu\u00e9 era lo que hab\u00eda comenzado a desagradarme de su cuerpo. Eso que me disgustaba ya no lo rondaba: encarnaba en \u00e9l. Era el suyo un cuerpo en lugar de otro cuerpo. Aquel padre hab\u00eda migrado, en la distancia lo hab\u00eda engendrado (\u00abVolv\u00eda siempre a la ciudad y siempre tra\u00eda cosas\u00bb, me hab\u00edan dicho; era probable que se lo hubiera visto muchas noches en un bar que quedaba cerca de aquella casa) y despu\u00e9s hab\u00eda muerto y era el hijo quien hab\u00eda vuelto a la ciudad, a la casa de sus abuelos, a la hermosa casa que (seg\u00fan supe luego) era la de los suegros de su padre.<\/p>\n<p>Aquel padre insepulto, tal vez muerto fuera de la ciudad, no hab\u00eda vuelto jam\u00e1s. Era el hijo quien volv\u00eda. Y eran del hijo ahora la casa, la heladera y la botella de agua. Al hijo pertenec\u00edan la vida y el futuro. A \u00e9l, el arte y los a\u00f1os. Del padre no quedaba ni siquiera el vac\u00edo. Para los amigos era una leyenda pero en la familia ni se lo nombrar\u00eda. Era el hijo perdido, nocturno, ca\u00eddo de la serie. Aunque no se hab\u00eda suicidado, cuando o\u00ed su historia y la cotej\u00e9 con la de su hijo se me ocurri\u00f3 que aquel padre se hab\u00eda eliminado. Y yo no terminaba de comprender por qu\u00e9 lo hab\u00eda hecho. Ahora entend\u00eda. El cuerpo flexible y espl\u00e9ndido del hijo, ese cuerpo sano en su edad m\u00e1s vigorosa, con sus anteojos parecidos a los tuyos y su cabello suelto, y su diploma a apenas un verano de distancia (como vos, que te recibiste en marzo, igual que yo) seguramente calzaba como un guante en los sue\u00f1os de los padres de su padre, de donde el padre se hab\u00eda desgajado.<\/p>\n<p>Todo lo que hab\u00edan so\u00f1ado en vano para el padre, todo aquello era la brisa cantora y silenciosa que al fin envolv\u00eda, como a un alto pino azul, el cuerpo del hijo. Aquel hijo no hab\u00eda matado al padre: para matar hay que ocupar un lugar distinto al que ocupa lo que se mata. No se puede matar lo que ha sido borrado. El padre se habr\u00eda ca\u00eddo de la serie como un premolar que deja espacio para que la ortodoncia tire del resto de la enc\u00eda en una boca donde los dientes son demasiado grandes. Tal vez no hubiera ni siquiera una velita conmemorativa para aquel padre. El espacio inmenso que ocupaba el hijo (la seguridad de aquel muchacho que hablaba de igual a igual con adultos de cuarenta y cinco a\u00f1os) era parecido al que quiz\u00e1s hab\u00edan, de j\u00f3venes, ocupado mis padres. Ellos hab\u00edan borrado a mis abuelos y ahora, como abuelos, borraban a sus hijos para abrazar a los nietos. Yo no podr\u00eda, ya no podr\u00eda, abrazar a aquel hijo. Era un zombi viviente. No era culpable pero era parte de una borradura que no le hubiera servido de nada evitar.<\/p>\n<p>Vos no ten\u00e9s hijos y yo tampoco. Bendito seas, bienaventurado seas. Una vez, cuando ten\u00edamos diecisiete a\u00f1os, me dijiste: \u00abYo no soy el zombi de nadie\u00bb. Era una frase que hab\u00edas encontrado en un libro. Un libro para j\u00f3venes, un libro del siglo pasado. Lo le\u00ed hace un par de a\u00f1os y no entend\u00ed una palabra. Ahora estar\u00e1s cenando en el restaurante vegetariano chino, donde pod\u00e9s poner la comida en el microondas y se entibia el plato.<\/p>\n<p>&#8211;<\/p>\n<p>(*) <strong><span style=\"text-decoration: underline;\"><span style=\"color: #ff0000;\">Nota<\/span><\/span><\/strong>, aprovecho la publicaci\u00f3n de este hermoso txt de BEATRIZ publicado hace 5 d\u00edas en <span style=\"color: #333399;\"><strong><em>ROSARIO\/12<\/em><\/strong><\/span>, para avisarles que <span style=\"color: #ff0000;\"><strong>ELLA HA ACEPTADO ser uno de los tres jurados de nuestro concurso del taller<\/strong><\/span>, en marcha.-<\/p>\n<\/div>\n<p><script type=\"text\/javascript\"><\/script><\/p>\n<\/div>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>. &#8211; Los borrados &#8211; \u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0 Inge (a partir de Lardi) &#8211; Me anim\u00e9 a hacerme extraer las astillas. 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