{"id":5257,"date":"2012-10-15T18:44:35","date_gmt":"2012-10-15T21:44:35","guid":{"rendered":"http:\/\/www.nuestrotaller.com.ar\/?p=5257"},"modified":"2012-10-15T18:44:35","modified_gmt":"2012-10-15T21:44:35","slug":"javier-cercas-nuevo-libro","status":"publish","type":"post","link":"http:\/\/marceloscalona.com.ar\/?p=5257","title":{"rendered":"JAVIER CERCAS, nuevo libro"},"content":{"rendered":"<p>.<\/p>\n<div>\n<div>\n<h1 id=\"titulo_noticia\">En los confines de la vida<\/h1>\n<div id=\"subtitulo_noticia\">\n<h2>Javier Cercas vuelve a implicarse en la ficci\u00f3n con &#8216;Las leyes de la frontera&#8217;.<\/h2>\n<h2>Una novela n\u00edtida y compleja, trepidante y melanc\u00f3lica que retrata la<\/h2>\n<h2>delincuencia juvenil que floreci\u00f3 en Espa\u00f1a durante los a\u00f1os setenta y ochenta<\/h2>\n<\/div>\n<\/div>\n<\/div>\n<div><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" src=\"http:\/\/ep01.epimg.net\/cultura\/imagenes\/2012\/09\/26\/actualidad\/1348656555_302953_1348656609_noticia_normal.jpg\" alt=\"\" width=\"560\" height=\"352\" \/><\/div>\n<div>\n<div>\n<div>\n<p>El protagonista de la novela de Cercas est\u00e1 inspirado en Juan Jos\u00e9 Moreno Cuenca, &#8216;El Vaquilla&#8217; (Barcelona, 1961-Badalona, 2003). Arriba, fotografiado en 1999. \/ Foto: Joan Guerrero<\/p>\n<\/div>\n<p><script type=\"text\/javascript\"><\/script><\/p>\n<div>&#8211;<\/div>\n<div>&#8211;<\/div>\n<div><\/div>\n<p><script type=\"text\/javascript\"><\/script><\/div>\n<div id=\"cuerpo_noticia\">\n<p><strong><em>Las leyes de la frontera<\/em><\/strong><\/p>\n<p>&#8211;<\/p>\n<p><strong>Javier Cercas<\/strong><\/p>\n<p>&#8211;<\/p>\n<p><strong>Mondadori. Barcelona, 2012<\/strong><\/p>\n<p><strong>384 p\u00e1ginas. 21,90 euros (electr\u00f3nico: 13,99)<\/strong><\/p>\n<p>Casi todas las novelas tratan de c\u00f3mo su autor se encontr\u00f3 con ellas y c\u00f3mo luego fue cont\u00e1ndoselas a s\u00ed mismo, antes de hacerlo a los dem\u00e1s. Muchos relatos no hacen expl\u00edcitas estas dos frases del proceso pero, desde el <em>Quijote<\/em>, bastantes otros detallan esos preliminares. No creo que tal cosa resuelva la identidad escurridiza de lo que se ha dado en llamar autoficci\u00f3n, ni tampoco que agote la forma de narrar de Javier Cercas, tan cercana a este marbete que parece hecho a su medida. El autor expl\u00edcito de <em>Las leyes de la frontera<\/em> es s\u00f3lo un interrogador sin nombre que surge para provocar y enhebrar las confesiones de un abogado penalista de \u00e9xito, un director de prisi\u00f3n y un polic\u00eda, ambos dos al borde del retiro. El motivo: saber de la vida y la leyenda de Antonio Gamallo, alias <em>El Zarco,<\/em> al que todos ellos conocieron. La sustancia moral y la estrategia literaria que todo esto comporta lo aclara el entrevistador cuando dice al director de la c\u00e1rcel: \u201cAl principio, la idea era esa, s\u00ed: escribir un libro sobre El Zarco donde se denunciasen todas las mentiras que se han contado sobre \u00e9l y se contase la verdad o un trozo de la verdad. Pero uno no escribe los libros que quiere, sino los que puede o los que encuentra y el libro que yo he encontrado es ese y no es ese [\u2026]. Lo sabr\u00e9 cuando termine de escribirlo\u201d.<\/p>\n<div id=\"sumario_1|html\"><a name=\"sumario_1\"><\/a>El h\u00e9roe principal, El Zarco, que se refleja en las palabras de los otros se parece mucho a Juan Jos\u00e9 Moreno Cuenca, &#8216;El Vaquilla&#8217;<\/p>\n<\/div>\n<p>Puede que entonces tampoco lo sepa \u00e9l y por eso deje solamente complejas pistas al lector. Cercas ha sentido otra vez la necesidad imperativa (\u00bfsuperstici\u00f3n, quiz\u00e1?) de implicarse en la ficci\u00f3n que cuenta o, mejor todav\u00eda, de arrastrar en la red de su invenci\u00f3n un mont\u00f3n de pecios colectivos. Las peque\u00f1as miserias de la vida acad\u00e9mica fueron el <em>humus<\/em> en que arraigaron y crecieron <em>El inquilino<\/em> y <em>El vientre de la ballena<\/em>; la responsabilidad y quiz\u00e1 la culpa de escribir, o de haber escrito, anida en <em>El inquilino<\/em> y <em>La velocidad de la luz,<\/em> mientras que la comez\u00f3n de entender lo que s\u00f3lo se supo vagamente est\u00e1 en <em>Anatom\u00eda de un instante<\/em>, como la de participar en un turbio pasado com\u00fan inspir\u00f3 <em>Soldados de Salamina<\/em>. La raz\u00f3n de esto viene al final del libro, de nuevo en boca del interrogador: \u201cLa ficci\u00f3n siempre supera a la realidad, pero la realidad es mucho m\u00e1s rica que la ficci\u00f3n\u201d. Y el riesgo vale la pena aunque no asegure ninguna especie de definitiva certidumbre; cuando acaba esta novela n\u00edtida y compleja, trepidante y melanc\u00f3lica, Ignacio Ca\u00f1as, el penalista, se lo dice al inspector Cuenca: \u201cNo sab\u00eda nada\u201d. Porque el conocimiento de una historia s\u00f3lo engendra dolor y m\u00e1s ignorancia, ya que siempre hay en ella \u201cuna iron\u00eda infinitamente seria o una malicia absolutamente ir\u00f3nica o un enorme malentendido\u201d.<\/p>\n<p>El h\u00e9roe principal, El Zarco, que se refleja en las palabras de los otros se parece mucho a Juan Jos\u00e9 Moreno Cuenca, <em>El Vaquilla<\/em>, muerto en Can Rut\u00ed en 2003 (tambi\u00e9n su cronista cinematogr\u00e1fico, el director Berm\u00fadez, tiene algo que ver con Jos\u00e9 Antonio de la Loma, pero su desastrado final se parece m\u00e1s al de otro apasionado del mundo quinqui, Eloy de la Iglesia). Cercas ha escrito de la \u00e9poca que cre\u00f3 la delincuencia juvenil y que, con inconsciencia c\u00ednica, la mitific\u00f3 (dos personajes, El Lute y El Vaquilla, marcaron la Transici\u00f3n: el primero era tranquilizador, en el fondo; el segundo, un mu\u00f1eco tr\u00e1gico). Pero, m\u00e1s que de Gerona y de 1978, Cercas habla de las fronteras en que se desarrolla la vida. La primera es la que separa el h\u00e9roe y el histri\u00f3n y en ella habita El Zarco. Las fronteras de Ignacio Ca\u00f1as, su compinche y abogado, se sit\u00faan entre la admiraci\u00f3n y la mala conciencia, entre el ego\u00edsmo y la debilidad, entre la amistad masculina y la rivalidad. Pero tambi\u00e9n hay una frontera de uso colectivo donde confluyen la simpat\u00eda y el esperpento. Y otra que deber\u00eda separar el bien y el mal, aunque sean reversibles; lo sabe el director de la c\u00e1rcel, un personaje espl\u00e9ndido (como el inspector Cuenca o el conmovedor padre de Ignacio): \u201c\u00bfEst\u00e1 usted seguro de que el bien y el mal es lo mismo para todo el mundo?\u201d.<\/p>\n<p>Aqu\u00ed y all\u00e1 la novela evoca el recuerdo de la serie de la televisi\u00f3n japonesa <em>La frontera azul,<\/em> que se emiti\u00f3 en Espa\u00f1a justo en 1978 y que trataba de un ej\u00e9rcito chino de proscritos, de sus legendarias peleas y de su redenci\u00f3n final, al servicio de un ben\u00e9volo Emperador. Una visita a eso que llaman \u201cforos sociales\u201d de Internet permite comprobar que todav\u00eda tiene a\u00f1orantes, como lo son Ignacio Ca\u00f1as, El Zarco e incluso Tere, adem\u00e1s de Javier Cercas. <em>Las leyes de la frontera<\/em> respira con toda naturalidad mitolog\u00edas narrativas, ecos de cine negro o del cine oto\u00f1al del Oeste, y de estos \u00faltimos viene la sensaci\u00f3n de melanc\u00f3lica irremediabilidad que encarna el abogado Ca\u00f1as, c\u00ednico a veces, cr\u00e9dulo otras. Porque la frontera principal es, sin duda, la del pasado y el presente. Ignacio ha probado, al pasarla por \u00faltima vez, \u201cla sensaci\u00f3n de malentendido y de vida prestada\u201d que al final queda. Aunque tambi\u00e9n permanezcan en su memoria (y en la nuestra) los ojos verdes de la Tere, aureolada, como las hero\u00ednas tr\u00e1gicas, de un halo tentador de sexualidad, incesto y traici\u00f3n. Es un personaje digno de Juan Mars\u00e9\u2026<\/p>\n<p>&#8211;<\/p>\n<p>&#8211;<\/p>\n<p>www.elpais.com<\/p>\n<p>29 set 2012<\/p>\n<\/div>\n<\/div>\n<div><script type=\"text\/javascript\"><\/script> <script type=\"text\/javascript\"><\/script><\/div>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>. En los confines de la vida Javier Cercas vuelve a implicarse en la ficci\u00f3n con &#8216;Las leyes de la frontera&#8217;. 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