{"id":4202,"date":"2012-03-25T19:51:00","date_gmt":"2012-03-25T22:51:00","guid":{"rendered":"http:\/\/www.nuestrotaller.com.ar\/?p=4202"},"modified":"2012-03-25T19:51:00","modified_gmt":"2012-03-25T22:51:00","slug":"sostiene-tabucchi-2%c2%ba-parte","status":"publish","type":"post","link":"http:\/\/marceloscalona.com.ar\/?p=4202","title":{"rendered":"SOSTIENE TABUCCHI  2\u00ba parte"},"content":{"rendered":"<p>.<img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" src=\"http:\/\/www.enriquevilamatas.com\/escritores\/img\/TabucchiAT.jpg\" alt=\"\" width=\"1024\" height=\"675\" \/><\/p>\n<p>&#8211;<\/p>\n<h2><span style=\"color: #993300;\">LOS\u00a0 TRES \u00daLTIMOS D\u00cdAS DE<\/span><\/h2>\n<h2><span style=\"color: #993300;\">FERNANDO PESSOA<\/span><\/h2>\n<h2><span style=\"color: #993300;\">&#8211;<\/span><\/h2>\n<h2><span style=\"color: #993300;\">&#8211;<\/span><\/h2>\n<h2><span style=\"color: #993300;\">\u00a0<\/span><\/h2>\n<p>\u00a0<\/p>\n<p>28 de noviembre de 1935<\/p>\n<p><strong>\u00a0<\/strong><\/p>\n<p><strong>\u00a0<\/strong><\/p>\n<p><strong>1<\/strong><\/p>\n<p><strong>\u00a0<\/strong><\/p>\n<p><strong>\u00a0<\/strong><\/p>\n<p>Antes tengo que afeitarme, dijo \u00e9l, no quiero ir al hospital con esta barba, se lo ruego, vaya a llamar al barbero, vive en la esquina, es el se\u00f1or Manac\u00e9s.<\/p>\n<p>Pero es que no hay tiempo, se\u00f1or Pessoa, replic\u00f3 la portera, el taxi est\u00e1 ya en la puerta, sus amigos han llegado y ya est\u00e1n esper\u00e1ndolo en el recibidor.<\/p>\n<p>No importa, respondi\u00f3, todav\u00eda queda tiempo.<\/p>\n<p>Se arrellan\u00f3 en la peque\u00f1a butaca donde el se\u00f1or Manac\u00e9s acostumbraba a afeitarlo y se puso a leer las poes\u00edas de S\u00e1-Carneiro.<\/p>\n<p>El se\u00f1or Manac\u00e9s entr\u00f3 y le dio las buenas noches. Se\u00f1or Pessoa, dijo, me han dicho que se encuentra bien, espero que no trate de nada grave.<\/p>\n<p>Le coloc\u00f3 una toalla alrededor del cuello y empez\u00f3 a enjabonarlo. Cu\u00e9nteme algo, dio Pessoa, usted, se\u00f1or Manac\u00e9s, conoce muchas an\u00e9cdotas interesantes y ve a mucha gente en su establecimiento, cu\u00e9nteme algo.<\/p>\n<p>Pessoa se puso un traje oscuro que se hab\u00eda hecho confeccionar hac\u00eda poco, se anud\u00f3 la pajarita, se coloc\u00f3 las gafas. No hac\u00eda fr\u00edo, pero fuera estaba lloviendo. Por eso se puso su gabardina amarilla, cogi\u00f3 una pluma y una libreta y empez\u00f3 a bajar las escaleras.<\/p>\n<p>En mitad de las escaleras se encontr\u00f3 con sus amigos Francisco Gouveia y Armando Teixeira Rebelo. Ten\u00edan una expresi\u00f3n preocupada y sosten\u00edan en las manos sus paraguas goteantes. Vamos contigo, dijeron al un\u00edsono. Pessoa esboz\u00f3 una sonrisa distra\u00edda. Sent\u00eda un agudo dolor en el costado derecho que le imped\u00eda ser cordial. Los dos amigos le ofrecieron el brazo para ayudarlo bajar, pero \u00e9l no lo acept\u00f3 y se sujet\u00f3 a la baranda. En el vest\u00edbulo vio al se\u00f1or Moitinho de Almeida, su jefe, que estaba cuchicheando con el taxista. Yo tambi\u00e9n voy, se\u00f1or Pessoa, dijo con premura el se\u00f1or Moitinho de Almeida, prefiero ir yo tambi\u00e9n, no puedo dejarlo marchar as\u00ed.<\/p>\n<p>No se moleste, se\u00f1or Moitinho de Almeida, respondi\u00f3 Pessoa con un susurro, ya tengo dos amigos que me acompa\u00f1an, no se moleste.<\/p>\n<p>Pero el se\u00f1or Moitinho de Almeida parec\u00eda estar decidido, le abri\u00f3 la puerta delantera, Pessoa entr\u00f3 junto al taxista y sus tres acompa\u00f1antes se acomodaron en el asiento de atr\u00e1s.<\/p>\n<p>Mientras iba en el coche, mir\u00f3 despaciosamente por la ventanilla la c\u00fapula de la bas\u00edlica de la Estrela. Era hermosa, aquella bas\u00edlica, con su inmensa c\u00fapula barroca y la fachada ornamentada. Era all\u00ed, delante mismo, en el jard\u00edn, donde muchos a\u00f1os antes se citaba con Oph\u00e9lia Queiroz, su \u00fanico gran amor. En el banco del jard\u00edn de la Estrela se\u00a0 intercambiaban t\u00edmidos\u00a0 besos y solemnes promesas de amarse para siempre.<\/p>\n<p>Pero mi vida ha sido m\u00e1s fuerte que yo y que mi amor, musit\u00f3 Pessoa, perd\u00f3name, Oph\u00e9lia, pero yo deb\u00eda escribir, deb\u00eda s\u00f3lo escribir, no pod\u00eda hacer otra cosa, y ahora todo ha concluido.\u00a0\u00a0<\/p>\n<p>El taxi pas\u00f3 delante del Parlamento y despu\u00e9s enfil\u00f3 la Cal\u00e7ada do Combro. En aquella zona hab\u00eda vivido un tiempo, muchos a\u00f1os antes, en una habitaci\u00f3n de alquiler. La propietaria era do\u00f1a Maria das Virtudes, se acordaba perfectamente, era una se\u00f1ora de sesenta a\u00f1os, de pecho abundante y pelo te\u00f1ido de rubio, que por las noches lo invitaba a beber su licor de cerezas y a participar en sus sesiones de espiritismo. Se pon\u00eda en contacto con su difunto marido, el brigada Pereira, y manten\u00eda largas conversaciones con \u00e9l sobre las guerras de \u00c1frica y sobre el precio de los pimientos. Despu\u00e9s beb\u00edan un vasito de <em>ginjinha<\/em>, com\u00edan una guinda y Pessoa se desped\u00eda diciendo: Buenas noches, do\u00f1a Maria das Virtudes, y que tenga felices sue\u00f1os. Se retiraba a su alcoba. En aquellas noches estaba en contacto con Bernardo Soares y escrib\u00eda en su lugar <em>El libro del desasosiego<\/em>. Se despertaba al amanecer para ver las gradaciones de las luces que cambiaban sobre Lisboa y las anotaba en un peque\u00f1o cuaderno forrado en piel que le hab\u00eda mandado su madre desde Sud\u00e1frica.<\/p>\n<p>Cuando llegaron a Rua Luz Soriano los hizo para un polic\u00eda. No se puede pasar, dijo el polic\u00eda, la calle se encuentra ocupada por un acto nacionalista, hay una banda y todas esas cosas, hoy la ciudad est\u00e1 de fiesta.<\/p>\n<p>El se\u00f1or Moitinho de Almeida se asom\u00f3 por la ventanilla. Soy el se\u00f1or Moitinho de Almeida, dijo con autoridad, tenemos que llegar hasta la cl\u00ednica de Sao Lu\u00eds dos Franceses, llevamos a un enfermo.<\/p>\n<p>El polic\u00eda se quit\u00f3 la gorra y se rasc\u00f3 la cabeza. Mire, se\u00f1or, dijo, les permito que hagan un peque\u00f1o desv\u00edo, es direcci\u00f3n prohibida, pero dadas las circunstancias pueden hacerlo, giren aqu\u00ed por la derecha, despu\u00e9s cojan a la izquierda y se encontrar\u00e1n en el Barrio Alto. Pessoa sonri\u00f3 porque lo hab\u00eda reconocido. Era Coelho Pacheco, un raro heter\u00f3nimo suyo, uno que hab\u00eda escrito poes\u00eda en una sola ocasi\u00f3n, creando un poema oscuro y visionario, de estilo neog\u00f3tico. \u00bfQu\u00e9 hac\u00eda Coelho Pacheco disfrazado de polic\u00eda? Quiz\u00e1 lo hubiera mandado el Maestro para que le preparara el buen camino. Pessoa levant\u00f3 una mano y le hizo una se\u00f1al esot\u00e9rica. Tambi\u00e9n Coelho Pacheco le hizo una se\u00f1al esot\u00e9rica, y el taxi cogi\u00f3 la primera calle a la derecha.<\/p>\n<p>En la recepci\u00f3n del hospital hab\u00eda una enfermera que cabeceaba. El se\u00f1or Moitinho de Almeida le habl\u00f3, pregunt\u00f3 por el m\u00e9dico de guardia, dijo que se trataba de un caso urgente.<\/p>\n<p>Pessoa se sent\u00f3 en un sill\u00f3n y empez\u00f3 a so\u00f1ar. Ve\u00eda retazos de su infancia y o\u00eda la voz de su abuela Dion\u00edsia que hab\u00eda muerto en un manicomio. Fernando, le dec\u00eda su abuela, t\u00fa ser\u00e1s como yo, de tal palo tal astilla, y durante toda tu vida me tendr\u00e1s como compa\u00f1\u00eda, porque la vida es una locura y t\u00fa sabr\u00e1s c\u00f3mo vivir la locura.<\/p>\n<p>Acomp\u00e1\u00f1eme, dijo el m\u00e9dico, y lo cogi\u00f3 del brazo sosteni\u00e9ndolo. Lo condujo hasta una salita donde hab\u00eda una camilla y un fuerte olor a desinfectante. Desn\u00fadese, orden\u00f3 el m\u00e9dico. Pessoa se desnud\u00f3. T\u00fambese, orden\u00f3 el m\u00e9dico. Pessoa se tumb\u00f3. El m\u00e9dico empez\u00f3 la revisi\u00f3n, palp\u00e1ndole el cuerpo. Cuando lleg\u00f3 a la altura del h\u00edgado, Pessoa emiti\u00f3 un gemido.\u00a0 \u00bfDesde cu\u00e1ndo se encuentra mal?, pregunt\u00f3 el m\u00e9dico. Desde esta tarde, respondi\u00f3 Pessoa. \u00bfY qu\u00e9 s\u00edntomas ha notado?, pregunt\u00f3 el m\u00e9dico. Fuertes dolores, respondi\u00f3 Pessoa, y un v\u00f3mito verde.<\/p>\n<p>El m\u00e9dico llam\u00f3 a la enfermera y le dijo que acomodara al paciente en la habitaci\u00f3n n\u00famero cuatro. Despu\u00e9s cogi\u00f3 la hoja de registro y escribi\u00f3 en el parte cl\u00ednico: \u201cCirrosis hep\u00e1tica.\u201d<\/p>\n<p>Pessoa salud\u00f3 a sus amigos. El se\u00f1or Moitinho de Almeida quer\u00eda quedarse, pero Pessoa lo despidi\u00f3 con amabilidad. A los otros dos les dio un r\u00e1pido abrazo. Dejadme, queridos amigos, dijo, es posible que esta noche y ma\u00f1ana reciba alguna visita, nos veremos pasado ma\u00f1ana.<\/p>\n<p>La habitaci\u00f3n era una estancia modesta, con una cama de hierro, un armario blanco y una peque\u00f1a mesa. Pessoa se meti\u00f3 en la cama, encendi\u00f3 la luz de la mesilla de noche, reclin\u00f3 la cabeza sobre la almohada y se pas\u00f3 una mano por el costado derecho. Por fortuna, ahora los dolores se hab\u00edan atenuado, la enfermera le llev\u00f3 un vaso de agua y unas gasas, despu\u00e9s dijo: Perd\u00f3neme, pero debo ponerle una eyecci\u00f3n, se la ha recetado el m\u00e9dico.<\/p>\n<p>Pessoa pidi\u00f3 una dosis de l\u00e1udano, que era un somn\u00edfero que acostumbraba tomar cuando, como Bernardo Soares, no consegu\u00eda dormirse. La enfermera se lo llev\u00f3 y Pessoa se lo bebi\u00f3. Me llamo Catarina, dijo la enfermera, cuando necesite algo toque el timbre y acudir\u00e9 inmediatamente.<\/p>\n<p><strong>2<\/strong><\/p>\n<p>\u00bfQu\u00e9 hora es?, pregunt\u00f3 Pessoa.<\/p>\n<p>Es casi medianoche, respondi\u00f3 Alvaro de Campos, la mejor hora para encontrarse contigo, es la hora de los fantasmas.<\/p>\n<p>\u00bfPor qu\u00e9 has venido?, pregunt\u00f3 Pessoa.<\/p>\n<p>Porque si vas a marcharte hay algunas cosas de las que tenemos que hablar, respondi\u00f3 Alvaro de Campos, yo no sobrevir\u00e9 a tu muerte, partir\u00e9 contigo, antes de sumergirnos en la oscuridad tenemos que hablar de algunas cosas.<\/p>\n<p>Pessoa se incorpor\u00f3 sobre las almohadas, bebi\u00f3 un trago de agua y pregunt\u00f3: \u00bfQu\u00e9 estas tramando?<\/p>\n<p>Querido m\u00edo, respondi\u00f3 Alvaro de Campos, noto con placer que no me llamas ingeniero ni me tratas de usted, que te diriges a m\u00ed con familiaridad.<\/p>\n<p>Claro, respondi\u00f3 Pessoa, t\u00fa has entrado en mi vida, me has sustituido a m\u00ed, eres t\u00fa quien hizo que acabara mi relaci\u00f3n con Oph\u00e9lia.<\/p>\n<p>Lo hice por tu bien, replic\u00f3 Alvaro de Campos, aquella muchachita emancipada no le conven\u00eda a un hombre de tu edad, ese matrimonio habr\u00eda sido un error. Y adem\u00e1s, mira, todas aquellas cartas de amor son rid\u00edculas, creo que todas las cartas de amor son rid\u00edculas, en fin, te proteg\u00ed del rid\u00edculo, espero que me est\u00e9s agradecido.<\/p>\n<p>Yo la amaba, susurr\u00f3 Pessoa.<\/p>\n<p>Con un amor rid\u00edculo, replic\u00f3 Alvaro de Campos.<\/p>\n<p>S\u00ed, claro, es posible, respondi\u00f3 Pessoa, pero \u00bfy t\u00fa?<\/p>\n<p>\u00bfYo?, dijo Campos. Yo, bueno, a m\u00ed me queda la iron\u00eda, he escrito un soneto que nunca te he mostrado, habla de un amor que te incomodar\u00e1, porque est\u00e1 dedicado a un jovencito, un jovencito al que am\u00e9 y que me am\u00f3 en Inglaterra, resumiendo, a partir de este soneto nacer\u00e1 la leyenda de tus amores reprimidos, y algunos cr\u00edticos se frotar\u00e1n las manos.\u00a0<\/p>\n<p>\u00bfHas amado de verdad a alguien?, susurr\u00f3 Pessoa. \u00a0<\/p>\n<p>He amado de verdad a alguien, respondi\u00f3 en voz baja Campos.<\/p>\n<p>Entonces yo te absuelvo, dijo Pessoa, te absuelvo, cre\u00eda que en tu vida s\u00f3lo hab\u00edas amado la teor\u00eda.<\/p>\n<p>No, dijo Campos acerc\u00e1ndose a la cama, tambi\u00e9n he amado la vida, y si en mis odas futuristas y furibundas nada me he tomado en serio, si en mis poes\u00edas nihilistas todo lo he destruido, hasta a m\u00ed mismo, has de saber que en mi vida yo tambi\u00e9n he amado, con consciente dolor.<\/p>\n<p>Pessoa levant\u00f3 una mano e hizo una se\u00f1al esot\u00e9rica. Dijo: Te absuelvo, Alvaro, ve con los dioses sempiternos, si has tenido amores, si has tenido solo un amor, est\u00e1s absuelto, porque eres un ser humano, es tu humanidad la que te absuelve.<\/p>\n<p>\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0 \u00bfPuedo fumar?, pregunt\u00f3 Campos.<\/p>\n<p>\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0 Pessoa hizo un gesto afirmativo con la cabeza. Campos sac\u00f3 del bolsillo una pitillera de plata y cogi\u00f3 un cigarrillo, lo coloc\u00f3 en una larga boquilla de marfil y lo encendi\u00f3. Sabes, Fernando, dijo, siento nostalgia de cuando era un poeta decadente, de la \u00e9poca en que hice aquel viaje en trasatl\u00e1ntico por los mares de Oriente, ah, entonces habr\u00eda sido capaz de escribir versos a la luna, y, te lo aseguro, por la noche, en la cubierta, cuando hab\u00eda bailes a bordo, la luna era tan plenamente escenogr\u00e1fica, tan plenamente m\u00eda. Pero en aquel tiempo yo era un est\u00fapido, ironizaba sobre la vida, no sab\u00eda gozar de la vida que me hab\u00eda sido concedida, y as\u00ed perd\u00ed la oportunidad, y mi vida se ha disipado.<\/p>\n<p>\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0 \u00bfY despu\u00e9s?, pregunt\u00f3 Pessoa.<\/p>\n<p>\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0 Despu\u00e9s empec\u00e9 a querer descifrar la realidad, como si la realidad fuera descifrable, y lleg\u00f3 la desaz\u00f3n. Y con la desaz\u00f3n, el nihilismo, despu\u00e9s ya no he cre\u00eddo en nada, ni siquiera en m\u00ed mismo. Y hoy estoy aqu\u00ed, en la cabecera de tu cama, como un trapo in\u00fatil, he hecho las maletas para ir a ninguna parte, y mi coraz\u00f3n es un recipiente vac\u00edo. Campos fue hacia la mesa y aplast\u00f3 la colilla en un platito de porcelana. Bien, querido Fernando, dijo, necesitaba decirte estas cosas ahora que quiz\u00e1s estemos a punto de separarnos, tengo que irme, vendr\u00e1n tambi\u00e9n los otros a verte, lo s\u00e9, y a ti ya no te queda demasiado tiempo, adi\u00f3s.<\/p>\n<p>\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0 Campos se puso la capa sobre los hombros, se ajust\u00f3 el mon\u00f3culo en el ojo derecho, hizo un r\u00e1pido gesto de despedida con la mano, abri\u00f3 la puerta, se par\u00f3 un instante y repiti\u00f3: Adi\u00f3s, Fernando. Y despu\u00e9s susurr\u00f3: Tal vez no todas las cartas de amor sean rid\u00edculas. Y cerr\u00f3 la puerta.<\/p>\n<p><strong>3<\/strong><\/p>\n<p><strong>\u00a0<\/strong><\/p>\n<p><strong>\u00a0<\/strong><\/p>\n<p>\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0 \u00bfQu\u00e9 hora era? Pessoa no lo sab\u00eda. \u00bfEra de noche? \u00bfHab\u00eda llegado ya el d\u00eda? Vino la enfermera y le puso otra inyecci\u00f3n. Pessoa ya no notaba el dolor en el costado derecho. Ahora se encontraba en un estado de extra\u00f1a paz, como si una niebla hubiera descendido sobre \u00e9l.<\/p>\n<p>\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0 Los otros, pens\u00f3, ahora vendr\u00edan los otros. Naturalmente, quer\u00eda saludarlos a todos antes de marcharse. Pero un encuentro le ten\u00eda preocupado, el encuentro con el Maestro Caeiro: porque Caeiro ven\u00eda desde el Ribatejo y ten\u00eda una salud precaria. \u00bfC\u00f3mo vendr\u00eda a Lisboa, tal vez en una calesa? Es verdad que Caeiro ya estaba muerto, pero todav\u00eda estaba vivo, permanecer\u00eda eternamente vivo en aquella casa encalada del Ribatejo desde donde contemplaba con ojo implacable el transcurrir de las estaciones, la lluvia invernal y la can\u00edcula del verano.<\/p>\n<p>\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0 Oy\u00f3 que llamaban a la puerta y dijo: Adelante.<\/p>\n<p>\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0 Alberto Caeiro llevaba una chaqueta de pana con el cuello de piel. Era un hombre del campo y se ve\u00eda en su ropa.<\/p>\n<p>\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0 <em>Ave<\/em>, Maestro, dijo Pessoa, <em>morituri te salutant<\/em>. Caeiro se acerc\u00f3 al pie de la cama y se cruz\u00f3 de brazos. Mi querido Pessoa, dijo, he venido para decir una cosa, \u00bfme permite que le haga una confesi\u00f3n?<\/p>\n<p>\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0 Se lo permito, replic\u00f3 Pessoa.<\/p>\n<p>\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0 Pues bien, dijo Caeiro, cuando a usted le despertaba durante las noches un Maestro desconocido que le dictaba sus versos, que le hablaba del alma, pues bien, ha de saber que ese maestro era yo, era yo quien se pon\u00eda en contacto con usted del M\u00e1s All\u00e1.<\/p>\n<p>\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0 Lo supon\u00eda, mi amado Maestro, dijo Pessoa, supon\u00eda que se trataba de usted.<\/p>\n<p>\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0 Sin embargo, tengo que pedirle disculpas por haberle provocado tantos insomnios, dijo Caeiro, noches y noches en que usted no ha dormido y ha permanecido escribiendo como si estuviera en trance, siento remordimientos por haberle causado tantas molestias, por haber ocupado su alma. \u00a0<\/p>\n<p>Usted ha contribuido a mi obra, respondi\u00f3 Pessoa, usted ha guiado mi mano, me ha provocado insomnios, es verdad, pero para m\u00ed han sido noches fecundas, porque ha sido durante la noche cuando ha nacido mi obra literaria, la m\u00eda es una obra nocturna.<\/p>\n<p>Caeiro se quit\u00f3 la chaqueta y la colg\u00f3 en la cabecera de la cama. Pero no es \u00e9sta la \u00fanica cosa que quer\u00eda decirle, susurr\u00f3, hay un secreto que quisiera confesarle, antes de que las distancias interestelares nos separen, pero no s\u00e9 c\u00f3mo dec\u00edrselo.<\/p>\n<p>Pues d\u00edgamelo con toda normalidad, dijo Pessoa, como me dir\u00eda cualquier otra cosa.<\/p>\n<p>Ver\u00e1, respondi\u00f3 Caeiro, yo soy tu padre. Hizo una pausa, se alis\u00f3 sus escasos cabellos rubios y continu\u00f3: Yo he desempe\u00f1ado el papel de su padre, de su verdadero padre, Joaquim de Seabra Pessoa, que muri\u00f3 de tisis cuando usted era un ni\u00f1o. Pues bien, yo he ocupado su lugar.<\/p>\n<p>Pessoa sonri\u00f3. Lo sab\u00eda, dijo, siempre le he considerado mi padre, incluso en mis sue\u00f1os ha sido usted siempre mi padre, no tiene nada que reprocharse, Maestro, cr\u00e9ame, para m\u00ed usted ha sido un padre, aquel me ha dado la vida interior.<\/p>\n<p>Y sin embargo yo siempre he llevado una existencia sencilla, replic\u00f3 Caeiro, he vivido brevemente en una casa de campo en compa\u00f1\u00eda de una t\u00eda abuela, he hablado s\u00f3lo del tiempo que pasa, de las estaciones, de los reba\u00f1os.<\/p>\n<p>S\u00ed, confirm\u00f3 Pessoa, pero para m\u00ed usted ha sido un ojo y una voz, un ojo que describe, una voz que ense\u00f1a a los disc\u00edpulos, como Milarepa o S\u00f3crates.<\/p>\n<p>Yo soy un hombre casi sin instrucci\u00f3n, dijo Caeiro, mi vida ha sido muy sencilla, se lo repito, en cambio usted ha tenido una vida intensa, ha asumido las vanguardias europeas, ha inventado el Sensacionismo y el Interseccionismo, ha sido asiduo de los caf\u00e9s literarios de la capital, mientras que yo pasaba mis veladas haciendo solitarios con las caretas a la luz de una l\u00e1mpara de petr\u00f3leo, \u00bfc\u00f3mo es posible que me haya convertido en su padre y su Maestro?<\/p>\n<p>La vida es indescifrable, respondi\u00f3 Pessoa, nunca hay que preguntar, nunca hay que creer, todo est\u00e1 oculto.<\/p>\n<p>S\u00ed, continu\u00f3 Caeiro, pero insisto, \u00bfc\u00f3mo es posible que me haya convertido en su padre y su Maestro?<\/p>\n<p>Pessoa se incorpor\u00f3 sobre las almohadas. Respiraba con dificultad y la habitaci\u00f3n ondulaba ante sus ojos.<\/p>\n<p>Ver\u00e1, querido Caeiro, respondi\u00f3, el hecho es que yo necesitaba un gu\u00eda y un coagulante, no s\u00e9 si me explico, de otro modo mi vida se hubiera hecho mil pedazos, gracias a usted he encontrado una cohesi\u00f3n, en realidad soy yo quien lo eligi\u00f3 a usted como padre y Maestro.<\/p>\n<p>Entonces le voy a dar un regalo que le he tra\u00eddo, dijo Caeiro, son unos pocos versos escritos en prosa, que jam\u00e1s publicar\u00e9, ahora que usted me abandona se los dir\u00e9 de viva voz, son el testimonio de mi afecto por usted. Caeiro sac\u00f3 una hoja del bolsillo, acerc\u00f3 el papel a sus ojos, porque era miope, y ley\u00f3: En estos largos a\u00f1os siempre he contemplado la luna, pero con la mirada n\u00edtida he seguido a mi hijo y disc\u00edpulo, para que mi mirada pudiera ser su mirada, para que la colina que traza mi horizonte pudiera ser su horizonte modesto y magn\u00edfico.<\/p>\n<p>Es un poema bell\u00edsimo, dijo Pessoa, se lo agradezco, Maestro Caeiro, me lo llevar\u00e9 conmigo al M\u00e1s All\u00e1.<\/p>\n<p>Usted ha escrito tantas poes\u00edas por m\u00ed, continu\u00f3 Alberto Caeiro, yo tambi\u00e9n quer\u00eda despedirlo con el homenaje de una persona que siempre lo ha admirado.<\/p>\n<p>Pessoa cerr\u00f3 los ojos un instante. Cuando volvi\u00f3 a abrirlos la habitaci\u00f3n estaba desierta. Toc\u00f3 el timbre para llamar a la enfermera. \u00bfQu\u00e9 d\u00eda es hoy?, pregunt\u00f3.<\/p>\n<p>Es la noche del veintiocho de noviembre de mil novecientos treinta y cinco, respondi\u00f3 la enfermera. \u00bfNecesita alguna cosa?<\/p>\n<p>No, gracias, respondi\u00f3 Pessoa, s\u00f3lo necesito descansar.<\/p>\n<p>\u00a0&#8211;<\/p>\n<p>&#8211;<\/p>\n<p><strong>Antonio\u00a0 Tabucchi <\/strong><\/p>\n<p><strong>p.\u00a0 1-7<\/strong><\/p>\n<p>\u00a0Ed. Alianza de Bolsillo<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>. &#8211; LOS\u00a0 TRES \u00daLTIMOS D\u00cdAS DE FERNANDO PESSOA &#8211; &#8211; \u00a0 \u00a0 28 de noviembre de 1935 \u00a0 \u00a0 1 \u00a0 \u00a0 Antes tengo [&hellip;]<\/p>\n","protected":false},"author":1,"featured_media":0,"comment_status":"closed","ping_status":"closed","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"footnotes":""},"categories":[3],"tags":[],"class_list":["post-4202","post","type-post","status-publish","format-standard","hentry","category-taller"],"_links":{"self":[{"href":"http:\/\/marceloscalona.com.ar\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts\/4202","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"http:\/\/marceloscalona.com.ar\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"http:\/\/marceloscalona.com.ar\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"http:\/\/marceloscalona.com.ar\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/users\/1"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"http:\/\/marceloscalona.com.ar\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Fcomments&post=4202"}],"version-history":[{"count":1,"href":"http:\/\/marceloscalona.com.ar\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts\/4202\/revisions"}],"predecessor-version":[{"id":4203,"href":"http:\/\/marceloscalona.com.ar\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts\/4202\/revisions\/4203"}],"wp:attachment":[{"href":"http:\/\/marceloscalona.com.ar\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Fmedia&parent=4202"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"http:\/\/marceloscalona.com.ar\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Fcategories&post=4202"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"http:\/\/marceloscalona.com.ar\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Ftags&post=4202"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}