{"id":5247,"date":"2012-10-13T12:24:56","date_gmt":"2012-10-13T15:24:56","guid":{"rendered":"http:\/\/www.nuestrotaller.com.ar\/?p=5247"},"modified":"2012-10-13T12:26:32","modified_gmt":"2012-10-13T15:26:32","slug":"john-berger","status":"publish","type":"post","link":"http:\/\/marceloscalona.com.ar\/?p=5247","title":{"rendered":"JOHN BERGER"},"content":{"rendered":"<h3><\/h3>\n<h1><span style=\"color: #ff0000;\">La intimidad de un maestro<\/span><\/h1>\n<p><!-- BAJADA --><\/p>\n<h2>John Berger es uno de los escritores y artistas m\u00e1s l\u00facidos de la actualidad. La novelista Angela Pradelli y su hija lo visitaron en su casa, en un pueblito de la Alta Saboya francesa. Pradelli narra los detalles conmovedores de ese encuentro exclusivo \u2013el segundo entre ambos\u2013, que termin\u00f3 con el regalo de \u201cConversaci\u00f3n\u201d, un relato in\u00e9dito de Berger, que \u00d1 publica en esta edici\u00f3n.<\/h2>\n<p><!-- AUTOR --><!-- SI NO VIENE UNA IMAGEN UTILIZA EL HTML DEL BEGIN:simple - CASO CONTRARIO UTILIZA BEGIN:advanced Y PINTA LA IMAGEN --><\/p>\n<h4>POR \t<em>Angela Pradelli <\/em>&#8211; Especial, Desde Francia<\/h4>\n<div>\n<div>\n<ul>\n<div id=\"eniemailsendentitymo\">\n<form action=\"http:\/\/www.revistaenie.clarin.com\/literatura\/Entrevista-John-Berger_0_791320871.html#\" method=\"post\">\n<fieldset><\/fieldset>\n<\/form>\n<\/div>\n<\/ul>\n<\/div>\n<div>\n<div id=\"re-news-media\">\n<div id=\"re-news-media_img\">\n<div>\n<div><!-- PINTA ENLACE AL MODAL CON URL A IMAGEN GRANDE--><!--ENLACE IMAGEN MODAL--><a title=\"&quot;Berger es uno de los mejores escritores actuales. Algunos creemos que el Nobel ya tendr\u00eda que estar en sus manos&quot;.\" rel=\"nws_gallery\" href=\"http:\/\/www.revistaenie.clarin.com\/rn\/edicion-impresa\/intimidad-maestro_CLAIMA20121013_0014_8.jpg\"><!-- IMAGEN --><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" src=\"http:\/\/www.revistaenie.clarin.com\/rn\/edicion-impresa\/intimidad-maestro_CLAIMA20121013_0014_4.jpg\" alt=\"&quot;Berger es uno de los mejores escritores actuales. Algunos creemos que el Nobel ya tendr\u00eda que estar en sus manos&quot;.\" width=\"526\" height=\"296\" \/><\/a><\/div>\n<div>REVISTA \u00a0\u00d1<\/div>\n<div>http:\/\/www.revistaenie.clarin.com\/literatura\/Entrevista-John-Berger_0_791320871.html<\/div>\n<div><\/div>\n<\/div>\n<div>\n<div><a><\/a><\/p>\n<p><a><\/a><\/p>\n<\/div>\n<p>La enorme humanidad de Berger es uno de los rasgos que destaca Pradelli, Premio Clar\u00edn de Novela 2004, quien lo visit\u00f3 por primera vez en 2010. \u201cLlegar a \u00e9l es como llegar a casa\u201d, dice.<\/p>\n<\/div>\n<\/div>\n<p><script type=\"text\/javascript\"><\/script> <!-- VIDEOS --><\/p>\n<div id=\"re-news-media_vid\"><!-- PLAYER VIDEO \/ TITULO, BAJADA --><\/div>\n<\/div>\n<\/div>\n<p><script type=\"text\/javascript\"><\/script> <!-- AUDIO RELACIONADOS --><!-- TAGS --><\/p>\n<ul>\n<li><em>Etiquetado como:<\/em><\/li>\n<li><a rel=\"tag\" href=\"http:\/\/www.revistaenie.clarin.com\/rn\/tema\/john_berger.html\">John Berger<\/a><\/li>\n<\/ul>\n<p><!-- MAS RELACIONES --><\/p>\n<div><!-- GALERIAS  --><!-- NOTICIAS RELACIONADAS  --><\/p>\n<div>\n<h3>M\u00c1S INFORMACI\u00d3N<\/h3>\n<ul>\n<li><a title=\"Berger b\u00e1sico\" href=\"http:\/\/www.revistaenie.clarin.com\/rn\/literatura\/John_Berger_0_790721148.html\">Berger b\u00e1sico<\/a><\/li>\n<li><a title=\"Pradelli b\u00e1sico\" href=\"http:\/\/www.revistaenie.clarin.com\/rn\/literatura\/Pradelli_basico_0_790721149.html\">Pradelli b\u00e1sico<\/a><\/li>\n<li><a title=\"Conversaci\u00f3n &lt;br&gt; Relato in\u00e9dito de Berger para \u00d1\" href=\"http:\/\/www.revistaenie.clarin.com\/rn\/literatura\/ficcion\/Conversacion_0_791320873.html\">Conversaci\u00f3n<br \/>\nRelato in\u00e9dito de Berger para \u00d1<\/a><\/li>\n<li><a title=\"Contexto &lt;br&gt;El mejor lugar de la casa\" href=\"http:\/\/www.revistaenie.clarin.com\/rn\/literatura\/Contexo-tEl_mejor_lugar_de_la_casa_0_790721151.html\">Contexto<br \/>\nEl mejor lugar de la casa<\/a><\/li>\n<\/ul>\n<\/div>\n<p><!-- CONTENIDO RELACIONADOS DE BLOGS  --><!-- ENCUESTAS RELACIONADAS --><\/p>\n<\/div>\n<p><!-- .mr --><\/p>\n<div>\n<p>Es s\u00e1bado, salimos temprano, viajo con mi hija Martina, tomamos el primer tren desde Zurich a Ginebra, vamos camino a casa de John Berger. En el tren hablamos de su poes\u00eda, de sus libros en general, de lo mucho que significa siempre leerlos y tambi\u00e9n de los efectos poderosos que tiene la relectura de sus textos.<\/p>\n<p>El d\u00eda anterior, un mail de \u00d1 me ped\u00eda aprovechar la invitaci\u00f3n de la Literaturhaus y mi estad\u00eda en Zurich para organizar un encuentro con el escritor. Ser\u00eda el segundo, pues nos hab\u00edamos encontrado en 2010, tambi\u00e9n en su casa de Quincy, un pueblo de la Alta Saboya francesa. Aunque hab\u00eda tiempo, si quer\u00edamos una foto de Berger para la nota, hab\u00eda que apurarse. Mi hija, que es fot\u00f3grafa, se volv\u00eda a Buenos Aires en dos d\u00edas as\u00ed que s\u00f3lo nos quedaba el s\u00e1bado. Pero hab\u00eda algo m\u00e1s. Sab\u00eda por mi encuentro anterior que Berger adora la conversaci\u00f3n pero no le gustan las entrevistas.<\/p>\n<p>Quincy no est\u00e1 lejos de la frontera con Suiza pero aun as\u00ed cuesta llegar a ese peque\u00f1o pueblo donde vive el escritor desde hace m\u00e1s de treinta y cinco a\u00f1os. Desde Ginebra hay un transporte p\u00fablico que llega hasta all\u00ed y tiene s\u00f3lo dos servicios por d\u00eda que funcionan de lunes a viernes. El primero sale temprano por la ma\u00f1ana desde Francia para trasladar a los que trabajan en Ginebra y el otro vuelve a Francia despu\u00e9s de las seis de la tarde. Eso es todo.<\/p>\n<p>Pero hoy es s\u00e1bado, as\u00ed que cuando llegamos a Ginebra tomamos un taxi, \u00fanica forma de llegar a la Alta Saboya durante los d\u00edas del fin de semana. La mujer que maneja es una espa\u00f1ola que dice haber estado por esa zona hace m\u00e1s de veinte a\u00f1os pero programa el gps porque no recuerda el camino. Estamos a principios de septiembre, y la ma\u00f1ana es transparente y c\u00e1lida en un oto\u00f1o que parece haberse adelantado algunos d\u00edas al calendario.<\/p>\n<p>Desde la primera vez que estuve con Berger en 2010 entonces, nos hemos escrito algunos mails, tambi\u00e9n con su mujer Beverly. Hoy, como cuando anduve este camino del este de Francia por primera vez, el paisaje me recuerda mucho a la zona del norte de Italia que tuve que recorrer para buscar a mis parientes hace unos a\u00f1os. Incluso por momentos, en el recuerdo, los caminos parecen hacerse uno.<\/p>\n<p>En aquella primera visita al preguntarme por mi familia italiana Berger se hab\u00eda sorprendido cuando mencion\u00e9 que eran del pueblo de Peli, en la comuna de Coli. \u201cConozco Coli \u2013me hab\u00eda dicho\u2013, es tambi\u00e9n un lugar muy lindo\u201d. Me cont\u00f3 que cuando era joven hab\u00eda recorrido Europa en moto y que hab\u00eda estado all\u00ed. Coli, con sus peque\u00f1os paeses , le recordaba la zona de Mieussy, a la que pertence Quincy, tanto por el parecido que ten\u00edan en la vegetaci\u00f3n del camino que sube la monta\u00f1a como por sus peque\u00f1os poblados. Lo pens\u00e9 en ese momento mientras Berger me hablaba, lo escribo reci\u00e9n ahora: hay una belleza de los lugares \u2013que no est\u00e1 solo en los paisajes\u2013 y que descubrimos en los caminos por los que transitamos algunas b\u00fasquedas propias. Ciertas bellezas que se repiten aqu\u00ed y all\u00e1 y que, aun cuando se trate de caminos diferentes, terminan pareci\u00e9ndose unas y otras en su esencia.<\/p>\n<p>La taxista espa\u00f1ola es simp\u00e1tica, por momentos demasiado. Se pregunta c\u00f3mo puede un escritor dejar la vida de ciudad, irse a vivir a un pueblo de campesinos y hacer algo tan dif\u00edcil como trabajar la tierra en un pueblito aislado. Se pregunta tambi\u00e9n c\u00f3mo vamos a hacer, cuando lleguemos al pueblo, para saber exactamente d\u00f3nde vive el escritor. Le digo a la taxista que, una vez en Quincy, seguro reconocer\u00e9 la casa. Pero como entramos por un camino distinto esta vez, decidimos que preguntar\u00edamos a la cartera que vemos a unos cien metros y que est\u00e1 repartiendo la correspondencia casa por casa. \u201cOh, s\u00ed, s\u00ed, John Berger\u201d \u2013contesta la cartera con un orgullo indisimulable\u2013 y nos da sus indicaciones.<\/p>\n<p>La taxista dice que le parece mejor esperarnos, que se quedar\u00e1 all\u00ed hasta que nos atiendan, y apaga el motor de su auto. Supongo que algo le hace desconfiar que encontremos al escritor. Las puertas de la casa de Berger est\u00e1n de par en par abiertas. Apenas bajamos del taxi, es una corta distancia, se advierten los movimientos serenos de la vida de una casa en un pueblo de campesinos un s\u00e1bado por la ma\u00f1ana. La cartera que nos indic\u00f3 c\u00f3mo llegar, pienso, ya debe de haber pasado por esta casa, a juzgar por el buz\u00f3n que rebalsa sobres de distintos tama\u00f1os.<\/p>\n<p>En el jard\u00edn del lote que est\u00e1 pegado a la casa, desde lejos, se ve la cabeza blanca de Berger recort\u00e1ndose en el verdor fresco de esa ma\u00f1ana en la monta\u00f1a. Est\u00e1 sentado a una mesa y desde aqu\u00ed parece concentrado en lo que tiene entre manos. Berger levanta la vista, nos ve y se para, se sonr\u00ede, viene r\u00e1pido a nuestro encuentro, nos abraza. Vamos juntos a despedir a la taxista. \u201cYa nos arreglaremos para la vuelta, dice \u00e9l, ahora entren\u201d. Y pasamos los tres al jard\u00edn.<\/p>\n<p>La mesa est\u00e1 ubicada cerca de los \u00e1rboles, entre la luz y la sombra. Las ramas de un ciruelo la protegen pero al mismo tiempo dejan tambi\u00e9n entrar el sol. Berger est\u00e1 preparando una ensalada de papas y cebollas. Una escritora sueca est\u00e1 sentada en una de las cabeceras escribiendo una dedicatoria en el libro en el que cuenta sus experiencias como ciclista. Cuando nos sentamos, esa mesa de madera sobre la que nos apoyamos, con las verduras, los cuchillos, las telas moradas de la cebolla y las manos del escritor, parece un cuadro. La escritora sueca termina de escribir, lee en voz alta la dedicatoria y enseguida nos deja a los tres solos.<\/p>\n<p>Berger ofrece caf\u00e9 y pregunta si estamos bien ah\u00ed afuera. Trae tambi\u00e9n un plato con galletas de miel. Habl\u00e1bamos de la vida en las monta\u00f1as cuando su mujer, Beverly, se suma a nosotros. A unos pocos metros, la quinta para consumo diario, los \u00e1rboles de frutos y nueces. En uno de los \u00e1ngulos del jard\u00edn, un ba\u00f1o de los que se constru\u00edan sin instalaciones el\u00e9ctricas ni sanitarias que sigue funcionando y en cuyas paredes internas pueden verse fotos, dibujos, trozos de textos. Habl\u00e1bamos tambi\u00e9n de lo diferente que es la vida que se vive lejos de las grandes ciudades. A Beverly le gusta vivir ac\u00e1, claro, pero \u201c\u2026 incluso en este lugar tan hermoso, dice, la vida es dif\u00edcil. El invierno aqu\u00ed es muy fr\u00edo y muy largo\u201d.<\/p>\n<p>Del \u00faltimo viaje a la cocina Berger trae un peque\u00f1o jarro en el que hab\u00eda calentado la leche que \u00e9l mismo nos sirve para cortar el caf\u00e9. Parecen detalles, una enumeraci\u00f3n de peque\u00f1os gestos sin significado. No lo son. Cuando publiqu\u00e9 mi primera cr\u00f3nica sobre la visita a la casa del escritor, muchos me preguntaron c\u00f3mo hab\u00eda sido la experiencia de conocerlo. Berger es un poeta enorme, uno de los mejores escritores contempor\u00e1neos, un pensador tan l\u00facido. Algunos creemos que el Nobel ya tendr\u00eda que estar en sus manos. Pero Berger es tambi\u00e9n, y sobre todo, alguien de quien lo primero que se percibe es su enorme humanidad. Y alguien con quien no hay distancias porque siempre est\u00e1 cerca. Llegar a Berger es como llegar a casa, ese lugar en donde podemos ser nosotros y sentir felicidad. \u201cEstoy tratando de recordar cu\u00e1ndo vino por primera vez\u201d \u2013dice Beverly. \u201cFue hace dos a\u00f1os, dice Berger, y pregunta, \u00bfno era oto\u00f1o tambi\u00e9n?\u201d  Las escenas y los di\u00e1logos con Berger me recuerdan aquel retrato de Ch\u00e9jov que hizo Gorki, que durante algunos a\u00f1os fue su asistente. \u201cCreo, apunt\u00f3 Gorki en su libreta, que cada hombre experimentaba involuntariamente en presencia de Ant\u00f3n P\u00e1vlovich Ch\u00e9jov el deseo de ser m\u00e1s sencillo, m\u00e1s verdadero, m\u00e1s igual a s\u00ed mismo; he observado, m\u00e1s de una vez, c\u00f3mo la gente hac\u00eda desaparecer, ante \u00e9l, el h\u00e1bito multicolor de las frases librescas, de las expresiones de moda y de todas esas nimiedades de escaso valor\u201d.<\/p>\n<p>A esta altura pienso que deber\u00edamos empezar ya con las preguntas. El escritor sabe que ser\u00e1 para un art\u00edculo de tapa, y sabe tambi\u00e9n que su palabra es importante. Berger, puesto a contestar preguntas, aunque hace un esfuerzo, no encuentra las respuestas adecuadas. Las que encuentra no le parecen suficientemente buenas para publicar.<\/p>\n<p>Cuando dejamos las preguntas y volvemos a nuestra conversaci\u00f3n, Berger vuelve a ser \u00e9l. Nos cuenta que por estos d\u00edas est\u00e1 leyendo a Federico Garc\u00eda Lorca. Despu\u00e9s trae de la casa publicaciones, revistas de fotograf\u00eda que hojeamos juntos, libros suyos que nos regala y que van apil\u00e1ndose sobre la mesa.<\/p>\n<p>Nos detenemos en autores y fot\u00f3grafos. Berger cuenta que conoci\u00f3 personalmente a Paul Strand, el fot\u00f3grafo neoyorquino que en sus fotos rechazaba las poses y buscaba siempre lo espont\u00e1neo. Uno de los libros que Berger deja sobre la mesa, que nunca le\u00ed hasta ahora, me atrae especialmente. Otra manera de contar. Mientras Martina y Berger hablan de fot\u00f3grafos, y especialmente de Paul Strand, abro el libro al azar y leo lo que Berger escribi\u00f3 all\u00ed sobre el fot\u00f3grafo h\u00fangaro Andr\u00e9 Kert\u00e9sz y sus fotograf\u00edas. : \u201cEn \u2018Partida de un h\u00fasar rojo\u2019\u201d, la idea concierne a la quietud. Todo se lee como movimiento: los \u00e1rboles contra el cielo, los pliegues de su ropa, la escena de la partida, la brisa que desordena el cabello del peque\u00f1o, la sombra de los \u00e1rboles, el pelo de la mujer en la mejilla, el \u00e1ngulo en el que son transportados los rifles. Y dentro de ese flujo, la idea de quietud provocada por la mirada entre el hombre y la mujer. Y la lucidez de esta idea nos hace reflexionar sobre la quietud que nace de cada partida\u201d.<\/p>\n<p>\u201cLas tres vidas de Lucie Cabrol\u201d es un relato incluido en Puerca tierra  en el que uno de sus personajes se traslada a la Argentina. La vez anterior le dije algo a Berger que le repito ahora: que tiene que venir a conocer la Argentina. Berger se sonr\u00ede.<\/p>\n<p>\u2013Es una invitaci\u00f3n.<\/p>\n<p>\u2013Est\u00e1 demasiado lejos \u2013dice. Ser\u00eda un viaje muy largo para m\u00ed.<\/p>\n<p>\u2013Tiene muchos lectores all\u00e1 \u2013le digo.<\/p>\n<p>\u2013\u00bfS\u00ed? \u2013pregunta Berger, que siempre se sorprende cuando escucha estos comentarios sobre la repercusi\u00f3n de sus libros.<\/p>\n<p>Despu\u00e9s reclina la espalda, se sujeta el ment\u00f3n y se queda en silencio. En el norte de Italia los habitantes valoran el silencio tanto como la palabra. Es frecuente que al conversar con ellos se hagan esos silencios cuya densidad sostiene tanto como el buen di\u00e1logo. Las conversaciones con Berger atraviesan tambi\u00e9n esos silencios espesos y c\u00f3modos que nos hacen comprender la verdadera dimensi\u00f3n del encuentro. Berger tira la cabeza hacia atr\u00e1s y finalmente pregunta.<\/p>\n<p>\u2013\u00bfCu\u00e1ntas horas dura el viaje a la Argentina?<\/p>\n<p>Se sabe la admiraci\u00f3n de Berger por la obra de Giacometti. Recientemente, en Zurich, en el museo Kunsthaus, a unas pocas cuadras de la casa en donde vivo por estos meses, se acaba de inaugurar una muestra de Alberto Giacometti con las obras que don\u00f3 su hermano Bruno, y que en total suman m\u00e1s de cien piezas. All\u00ed pueden verse adem\u00e1s de \u201cEl hombre que camina\u201d, varias de sus piezas m\u00e1s famosas, cuadros, una cantidad importante de sus dibujos.<\/p>\n<p>Berger escribi\u00f3 mucho sobre la obra de Giacometti, y algunos de nosotros conocimos al artista suizo primero en la escritura de Berger. Vuelvo a abrir Otra forma de contar . Mientras lo hojeo escucho fragmentos de la conversaci\u00f3n entre Berger y Martina. Ella est\u00e1 trabajando en un proyecto de fotos de tumbas de escritores, m\u00fasicos, fil\u00f3sofos, as\u00ed que hablan de la tumba de Giacometti. Que el artista est\u00e1 enterrado en Borgonovo, confirma Berger, junto con sus padres; hablan tambi\u00e9n sobre c\u00f3mo llegar hasta all\u00ed y si habr\u00e1 obra de Giacometti en Borgonovo o en Stampa. Mientras oigo estos retazos del di\u00e1logo, leo al azar: \u201cUn joven duerme apoyado en la mesa de un lugar p\u00fablico, un caf\u00e9 quiz\u00e1s. La expresi\u00f3n de su cara, su car\u00e1cter, la forma en que la luz y la sombra disuelven su figura, su ropa, su camisa abierta y el peri\u00f3dico sobre la mesa, su salud y su cansancio, la noche: todas estas cosas est\u00e1n visualmente presentes en este suceso y son particulares\u201d.<\/p>\n<p>Salteo algunos p\u00e1rrafos: \u201cEl papel se corresponde con la tela, los pliegues con los rasgos faciales, con la impresi\u00f3n, con la oscuridad, con la luz, con la legibilidad. En la calidad de la receptividad de Kert\u00e8sz en esta ocasi\u00f3n vemos c\u00f3mo la ausencia de intencionalidad de una fotograf\u00eda se convierte en su fuerza, su lucidez\u201d.<\/p>\n<p>Pero ahora tengo que volver a las preguntas. El tiempo va pasando demasiado r\u00e1pido, tengo que hacerle esas preguntas para la nota. Otra vez Berger pone lo mejor de s\u00ed y todo parece indicar que ahora va a contestar. Le hace una se\u00f1a a Martina, que va a filmar la respuesta. Berger se acomoda en el banco. Lo intenta, empieza una oraci\u00f3n y la interrumpe, se disculpa, dice que no es un experto en esos temas y que duda de que las respuestas sean un aporte. Pero Berger hace el esfuerzo. La c\u00e1mara registra eso. Berger se agarra la cabeza, se acomoda otra vez en el banco, se refriega las manos. Esa filmaci\u00f3n en la que por unos minutos se lo ve a John Berger que quiere contestar una par de preguntas y no puede, no es sin embargo, quiero resaltarlo, la imagen de la imposibilidad. Por el contrario, en esos minutos en los que Berger intenta responder, se detiene y se acomoda en el banco hay otra cosa. Es algo que pone en tensi\u00f3n, y los desarma tambi\u00e9n, los resortes que tienen que ver con los reportajes y las entrevistas. Habr\u00e1 que pensarlo, lo digo con cierto \u00e9nfasis, habr\u00eda que meditar sobre esos minutos porque sin duda son otra lecci\u00f3n del maestro.<\/p>\n<p>Entonces, volvemos a dejar la entrevista, nos entregamos a la conversaci\u00f3n y ahora ser\u00e1 para siempre. Berger nos cuenta que en este momento est\u00e1 entre el final de un libro y el inicio de otro. En el nuevo, hablar\u00e1 de las diferentes canciones y las tomar\u00e1 como ejes. La c\u00e1mara todav\u00eda est\u00e1 sobre la mesa. A Berger le gusta, incluso creo que mucho, que le tomen fotos. Entre una foto y otra se peina con las manos, se limpia los ojos. Ofrece cambiarse de lugar. Pregunta si salen bien, si es necesario cambiar el \u00e1ngulo. Pregunta tambi\u00e9n por la luz. Despu\u00e9s mira las fotos con detenimiento y mientras \u00e9l y Martina hablan sobre las im\u00e1genes, yo voy plegando el papel con las preguntas.<\/p>\n<p>Berger trae un vino blanco y propone un brindis. Ahora el sol da de lleno sobre nuestros rostros. El vino es dulce y est\u00e1 helado. Tambi\u00e9n en el brindis el escritor es generoso, brinda por los libros y las fotos de los otros. La entrevista parece haber quedado ya muy atr\u00e1s, pero de golpe Berger parece preocupado.<\/p>\n<p>\u2013\u00bfY ahora c\u00f3mo va a hacer con la nota? \u2013quiere saber.<\/p>\n<p>\u2013No s\u00e9 \u2013le digo\u2013, no importa.<\/p>\n<p>\u2013Es que no pude contestar esas preguntas.<\/p>\n<p>\u2013De verdad, no importa eso.<\/p>\n<p>\u2013No puedo dejar que usted se vaya as\u00ed, con las manos vac\u00edas \u2013dice\u2013, \u00bfSabe qu\u00e9 vamos a hacer?<\/p>\n<p>Entonces le pide a Beverly que imprima Conversation , uno de sus relatos in\u00e9ditos.<\/p>\n<p>No s\u00e9 qu\u00e9 decir ante ese gesto que es pura generosidad.<\/p>\n<p>Ya tengo el cuento en mis manos cuando Berger confirma por si no hubiese quedado claro: \u2013Puede publicarlo a cambio de las respuestas \u2013dice, y nos re\u00edmos\u2013. Puede publicarlo donde quiera.<\/p>\n<p>\u2013Lo vamos a publicar en la revista \u2013le digo.<\/p>\n<p>\u2013Pero tengo que pedirle un favor.<\/p>\n<p>\u2013Lo que sea.<\/p>\n<p>\u2013Tengan cuidado con la traducci\u00f3n. Tuve malas experiencias con ese tema.<\/p>\n<p>Le digo que no se preocupe, que va a estar en buenas manos.<\/p>\n<p>Vamos juntos bajando la calle. Los abrazos, las palabras y los silencios son igual de espesos en la despedida. Berger es como llegar a casa, ese lugar al que siempre quisi\u00e9ramos regresar.<\/p>\n<\/div>\n<\/div>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>La intimidad de un maestro John Berger es uno de los escritores y artistas m\u00e1s l\u00facidos de la actualidad. 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