{"id":3783,"date":"2012-01-16T09:41:32","date_gmt":"2012-01-16T12:41:32","guid":{"rendered":"http:\/\/www.nuestrotaller.com.ar\/?p=3783"},"modified":"2012-01-16T09:41:32","modified_gmt":"2012-01-16T12:41:32","slug":"daniel-moyano","status":"publish","type":"post","link":"http:\/\/marceloscalona.com.ar\/?p=3783","title":{"rendered":"DANIEL MOYANO"},"content":{"rendered":"<p>.\u00a0<img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" src=\"http:\/\/bimg2.mlstatic.com\/s_MLA_v_F_f_131252182_996.jpg\" alt=\"\" width=\"1200\" height=\"900\" \/><\/p>\n<p>Moyano, (1930-1992), ARG, vivi\u00f3 gran parte de su vida en Tucum\u00e1n, es un escritor integrado al grupo de Haroldo Conti, Di Benedetto, Urondo, Walsh, Gelman, Humberto Constantini, etc&#8230;<\/p>\n<p>&#8211;<\/p>\n<p>&#8211;<\/p>\n<p>\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0 EL PERRO Y EL TIEMPO<\/p>\n<p>-Yo no puedo alimentar tambi\u00e9n a ese perro -dijo su t\u00edo despu\u00e9s de mirar a Gregorio y al perro, sentados en el borde de la galer\u00eda. Gregorio no contest\u00f3 y sigui\u00f3 acarici\u00e1ndole la cabeza. Era largo, negro, de nariz partida y orejas ca\u00eddas. Cuando lo azuzaban o se interesaba por algo levantaba solo la mitad de las orejas, la parte donde los cart\u00edlagos eran m\u00e1s duros. Las puntas quedaban ca\u00eddas, y este rasgo era lo que m\u00e1s gustaba al ni\u00f1o.<\/p>\n<p>Hubiera esperado una discusi\u00f3n, un examen previo, algo que le permitiera exponer sus razones para tener al perro, pero su t\u00edo parec\u00eda haber calculado de antemano esa posibilidad, y por tanto su resoluci\u00f3n, tan r\u00e1pida, era simplemente algo que hab\u00eda que recordar y tener en cuenta, sin posibilidad de modificaciones.<\/p>\n<p>Adem\u00e1s sus palabras formaban parte de algunas de las leyes que reg\u00edan la econom\u00eda de la familia, compuesta por varios hijos propios y Gregorio.<\/p>\n<p>Hac\u00eda dos d\u00edas que lo ten\u00eda, y hab\u00eda lograrlo ocultarlo uno. Las palabras del t\u00edo no admit\u00edan otra interpretaci\u00f3n, pero sab\u00eda que su t\u00edo luego olvidar\u00eda el asunto. Y eso parec\u00eda demostrar que la desobediencia era una posibilidad. Las palabras hab\u00edan sido duras y quebraron todos sus presentimientos acerca de la posesi\u00f3n del animal, que hab\u00eda comenzado a cambiar tan dulcemente el ritmo de su vida. Eran ricos los choclos comidos por la noche, y despu\u00e9s era hermoso acariciar al perro hasta dormirse mirando a trav\u00e9s de la ventana el cielo estrellado y el aire seren\u00edsimo, como si a trav\u00e9s de esa tranquilidad cayese silenciosamente la escarcha que al d\u00eda siguiente aparec\u00eda en los baldes, en la tina, en los charcos de la calle. Y ahora esas dos cosas tan buenas deb\u00edan modificarse, separarse, a causa del t\u00edo, porque su t\u00edo significaba choclos, la posibilidad de comerlos al calor naciente de la cama, y el perro, y el calor y la presencia del perro, que deb\u00eda ir todo unido a aquella sensaci\u00f3n, hab\u00edan sido negados por su t\u00edo con esas palabras tan r\u00e1pidas y decididas. Y lo peor de todo era que \u00e9l consideraba justa esa decisi\u00f3n. Pod\u00eda recordar palabras suyas, dichas muchas veces cuando discut\u00edan con la t\u00eda sobre el sueldo, la luz, el alquiler y el carb\u00f3n: \u201cson muchas bocas y yo no puedo m\u00e1s\u201d; esto me esta volviendo loco; y todav\u00eda uno m\u00e1s\u201d. Sab\u00eda que su t\u00edo trabajaba todo el d\u00eda y que el sueldo no alcanzaba pero hasta all\u00ed solamente llegaba el entendimiento. Su t\u00eda, que sol\u00eda llorar a solas, velaba para que aquello que \u00e9l no alcanzaba a entender pudiese ser explicado de alg\u00fan modo: racionaba estrictamente los alimentos, hab\u00eda decidido que nadie comiese fuera de las horas establecidas, vigilaba para que el carb\u00f3n no se consumiera in\u00fatilmente. Y puede decirse que \u00e9l entend\u00eda a medias al ver a su t\u00edo por las noches, cuando el t\u00edo se hab\u00eda acostado, echar agua con la pava sobre las brasas.<\/p>\n<p>Cuatro cuadras hacia el sur, donde el pueblo terminaba vend\u00edan choclos a buen precio en un ranchito que en verano apenas se distingu\u00eda a causa del maizal. Cuando su t\u00eda lo descubri\u00f3 fue un d\u00eda de gran alegr\u00eda para todos. Ella y los chicos fueron a comprar. El llevaba la bolsa y despu\u00e9s entre todos ayudaron a juntar. Le gust\u00f3 el ruido de los choclos al ser arrancados de las plantas y el jugo dulce que ca\u00eda de los extremos. Su t\u00eda convers\u00f3 un rato con la vieja que se los vendi\u00f3. Una mujer m\u00e1s vieja que parec\u00eda dormitar junto a una pared, cerca de un brasero de lata, le dio un mate a su t\u00eda y ella lo tom\u00f3 con alegr\u00eda. Hablaron de varias cosas, pagaron y salieron con la bolsa llena. Los chicos saltaban sobre la tierra removida y su t\u00eda no los ret\u00f3 ni les dijo nada. Estaba cayendo el sol y hab\u00eda sido realmente un d\u00eda hermoso. \u201cLos comeremos asados\u201d, dijo su t\u00eda cuando llegaron a la casa, invadida por un silencio que era oscuridad a la vez y olor a polvo en los rincones. Ellos trajeron le\u00f1a del fondo y su t\u00eda encendi\u00f3 el fuego. Pelaron los choclos y despu\u00e9s los oyeron crepitar sobre las brasas. La t\u00eda los repart\u00eda a medida que se asaban. Una mitad para cada uno, para que pudieran ir comiendo de dos en dos. Todos ten\u00edan urgencia, pero algunos prefirieron esperar los \u00faltimos, que por decisi\u00f3n de la t\u00eda ser\u00edan los m\u00e1s grandes. \u201cEl que espera come lo mejor\u201d, estableci\u00f3. Unos exigieron ser primeros; otros aceptaron la espera.<\/p>\n<p>El comer choclos por la noche se convirti\u00f3 en una costumbre. Cada uno recib\u00eda el suyo y se iba a la cama. De tal manera, pues, hubiera sido muy lindo llevarse el choclo casi humeante a la cama, y acostarse junto al perro, que dorm\u00eda con dos ni\u00f1os m\u00e1s en una cama grande que hab\u00eda sido de los t\u00edos, pero suced\u00eda que cuando Gregorio recurr\u00eda en su memoria al calor del perro, ya no hab\u00eda choclos y hab\u00eda aparecido la escarcha. De modo que la disociaci\u00f3n de esos dos elementos gratos a su memoria no se deb\u00eda solamente a las palabras de su t\u00edo sino a los misterios del tiempo. \u00a0<\/p>\n<p>Todo aquello hab\u00eda sucedido hac\u00eda mucho tiempo, y ahora el perro, llamado Flecha por decisi\u00f3n un\u00e1nime, lograba permanecer, nadie sabe c\u00f3mo, pese a que su t\u00edo dijera algunas veces, discutiendo con la t\u00eda: \u201cyo no puedo m\u00e1s, estoy viejo ya, no puedo pasarme la vida alimentando chicos\u201d.<\/p>\n<p>Una de las vicisitudes duras para Gregorio fue cuando su t\u00edo orden\u00f3 que llevasen el perro al circo, donde compraban animales viejos e in\u00fatiles para alimentar a las fieras. Gregorio hab\u00eda llorado y su t\u00eda le dijo, despu\u00e9s de alguna vacilaci\u00f3n, que pod\u00eda obedecer y quedarse otra vez con el perro, siempre que lo escondiese en el cuarto vac\u00edo del fondo durante el poco tiempo que el t\u00edo permanec\u00eda en la casa. Aquella vez, mientras com\u00edan, Flecha sali\u00f3 del cuarto por una abertura de la puerta donde faltaba un vidrio. Su t\u00edo lo vio y no dijo nada, aunque lo creyese ya en el circo. El perro alz\u00f3 las patas y las apoy\u00f3 en la mesa, frente al t\u00edo, y sigui\u00f3 atentamente los movimientos de las manos de \u00e9ste llevando los alimentos a la boca. Todos enmudecieron, incluso la t\u00eda, esperando la previsible exclamaci\u00f3n del t\u00edo. Pero el t\u00edo no dijo nada, ni entonces ni instantes despu\u00e9s, mientras el perro mov\u00eda la cola. Alz\u00f3 los ojos del plato y mir\u00f3 otra vez al perro, pero con la cara como vuelta hacia un costado, como si lo mirase con el rabillo del ojo. Despu\u00e9s llev\u00f3 un bocado de pan a la boca y sigui\u00f3\u00a0 mirando el plato. Acababa la comida, su t\u00edo se levant\u00f3 y dijo: \u201cHagan lo que quieran; yo ya no puedo decir nada\u201d. La t\u00eda inici\u00f3 la sonrisa general que la frase produjo. Las manos de los chicos buscaron restos de comida para darle, pero la t\u00eda dijo entonces: \u201cUn momento; le vamos a dar lo que corresponda\u201d. Alz\u00f3 de la mesa dos o tres c\u00e1scaras de zapallo, que Flecha comi\u00f3 con avidez. En eso pas\u00f3 el t\u00edo, que envejec\u00eda y caminaba como arrastr\u00e1ndose\u00a0 y dijo sin mirar a nadie pero dirigi\u00e9ndose sin duda a Gregorio: \u201cPero vos le vas a dar de comer, en adelante, de la parte tuya\u201d. El no respondi\u00f3 porque estaba sintiendo que ahora Flecha era una propiedad suya, de la que no podr\u00edan despojarlo jam\u00e1s. \u00a0<\/p>\n<p>Aquel a\u00f1o los choclos subieron de precio y su t\u00eda tuvo que excluirlos. Pero hacia el invierno la posesi\u00f3n de Flecha signific\u00f3 disponer de algo que uno quer\u00eda \u00a0y que estaba fuera de las limitaciones impuestas por los c\u00e1lculos y dem\u00e1s cosas incomprensibles. El perro, estirado, era en verdad m\u00e1s largo que Gregorio. Uno de los chicos que dorm\u00eda con Gregorio fue obligado a dormir hacia los pies de la cama. Gregorio y el otro compart\u00edan la cabecera con el perro en el medio. Pero algunas veces Flecha amanec\u00eda acurrucado en la parte de los pies, y en esos casos el beneficiario de su calor, seg\u00fan lo hab\u00edan convenido, ten\u00eda que alimentar al perro durante todo ese d\u00eda con parte de su propia raci\u00f3n.<\/p>\n<p>Con el perro y la idea de los choclos la existencia era una cosa casi perfecta. Pero de eso tambi\u00e9n hac\u00eda mucho tiempo y las cosas hab\u00edan cambiado.<\/p>\n<p>Flecha hab\u00eda engordado y formaba parte de la familia. Y hacia entonces sucedi\u00f3 lo peor. A \u00e9l no le gusto la idea, pero hab\u00eda partido de su t\u00edo y, l\u00f3gicamente, nadie pod\u00eda cambiar sus prop\u00f3sitos. Fue un domingo. El t\u00edo lleg\u00f3, muy contento, hacia el mediod\u00eda, y nadie hasta entonces se hab\u00eda dado cuenta de que hab\u00eda salido por la ma\u00f1ana muy temprano. Tra\u00eda una jaula grande. Dentro de ella hab\u00eda cinco gallinas. Todos se alegraron y rieron como aquella vez que trajeron la bolsa de choclos. Su t\u00edo abri\u00f3 la jaula despu\u00e9s de mostr\u00e1rsela a todos a hurtadillas, y dej\u00f3\u00a0 que las gallinas saltaran y corrieran libremente por el patio. \u201cCierren la puerta de la calle\u201d, grit\u00f3 su t\u00eda, y despu\u00e9s le dijo al t\u00edo que no debi\u00f3 dejarlas correr libremente sin antes cortarles las alas. Nadie se acord\u00f3 del perro, salvo Gregorio, y emplearon la siesta en construir, en el fondo un gallinero. Su t\u00edo mismo dirigi\u00f3 las tareas. Cuando terminaron, su t\u00eda se puso a cebar mate y en un momento dado alguien dijo: \u201c\u00bfY Flecha?\u201d Gregorio sinti\u00f3 la mirada de su t\u00edo, que en ese momento estaba con el mate en la mano, por chupar la bombilla; pero dej\u00f3 de hacerlo para mirarlo. \u201cNo le har\u00e1 nada a las gallinas\u201d, dijo \u00e9l, y su t\u00eda le dijo entonces que si les hac\u00eda algo no vacilar\u00eda en elegir entre el perro y las gallinas. Despu\u00e9s olvidaron a Flecha, y su t\u00eda dijo que dentro de poco las gallinas pondr\u00edan, y entonces podr\u00edan comer huevos antes de acostarse, y que los huevos ir\u00edan en sustituci\u00f3n de los choclos. Pero a Gregorio no le pareci\u00f3 una idea muy agradable, porque el perro, desde ahora, se desmerec\u00eda ante todos.<\/p>\n<p>Y despu\u00e9s pudo contar con tristeza que \u00e9l tambi\u00e9n lo hab\u00eda visto. Lo vio cuando llevaba el huevo en la boca. Una l\u00e1stima que su t\u00eda alcanzara a verlo tambi\u00e9n\u00a0 y gritara de esa manera. Flecha solt\u00f3 el huevo, que se rompi\u00f3. La fisonom\u00eda de su t\u00eda cambi\u00f3 totalmente y tambi\u00e9n sus palabras y su manera de decir las cosas. \u201cEs un perro huevero; yo sab\u00eda que era un perro huevero\u201d. Su t\u00edo no dijo nada, pero su mirada fue una confirmaci\u00f3n de lo que opinaba la t\u00eda. Deb\u00edan deshacerse del perro. Gregorio tambi\u00e9n comprendi\u00f3 que aquello era una cosa ineludible y que toda resistencia ser\u00eda in\u00fatil esta vez. Todo se hizo r\u00e1pidamente. El no supo nunca en qu\u00e9 momento la t\u00eda se puso en contacto con un viejo que ten\u00eda muchos perros y que viv\u00eda m\u00e1s all\u00e1 del rancho de la vieja de los choclos.\u00a0 A la hora prevista y desconocida por \u00e9l, el viejo llam\u00f3 a la puerta. Ven\u00eda solo. Su rostro era venerable. Los ojos, limp\u00edsimos. El mismo tuvo que ayudar para tomar al perro y atarle una cuerda al cuello. El viejo, que miraba desde la puerta de la calle, no pronunci\u00f3 una sola palabra, ni antes ni despu\u00e9s. Los\u00a0 chicos miraban en silencio. Su t\u00edo no estaba. Cuando le dio el \u00faltimo abrazo, hac\u00eda rato que estaba llorando, pero parec\u00eda que lo advert\u00eda ahora. Despu\u00e9s \u00e9l y varios de sus primos se pararon en medio de la calle. El viejo tiraba de la cuerda y el perro marchaba resisti\u00e9ndose. De vez en cuando se daba vuelta y levantaba la mitad de las orejas, hasta donde los cart\u00edlagos eran duros. Al rato se ve\u00eda que volv\u00eda la cabeza, pero las orejas ya no se distingu\u00edan. El viejo no se dio vuelta en ning\u00fan momento. Cuando dobl\u00f3 all\u00e1 lejos, solo quedaba uno de los primos junto a \u00e9l; los otros hab\u00edan entrado. Cuando \u00e9l tambi\u00e9n entr\u00f3, vio que estaban recortando figuritas de un diario viejo, con una tijera en la galer\u00eda.<\/p>\n<p>Hacia el invierno Gregorio estuvo enfermo varios d\u00edas, y una noche la t\u00eda llev\u00f3 a la cama un huevo pasado por agua y se lo dio en cucharaditas. El sinti\u00f3 entonces que el perro pertenec\u00eda al orden de las cosas incomprensibles.<\/p>\n<p>Despu\u00e9s volvieron el sol fuerte y los d\u00edas claros, y Flecha era apenas una cosa en la memoria. Y pas\u00f3 mucho tiempo y esa cosa en la memoria persist\u00eda porque estaba unida a muchas otras, indisolubles. Y sobre todo ese d\u00eda que hab\u00eda vuelto a ver al viejo. El hermano de su t\u00edo que hab\u00eda venido en un camioncito desde un pueblo vecino y que re\u00eda estrepitosamente ante cualquier cosa que le contasen, les dijo de pronto que subiesen para dar unas vueltas por all\u00ed. Gregorio se sent\u00f3 en una de las barandas de la carrocer\u00eda, y a medida de que el veh\u00edculo andaba por el camino reseco sent\u00eda el aire de las mejillas. \u201cDerecho por ac\u00e1 y despu\u00e9s doblamos en la curva del camino\u201d, le hab\u00eda dicho al hermano de su t\u00edo. Estaba seguro de que nadie pensaba en el perro, que por ese camino viv\u00eda el viejo que se lo hab\u00eda llevado. Pero uno de los primos, en cuclillas, le dijo de pronto que a lo mejor pod\u00edan ver a Flecha.<\/p>\n<p>\u201cCierto\u201d dijo \u00e9l, como si hubiese estado pensando en eso. Hab\u00edan recorrido un buen trecho despu\u00e9s de la curva, y pasado por el rancho de la vieja de los choclos, y estaban lejos, en lugares adonde jam\u00e1s hab\u00edan llegado. El hermano de su t\u00edo sac\u00f3 la cabeza por la ventanilla y el viento levant\u00f3 el ala de su sombrero. Le habl\u00f3 a \u00e9l, pero no pudo entender nada porque el viento era fuerte. Sab\u00eda que le preguntaba ad\u00f3nde quedaba el lugar que le hab\u00eda dicho.<\/p>\n<p>Y anduvieron como media hora, y el lugar que \u00e9l supon\u00eda no apareci\u00f3. El camioncito par\u00f3 y el hermano de su t\u00edo sac\u00f3 otra vez la cabeza. \u201cNunca vi ninguna casa por aqu\u00ed; m\u00e1s all\u00e1 no hay nada\u201d, dijo.<\/p>\n<p>Despu\u00e9s volvieron y \u00e9l no intent\u00f3 explicarle el hecho. En un momento crey\u00f3 que este misterio pertenec\u00eda al orden del tiempo, esa cosa improbable y lejana. Sin embargo, desde que su t\u00edo dijo que no pod\u00eda alimentar tambi\u00e9n a ese perro, hasta que el hermano sac\u00f3 la cabeza por la ventanilla, para explicar algo inaudible, a causa del viento, apenas hab\u00eda habido algunas modificaciones en las hojas de los \u00e1rboles, en los pajonales circundantes. Por fuera el mundo hab\u00eda avanzado muy poco. A \u00e9l, en cambio le parec\u00eda haber retrocedido.<\/p>\n<p>La inexistencia s\u00fabita de la casa del viejo no ten\u00eda explicaci\u00f3n. Quedaba la posibilidad de imaginar las cosas, y solo dos le parecieron congruentes: o el viejo, en alguna parte, hab\u00eda protegido al perro, junto con los otros, o todos hab\u00edan ido a parar al circo.<\/p>\n<p>Flecha entr\u00f3 entonces en el orden de las cosas que no comprend\u00eda, y all\u00ed permanecer\u00eda, con otros tantos misterios, por lo menos hasta que \u00e9l creciese. Pero crecer, lo sab\u00eda, pertenec\u00eda al tiempo. Y el tiempo siempre hab\u00eda sido para \u00e9l una cosa improbable y lejana.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>.\u00a0 Moyano, (1930-1992), ARG, vivi\u00f3 gran parte de su vida en Tucum\u00e1n, es un escritor integrado al grupo de Haroldo Conti, Di Benedetto, Urondo, Walsh, [&hellip;]<\/p>\n","protected":false},"author":1,"featured_media":0,"comment_status":"closed","ping_status":"closed","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"footnotes":""},"categories":[3],"tags":[],"class_list":["post-3783","post","type-post","status-publish","format-standard","hentry","category-taller"],"_links":{"self":[{"href":"http:\/\/marceloscalona.com.ar\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts\/3783","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"http:\/\/marceloscalona.com.ar\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"http:\/\/marceloscalona.com.ar\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"http:\/\/marceloscalona.com.ar\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/users\/1"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"http:\/\/marceloscalona.com.ar\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Fcomments&post=3783"}],"version-history":[{"count":1,"href":"http:\/\/marceloscalona.com.ar\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts\/3783\/revisions"}],"predecessor-version":[{"id":3784,"href":"http:\/\/marceloscalona.com.ar\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts\/3783\/revisions\/3784"}],"wp:attachment":[{"href":"http:\/\/marceloscalona.com.ar\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Fmedia&parent=3783"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"http:\/\/marceloscalona.com.ar\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Fcategories&post=3783"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"http:\/\/marceloscalona.com.ar\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Ftags&post=3783"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}