{"id":5041,"date":"2012-08-24T11:43:01","date_gmt":"2012-08-24T14:43:01","guid":{"rendered":"http:\/\/www.nuestrotaller.com.ar\/?p=5041"},"modified":"2012-08-24T11:43:01","modified_gmt":"2012-08-24T14:43:01","slug":"ma-virginia-bachmann","status":"publish","type":"post","link":"http:\/\/marceloscalona.com.ar\/?p=5041","title":{"rendered":"MA. VIRGINIA BACHMANN"},"content":{"rendered":"<p>.<img decoding=\"async\" src=\"http:\/\/s01.s3c.es\/imag\/_v2\/ecodiario\/espana\/montajes-eccehomo\/ecce2.jpg\" alt=\"\" \/><\/p>\n<p>&#8211;<\/p>\n<h1><strong><span style=\"color: #ff0000;\">COMPASI\u00d3N<\/span><\/strong><\/h1>\n<p><strong><span style=\"color: #ff0000;\"> <\/span><\/strong><\/p>\n<p><strong><span style=\"color: #ff0000;\"> <\/span><\/strong><\/p>\n<p>&#8211;<\/p>\n<p>&#8211;<\/p>\n<p>Eugenia entr\u00f3 en la sala de espera y se sinti\u00f3 mirada. Andaba siempre apurada, como si sus minutos fueran m\u00e1s cortos que los del resto de la humanidad y la empujaran bruscamente por la vida. \u00a0El ocio, pensaba, era un mal consejero. El lugar estaba atestado de gente ansiosa por actuar sus males ante un p\u00fablico preparado para conmoverse. La cola en la recepci\u00f3n la hab\u00eda alterado bastante: la calma exasperante de las secretarias con caparaz\u00f3n y cuellos arrugados contra su ansiedad desbocada de liebre enloquecida por un disparo. Mir\u00f3 a su alrededor buscando un lugar vac\u00edo, completamente vac\u00edo. Playa desierta acotada a un rect\u00e1ngulo de cuerina de dudosa limpieza en la que colocar\u00eda su cartera y su abrigo. Y lo encontr\u00f3. Medio alejado de la puerta del consultorio del que deb\u00edan llamarla (\u00a1Dios sabe cu\u00e1nto esperar\u00eda!), pero vac\u00edo.<\/p>\n<p>Ni bien se instal\u00f3, libro en mano, tuvo la desagradable sorpresa de ver entrar a la maestra de su nieta: coqueta, con una flor en el pelo, u\u00f1as y labios pintados, llevando de la mano a una mu\u00f1equita menuda, r\u00e9plica de s\u00ed misma. Maestra de grados chicos, propensa a hablar con diminutivos, voz aguda y demasiadas gesticulaciones. Pobre mujer, siempre metida entre p\u00e1rvulos inquietos y demandantes. Eugenia la salud\u00f3 como quien ve a un conocido en el palco de enfrente, con un cabeceo atento que atraves\u00f3 todo el teatro y volvi\u00f3 a reposarse en el libro.<\/p>\n<p>Como la maestra y ella hab\u00edan sido las \u00faltimas en ingresar a la sala, la gente esperaba cuchicheando alguna intervenci\u00f3n de su parte: un comentario sobre la hora, el clima o el tiempo de espera. Algo que viniera a renovar el aire muerto y tenso de la espera. Pero nada. Eugenia recorr\u00eda con descaro las l\u00edneas de la novela, absorta en medio de una muchedumbre que buscaba una ranura de mirada o de sonrisa para dejar salir sus penas. No, ella no lo har\u00eda. No abrir\u00eda ninguna puerta de escape para nadie. Los ojos en las hojas.<\/p>\n<p>La novela era interesante y los ruidos de portazos, taconeos y conversaciones absurdas a media voz no llegaban a desconcentrarla del todo. La espera ser\u00eda soportable.<\/p>\n<p>De repente, por el rabillo del ojo ve acercarse una mujer. Es muy gorda, y respira y camina con mucha dificultad, como si ese cuerpo le fuera ajeno y ella estuviera condenada a cargarlo de por vida como a un par\u00e1sito. Agradeci\u00f3 en silencio a Dios por haberle dado una contextura peque\u00f1a.\u00a0 Ya demasiado le costaba cargar con sus pensamientos: arrastrar un cuerpo de esas dimensiones le hubiera sido imposible. Se compadeci\u00f3 de la mujer y, de mala gana, sac\u00f3 sus cosas del banco para que la otra se acomodara.<\/p>\n<p>\u00ad- Gracias, querida\u00ad- resopl\u00f3.<\/p>\n<p>-Est\u00e1 bien- parpade\u00f3 Eugenia\u00ad y volvi\u00f3 a meter la mirada en el libro.<\/p>\n<p>Su compa\u00f1era de butaca ten\u00eda un desagradable olor a orina, y le dio la impresi\u00f3n de que cada vez que respiraba, ruidosamente, peque\u00f1as y vol\u00e1tiles gotas de saliva flotaban a su alrededor, envolvi\u00e9ndola en un halo repugnante.<\/p>\n<p>-Me confund\u00ed de consultorio, \u00bfsabe? Ped\u00ed ver a un nefr\u00f3logo y me mandaron ac\u00e1, del neur\u00f3logo. Yo no s\u00e9 estas chicas de la recepci\u00f3n, si no prestan atenci\u00f3n o si no tiene ganas de hacer bien las cosas.<\/p>\n<p>&#8211; Aha\u2026- exhal\u00f3 Eugenia dando vuelta una hoja.<\/p>\n<p>&#8211; Lo peor es que ahora tengo que ir al otro consultorio, que est\u00e1 en planta alta. Imagines\u00e9, querida, lo que es para m\u00ed subir esa escalera, porque el ascensor est\u00e1 roto, \u00bfsabe?<\/p>\n<p>&#8211; Imagino- dijo Eugenia sin tomar la posta. No ten\u00eda ganas de pararse y arriesgarse a que justo la llamaran cuando ella se levantara. Tampoco quer\u00eda tocar a esa mujer. H\u00fameda y con olor a pis.<\/p>\n<p>Hab\u00eda un par de chicos que correteaban y gritaban incesantemente, y una mujer, seguramente su madre, \u00a0segu\u00eda a uno de ellos arrastrando los pies y mirando a los dem\u00e1s con una sonrisa suficiente. A Eugenia le pareci\u00f3 un cuidado exagerado seguir a una criatura a medio metro en un lugar cerrado, y comprendi\u00f3 que lo que mujer deseaba era que los dem\u00e1s vieran su abnegaci\u00f3n y secretamente la aplaudieran. Le dio l\u00e1stima pensar\u00a0 en que necesitaba del reconocimiento de los dem\u00e1s para sentirse madre.<\/p>\n<p>&#8211; Hace ocho a\u00f1os que tengo problemas en los ri\u00f1ones, querida. \u00bfSabe lo que es vivir con eso? Los medicamentos me hinchan, la di\u00e1lisis es una tortura, me hacen tomar much\u00edsimo l\u00edquido por d\u00eda\u2026 diga que mi hijo me ayuda.<\/p>\n<p>Evidentemente la mujer no necesitaba respuestas para seguir con su parlamento. De manera gratuita dejaba caer sus intimidades sin que nadie las recogiera. Y sus secretos quedaban all\u00ed, abandonados y solos en medio de la sala, despreciados por los espectadores que hab\u00edan buscado otro entretenimiento para matar el tiempo: la voz de los m\u00e9dicos al llamar a sus pacientes, la gente que entraba, los cuadros, la lista con el plantel profesional, otras conversaciones.<\/p>\n<p>&#8211; Menos mal- coment\u00f3 la otra, m\u00e1s interesada en observar c\u00f3mo el aire se le hac\u00eda espeso a esa mujer, produciendo un ruido ronco entre cada palabra que sal\u00eda ara\u00f1ada de su garganta,\u00a0 que por conocer los detalles de su existencia.<\/p>\n<p>&#8211; Para eso son los hijos, \u00bfno? Uno los cr\u00eda, les deja la vida, y bueno\u2026 ellos algo devuelven, a veces.<\/p>\n<p>Eugenia desvi\u00f3 un momento la mirada hacia la madre que se arrastraba como aut\u00f3mata detr\u00e1s del nene que corr\u00eda y gritaba por la sala, y agradeci\u00f3 a la Providencia el no haber tenido hijos. Le pareci\u00f3 demasiado entregar la vida para que alguien la ayudara si probablemente quedara enferma.<\/p>\n<p>-Mi hijo mayor est\u00e1 casado, en Mendoza vive. Dos nietitos tengo, de cuatro y seis a\u00f1os. Casi ni los veo, bueno, alguna foto que mi otro hijo me muestra en la computadora, pero verlos verlos, para Navidad nom\u00e1s.<\/p>\n<p>Una enfermera pas\u00f3 arrastrando una silla de ruedas, en la que iba un adolescente con la pierna enyesada y los dedos incrustados en el celular. Pobre mujer, ni siquiera una palabra le cruzaba el chico. Qu\u00e9 ingrato trabajar ante tanta indiferencia.<\/p>\n<p>-Tambi\u00e9n tuve una hija, \u00bfsabe? Karina. A los veintisite a\u00f1os se me muri\u00f3\u2026<\/p>\n<p>Ac\u00e1 la mujer hizo una pausa m\u00e1s ronca a\u00fan, pero Eugenia no quer\u00eda saber la causa de la muerte. Deb\u00eda ser dif\u00edcil perder a alguien tan cercano. Ella hab\u00eda quedado viuda hac\u00eda unos a\u00f1os, pero su marido estaba tanto tiempo afuera, viajando por trabajo, que casi ni lo sinti\u00f3, y pens\u00f3 esa muerte como otro viaje m\u00e1s, quiz\u00e1 m\u00e1s largo.<\/p>\n<p>-\u00a1Qu\u00e9 pena!- fue todo lo que quiso decir.<\/p>\n<p>-Pero tengo otro hijo, el m\u00e1s chiquito. Bah\u2026 yo le digo chiquito pero tiene veinti\u00fan a\u00f1os ya. Cuando mi marido muri\u00f3 nos quedamos solitos con el Leo. Si viera usted c\u00f3mo lo zalamereo. Lo abrazo, le revuelvo el pelo, y \u00e9l se r\u00ede. Si viera c\u00f3mo se r\u00ede. \u00c9l me cuida, me ayuda a ba\u00f1arme. A veces pienso que le debe dar verg\u00fcenza\u2026 \u00a1pero qu\u00e9 va a tener, si soy la madre! Con lo que se me hinchan las rodillas casi ni camino sola. Me prepara la comida, me hace compa\u00f1\u00eda. No s\u00e9 qu\u00e9 har\u00eda sin \u00e9l. Dice que tiene una noviecita, pero yo no le creo. Todav\u00eda es un chiquil\u00edn.<\/p>\n<p>Eugenia sinti\u00f3 surgir en ella un sentimiento de compasi\u00f3n para ese pobre muchacho, atado en sus mejores a\u00f1os a esa mujer enferma y parlanchina. Y a ese olor.<\/p>\n<p>Le pareci\u00f3 que era mala educaci\u00f3n seguir sin mirarla, ya que la otra le estaba contando su vida. As\u00ed que apoy\u00f3 la novela en su regazo y puso sus ojos sobre la mujer, pero con la mirada ausente, tratando de perderse en mil sue\u00f1os lejanos. Sin embargo no pod\u00eda alejarse. Todos sus sentidos estaban all\u00ed, en ese escenario, escuchando, oliendo, \u00a0rozando el enorme cuerpo de la se\u00f1ora. Le parec\u00eda hasta sentir el sabor amargo de la orina. La aspereza de esa piel sucia. Eugenia sent\u00eda una conmiseraci\u00f3n tan profunda por esa mujer, que casi llegaba al asco. Hubiera hecho cualquier cosa por cambiarle el aspecto, el olor, la conversaci\u00f3n. O por correr el tel\u00f3n y no verla m\u00e1s.<\/p>\n<p>-Eugenia Sant\u00e1ngela- llam\u00f3 su doctora, la dermat\u00f3loga que le aconsejaba excelentes cremas para sus demorar sus arrugas y mejorar las manchas de su piel.<\/p>\n<p>Eugenia sinti\u00f3 un alivio profundo al escuchar su nombre y verse liberada de seguir asistiendo a esa puesta en escena de los males humanos.<\/p>\n<p>El Sanatorio hab\u00eda sido otrora un antiguo hospital de monjas, y algunos rastros de la fe de sus antiguas mentoras quedaban por ah\u00ed. En una peque\u00f1a placa de bronce sobre la pared del consultorio Eugenia ley\u00f3: <em>\u201cAl\u00e9grense con los que est\u00e1n alegres, lloren con los que lloran.\u201d (Rom 12, 15)<\/em>.<\/p>\n<p>-Bueno- pens\u00f3-\u00a0 me reconforta saber que hoy acompa\u00f1\u00e9 a esta mujer en sus pesares. Seguro Dios me recompensar\u00e1.<\/p>\n<p>&#8211;<\/p>\n<p>&#8211;<\/p>\n<p>Virginia B.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>. &#8211; COMPASI\u00d3N &#8211; &#8211; Eugenia entr\u00f3 en la sala de espera y se sinti\u00f3 mirada. 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