{"id":4914,"date":"2012-08-04T14:23:41","date_gmt":"2012-08-04T17:23:41","guid":{"rendered":"http:\/\/www.nuestrotaller.com.ar\/?p=4914"},"modified":"2012-08-04T14:26:46","modified_gmt":"2012-08-04T17:26:46","slug":"guillermo-rios-3","status":"publish","type":"post","link":"http:\/\/marceloscalona.com.ar\/?p=4914","title":{"rendered":"GUILLERMO R\u00cdOS"},"content":{"rendered":"<p>.<a href=\"http:\/\/www.nuestrotaller.com.ar\/wp-content\/uploads\/2012\/08\/charlize4.jpg\"><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" class=\"alignright size-large wp-image-4916\" title=\"charlize4\" src=\"http:\/\/www.nuestrotaller.com.ar\/wp-content\/uploads\/2012\/08\/charlize4-354x494.jpg\" alt=\"\" width=\"354\" height=\"494\" srcset=\"http:\/\/marceloscalona.com.ar\/wp-content\/uploads\/2012\/08\/charlize4-354x494.jpg 354w, http:\/\/marceloscalona.com.ar\/wp-content\/uploads\/2012\/08\/charlize4-134x188.jpg 134w, http:\/\/marceloscalona.com.ar\/wp-content\/uploads\/2012\/08\/charlize4-430x600.jpg 430w, http:\/\/marceloscalona.com.ar\/wp-content\/uploads\/2012\/08\/charlize4.jpg 600w\" sizes=\"auto, (max-width: 354px) 100vw, 354px\" \/><\/a><\/p>\n<p>&#8211;<\/p>\n<p><strong><em>LA \u00a0HABITANTE<\/em><\/strong><\/p>\n<p><strong><em>\u00a0<\/em><\/strong><\/p>\n<p><strong><em>\u00a0<\/em><\/strong><\/p>\n<p><em>\u00a0<\/em><\/p>\n<p>-Si sal\u00eds, trae medialunas\u2026 saladas-. Le hab\u00edan pedido las enfermeras del piso, cuando vieron que Vicente se dispon\u00eda a tomarse los quince minutos de <em>break<\/em> en los que sol\u00eda fumarse un cigarrillo tras otro hasta sentir que los pulmones se le volv\u00edan reversibles, y quedaban con esa parte que \u00e9l imaginaba rosa y acolchonada para el lado de afuera. En la calle no hab\u00eda un alma, encendi\u00f3 un Philip Morris y camin\u00f3, zigzagueante y distra\u00eddo hasta la panader\u00eda de la esquina. No le gustaba fumar quieto en un lugar, y era de los que andaban con paso titubeante, cat\u00e1rtico. Esos que se van encima de la gente y piden disculpas antes de chocarlas.<\/p>\n<p>-Buenas Mariel, d\u00e9me ocho medialunas saladas y cuatro dulces, y dos de esas tortitas negras, todas en bolsitas separadas adentro de una bolsa grande, por favor, \u00bftiene cambio de cincuenta pesos?- La empleada sobrevolaba las bandejas con la pinza de metal, seleccionando las facturas. Una de las medialunas se hab\u00eda pegado a las dem\u00e1s y le cost\u00f3 esfuerzo despegarla sin romperle los cuernos azucarados. Vicente record\u00f3 un parto que hab\u00eda visto en video cuando era ni\u00f1o, al beb\u00e9 lo retiraban de una manera muy similar, con pinzas, delicadamente, para no estropearlo. En el camino de vuelta, al pasar por la estaci\u00f3n de servicio, vio una se\u00f1ora de mediana edad, maquillada, elegant\u00edsima, inflando con un compresor dos docenas de globos de colores y esforz\u00e1ndose por meterlos en la parte trasera de su auto sin que reboten entre s\u00ed y vuelvan a caer al suelo manchado con grasa y holl\u00edn.\u00a0\u00a0\u00a0<\/p>\n<p>Apenas unos metros m\u00e1s adelante, llegando a la puerta del Sanatorio, Vicente se top\u00f3 con una joven que miraba absorta el cambio de las luces del sem\u00e1foro de la esquina contraria, esperando, de pie sobre la vereda, con un peque\u00f1o bolso color verde en una mano y una almohada en la otra. Parec\u00eda una ni\u00f1a, abrigada en su capullo, temerosa. Sus pies encajaban perfectamente dentro de una de las peque\u00f1as baldosas color ladrillo del Sanatorio, y sus hombros, baj\u00edsimos, ergu\u00edan un rostro p\u00e1lido y gentil, pronto a fugarse. Vicente no pod\u00eda dejar de mirarla, sent\u00eda que la cuadra entera se mov\u00eda en funci\u00f3n de aquella criatura con apariencia de reci\u00e9n llegada. Pod\u00eda imaginarse a los conductores sacando la cabeza por las ventanillas de sus autos, dilatando sus pupilas y aullando como lobos; a los ni\u00f1os dejando caer sus helados al suelo; a los ancianos perdiendo el equilibrio, rompi\u00e9ndose los ajados huesos en mil pedazos sin siquiera desviar la mirada al tiempo en que ca\u00edan; sent\u00eda que hubiera podido verlos a todos, si tan solo hubiera podido apartar por un momento su mirada de aquella visi\u00f3n encantadora.\u00a0\u00a0<\/p>\n<p>-\u00a1Vicente!- La voz de Casalenovo cort\u00f3 el aire de un cachetazo. Se hab\u00eda pasado varios minutos de su break, y segu\u00eda parado ah\u00ed en medio de la calle, totalmente perdido en s\u00ed mismo y en aquella estupenda escena con la que se hab\u00eda topado. Subi\u00f3 r\u00e1pido los escalones de la entrada y pas\u00f3 a un lado de su jefe sin atreverse a mirarlo. Corri\u00f3 hacia el fondo del pasillo, a trav\u00e9s del hall, y salt\u00f3 de dos en dos los escalones hasta llegar al tercer piso. A\u00fan no hab\u00eda acabado de reaccionar cuando ya se encontraba sentado en su puesto en la recepci\u00f3n de la Sala de Internaci\u00f3n, aguardando que el tel\u00e9fono o la chicharra de alguna de las habitaciones lo devolviera a su gris desvelo.<\/p>\n<p>No pas\u00f3 demasiado tiempo desde que se hubo sentado hasta que Estela se parapetara en frente del mostrador y le preguntara a Vicente por qu\u00e9 cuernos no hab\u00eda tra\u00eddo las facturas que le hab\u00edan encargado, y por mucho que \u00e9ste lo intent\u00f3 no logr\u00f3 recordar que hab\u00eda hecho con la bolsa de papel. Probablemente debieran de hab\u00e9rsele ca\u00eddo cuando corr\u00eda por el pasillo, o cuando sub\u00eda a los saltos las escaleras. Envi\u00f3 a la enfermera a desandar el camino en su b\u00fasqueda, jurando solemnemente que las hab\u00eda comprado pero que por alguna raz\u00f3n m\u00edstica ahora no las ten\u00eda en su poder. Estela volvi\u00f3 al mostrador, al rato, a replicar brevemente y no sin cierta iron\u00eda que las facturas no aparec\u00edan por ning\u00fan lado.<\/p>\n<p>Entre cansado y confundido, Vicente se decidi\u00f3 por ir a recostarse unos minutos a una de las habitaciones libres del piso. Todos los d\u00edas despu\u00e9s de las 3 de la tarde Casalenovo desaparec\u00eda durante unos veinte minutos, por lo que no corr\u00eda riesgo alguno si se ausentaba durante un momento de la recepci\u00f3n. En cuanto al Gerente de Personal, Carlos Casalenovo, rumoreaban las enfermaras que padec\u00eda una enfermedad particular\u00edsima, \u00edntima y extremadamente delicada, que requer\u00eda de alguna especie de tratamiento a base de calor que se aplicaba \u00e9l mismo diariamente. Pero adem\u00e1s de su enfermedad eran muchas las cosas que se dec\u00edan y se pensaban de \u00e9l. Era una persona ajena a la familiaridad de todos los empleados del Sanatorio y combinaba su severidad con una mirada putrefacta y un dedo \u00edndice que cada vez que lo elevaba en acto de reproche a Vicente le daba la impresi\u00f3n de le estaban practicando una laparoscopia a la carrera. Casalenovo era, extracurricularmente, un aficionado taxidermista, y pose\u00eda en su oficina una enorme colecci\u00f3n de peque\u00f1os animales disecados y embalsamados. Pero no s\u00f3lo eso, corr\u00eda el rumor en los pasillos de que, adem\u00e1s de atesorar aves, ratones y peque\u00f1os mam\u00edferos petrificados, al Jefe le gustaba jugar con ellos mientras escuchaba m\u00fasica cl\u00e1sica, dec\u00edan que pon\u00eda discos de Wagner, al tiempo en que tomaba un aguilucho con una mano y lo hac\u00eda sobrevolar sobre su escritorio hasta descender en picada sobre una musara\u00f1a, o un rat\u00f3n de campo, caz\u00e1ndolos. Una de las se\u00f1oras de la limpieza hab\u00eda entrado en su oficina sin golpear y lo hab\u00eda sorprendido en pleno teatro. Seg\u00fan las enfermeras, ni siquiera luego de aquel episodio abandon\u00f3 aquella extra\u00f1a pr\u00e1ctica, sino que ahora cerraba con llave la puerta de su oficina y escuchaba a Wagner con auriculares. Lo cierto es que cada vez que Casalenovo se dirig\u00eda a Vicente, \u00e9ste le ve\u00eda la sangre en el ojo y lo abordaba la sensaci\u00f3n de que ten\u00eda escondidas las plumas y las garras debajo de la ropa, siendo solo cuesti\u00f3n de tiempo para que de un momento a otro se arrojara en picada sobre \u00e9l.<\/p>\n<p>De vuelta en el mostrador, ya calmo, Vicente repasaba el libro de turnos cuando al levantar la cabeza la vio otra vez. Est\u00e1tica, al otro lado, esperando a ser atendida, o consolada, o preguntada. -Traigo una orden de internaci\u00f3n- Le dijo al tiempo en que le extend\u00eda en su mano un peque\u00f1o papel con el membrete del Sanatorio. Ten\u00eda la firma y sello del Doctor Toralbo e indicaba internaci\u00f3n de al menos 2 d\u00edas dado a que la paciente iba a ser operada apenas el quir\u00f3fano contara con un turno disponible. Vicente ley\u00f3 la orden y se la devolvi\u00f3, en realidad ese papel deber\u00eda haber formado parte del legajo del paciente y por lo tanto no era parte del procedimiento que volviera a manos de quien lo entregara; \u00e9l sab\u00eda eso, pero desde hac\u00eda un rato, ya que hab\u00eda comenzado a actuar m\u00e1s como un visitante que como parte del staff del nosocomio.<\/p>\n<p>-La habitaci\u00f3n 24 est\u00e1 libre, es aquella puerta, est\u00e1 ubicada frente a la recepci\u00f3n y puede ser un poco ruidosa pero las enfermeras pasan por all\u00ed todo el tiempo, por lo que va a ser bien atendida, adem\u00e1s, desde la ventana se puede ver una parte de la plaza Am\u00e9rica, voy a necesitar sus datos personales para llenar la ficha- Sac\u00f3 el enorme fichero de internaci\u00f3n y comenz\u00f3 a realizarle el cuestionario.<\/p>\n<p>-Gracias, me gusta estar en el medio del paso y no me molesta en absoluto el bullicio. Mi madre est\u00e1 viajando desde el norte y va a llegar en dos d\u00edas, por lo que el ruido de las conversaciones en los pasillos me vendr\u00eda bien de compa\u00f1\u00eda. Malena Russo. Nunca en mi vida me tuve que internar, esta cl\u00ednica est\u00e1 muy bien y la gente es de lo m\u00e1s amable, me hab\u00eda hecho la idea de que iba a resultarme dif\u00edcil por no ser de la ciudad. Veintitr\u00e9s a\u00f1os. Toralbo dijo que ser\u00edan tres d\u00edas como m\u00e1ximo y que el procedimiento era de rutina y de r\u00e1pida recuperaci\u00f3n. Paso del Roble, Salta. Me gustar\u00eda que mi madre no tenga que pasar demasiado tiempo ac\u00e1, a ella le dan asco los hospitales. Es un poco f\u00f3bica y no sale mucho de casa, y nunca tan lejos. Al polen y los cambios de temperatura \u00bfA medicamentos? No, ninguno. Le deje una lista en mi departamento de los lugares a los que puede ir a comer y en la postdata le escrib\u00ed que no puede dejar de ir a caminar un rato por la zona del r\u00edo, la nueva, que esta tan linda.<\/p>\n<p>La acompa\u00f1\u00f3 a la habitaci\u00f3n, le ense\u00f1\u00f3 a usar el control remoto del televisor y a manipular las manivelas de la cama para que pudiera estar c\u00f3moda, le explic\u00f3 los horarios en que le traer\u00edan las comidas y le coment\u00f3 que si era su deseo, las enfermeras le traer\u00edan el diario por la ma\u00f1ana, si les daba el dinero con anticipaci\u00f3n y se los ped\u00eda amablemente. Vicente no hab\u00eda perdido de vista ninguna de las cualidades de aquella joven que lo hab\u00edan anonadado hac\u00eda apenas un rato, procuraba observarla cuanto pod\u00eda, sin perder la mirada, cosa que lograba no sin un gran esfuerzo. Le indicaba los diferentes aparatos y caracter\u00edsticas del cuarto, se\u00f1al\u00e1ndolas impetuosamente para que ella fijara su vista y as\u00ed poder estudiarle en detalle las terminaciones que hac\u00edan de Malena una criatura celeste; la forma en que dispon\u00eda de la comisura de sus labios, sus ojos ca\u00eddos, las manos fr\u00e1giles que se aferraban desconfiadas al barral de la cama. Ya sin saber c\u00f3mo hacer para extender aquel momento juntos, Vicente finaliz\u00f3 el recorrido explicativo. -Con este bot\u00f3n se puede llamar a la enfermer\u00eda y con este otro a la recepci\u00f3n, cualquier necesidad que tenga no dude en llamar y alguien vendr\u00e1 enseguida, es importante que se sienta c\u00f3moda y tranquila y que no realice esfuerzos, por lo que, realmente, cuente con nosotros- Hubiera querido decirle que si presionaba el bot\u00f3n de la recepci\u00f3n, \u00e9l vendr\u00eda enseguida, que \u00e9l estar\u00eda apenas a unos metros detr\u00e1s de la puerta para brindarle lo que sea necesario, quer\u00eda pedirle que confiara s\u00f3lo en \u00e9l, pero no se anim\u00f3, en cambio institucionaliz\u00f3 la oferta explic\u00e1ndole que \u00abel Sanatorio\u00bb dar\u00eda todo por ella, lo hizo sabiendo que ment\u00eda, y se retir\u00f3 con un saludo seco e impersonal.<\/p>\n<p>Al terminar su jornada de trabajo, mientras sal\u00eda del Sanatorio hacia su casa, Vicente segu\u00eda sin poder dejar de pensar en Malena, intentaba recordar cada detalle de la conversaci\u00f3n que hab\u00eda mantenido, refrescaba a cada momento la imagen que hab\u00eda guardado de ella parada en la vereda, en esa ignota baldosa en donde la vio por primera vez y por donde ahora \u00e9l caminada. Algo llam\u00f3 su atenci\u00f3n, en el suelo, casi cay\u00e9ndose sobre la calzada, un perro cualunque revolv\u00eda con el hocico una gran bolsa de papel madera, dentro de ella hab\u00eda otras bolsas de papel m\u00e1s peque\u00f1as, y dentro de ellas, las medialunas y tortas negras que hab\u00eda comprado en las primeras horas de la tarde.<\/p>\n<p>Al siguiente d\u00eda Vicente lleg\u00f3 temprano al trabajo, las primeras horas se sucedieron sin demasiados movimientos en la habitaci\u00f3n 24. Solo la recorrida de rutina de las enfermeras y la visita de Paula, la encargada de recursos humanos y control de calidad que se present\u00f3 como a todos los nuevos internos, con la planilla de ingreso y el cuestionario de satisfacci\u00f3n.<\/p>\n<p>A media ma\u00f1ana Casalenovo llam\u00f3 a Vicente por el comunicador y lo cit\u00f3 a una reuni\u00f3n en su oficina del cuarto piso. Durante todo el tiempo en que Vicente estuvo frente a su escritorio no pudo dejar de mirar fijamente los numerosos animales embalsamados. Casi ni prest\u00f3 atenci\u00f3n al ensayado discurso sobre el compromiso, la puntualidad, el respeto por los procedimientos y la importancia de la buena presencia ante los m\u00e9dicos y pacientes. Vicente ni siquiera llevaba prendida a su camisa la peque\u00f1a chapa con su nombre, pero no le interesaba lo que aqu\u00e9l s\u00e1dico tuviera para decirle, solo pod\u00eda pensar en Malena, confinada en aquella habitaci\u00f3n, tan cerca de su vida y tan lejos de sus promesas.<\/p>\n<p>Cuando volvi\u00f3 a la recepci\u00f3n y hojeo la ficha de las habitaciones supo que hac\u00eda poco m\u00e1s de una hora se hab\u00edan llevado a Malena al quir\u00f3fano. Inerte, se qued\u00f3 pensando en la m\u00fasica cl\u00e1sica que escuchaba Casalenovo, y bajo las ordenes de que ley de los hombres podr\u00eda generarle en su constituci\u00f3n las ganas de sentarse a jugar con animales muertos y disecados. Para Vicente, la m\u00fasica y las expresiones art\u00edsticas en general constitu\u00edan una especie de magma que coexist\u00eda debajo de la corteza de las cosas, fluyendo caprichosamente desde alg\u00fan n\u00facleo insensato e inalcanzable. Visto de esa manera, un pianista lee algunas p\u00e1ginas de alg\u00fan escritor que lo conmueve, se inspira, compone, y da vida a una hermosa pieza, que dentro de alg\u00fan tiempo escuchar\u00e1 alguien h\u00e1bil de palabras, y aquella pieza lo impulsar\u00e1 eventualmente a escribir y publicar alg\u00fan conmovedor relato que a su vez ser\u00e1 le\u00eddo por alguien que ser\u00e1 capaz de expresar sus sensaciones a trav\u00e9s de un instrumento, una pluma o un pincel. Y as\u00ed el arte consume arte, se nutre y se propaga irregularmente hacia su destino extr\u00ednseco, que permanecer\u00e1 siendo un misterio y un regalo para los hombres, motivando en ellos los instintos m\u00e1s variados, desde el llanto mudo e incontrolable hasta el deseo de sentarse a jugar con peque\u00f1os animales muertos y disecados.<\/p>\n<p>Absorto en pensamientos semejantes Vicente pas\u00f3 el resto del d\u00eda, aguardando sin perder de vista la puerta de doble hoja del pasillo que daba al quir\u00f3fano. Pero al finalizar la jornada a\u00fan no hab\u00edan tra\u00eddo a Malena de vuelta a la habitaci\u00f3n. Casi no durmi\u00f3 esa noche, le costaba despegarse de aquel olor a inocencia que las circunstancias le hab\u00edan impregnado, hab\u00eda alquilado su imaginaci\u00f3n al sue\u00f1o de una vida juntos, en la habitualidad de las comidas, en la intimidad de las peque\u00f1as charlas, en los compromisos mutuos y la planificaci\u00f3n de los viajes de fines de semana.\u00a0<\/p>\n<p>Al d\u00eda siguiente, al llegar al Sanatorio, Vicente se top\u00f3 con el peor de los escenarios, al entrar vio que un polic\u00eda aguardaba en el pasillo del tercer piso y sobre el mostrador de internaci\u00f3n alguien hab\u00eda dejado el fichero de la morgue sobre la madera negra de su escritorio. Era evidente que alg\u00fan deceso hab\u00eda ocurrido durante la noche, y \u00e9l sab\u00eda perfectamente que el \u00fanico paciente que hab\u00eda pasado por el quir\u00f3fano el d\u00eda anterior hab\u00eda sido Malena. Sin embargo, Estela se arrim\u00f3 al mostrador donde estaba Vicente y disip\u00f3 con liviandad sus temidas presunciones. -\u00bfTe enteraste de la tragedia de la 16? Pobre chico, nadie se lo esperaba, una complicaci\u00f3n, parece que a causa de una sepsis, Toralbo lleg\u00f3 a \u00faltima hora de la noche pero el joven se le muri\u00f3 en la mesa, no se puede entender, la familia est\u00e1 destrozada-<\/p>\n<p>La puerta de la habitaci\u00f3n 24 se abri\u00f3 y una se\u00f1ora de amplia cintura se acerc\u00f3 al mostrador, era la madre de Malena, hab\u00eda llegado a primera hora de la madrugada y no se hab\u00eda separado de su hija. Se notaba a simple vista que aquella se\u00f1ora de ropas amplias y expresi\u00f3n adusta estaba inc\u00f3moda en aquel lugar y se dirig\u00eda al personal con evidente desconfianza. Le pidi\u00f3 a Vicente si podr\u00eda bajar un poco la temperatura del cuarto por que su hija ten\u00eda un poco baja la presi\u00f3n y se sent\u00eda a\u00fan abombada por la operaci\u00f3n, adem\u00e1s le pregunt\u00f3 a la enfermera si le era posible que le limpiasen la herida de la sutura ya que el doctor Toralbo pasar\u00eda a revisarla en una hora.<\/p>\n<p>Vicente comprendi\u00f3 entonces que irremediablemente todo terminar\u00eda demasiado pronto. La operaci\u00f3n hab\u00eda sido un \u00e9xito y ahora la salud de Malena mejoraba a cada momento, seguramente podr\u00eda ordenarse su recuperaci\u00f3n en alg\u00fan Hospital de su pueblo, su madre querr\u00e1 llev\u00e1rsela con ella a la jungla, y as\u00ed saldr\u00eda de la vida de Vicente tan abruptamente como hab\u00eda entrado, sin siquiera haberle dado una oportunidad de cumplir con todo aquello que se hab\u00eda prometido.<\/p>\n<p>Toralbo lleg\u00f3 al piso a primera hora de la tarde e ingres\u00f3 inmediatamente a la habitaci\u00f3n 24, obligando a su madre a aguardar en el pasillo. Vicente no pod\u00eda evitar pensar en aquel m\u00e9dico en el cuarto con Malena, desnud\u00e1ndola con sus manos hoscas y profesionales, lo imaginaba encima de ella, revis\u00e1ndola, toc\u00e1ndola, pidi\u00e9ndole que tosa y se sacuda, que levante aquella pierna y que bostece, y saque la lengua y diga ahhhhh. Aquella habitaci\u00f3n y todo su contenido estaban torturando a Vicente, cort\u00e1ndole lentamente las amarras que lo hab\u00edan aferrado a sus d\u00edas en la sombra.<\/p>\n<p>Al poco tiempo que Toralbo se retir\u00f3, la madre de Malena sali\u00f3 de la habitaci\u00f3n a hablar por tel\u00e9fono. Vicente no pudo deducir quien ser\u00eda su interlocutor, pero s\u00ed la oy\u00f3 comentar que saldr\u00eda a comer algo afuera del Sanatorio ya que no toleraba m\u00e1s la comida que le tra\u00edan desde la cafeter\u00eda. Al terminar la conversaci\u00f3n volvi\u00f3 al cuarto unos minutos y luego sali\u00f3 a paso r\u00e1pido hacia la calle. Desesperado y ante la inminente decapitaci\u00f3n de sus esperanzas, Vicente se col\u00f3 al cuarto de enfermer\u00eda, \u00a0constat\u00f3 que ninguna de las enfermeras estaba disponible y se dirigi\u00f3 sin levantar la cabeza hacia la habitaci\u00f3n 24. Comprend\u00eda la irracionalidad del acto que estaba a punto de cometer, y sab\u00eda perfectamente que si era descubierto tendr\u00eda su despido servido en una bandeja de plata, pero nada le importaba ya. A pesar de la expresa prohibici\u00f3n de que los administrativos ingresaran a las habitaciones ocupadas, Vicente abri\u00f3 la puerta silenciosamente, sin golpear siquiera, e ingres\u00f3 en aquel rinc\u00f3n de su vida que le hab\u00eda sido vedado.<\/p>\n<p>Malena dorm\u00eda serenamente en la penumbra. El televisor encendido y en silencio variaba los tonos lum\u00ednicos y daba una sensaci\u00f3n de dinamismo al cuarto, casi como de baile de graduaci\u00f3n o fiesta de cumplea\u00f1os. La habitaci\u00f3n estaba desde\u00f1osamente desordenada, ropas tiradas sobre las sillas y la cama auxiliar, papeles de dulces y bolsas vac\u00edas de comida sobre el aparador, hasta la manguera del suero parec\u00eda desprolijamente dispuesta alrededor del brazo de la joven. Durante varios minutos Vicente no hizo m\u00e1s que contemplar a la chica, escuchaba pasivamente la tenue respiraci\u00f3n y los imperceptibles movimientos que hac\u00eda con su nariz y sus p\u00e1rpados. En realidad la intrusi\u00f3n no ten\u00eda ninguna otra finalidad m\u00e1s que esa, la de observarla, la de ser testigo de aquello que se suced\u00eda m\u00e1s all\u00e1 de los l\u00edmites de su realidad, aquel mundo que ve\u00eda con ojos m\u00e1gicos y somnolientos, aquel refugio habitable que destrozaba su rutina y sus expectativas. Estaba por retirarse del cuarto, dando por finalizada su inusitada y breve rebeli\u00f3n, cuando vio que al otro extremo de la cama, lejos de aquel pl\u00e1cido rostro durmiente, uno de los pies desnudos de Malena se asomaba por fuera del cobertor. Aquel diminuto pie que hab\u00eda cabido en una de las baldosas de la vereda del Sanatorio, hac\u00eda s\u00f3lo unos d\u00edas, cuando la hab\u00eda conocido, cuando la hab\u00eda dejado entrar en su vida, recibiendo el primer golpe. Quer\u00eda tocarlo, asimilarlo, cre\u00eda que si lograba sentirlo, si pudiera al menos tener para s\u00ed aquella \u00edntima parte de su cuerpo, entonces la tendr\u00eda toda, y no habr\u00eda m\u00e1s misterios ni refugios, y sabr\u00eda exactamente hasta qu\u00e9 punto le ser\u00eda posible cumplir con sus promesas. Lo roz\u00f3 primero, luego lo acarici\u00f3 suavemente y despu\u00e9s lo tomo con las dos manos. Sent\u00eda que la energ\u00eda circulaba entre sus cuerpos y que de alguna manera inusitada se estaban compartiendo ambos sus m\u00e1s encarnados secretos. Comenz\u00f3 a frotarlo lentamente, hubiera querido que aquel momento se suscriba a una condici\u00f3n de eternidad, que nada vulnerare la fragilidad de aquella escena obscena y primitiva. Pero las circunstancias siempre se r\u00eden de las previsiones y en un impulso brev\u00edsimo Malena dio un peque\u00f1o golpe con sus piernas, lo que asust\u00f3 sobremanera a Vicente y provoc\u00f3 que torpemente arrojara al suelo una de las sillas cubiertas de ropas, generando un ruido seco y austero dentro de la habitaci\u00f3n cerrada. Malena despert\u00f3 inmediatamente, sobresaltada.<\/p>\n<p>Ambos se quedaron mir\u00e1ndose estupefactos, por diferentes motivos ninguno de los dos sab\u00eda qu\u00e9 hac\u00eda Vicente dentro de aquel cuarto, y a falta de arrebato ninguno atinaba a reaccionar. Los segundos pasaban y resultaba cada vez m\u00e1s urgente una explicaci\u00f3n por parte del intruso, quien bajando la voz al m\u00ednimo y acompa\u00f1\u00e1ndose con gestos serenos e inofensivos explic\u00f3 a la joven como mejor le fue posible que su madre hab\u00eda salido a comer algo y que le hab\u00eda pedido encarecidamente que entrara al cuarto pasada la hora a chequear que su hija se encontrara bien y que no se hubiera asustado al despertarse y no verla en la cama contigua. La joven no dio demasiado cr\u00e9dito a lo que Vicente le explicaba, pero tampoco podr\u00eda asegurar que ello no fuese cierto, por lo que sin abandonar su expresi\u00f3n compungida le replic\u00f3 con tono de reproche -Mi madre se preocupa demasiado, y a veces pienso que me trata como si yo fuera una ni\u00f1a de diez a\u00f1os, no veo porque habr\u00eda de asustarme en caso de despertarme y no encontrarla, y en tal caso bastar\u00eda con llamarlo a usted a la recepci\u00f3n y preguntarle, pero entiendo que es as\u00ed como ella se comporta, de todas maneras estoy bien y no necesito nada en particular, le agradezco por cumplir con lo encargado- y volvi\u00f3 a apoyar su cabeza sobre la almohada, capitulando. Vicente hizo un adem\u00e1n de obediencia y se retir\u00f3 del cuarto sin pronunciar otra palabra. Al cerrar la puerta tras de s\u00ed y levantar la mirada, a manera de cierre de su incongruencia, vio que Casalenovo lo esperaba en la recepci\u00f3n.<\/p>\n<p>El jefe mont\u00f3 un interesante espect\u00e1culo, con voz serena le imput\u00f3 a Vicente serias faltas de conducta y la desfachatez que hab\u00eda tenido al ingresar a uno de los cuartos sin su expresa autorizaci\u00f3n, advirti\u00e9ndole que dicho acto no resultar\u00eda impune. Vicente argument\u00f3 la paciente lo hab\u00eda llamado, asustada, porque hab\u00eda despertado y su madre no se encontraba a su lado. \u00c9l hab\u00eda intentado explicarle por tel\u00e9fono que la se\u00f1ora hab\u00eda salido a comer y estar\u00eda pronta a volver, pero los llantos de la joven imped\u00edan la comunicaci\u00f3n, por lo que hab\u00eda decidido ingresar brevemente al cuarto a consolarla dado que ninguna de las enfermeras se encontraba disponible en aquel momento. Casalenovo disminuy\u00f3 su reproche, y sin darle cr\u00e9dito a lo que el empleado dec\u00eda lo amenaz\u00f3 una vez m\u00e1s &#8211; Usted est\u00e1 completamente fuera de foco Vicente, no es la primera falta de conducta que comete y esta historia de la ni\u00f1a asustada no me la creo, cuando vuelva la madre de la paciente voy a hablar con ambas y m\u00e1s le vale que su versi\u00f3n coincida hasta en los puntos y comas con la que me ha dado ahora porque de lo contrario elevar\u00e9 el informe correspondiente al directorio y usted no pisar\u00e1 nunca m\u00e1s el suelo de \u00e9ste Sanatorio, ni como empleado, ni como paciente.<\/p>\n<p>La condena era grave e inminente, de un momento a otro la madre de Malena volver\u00eda al cuarto y Casalenovo las abordar\u00eda a las dos. A Vicente no le importaba demasiado perder su trabajo, pero entend\u00eda que quedar\u00eda totalmente expuesto frente a su querida, su actitud cobarde resultar\u00eda imperdonable y probablemente no tendr\u00eda siquiera la oportunidad de explicarle los motivos que lo llevaron a realizar semejante arrebato.<\/p>\n<p>El jefe monto guardia fuera de la habitaci\u00f3n 24, y a los pocos minutos de que la madre de Malena hubo retornado de comer golpe\u00f3 suavemente la puerta e ingres\u00f3. Veinte minutos despu\u00e9s, cuando finaliz\u00f3 el turno de Vicente, Casalenovo segu\u00eda reunido adentro dentro del cuarto de Malena. El empleado no pudo contener m\u00e1s sus pulsaciones y dio lugar a la cobard\u00eda por segunda vez en el d\u00eda. Tom\u00f3 sus cosas y se retir\u00f3, calladamente, por la puerta principal.<\/p>\n<p>A la ma\u00f1ana siguiente Vicente fue al trabajo en forma normal, pero sabiendo que solo pasar\u00eda all\u00ed s\u00f3lo algunas horas cuanto mucho. Resignado y al borde del espasmo especulaba con que \u00a0al llegar tendr\u00eda alguna desagradable charla con Casalenovo y cerca del mediod\u00eda le dir\u00edan que recoja sus cosas y se mande a mudar rapidito de ah\u00ed, haberes a su disposici\u00f3n y esas cosas, siempre funcionaba de la misma manera.<\/p>\n<p>Pero cuando lleg\u00f3 al mostrador del tercer piso nadie lo estaba esperando, y cuando le pregunt\u00f3 a Estela por Casalenovo le dijo que hab\u00eda llegado temprano y estaba en su oficina desde hac\u00eda un par de horas. El ambiente era normal, el resto de las enfermeras lo saludaron con total cotidianeidad y Marisa le pidi\u00f3 que le trajera facturas si sal\u00eda a fumar cerca de media ma\u00f1ana. Ning\u00fan comentario hab\u00eda llegado a las enfermeras, y eso era por dem\u00e1s de extra\u00f1o.<\/p>\n<p>Mientras ingresaba los movimientos en el fichero Casalenovo pas\u00f3 por en frente del mostrador, le arroj\u00f3 una mirada severa al tiempo en que le advirti\u00f3 \u2013Derechito Vicente, camine derechito- y se retir\u00f3 sin m\u00e1s.<\/p>\n<p>S\u00f3lo al rato sali\u00f3 Malena de su habitaci\u00f3n, aunque dif\u00edcilmente podr\u00eda creerse ten\u00eda un aspecto a\u00fan m\u00e1s fr\u00e1gil que aquel con el que hab\u00eda ingresado. Iba acompa\u00f1ada de su madre, cubierta en ropas, cabizbaja y calma. Al pasar frente al mostrador la se\u00f1ora le entreg\u00f3 a Vicente los papeles de salida que las enfermeras le hab\u00edan dejado para que completara, le agradeci\u00f3 por las atenciones del staff y pregunt\u00f3 tambi\u00e9n si les ser\u00eda demasiado complicado a esa hora conseguir un taxi en la calle que las lleve hasta la estaci\u00f3n. Antes de emprender su camino hacia el ascensor, Malena levant\u00f3 la cabeza, apret\u00f3 la comisura de los labios y le regal\u00f3 a Vicente una mirada tierna, llena de complicidades y de licencias, y se alej\u00f3 por el pasillo.\u00a0<\/p>\n<p>&#8211;<\/p>\n<p>&#8211;<\/p>\n<p>&#8211;\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0<strong><span style=\"color: #0000ff;\"> GUILLERMO\u00a0 R.<\/span><\/strong><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>. &#8211; LA \u00a0HABITANTE \u00a0 \u00a0 \u00a0 -Si sal\u00eds, trae medialunas\u2026 saladas-. 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