{"id":4462,"date":"2012-05-08T00:27:38","date_gmt":"2012-05-08T03:27:38","guid":{"rendered":"http:\/\/www.nuestrotaller.com.ar\/?p=4462"},"modified":"2012-05-08T00:34:06","modified_gmt":"2012-05-08T03:34:06","slug":"gabriel-caciorgna-3-monedas","status":"publish","type":"post","link":"http:\/\/marceloscalona.com.ar\/?p=4462","title":{"rendered":"GABRIEL CACIORGNA: 3 Monedas"},"content":{"rendered":"<h1><span style=\"color: #ff6600;\"><em>.<img decoding=\"async\" src=\"http:\/\/4.bp.blogspot.com\/_NqDsq_pM4L0\/TIWe4EvMjOI\/AAAAAAAACbk\/V7TIwXlNKBA\/s1600\/ni%C3%B1o-con-moneda.jpg\" alt=\"\" \/><\/em><\/span><\/h1>\n<h1><span style=\"color: #ff6600;\"><em><span style=\"color: #333399;\">AUTOBIOGR\u00c0FICO<\/span><\/em><\/span><\/h1>\n<h1><span style=\"color: #ff6600;\"><em>&#8211;<\/em><\/span><\/h1>\n<p><strong><\/strong><\/p>\n<p>A mis cinco a\u00f1os lograba resolver con suma facilidad c\u00e1lculos aritm\u00e9ticos, lo que era inusitado en aquellas \u00e9pocas.<\/p>\n<p>Esa especie de talento me vali\u00f3 el apodo de \u201cladrillito\u201d, ya que mis t\u00edos sol\u00edan \u00a0plantearme en las reuniones familiares problemas matem\u00e1ticos a partir de ladrillos que se compraban, vend\u00edan, romp\u00edan, apilaban, o se distribu\u00edan en camiones o carretillas.<\/p>\n<p>Supongo que mi abuelo \u2013 que nunca se despegaba del cuadernito y la calculadora &#8211;\u00a0 tambi\u00e9n pens\u00f3 que hab\u00eda que estimular esa habilidad casi innata y me puso a cobrar en su almac\u00e9n.<\/p>\n<p>Apenas llegaba al caj\u00f3n del mostrador \u2013 banquetita mediante &#8211; \u00a0y todos los vecinos aguardaban ansiosos el momento en que yo les entregaba el vuelto. Se establec\u00eda entonces una especie de complicidad entre mi abuelo y su clientela, merced a la cual nadie se molestaba por demorar un poco m\u00e1s, a cambio de ser part\u00edcipe de las primeras experiencias financieras de un ni\u00f1o que se adentraba en el mundo de los negocios. Es que todo era diferente en los almacenes de barrio, se esperaba sin problemas y se disfrutaba de la estad\u00eda en el local, mientras se empapaba uno de las realidades circundantes. A nadie se les pegaban los fideos o se le hac\u00eda tarde para ir a buscar sus hijos al colegio. Tampoco merodeaban los celulares, interrumpiendo conversaciones o fabricando asuntos urgentes.<\/p>\n<p>Yo d\u00f3cilmente me prestaba a ese simulacro de suficiencia, que me ha marcado hasta el extremo de eludir ahora los c\u00e1lculos mentales y evitar las monedas en los bolsillos, pues me altera su repique. Tambi\u00e9n forj\u00f3, probablemente, mi resistencia a las ciencias exactas al momento de decidir sobre mi futuro.<\/p>\n<p>Pero una de esas tardes, mi hartazgo encontr\u00f3 un punto de fuga en la rebeli\u00f3n menos pensada. Cansado de ser la estrella de un espect\u00e1culo cuasi-circense, y mientras mi abuelo llenaba con fideos unos tarros gigantes, tom\u00e9 del caj\u00f3n tres monedas doradas. No recuerdo su valor, parec\u00edan enormes sobre la palma de mi mano derecha y las guard\u00e9 disimuladamente en uno de los bolsillos del pantal\u00f3n.<\/p>\n<p>\u00a0El primer contacto de mi abuelo con el caj\u00f3n de aquel mostrador de nerolite fue aterrador para m\u00ed, aunque pude contenerme y hasta cobrarle con eficiencia, minutos despu\u00e9s, un kilo de pan a do\u00f1a Nilda. Pero instalado en mi conciencia, el bot\u00edn ya lat\u00eda resuelto a delatarme y, sin saber bien qu\u00e9 hacer, pretend\u00ed buscar refugio en casa de mis abuelos, \u00a0que quedaba en esa esquina.<\/p>\n<p>La calle era de tierra, pocas veces pasaban autos y el mayor riesgo de transitarla era dar un mal paso y terminar en la zanja. Las veredas siempre estaban colmadas de vecinas tomando mates o barriendo y de chicos jugando a la popa o la rayuela, de modo que era normal que yo hiciera solo ese trayecto.<\/p>\n<p>A mitad del camino, abatido, arroj\u00e9 las monedas en un yuyal que se hab\u00eda formado al costado de una zanja, sintiendo un vac\u00edo casi instant\u00e1neo. La perturbadora idea de dejar de ser aquel ni\u00f1o adorable que tanto enorgullec\u00eda a su familia, me lanz\u00f3 desesperadamente sobre la maleza en busca del dinero y, como es propio de aquellas experiencias llamadas a ser perversamente aleccionadoras, mis bracitos y piernitas se toparon en tal rescate con una madeja de ortigas furibundas dispuestas a defender el tesoro.<\/p>\n<p>\u00a0Mi odisea trascendi\u00f3 en cuesti\u00f3n de segundos \u2013 como siempre ocurre en los barrios con los hechos tr\u00e1gicos \u2013 y vi, ni bien logr\u00e9 incorporarme, a mi abuelo y mi t\u00eda viniendo en mi auxilio.<\/p>\n<p>Me encontraron all\u00ed, aturdido, lagrimeando, con las piernas y los brazos enrojecidos, sucios y llenos de raspones. Bast\u00f3 la mirada piadosa de ambos para que abriera el pu\u00f1o dejando al descubierto las tres monedas. Romp\u00ed en llanto.<\/p>\n<p>Ella me abraz\u00f3 con dulzura, sin entender cabalmente la escena.<\/p>\n<p>_ \u00a0Vamos a casa a ponerte cremita para que no te duela.<\/p>\n<p>Mi abuelo, superando su habitual parquedad, y con esa sabidur\u00eda casi instintiva propia de los hombres de campo, lanz\u00f3 una sonrisa sutil y me dijo:<\/p>\n<p>_ \u00a1Sos un genio pich\u00f3n! \u00bfC\u00f3mo adivinaste que hoy justo te iba a pagar tres monedas?<\/p>\n<p>De poco me sirvi\u00f3 su indulgencia. Segu\u00ed llorando desconsoladamente mientras me curaban las heridas, convencido de haber hecho algo imperdonable.<\/p>\n<p>&#8211;<\/p>\n<p>&#8211;<\/p>\n<h1><span style=\"color: #ff6600;\"><em>CINEMATOGR\u00c1FICO<\/em><\/span><\/h1>\n<p><strong><span style=\"text-decoration: underline;\">&#8211;<\/span><\/strong><\/p>\n<p><strong><span style=\"text-decoration: underline;\">&#8211;<\/span><\/strong><\/p>\n<p><strong>\u00a0<\/strong><\/p>\n<p>Con s\u00f3lo cinco a\u00f1os, lograba resolver con suma facilidad c\u00e1lculos aritm\u00e9ticos.<\/p>\n<p>Para aprovechar esa habilitad casi innata su abuelo lo puso a cobrar en su almac\u00e9n.<\/p>\n<p>Apenas llegaba al caj\u00f3n del mostrador \u00a0\u2013 banquetita mediante &#8211; y todos los vecinos aguardaban ansiosos el momento en que el nene les entregaba el vuelto. Ninguno se molestaba por demorar un poco m\u00e1s, a cambio de ser part\u00edcipe de las primeras experiencias financieras de un ni\u00f1ito que se adentraba en el mundo de los negocios.<\/p>\n<p>D\u00f3cilmente se prestaba a ese simulacro de suficiencia, hasta que una de esas tardes, su hartazgo encontr\u00f3 un punto de fuga en la rebeli\u00f3n menos pensada. Cansado de ser la estrella de un espect\u00e1culo cuasi-circense, y mientras su abuelo llenaba con fideos unos tarros gigantes, tom\u00f3 del caj\u00f3n tres monedas doradas \u2013 que le parecieron enormes sobre la palma de su mano derecha &#8211; y las guard\u00f3 disimuladamente en uno de los bolsillos del pantal\u00f3n.<\/p>\n<p>\u00a0El primer contacto de su abuelo con el caj\u00f3n de aquel mostrador le result\u00f3 aterrador, aunque pudo contenerse y hasta cobrarle con eficiencia, minutos despu\u00e9s, un kilo de pan a una se\u00f1ora. Pero,\u00a0 cada vez m\u00e1s mortificado por lo que hab\u00eda hecho, corri\u00f3 a refugiarse en la casa de sus abuelos,\u00a0 que quedaba en esa esquina.<\/p>\n<p>A mitad del camino, abatido, arroj\u00f3 las monedas en un yuyal que se hab\u00eda formado al costado de una zanja pero, enseguida, perturbado por la idea de dejar de ser aquel ni\u00f1o adorable que tanto enorgullec\u00eda a su familia, se lanz\u00f3 desesperadamente sobre la maleza en busca del dinero. Y, como es propio de aquellas experiencias llamadas a ser perversamente aleccionadoras, sus bracitos y piernitas se toparon en tal rescate con una madeja de ortigas furibundas dispuestas a defender el tesoro.<\/p>\n<p>\u00a0Su odisea trascendi\u00f3 en cuesti\u00f3n de segundos \u2013 como siempre ocurre en los barrios con los hechos tr\u00e1gicos \u2013 y ni bien logr\u00f3 incorporarse, vio al abuelo y la t\u00eda viniendo en su auxilio.<\/p>\n<p>Lo encontraron all\u00ed, aturdido, lagrimeando, con las piernas y los brazos enrojecidos, sucios y llenos de raspones. Bast\u00f3 una mirada piadosa de ellos para que abriera el pu\u00f1o dejando al descubierto las tres monedas. Rompi\u00f3 en llanto.<\/p>\n<p>La mujer lo abraz\u00f3 con dulzura, sin entender cabalmente la escena.<\/p>\n<p>_\u00a0 Vamos a casa a ponerte cremita para que no te duela.<\/p>\n<p>El abuelo, superando su habitual parquedad, y con esa sabidur\u00eda casi instintiva propia de los hombres de campo, lanz\u00f3 una sonrisa sutil y le dijo:<\/p>\n<p>_ \u00a1Sos un genio pich\u00f3n! \u00bfC\u00f3mo adivinaste que hoy justo te iba a pagar tres monedas?<\/p>\n<p>De poco le sirvi\u00f3 su indulgencia. Sigui\u00f3 llorando desconsoladamente mientras le curaban las heridas, convencido de haber hecho algo imperdonable.<\/p>\n<p>\u00a0&#8211;<\/p>\n<h1><span style=\"color: #ff6600;\"><em><span style=\"color: #008000;\">FOTOGR\u00c1FICO<\/span><\/em><\/span><\/h1>\n<p>&#8211;<\/p>\n<p>&#8211;<\/p>\n<p>Con sus cinco a\u00f1os estaba parado frente al yuyal, consternado, sin saber bien por qu\u00e9 hab\u00eda arrojado all\u00ed las tres monedas, ni mucho menos, por qu\u00e9 se las hab\u00eda robado a su abuelo, el almacenero, minutos atr\u00e1s.<\/p>\n<p>Tal vez le molestaba que el se\u00f1or lo haya puesto a cobrar en su granja como si fuera la estrella de un espect\u00e1culo circense, aprovechando su habilidad para realizar con inusitada facilidad c\u00e1lculos matem\u00e1ticos y no hab\u00eda encontrado la manera de exteriorizar su hartazgo.<\/p>\n<p>Mientras miraba la maleza, con su cuerpecito tembloroso,\u00a0 pensaba que dejar\u00eda de ser merecedor del orgullo de toda su familia y esa sensaci\u00f3n lo indujo a arrojarse sobre los yuyos en busca de las monedas, sin advertir siquiera que deb\u00eda atravesar una madeja de ortigas para alcanzarlas.<\/p>\n<p>Y debi\u00f3 hurgar en esa nada verde durante minutos que le parecieron eternos hasta toparse con el bot\u00edn. Cuando logr\u00f3 salir con las piernas y los brazos enrojecidos, sucios y llenos de raspaduras, vio que su abuelo y su t\u00eda ven\u00edan a ayudarlo.<\/p>\n<p>El ni\u00f1o lagrimeaba, estaba como aturdido, y al advertir la mirada piadosa de ellos, abri\u00f3 su pu\u00f1o dejando las monedas al descubierto.<\/p>\n<p>La mujer le dio un abrazo tibio, sin entender bien qu\u00e9 hab\u00eda sucedido, mientras que su abuelo le lanz\u00f3 una sonrisa sutil y le dijo:<\/p>\n<p>_ \u00a1Sos un genio pich\u00f3n! \u00bfC\u00f3mo adivinaste que hoy justo te iba a pagar tres monedas?<\/p>\n<p>Pero al ni\u00f1o de poco les sirvi\u00f3 su indulgencia. Sigui\u00f3 llorando desconsoladamente mientras le curaban las heridas, convencido de haber hecho algo imperdonable.<\/p>\n<p>\u00a0&#8211;<\/p>\n<p><strong>GABRIEL CACIORGNA<\/strong><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>. 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