{"id":4249,"date":"2012-04-05T14:49:07","date_gmt":"2012-04-05T17:49:07","guid":{"rendered":"http:\/\/www.nuestrotaller.com.ar\/?p=4249"},"modified":"2012-04-05T14:49:07","modified_gmt":"2012-04-05T17:49:07","slug":"damian-fornaso-2%c2%ba-premio-nivel-tres","status":"publish","type":"post","link":"http:\/\/marceloscalona.com.ar\/?p=4249","title":{"rendered":"DAMI\u00c0N FORNASO, 2\u00ba Premio Nivel Tres"},"content":{"rendered":"<h3><span style=\"color: #993300;\"><em>.<a href=\"http:\/\/www.nuestrotaller.com.ar\/wp-content\/uploads\/2012\/04\/Fornaso.jpg\"><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" class=\"alignright size-large wp-image-4250\" title=\"Fornaso\" src=\"http:\/\/www.nuestrotaller.com.ar\/wp-content\/uploads\/2012\/04\/Fornaso-402x494.jpg\" alt=\"\" width=\"402\" height=\"494\" srcset=\"http:\/\/marceloscalona.com.ar\/wp-content\/uploads\/2012\/04\/Fornaso-402x494.jpg 402w, http:\/\/marceloscalona.com.ar\/wp-content\/uploads\/2012\/04\/Fornaso-153x188.jpg 153w, http:\/\/marceloscalona.com.ar\/wp-content\/uploads\/2012\/04\/Fornaso-488x600.jpg 488w, http:\/\/marceloscalona.com.ar\/wp-content\/uploads\/2012\/04\/Fornaso.jpg 581w\" sizes=\"auto, (max-width: 402px) 100vw, 402px\" \/><\/a><\/em><\/span><\/h3>\n<h3><span style=\"color: #993300;\"><em>Despu\u00e9s del almuerzo<\/em><\/span><\/h3>\n<p>\u00a0&#8211;<\/p>\n<p>&#8211;<\/p>\n<p>En el cuarto hay dos personas durmiendo sobre una cama de dimensiones extraordinarias, de las que llaman King. En la cabecera de la cama, detr\u00e1s de las almohadas donde las dos personas apoyan sus cabezas hay, no menos, que cuatro almohadones en compose con el acolchado, que no parece demasiado abrigado. Tanto en el acolchado como en los almohadones predominan los colores pastel: rosa, blanco tiza y celeste.\u00a0 Sobre la mesa de luz de la derecha hay un portarretrato con una foto de las dos personas que duermen en la cama, se las puede ver con el mar detr\u00e1s, bronceados. Tambi\u00e9n reposa sobre la mesa de noche una peque\u00f1a botella de agua a medio llenar, un libro titulado \u201cIngrid y Ver\u00f3nica\u201d y una caja de pastillas anticonceptivas. En la mesa de luz de la izquierda hay un libro titulado \u201cEconom\u00eda para todos\u201d y un radio reloj despertador que marca, en n\u00fameros naranjas, las seis y cuarenta y siete. Por la ventana que mira al este se filtran peque\u00f1os rayos de luz: solo para distinguir las siluetas de los muebles. Al oeste de la pieza una puerta de madera cerrada. Sobre la ventana, un aire acondicionado Split refresca la habitaci\u00f3n del exagerando calor que habita en el resto de la casa.<\/p>\n<p>Dos minutos m\u00e1s tarde Uno abre sus ojos y mira el reloj, que ahora marca las seis y cuarenta y nueve. Se vuelve sobre el otro lado de la cama para observar a B que sigue tranquilamente dormida. Uno la contempla dormir durante varios minutos y, como cada vez que lo \u00a0hacerlo, siente un extra\u00f1o placer. Luego aprieta uno de los botones que se encuentran junto arriba de los n\u00fameros que marcan la hora, en el radio reloj, para que no suene a las siete y despierte a B.<\/p>\n<p>Se dispone a esperar que lleguen las siete en punto para levantarse. Mientras los minutos van acortando la distancia hacia ese momento, repasa los acontecimientos del d\u00eda. Lo que m\u00e1s le fastidia es el almuerzo que tiene programado para la una del mediod\u00eda. Si bien \u00e9l es solo un mensajero, ni siquiera as\u00ed, por cuenta y orden de otro, le gusta pedirle nada a nadie, y sabe que para llegar al resultado que alguien espera, tendr\u00e1 que rogar, pero sabe que nunca llegar\u00e1 a tanto.<\/p>\n<p>Por fin el reloj marca las siete, solo se escucha como el aire acondicionado sopla, suavemente, el aire fresco. Uno se levanta lentamente, est\u00e1 desnudo, entonces, sin encender la luz, utilizando solo los peque\u00f1os rayos solares que entran por la ventana, busca en el suelo hasta dar con un b\u00f3xer, pon\u00e9rselo e ir hacia el oste de la pieza y abrir la puerta lentamente, tomando los recaudos necesarios para que no chille. Luego sale.<\/p>\n<p>Al otro lado de la puerta se derrumbaba la ilusi\u00f3n generada por el aire acondicionado, la temperatura promedia los veintis\u00e9is grados. Minutos m\u00e1s tarde, por la radio, informaban que la m\u00e1xima esperada para el d\u00eda iba a estar en los treinta y ocho grados, pasadas las dos de la tarde. Uno se lav\u00f3 los dientes y se moj\u00f3 la cabeza, no utiliz\u00f3 esta vez la bacha del ba\u00f1o, directamente tomo el duchador que colgaba sobre la ba\u00f1era. Luego, otra vez sobre la bacha y mir\u00e1ndose al espejo se frot\u00f3 las manos con un gel (efecto h\u00famedo) que coloc\u00f3 en su cabellera para peinarse, tir\u00e1ndose todo el pelo hacia atr\u00e1s.<\/p>\n<p>Todav\u00eda en b\u00f3xer, ahora, en la cocina, abri\u00f3 la heladera que ilumin\u00f3 parte del ambiente y sac\u00f3 de la puerta una botella de jugo de naranja en un envase de cart\u00f3n. Encendi\u00f3 la radio, el dial clavado en Radio Diez, donde varios hombres hablaban de la ola de calor que atosigaba a toda la Argentina.<\/p>\n<p>Uno, luego de tomar del pico de la botella de cart\u00f3n, un par de tragos de jugo de naranja, lo dej\u00f3 sobre la mesada de la cocina y volvi\u00f3 sobre sus pasos. Tomo el pasillo que lo llevaba\u00a0 a la pieza donde segu\u00eda descansando B, pero ahora abri\u00f3 la puerta de enfrente de la habitaci\u00f3n donde el calor no acechaba. Se dirigi\u00f3 hacia los placares, abri\u00f3 una de las puertas corredizas, la que se encuentra m\u00e1s cerca del ingreso, y eligi\u00f3 uno, entre los ocho trajes que colgaban dentro del placar. Cerr\u00f3 la puerta y abri\u00f3 la otra para elegir una camisa y una corbata que vayan con el traje. Volvi\u00f3 a la cocina, tomo otro poco de jugo y mientras se cambiaba un una de las sillas que rodeaban a la mesa rectangular, se cambi\u00f3, mientras escuchaba las novedades del d\u00eda.<\/p>\n<p>Uno no imaginaba que ese d\u00eda iba a terminar siendo tr\u00e1gicamente inolvidable. Una vez cambiado, tomo las llaves del auto, baj\u00f3 por el ascensor hasta las cocheras y, luego de encender la radio del auto, se encamin\u00f3 hacia la oficina.<\/p>\n<p>En un departamento de pasillo, cuando el reloj de un equipo de m\u00fasica marca las diez de la ma\u00f1ana, de este mismo sale una fuerte m\u00fasica. La habitaci\u00f3n se llen\u00f3 de la inconfundible voz de Jaime Ross \u201c\u2026la calle Durazno, nace a la intemperie\u2026\u201d.\u00a0 El ventilador de techo gira in\u00fatilmente y mueve el aire caliente y h\u00famedo de la habitaci\u00f3n. El techo es alto y de pintura descascarada. Sobre la cama y entre un manojo de s\u00e1banas desordenadas reposa una persona sudorosa. La espalda parece adherida a la s\u00e1bana elastizada que recubre el colch\u00f3n. Sobre la pared Este hay varios estantes, hechos con madera sostenida de la pared por una T, donde reposan cientos de libros. Junto a la puerta, sobre la pared Norte, hay un sill\u00f3n de mimbre con un almohad\u00f3n que, aparentemente, fue blanco y arriba un libro abierto con las hojas hacia abajo. El libro es 2666 de Bola\u00f1o.\u00a0 A la izquierda de la cama, casualmente la parte de la cama que no linda con la pared, sobre el piso de pinotea hay un cenicero con tres colillas de cigarrillo y un poco de ceniza, un vaso con agua y un librito de poes\u00edas de Ricardo Parma.<\/p>\n<p>El hombre que reposa en la cama se despereza al ritmo del candombe uruguayo. Se refriega los ojos, se toca su pene por dentro del calzoncillo para luego sentarse sobre la cama. Con el pie izquierdo, ya sentado en la cama, corre el cenicero hasta alejarlo una distancia caprichosa. Toma del agua que est\u00e1 en el vaso hasta acabarla y se seca la transpiraci\u00f3n de su frente. Toma el libro del suelo y lo apoya sobre la cama.<\/p>\n<p>Se termina de incorporar, camina hacia una ventana, abre ambas placas de madera y el sol \u00a0se apodera del lugar. Abre y cierra los ojos un par de veces hasta acostumbrarse a la claridad. La ventana da a un patio de baldosas, donde hay un par de masetas con plantas, un perro durmiendo, una escalera, un tabl\u00f3n y dos caballetes apoyados sobre una pared, una pileta de cemento y un balde azul debajo.<\/p>\n<p>Dos es profesor de Lengua y Literatura en un colegio privado cercano a su casa, los jueves es su d\u00eda libre donde puede dormir un poco m\u00e1s de lo habitual y dedicarse a sus escritos y sus libros.\u00a0 El resto de la semana da clases desde las siete de la ma\u00f1ana y hasta las doce del mediod\u00eda. Los cursos que tiene a cargo van, de segundo a quinto. Los alumnos de quinto a\u00f1o por tercera vez consecutiva lo invitaron al viaje de graduados, Dos, por tercera vez consecutiva, se neg\u00f3.\u00a0<\/p>\n<p>Adem\u00e1s de ganarse la vida como docente, Dos escribe en un par de diarios una peque\u00f1a columna semanal sobre literatura y filosof\u00eda, y en un par de revistas que, gratuitamente, reparten ciertas librer\u00edas de renombre de la ciudad. Entre el sueldo como docente y estos peque\u00f1os trabajos, Dos vive dignamente, sin lujos, sin grandes aspiraciones, pero sin falencias elementales.<\/p>\n<p>Como todas las ma\u00f1anas que no trabaja, mientras suena ya \u201cLa colombina\u201d, se prepara unos mates y se sienta frente a la computadora a revisar sus mail. Como era de sospechar no ten\u00eda ning\u00fan mail de importancia, destac\u00f3 uno donde lo invitaban a participar de un concurso de relatos cortos, el premio consist\u00eda en tres mil pesos y un viaje a C\u00f3rdoba, para dos personas, donde se realizar\u00eda la entrega de premios. El concurso lo organiza la biblioteca de Viale Mass\u00e9. Elimin\u00f3 el resto de los mails y este \u00faltimo lo guard\u00f3 en la carpeta \u201cBorradores\u201d.<\/p>\n<p>Luego abri\u00f3 la carpeta donde guardaba sus trabajos y sus apuntes, ten\u00eda una novela en la cabeza desde hac\u00eda un tiempo. Tambi\u00e9n ten\u00eda algo escrito y pens\u00f3 que era momento de empezar a darle forma para poder intentar editar de una vez por todas. Si bien la familia de Dos era clase media alta, a punto de dar el salto hacia la clase de elite en forma definitiva, nunca quiso su ayuda econ\u00f3mica.<\/p>\n<p>Dos, hab\u00eda le\u00eddo en alg\u00fan lado la historia de un chico que queda encerrado en un Shopping, si bien Dos no recuerda cuales fueron las razones para que un bebe fuera olvidado en un Shopping y luego encerrado, tiene la idea de un conflicto gremial donde el centro comercial no vuelve abrir sus puertas y tampoco se llegan a sacar las cosas de los negocios. El ni\u00f1o de tan solo seis meses pasa dentro del lugar catorce a\u00f1os. Dos piensa que se ha escrito sobre ni\u00f1os olvidados en la selva y criado por los monos, en miles de ocasiones. Inclusos se han realizado un centenar de pel\u00edculas con esa idea, y concluye que, no estar\u00eda mal modernizar la historia.<\/p>\n<p>Tiene algunas ideas en la cabeza, sabe como el ni\u00f1o pasa los primeros a\u00f1os de vida, ya que el centro comercial tambi\u00e9n cuenta con un supermercado y el ni\u00f1o comienza a alimentarse, no con las cosas que elige sino solo con las que llega a tomar desde\u00a0 su gateo y que puede abrir con sus fr\u00e1giles manos. Tambi\u00e9n sabe que el peque\u00f1o, al ir creciendo empieza a utilizar diferentes lugares para descansar hasta que termina eligiendo un negocio de venta de camas, somieres, almohadas y productos afines al sue\u00f1o. Tambi\u00e9n tiene claro que aprende a hablar mirando los grandes televisores en las casas de electr\u00f3nica. Y que gracias a la variedad de canales comienza a utilizar, sin saberlo, diferentes idiomas ya que, al no saber que existen diferentes lenguas, cree que la diversidad de vocabularios sirve para poder expresarse de diferentes maneras. Por esto cree que se escribe en castellano, que se habla en portugu\u00e9s, que se canta en ingl\u00e9s, que se grita en italiano, que se dan \u00f3rdenes en alem\u00e1n y que se recita en franc\u00e9s. Si bien Dos tiene una explicaci\u00f3n para cada una de estas alternativas del lenguaje, algunas tan obvias como la sonoridad del ingl\u00e9s para ser cantado o el romanticismo del franc\u00e9s para ser recitado, no viene al caso el desarrollo de cada una de ellas, y le dejamos al lector que elija sus propios motivos para la utilizaci\u00f3n de los idiomas.<\/p>\n<p>Dos tiene la ilusi\u00f3n de poder realizar una cr\u00edtica moral a la sociedad moderna y las econom\u00edas liberales mediante esta novela que intenta armar. Si bien sabe, que la idea original es de otro escritor, pretende tomarla para modificarla y profundizarla. En literatura, siempre dice Dos, est\u00e1 todo inventado, ahora solo resta saber copiar y pegar. Utilizar las palabras de otros en otro orden y con otro significado aparente.<\/p>\n<p>Un par de horas antes, mientras Uno maneja hacia su oficina, y luego de escuchar un comentario en la radio piensa en lo f\u00e1cil que ser\u00eda poder utilizar las letras como los n\u00fameros, piensa en lo cruel de\u00a0 los lenguajes y en las horas que ha invertido en el estudio de otras lenguas. Si se pudiera evitar, salvar de alguna manera, las diferentes lenguas, todo ese tiempo \u201cperdido\u201d en el estudio de diferentes idiomas se hubiera podido utilizar para otras cosas, sin duda.<\/p>\n<p>Si los idiomas, la literatura en general, pudiera ser tan exacta como las matem\u00e1ticas, no habr\u00eda margen para las interpretaciones ni para los malos entendidos. Piensa tambi\u00e9n en la maldad de Dios en mandar a construir al hombre la torre de Babel y cree tener un motivo m\u00e1s para no creer en su bondad.<\/p>\n<p>Si bien, se dice, los n\u00fameros son relativos en algunos casos, como cuando hablamos de diferentes tipos de cambio, no es lo mismo dos mil pesos que dos mil d\u00f3lares, pero (a Uno le encanta decir la frase Ceteris Paribus, aunque al estar solo en el auto la omite) si tomamos como una variable fija el tipo de cambio, donde todas la monedas valgan lo mismo, los n\u00fameros son universales. A pesar de, por culpa de las leguas, pronunciarse distinto, en todos los lugares del mundo dos mil personas, son dos mil personas, tres mil dividido dos es mil quinientos y dos m\u00e1s dos es cuatro.\u00a0 Sigue manejando e intenta avanzar con este pensamiento de utilizar un idioma universal como las matem\u00e1ticas, definitivamente el invento m\u00e1s importante en la historia de la humanidad, pero naufraga en el intento de desarrollar la hip\u00f3tesis y desiste en la idea de llegar a la oficina plantear el tema y debatirlo con sus empleados.<\/p>\n<p>Todav\u00eda no sabemos a que se dedica Uno, pero todo indica que es una persona con un buen pasar, que tiene empleados a su cargo y que prefiere las matem\u00e1ticas a la literatura. Esto no quita que sea un lector regular. Si bien, como sabemos, en estos momentos est\u00e1 leyendo un libro sobre econom\u00eda, que propone que la econom\u00eda no es solo para los entendidos. Si volvemos al cuarto donde sac\u00f3 su traje, su camisa y su corbata, podemos encontrarnos con una biblioteca que alberga unos sesenta libros, entre los que se encuentran, claro est\u00e1, los libros de B. Pero observando solo los libros de Uno podemos encontrar piezas como \u201cEl Psicoanalista\u201d, \u201cHistoria del Loco\u201d, \u201cSe lo que est\u00e1s pensando\u201d, varios libros de Mankel y tambi\u00e9n tres ediciones de bolsillo de Fred Vargar. Definitivamente en la literatura elige el entretenimiento de los policiales. Conviviendo con estos ejemplares tenemos una docena de libros de econom\u00eda y negocios.<\/p>\n<p>Uno llega a la empresa como todas las ma\u00f1anas media hora antes que el resto de los empleados. Le gusta tener un rato en soledad para disfrutar del desayuno que la moza del bar de la vuelta le deja, religiosamente, a las ocho de la ma\u00f1ana sobre su escritorio. Mientras desayuna lee algunos diarios por Internet y revisa su taco financiero, quien le recuerda las actividades del d\u00eda. Por segunda vez se fastidia del almuerzo que tiene programado, piensa en llamar a su padre en un rato para solicitarle cancelar la reuni\u00f3n que \u00e9ste le pidi\u00f3 que tenga, pero sabe que ser\u00eda una p\u00e9rdida de tiempo, y si bien es su padre, tambi\u00e9n es el due\u00f1o de la empresa y Uno sabe separar las cosas familiares de las cosas laborales, aunque, en este caso, como vamos a darnos cuenta, todo esta mezclado.<\/p>\n<p>Volv\u00ed a entrar a la casa de mi hermano mucho tiempo despu\u00e9s del d\u00eda que le brind\u00e9 ayuda para mudarse. Justamente, esta segunda vuelta era para sacar las cosas luego de que muriese en una de esas muertes rid\u00edculas, en una ruta nacional. Volv\u00eda de C\u00f3rdoba, de recibir un premio por un cuento, o por un relato, o por un poema, lo mismo da. Ese rid\u00edculo capricho de escribir lo termin\u00f3 alejando de la empresa familiar y de la familia misma.<\/p>\n<p>No es una gran cosa, la empresa digo, pero como todo en este pa\u00eds es c\u00edclico, el viento de cola sopla desde hace unos a\u00f1os, con el auge de la construcci\u00f3n. Nosotros vendemos y colocamos vidrio, el negocio era mediado, hasta finales del dos mil cuatro. Los gringos empezaron a cambiar soja por ladrillos (con ventanas) y ah\u00ed entramos nosotros.<\/p>\n<p>Una ma\u00f1ana nos despertamos y hab\u00edamos ganado la licitaci\u00f3n de las torres Dolfines. Sin duda, esto era un gran golpe, de suerte. No quedaba otra que hacerse cargo del empuj\u00f3n y agrandar la empresa, en capital y en personal, por eso mi padre intentar\u00eda por en\u00e9sima vez convencer a Alejandro (mi hermano) para que nos diera una mano en el negocio, necesit\u00e1bamos delegar, pero en alguien de confianza, y que mejor que alguien de la familia. Me pidi\u00f3 que sea yo la persona que hable con \u00e9l para pedirle que nos ayude a conducir hacia el nuevo rumbo que, sin duda, tom\u00e1bamos.<\/p>\n<p>Lo llam\u00e9 como hab\u00edamos quedado, le dije que eligiera \u00e9l un bar, ya que si lo hac\u00eda yo, me iba hacer alg\u00fan comentario sarc\u00e1stico, con cierto humor, siempre \u00e1cido. Invitame a desayunar ac\u00e1 en Albahaca, el bar de la esquina de mi casa, me dijo. Nos vemos ah\u00ed tipo diez y media si podes. Mejor te invito a almorzar, tengo una ma\u00f1ana complicada. Sos un tipo complicado vos, un hombre de negocios. Lo deje pasar, le propuse que nos veamos a la una.<\/p>\n<p>Cuando llegu\u00e9 lo vi ocupando una mesa junto a la ventana, siempre se sentaba junto a las ventanas, se perd\u00eda con la gente que pasaba y quedaba, de a ratos, como hipnotizado con algo, siempre intrascendente. Mi madre dec\u00eda \u201cAle tiene atenci\u00f3n dispersa, \u00e9l vive en un mundo distinto al nuestro\u201d. Se peleaba mucho con mi padre, ya que \u00e9l sosten\u00eda que era un vago que no quer\u00eda tomar responsabilidades en serio, y que con esa excusa de la escritura evitaba, desde trabajar con nosotros en el negocio, hasta formar una familia o\u00a0 al menos una pareja estable.<\/p>\n<p>Mientras me acercaba a la mesa donde \u00e9l ocupaba, el mozo le destapaba una botella de vino. Ya hab\u00eda sobre la mesa una panera con mi\u00f1ones y grisines, una soda todav\u00eda tapada y una hielera de acero inoxidable; infaltable tambi\u00e9n un libro que se dejaba ver en la silla que quedaba a su derecha. No mir\u00e9 que estaba leyendo, aunque luego \u00e9l me lo iba a contar. Cuando, a tan solo unos pasos de la mesa, me vio llegar, se par\u00f3 y me dio un fuerte abrazo y un beso. Nos sentamos y me ofreci\u00f3 vino, con la botella en la mano. Le dije que yo al mediod\u00eda nunca tomaba. Ni siquiera cuando comes con tu hermano menor, me pregunt\u00f3, mientras sosten\u00eda la botella en su mano derecha y ensayaba una sonrisa casi real. No, en serio, despu\u00e9s tengo que seguir laburando y me da sue\u00f1o. Andate a dormir la siesta si te da sue\u00f1o. Sab\u00eda que si le contestaba lo que en realidad pensaba se iba a tornar un almuerzo lleno de discusiones, reproches y conversaciones b\u00e9licas que no llegar\u00edan a ning\u00fan puerto, ni bueno ni malo, solo impotente.\u00a0 Le dije que no, que en serio no quer\u00eda, que muchas gracias, que con la soda me arreglaba. Se sirvi\u00f3 media copa y se puso un hielo.<\/p>\n<p>Afuera hacia un d\u00eda de calor, soleado, sin nubes ni amenazas, lento, de verano que asfixia. Con las pocas palabras que hab\u00edamos cruzado, sospech\u00e9 que adentro ser\u00eda ventoso, con nubarrones, tal vez lento o inamovible. Me iba a equivocar.<\/p>\n<p>Mi padre hab\u00eda puesto sobre m\u00ed el peor de los trabajos, los dos sab\u00edamos que Alejandro era intransigente en su postura de no trabajar en el negocio familia. Lo sab\u00eda tan bien como yo, pero por una cuesti\u00f3n que no llegaba a comprender, ni comprendo ahora, se empecinaba en insistir. En un momento se me hab\u00eda antojado pensar que era para no sentir culpa, culpa de tener un hijo tan distinto a \u00e9l, a mi. Un bohemio que no sab\u00eda manejar, le aterraba esa imagen de un hombre que no supiera manejar \u201cni manejar sabe, que podes pretender de un tipo que no sabe manejar\u201d. Insistir hasta\u00a0 el \u00faltimo \u201cno\u201d para saber que \u00e9l hizo lo imposible para darle un lugar. Un lugar que no quer\u00eda ocupar, que solo era un capricho de mi padre que nunca lleg\u00f3 a entender otras formas de felicidad. Ahora no pienso ni siquiera en eso. No me importa para qu\u00e9 insist\u00eda.<\/p>\n<p>Cada uno con una carta en la mano y sin mirarnos pas\u00e1bamos las hojas, sospechaba que \u00e9l ya sab\u00eda qu\u00e9 iba a comer, iba seguido a ese lugar, comentaba. No quer\u00eda pedir nada pesado, el d\u00eda iba a ser largo. Le pregunt\u00e9 que tal eran las ensaladas, si era mejor la completa o la especial, no por verdadera curiosidad sino para hacerlo participar de mi decisi\u00f3n, tan simple e intrascendente como un men\u00fa de mediod\u00eda, con el prop\u00f3sito de tener un punto en com\u00fan. Me dijo que \u00e9l no com\u00eda nunca ensaladas, pero que las costeletas que hac\u00edan eran una cosa de locos. Me decid\u00ed por la ensalada completa que promet\u00eda traer esp\u00e1rragos. \u00c9l pidi\u00f3 una suprema con una tortilla de papas babe\u00e9.<\/p>\n<p>Como sospech\u00e9 los esp\u00e1rragos eran un efecto decorativo m\u00e1s que comestible, estaban duros y tan solo tra\u00eda dos. Me devor\u00e9 la tortilla con los ojos pero no acept\u00e9 cuando me ofreci\u00f3 un octavo. Mientras almorzamos no quer\u00eda tocar el tema que nos reun\u00eda, sent\u00ed la necesidad de disfrutar del almuerzo, no me era f\u00e1cil, viv\u00edamos en realidades tan distintas que casi no encontr\u00e1bamos puntos en com\u00fan m\u00e1s que una ni\u00f1ez lejana y borrosa, un lugar com\u00fan un tanto cursi. Por suerte me pregunt\u00f3 si yo segu\u00eda yendo al Club. El otro d\u00eda pas\u00e9 con la bicicleta por el paseo Ribere\u00f1o, iba para Granadero Baigorria y me d\u00ed cuenta que ten\u00eda a Regatas ah\u00ed nom\u00e1s, me tent\u00f3 pasar, pero de saber la sarta de explicaciones que iba a tener que darle al portero para que me deje ver como estaba el club, desist\u00ed.<\/p>\n<p>Si, sigo yendo, la hice socia a Bel\u00e9n y tenemos un lindo grupo, los s\u00e1bados jugamos al f\u00fatbol en la canchita de afuera, decadente le decimos, somos todos ex jugadores que nunca jugamos en ning\u00fan lado, pero nos divertimos. Todo igual entonces, dijo. Si, falta la tribuna y la cancha de bochas, hicieron como una glorieta y pusieron mesas para que la gente que se queda a comer un asado tenga un poco m\u00e1s de lugar. Me pregunt\u00f3 por algunos de los chicos que se juntaban con nosotros pero ninguno hab\u00eda vuelto al club. Yo sigo teniendo relaci\u00f3n con el Melli, Leandro, vive en Europa hace muchos a\u00f1os, primero en Florencia y ahora est\u00e1 en Barcelona, tiene un laburo piola, traduce pel\u00edculas del ingles al castellano, nos escribimos siempre. No quise pensarlo, pero me tomo por asalto el comentario en mi cabeza: el Melli Leandro era de los raros, como \u00e9l, que no les gustaba jugar a la pelota y que en verano se la pasaban encerrados jugando al TEG, en el sal\u00f3n del club.<\/p>\n<p>Me alegr\u00e9 cuando sent\u00ed que la charla flu\u00eda sin darme cuenta, sin hacer esfuerzos, sin buscar temas. Sal\u00edan nombres y an\u00e9cdotas de la ni\u00f1ez y de la adolescencia. Se re\u00eda cuando le contaba que ahora jugaba tambi\u00e9n al tenis, que no jugaba tanto al f\u00fatbol por los tobillos y la rodilla. No pod\u00eda creer que tomara clases de tenis. Como los viejos culo roto digamos, tiro entre risas. Pero su frase fue genuina, no hab\u00eda sarcasmo ni maldad, por eso no me molest\u00f3. Me re\u00ed con ganas de que me viera como un viejo culo roto.<\/p>\n<p>Como decimos en el negocio, siempre hay que tratar de tener reciprocidad comercial, si bien ac\u00e1 lo comercial todav\u00eda no hab\u00eda salido a la luz, luego de que \u00e9l proponga un tema que me ca\u00eda tan c\u00f3modo como la vida de club, le pregunt\u00e9 por el libro que reposaba en la silla vac\u00eda. Result\u00f3 ser un libro que no hab\u00eda le\u00eddo a\u00fan pero, me cont\u00f3, hac\u00eda mucho que lo buscaba. La \u00faltima vez que estuve en Capital, comenz\u00f3, para la feria del libro, \u00a0camin\u00e9 calle Corrientes, desde la nueve de Julio para el lado oeste como diez cuadras, de las dos veredas, est\u00e1n llenas de teatros y de librer\u00edas, con libros usados y dem\u00e1s, pero no lo pude conseguir. Por eso, lo hab\u00eda encargado en una de ac\u00e1 de Rosario, hac\u00eda como dos meses y ah\u00ed estaba. El libro se llamaba Firmin, me cont\u00f3 la historia de un tal Sam Savage, definitivamente un tipo muy especial que hab\u00eda sido, antes de escritor (como si alguna vez, alguien que es escritor, podr\u00eda no haber sido escritor, me dijo, pero no llegu\u00e9 a entender bien a que se refer\u00eda) hab\u00eda sido carpintero, pescador de cangrejos y tip\u00f3grafo. Definitivamente tres actividades que poco ten\u00edan que ver entre si, para despu\u00e9s, terminar siendo escritor. Claro que tambi\u00e9n hab\u00eda estudiado filosof\u00eda y hab\u00eda sido profesor en un par de Universidades.<\/p>\n<p>La verdad que, en general, este tipo de cosas no me interesan en lo m\u00e1s m\u00ednimo, pero me sent\u00eda a gusto y con muy pocas ganas de que se termine la historia del tipo este y, no me quede otra, que tomar al toro por las astas e intentar convencerlo de que se incorpore al negocio familiar.<\/p>\n<p>Como realmente me interes\u00f3 la particular historia de este tal Sam, le pregunt\u00e9 de qu\u00e9 se trataba el libro. Lo bueno de saber que nunca vas a leer tal libro o nunca vas a ver cual pel\u00edcula, es la falta de miedo a saber el final, esto mismo me pasaba a mi sentado frente a mi hermano. Me dijo que se trataba un poco de \u00e9l. Me re\u00ed con ganas pero \u00e9l me estir\u00f3 el libro para que leyera su sinopsis. Lo tome en mis manos, corr\u00ed el recipiente donde estaba la ensalada, lo apoye sobre la mesa, saque los lentes del bolsillo de mi camisa a cuadros y le\u00ed con atenci\u00f3n. El libro trataba de una rata. Lo mir\u00e9 con extra\u00f1es y le pregunt\u00e9 si en serio el libro era sobre una ratita. Si, segu\u00ed leyendo. Otra vez repas\u00e9 el primer rengl\u00f3n para, esta vez, leer hasta el final. Una rata que viv\u00eda en una biblioteca, una rata culta y marginada por eso. Ah\u00ed entend\u00ed a lo que se refer\u00eda con eso de \u201cse trata de m\u00ed\u201d. La rata Firmin naci\u00f3 en el s\u00f3tano de una librer\u00eda, rezaba la contratapa, de un decadente barrio de Boston. Aprende a leer digiriendo su nido hecho de un libro cortado en tiras. Devora papel, que es el alimento m\u00e1s f\u00e1cil de encontrar; de esta manera aprende a leer y esto la humaniza y la convierte en un ser marginado de su familia. Busca la amistad de su h\u00e9roe, el librero Norman Shine y de un escritor de ciencia ficci\u00f3n fracasado: Jerry Magoo. Firmin es sobre todo una rata bibli\u00f3fila, cin\u00e9fila, coqueta y con un car\u00e1cter bastante depresivo, pero al mismo tiempo entra\u00f1able y admirable\u2026<\/p>\n<p>Vos nos sos un marginado por tu familia, sino que es exactamente al rev\u00e9s, vos marginas a tu familia, pap\u00e1 quiere que vos est\u00e9s con nosotros en esto, sino tenemos que ir a buscar afuera una persona y nunca va\u00a0 a ser de tu confianza. Trate de explicarle. Pero sigui\u00f3 con que nuestro padre no super\u00f3 nunca su vocaci\u00f3n hac\u00eda las letras. El viejo quiso hacer guita y la hizo, vos segu\u00eds con el negocio y tambi\u00e9n est\u00e1s haciendo guita. Yo no les pido nada m\u00e1s que no me rompan los huevos, yo soy feliz con mis libros, mis textos y mi laburo \u201cde mierda\u201d como dice el viejo. Se pone como loco porque nunca aprend\u00ed a manejar.<\/p>\n<p>Trate de convencerlo para que, al menos venga a trabajar con nosotros un par de a\u00f1os, hasta que pase el boom de la construcci\u00f3n, terminamos unas obras y se pod\u00eda retirar con un mango en el bolsillo para seguir dedicado a lo suyo. No hubo caso, estaba emperrado en seguir con su vida tal cual estaba.<\/p>\n<p>Despu\u00e9s de discutir un rato me propuso que nos dej\u00e1ramos de joder, que \u00e9l no iba a trabajar con nosotros y que nosotros no lo \u00edbamos a entender nunca, que esto era como discutir de pol\u00edtica, (como hacerle la paja a un muerto creo que fue el t\u00e9rmino exacto que utiliz\u00f3), que tom\u00e1ramos un caf\u00e9 y que sigui\u00e9ramos con la charla tal cual lo est\u00e1bamos haciendo antes de Firmin. Me tent\u00e9 a preguntarle si lo hab\u00eda tra\u00eddo aprop\u00f3sito o si en realidad lo acaba de comprar, pero me contuve, era muy ma\u00f1oso para las conversaciones y una pregunta as\u00ed podr\u00eda darle el pi\u00e9 para tomarme el pelo.<\/p>\n<p>Ah\u00ed fue cuando me cont\u00f3, mientras tom\u00e1bamos el caf\u00e9, que se iba a C\u00f3rdoba, a recibir un premio por un texto que hab\u00eda enviado para participar de un concurso. Incluso me coment\u00f3 que le pagaban el pasaje y la estad\u00eda y que hac\u00eda poco hab\u00eda ganado guita por otro concurso ac\u00e1 en Rosario, organizado por la Municipalidad. Le pregunt\u00e9 como no hab\u00eda avisado. Es que el viejo no creo que quiera ir a un lugar que puede estar lleno de gente que no sabe manejar. Ri\u00f3 con ganas y me tent\u00f3 tambi\u00e9n a m\u00ed. La paso bien cuando nos juntamos, le confes\u00e9, tendr\u00edamos que vernos m\u00e1s seguido. Vos sos un tipo bastante m\u00e1s ocupado que yo, me llam\u00e1s y te ven\u00eds a casa a tomar un porr\u00f3n, eso si, ven\u00ed un d\u00eda que puedas dormir la siesta o a la tardecita, as\u00ed me podes acompa\u00f1ar. No lo sent\u00ed como una iron\u00eda, en el rostro se le notaba la sinceridad, algo que ten\u00eda Alejandro era eso, no sab\u00eda mentir.<\/p>\n<p>Le ped\u00ed la cuenta al mozo que comparti\u00f3 chistes con Alejandro mientras yo juntaba lo necesario para cubrir lo que hab\u00edamos consumido m\u00e1s unos pesos de propina. Le podes dejar propina por las veces que vengo yo con el mango justo si quer\u00e9s, dijo Ale gui\u00f1\u00e1ndole el ojo al mozo que, el parecer, se llamaba Patricio.<\/p>\n<p>Mientras tom\u00e1bamos el caf\u00e9, despu\u00e9s de pagarle a Patricio (una cuenta muy sensata) Alejandro me dijo que a pesar de todos lo que recordamos de los buenos tiempo y de la vinculaci\u00f3n sangu\u00ednea que nos \u00fanica, \u00e9l cre\u00eda que, hoy por hoy, \u00e9ramos dos desconocidos. Me llam\u00f3 la atenci\u00f3n y me sobresalt\u00f3 su conclusi\u00f3n, estaba convencido de que hab\u00edamos tenido una conversaci\u00f3n muy amigable y que parec\u00edamos dos amigos que se ven semana a semana.<\/p>\n<p>Yo tengo cuatro preguntas para hacerle a una persona desconocida para poder llegar a tener un pantallazo general del tipo de persona que es, sigui\u00f3. Le pregunt\u00f3 que diario lee, que hace en su tiempo libre, cual fue la \u00faltima pel\u00edcula que vio y cual el \u00faltimo libreo que ley\u00f3. Me dej\u00f3 como patinando en el aire, con la boca entre abierta. Afuera segu\u00eda la calma, no parec\u00eda un d\u00eda laboral, la imagen del exterior que se tiene desde un bar es completamente distinta a la realidad, o al menos eso estaba experimentando sentado junto a la ventana que daba a calle San Juan, la calma solo la romp\u00edan los estallidos de la K cada vez que pasaba con ese acelerador el\u00e9ctrico y su ruido tan particular.<\/p>\n<p>Despu\u00e9s el colgado soy yo, rompi\u00f3 el hechizo en el que estaba inmerso, ya se, no te acord\u00e1s cu\u00e1l fue el \u00faltimo libro que le\u00edste, sentenci\u00f3. Si bien su t\u00e9cnica para encuadrar a las personas apenas conocida me hab\u00eda llamado la atenci\u00f3n, no me hab\u00eda quedado pensando ni en el libro, ni en la pel\u00edcula, ni el diario, ni siquiera en mi hobby. Solo eso, me sumerg\u00ed en el alma del bar, pero no ten\u00eda ninguna intenci\u00f3n de confesar esto, se iba a burlar de mi, sin dudas. Por eso le dije que no, que no pensaba en el libro sino en el tiempo libre, que yo jugaba al tenis y que \u00e9l ya me hab\u00eda catalogado como culo roto por eso. Re\u00edmos con ganas otra vez. Y el resto, pregunt\u00f3. Me estas tratando como un desconocido en serio, veo. Fantaseemos, imaginemos que sos un tipo que viene de una empresa a ofrecerme laburo y yo, como futuro empleado te pregunto eso. No te contrato seguro por desubicado, que te importa lo que lea. Se sonri\u00f3 y me volvi\u00f3 a pedir que le cuente. Diario, como todos, leo La Capital, salen las noticias locales, cosas que pueden interesar para la empresa y dem\u00e1s. Me interrumpi\u00f3 para aclararme que las explicaciones estaban de m\u00e1s, que a una pregunta simple se espera una respuesta simple. Ok, le dijo, yo te contesto en forma concreta con la condici\u00f3n de que vos, despu\u00e9s, me digas que pensas de un desconocido con mis h\u00e1bitos. Quedamos as\u00ed, respondi\u00f3 con ganas. Leo el diario La Capital de Rosario, repet\u00ed sin m\u00e1s; la \u00faltima pel\u00edcula que vi fue \u201cSherlock Holmes 2\u201d; el \u00faltimo libro que le\u00ed fue \u201cSe lo que estas pensando\u201d y como ya sabes en mi tiempo libre juego al tenis. Te toca, retruqu\u00e9. Se sonri\u00f3 sin maldad, pero sin humor, una sonrisa tibia y sin esfuerzo, pero sin virtudes ni profundidad, esa sonrisa que se parece a un reflejo del cuerpo, como achinar los ojos al despertar cuando abrimos la ventana.<\/p>\n<p>Luego me fue sincero, sin antes anticiparme que iba a serlo. No te invitar\u00eda a tomar una cerveza a mi casa si no fueras mi hermano. Los dos re\u00edmos con ganas y mientras re\u00eda se rompi\u00f3 algo dentro m\u00edo que me hizo, por primera vez, mirar el reloj. Era tarde, nunca me tomaba tanto tiempo para almorzar, ni siquiera con un cliente. Ya te ten\u00e9s que ir que miras el reloj o es solo un vicio de tipos ocupados, pregunt\u00f3 ya sin la sonrisa. Me voy a tener que ir, respond\u00ed con cierta verg\u00fcenza. Nos despedimos ya en la puerta del bar, antes de salir saludo con un beso al mozo y a la chica que trabajaba detr\u00e1s de la barra, una chica joven con cierta simpat\u00eda que, esas mujeres que con su sonrisa constante, y sincera, oculta los desperfectos de un rostro que termina por ser deseable. Nos saludamos con un fuerte abrazo, un poco m\u00e1s intenso que el primero, nos prometimos una cerveza la semana entrante. Los dos sab\u00edamos que ment\u00edamos. A ninguno le import\u00f3.<\/p>\n<p>Como hac\u00eda muchos a\u00f1os, cada uno tom\u00f3 su camino, exactamente opuestos. \u00c9l camin\u00f3 por calle Dorrego hacia Mendoza, viv\u00eda en un pasillo oscuro y descuidado, sin flores, con humedad y sue\u00f1os, en mitad de la cuadra. Mi auto estaba estacionado hac\u00eda el norte, camin\u00e9 en contramano hasta metros antes de calle San Luis, si bien pod\u00eda abrir el auto con el bot\u00f3n de la alarma que no hac\u00eda ruido, en general optaba por el que sonaba con un doble \u201cvip\u201d.<\/p>\n<p>El clima segu\u00eda enemigo, nos acerc\u00e1bamos a las tres de la tarde. Dentro del auto el calor apretaba, hab\u00eda quedado al sol. Puse en marcha el motor y prend\u00ed el aire acondicionado. Apague la radio y pens\u00e9 que segu\u00eda sin saber mucho del hombre que acababa de almorzar conmigo, que casualmente era mi hermano. Tal vez la parte m\u00e1s pura y verdadera de nuestra conversaci\u00f3n fueron las cuatro preguntas para un desconocido. Todo se pareci\u00f3 m\u00e1s a un encuentro de ex alumnos que a un almuerzo familiar. Podr\u00edamos haber brindado por los doce a\u00f1os de nuestro viaje a Bariloche sin que ning\u00fan testigo se extra\u00f1ara.<\/p>\n<p>Pasaron varias semanas hasta que supe que ese almuerzo hab\u00eda sido el \u00faltimo momento que pasar\u00edamos juntos. Me cost\u00f3 juntar las fuerzas para tomar las llaves que la polic\u00eda nos hab\u00eda entregado en su momento, junto con el cuerpo, para ir a abrir su casa, para acomodar todo, para sacar sus cosas (y pinta, hab\u00eda pedido la inmobiliaria). El pasillo se me hizo interminable, mucho m\u00e1s h\u00famedo, mucho m\u00e1s despejado de plantas, de vida, de sue\u00f1os.<\/p>\n<p>Revis\u00e9 unos cajones y saque impresiones que parec\u00edan escritas por \u00e9l, o al menos \u00e9l las firmaba. Me detuve en una. Casualmente en esta.<\/p>\n<p>\u00a0&#8211;<\/p>\n<p>&#8211;<\/p>\n<p>\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0 \u00a0\u00a0\u00a0\u00a0DAMI\u00c0N FORNASO<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>. Despu\u00e9s del almuerzo \u00a0&#8211; &#8211; En el cuarto hay dos personas durmiendo sobre una cama de dimensiones extraordinarias, de las que llaman King. 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