{"id":5270,"date":"2012-10-18T00:26:49","date_gmt":"2012-10-18T03:26:49","guid":{"rendered":"http:\/\/www.nuestrotaller.com.ar\/?p=5270"},"modified":"2012-10-18T00:29:09","modified_gmt":"2012-10-18T03:29:09","slug":"5270","status":"publish","type":"post","link":"http:\/\/marceloscalona.com.ar\/?p=5270","title":{"rendered":"GERM\u00c1N CAPORALINI"},"content":{"rendered":"<p>.<img decoding=\"async\" src=\"http:\/\/2.bp.blogspot.com\/--Gc7jQHEotI\/UE6NNitr12I\/AAAAAAAAAF8\/etUMwUMAWYg\/s220\/German.png\" alt=\"[German.png]\" \/><\/p>\n<p>.<\/p>\n<h1><strong><span style=\"color: #993300;\">EL LEGADO FAMILIAR<\/span><\/strong><\/h1>\n<p><strong><span style=\"color: #993300;\">&#8211;<\/span><\/strong><\/p>\n<p><strong><span style=\"color: #993300;\">&#8211;<\/span><\/strong><\/p>\n<p><strong><span style=\"color: #993300;\">Luego del velatorio y posterior cremaci\u00f3n, todos los familiares del difunto -un t\u00edo rico y solter\u00f3n- fuimos a su casa, convocados por el escribano quien hac\u00eda las veces de representante legal. Hac\u00eda varios a\u00f1os que nuestro t\u00edo viv\u00eda solo (desde el fallecimiento de su madre) y aunque conservaba una buena relaci\u00f3n con todos, pas\u00f3 un largo per\u00edodo sin que ninguno fuera a visitarlo a su casa, por lo que casi nadie sab\u00eda qu\u00e9 cosas conservaba celosamente guardadas en esa extra\u00f1a mansi\u00f3n.<br \/>\nQuiz\u00e1 por ser un hombre exc\u00e9ntrico, culto y refinado o por la desidia familiar del resto de los parientes, lo cierto es que se hab\u00eda producido un distanciamiento paulatino que nos dej\u00f3 a casi todos sin un contacto cari\u00f1oso y fluido con esa parte del \u00e1rbol geneal\u00f3gico. La mayor\u00eda lo cre\u00eda un ser avaro y despreciable, y nunca faltaba alguien que pusiera en duda su honor y sus costumbres, pero la verdad es que esas descripciones siempre aparec\u00edan luego de que el t\u00edo les negara un pr\u00e9stamo, sabiendo que no habr\u00eda devoluci\u00f3n posible. Viejo conocedor de las artima\u00f1as de los negocios financieros -pues hab\u00eda hecho una peque\u00f1a fortuna a fuerza de trabajo y buenas inversiones- argumentaba firmemente las razones por la cual renegaba de dicha petici\u00f3n a cada uno de los que fueran a solicitarle dinero. Los consideraba a todos aprovechadores, farsantes, y adem\u00e1s sab\u00eda que m\u00e1s de uno era un ser inmoral. A ciertos personajes que detestaba los hab\u00eda acusado de ser un fraude y una verg\u00fcenza para la familia. Algunos se hab\u00edan tomado el trabajo de enamorar a sus novias -sobrinas f\u00e1cilmente sobornables con la artima\u00f1a de las flores y los bombones- mediante el enga\u00f1o de la pasi\u00f3n por casarse y tener la excusa de acercarse aun m\u00e1s a la fortuna del t\u00edo. Confiaban en que \u00e9l ten\u00eda el deber familiar de prestarles dinero para alg\u00fan negocio oscuro, y que luego del \u00e9xito comercial la prosperidad los ayudar\u00eda a seguir adelante. O sea, que la mediocridad en la cual manten\u00edan a sus esposas e hijos en sus actuales vidas mezquinas, suspendidas como en vilo, pendiendo de la miseria y la falta de escr\u00fapulos era culpa del t\u00edo rico y solter\u00f3n. As\u00ed y todo, decidimos cumplir su \u00faltimo deseo.<br \/>\nDesde que entramos -algunos aun sosteniendo la farsa del duelo-, una extra\u00f1a sensaci\u00f3n me hizo sentir como un invasor. Aunque sab\u00eda que no necesitaba llevarme nada del lugar, entr\u00e9 con el resto de la familia, que estaba decidida a arrasar con todo. Cruc\u00e9 el dintel muy despacio y en silencio, pidiendo permiso al escribano con humildad y respeto, como si a\u00f1orara los buenos momentos de mi infancia que disfrut\u00e9 en esa casa, acostumbrado a visitar los fines de semana, para hacerle compa\u00f1\u00eda y aprovechar la paz interior del lugar en mis tareas escolares.<br \/>\nSupon\u00eda que en instantes iba a desarrollarse una escena turbia y desenfrenada, por lo que s\u00f3lo atin\u00e9 a pedir disculpas al cielo. A medida que \u00edbamos entrando cada uno iba tomando posici\u00f3n y se acomodaba en el living de la casa alrederor de la mesa, como soldados de un pelot\u00f3n a quienes fueran a pasar revista. Cuidadoso de todos los detalles que rodearon siempre al t\u00edo, el ambiente se dej\u00f3 mecer por esa imagen en nuestro recuerdo. Todo permanec\u00eda impecable y produc\u00eda en m\u00ed una sensaci\u00f3n de humildad y de peque\u00f1ez ante la imponencia del lugar. Sab\u00edamos que iba a dejar un testamento escrito -nada quedar\u00eda librado al azar-, y acertamos. El escribano pidi\u00f3 autorizaci\u00f3n para comenzar a leerlo y aunque todos simularon estar desentendidos, cada quien lo esperaba sabiendo qu\u00e9 cosas ven\u00eda a llevarse.<br \/>\nSobre la mesa principal hab\u00eda quedado una cantidad de medicaci\u00f3n a medio consumir. Su ama de llaves hab\u00eda cumplido en dejar todo como estaba antes de la \u00faltima internaci\u00f3n que ya no le permiti\u00f3 retornar a la casa. En las vitrinas de un amplio mueble que se encontraba custodiando una pared del living, permanec\u00edan intactos desde hac\u00eda muchos a\u00f1os -lo recuerdo as\u00ed- una cantidad importante de piezas de diverso valor pero de incalculable afecto para el t\u00edo.<br \/>\nSus numerosos viajes al exterior, muchos de ellos por negocios y otros tantos de placer le hab\u00edan dado la posibilidad de adquirir una gran colecci\u00f3n de piezas de arte de diversos or\u00edgenes, algunas valuadas por expertos como verdaderas antig\u00fcedades, y que exced\u00edan la comprensi\u00f3n de toda la familia.<br \/>\nLa vajilla de porcelana italiana, el reloj de pared del bisabuelo tra\u00eddo de Suiza, la colecci\u00f3n de pipas alemanas combinadas con las de espuma de mar noruegas, y en un apartado especial, algunas armas de B\u00e9lgica con el sello real de la corona. Sobre la pared opuesta, sus cuadros de un pintor dan\u00e9s desconocido. Al lado, una repisa con figurillas de jade de Jap\u00f3n, y junto a ella, una valiosa escultura de laca de China, ambas tra\u00eddas de su viaje a Oriente, del que tanto me habl\u00f3. Reconoc\u00eda el uso del tiempo de los orientales como una manera de comprender la existencia desde otra perspectiva distinta a la nuestra -los descendientes de europeos-, y quiz\u00e1 esto lo llev\u00f3 al capricho del testamento.<br \/>\nPero lo cierto es que nada de eso interesaba. Ni la muerte reciente, ni el momento atemporal del sepelio, ni el ritual siniestro de la cremaci\u00f3n restaba entusiasmo a las conjeturas que se tej\u00edan en cuanto al contenido del testamento. Ni el pu\u00f1al de acero de Toledo, ni el maravilloso abrecartas de obsidiana que conservaba aun en su estuche original era relevante para ninguno. Ni siquiera para m\u00ed \u201cser\u00eda un negocio\u201d apropiarme de alguna de estas piezas porque yo s\u00ed sab\u00eda de su valor, y \u00e9ste era el verdadero valor que el t\u00edo le daba cuando me contaba el origen de cada pieza. Pod\u00eda relatar historias toda una tarde de lluvia e interior y hac\u00eda que cada una te llevara a lugares fascinantes. Desde las m\u00e1scaras de terracota del norte de \u00c1frica, pasando por los sue\u00f1os escondidos en las mu\u00f1ecas rusas, hasta los destellos de luz que emanaba la l\u00e1mpara de escritorio cuya pantalla de vitraux de Francia le recordaban nuevos sitios, extra\u00f1os y atractivos. \u00c9l mismo se dejaba atrapar por los recuerdos en esa realidad de colores en el ambiente. Yo lo imaginaba como un peque\u00f1o ser que de noche recorr\u00eda la casa en silencio, visitando cada rinc\u00f3n del mundo, saltando de una pieza de la colecci\u00f3n hasta la otra, creando fantas\u00edas y personajes, salvando mundos ocupados, haciendo justicia ante la infamia y la indecencia, para posarse a descansar en la mullida playa de un viejo reloj de arena.<br \/>\nLa verdadera raz\u00f3n es que ninguno ven\u00eda por esas nimiedades. Cre\u00edan firmemente que el t\u00edo habr\u00eda dejado una inmensa cantidad de papeles y t\u00edtulos p\u00fablicos junto con propiedades extensas e invaluables, los cuales deb\u00edan estar en la caja fuerte. El escribano -amigo de mi t\u00edo desde siempre- ni bien termin\u00f3 de leer el escueto texto que dec\u00eda: \u201cNada cedo en particular, cada cual podr\u00e1 tomar de esta casa lo que desee. S\u00f3lo una cosa m\u00e1s: el viejo reloj de arena sobre la chimenea marcar\u00e1 el tiempo en que permanecer\u00e1n en la casa. Concluido ese tiempo, cada cual deber\u00e1 irse y jam\u00e1s volver, pues la cada ya fue vendida\u201d, cerr\u00f3 la carpeta y se sent\u00f3. Todos murmuraron indignados.<br \/>\nFue una casualidad el recuerdo del reloj de arena. Un t\u00edpico reloj de arena, de modesta confecci\u00f3n pero de incomparable porte, parec\u00eda ser el organizador absoluto del tiempo presente. La consigna era simple: girar el reloj y mientras persistiera la arena cayendo hacia la parte inferior de la ampolla de vidrio cada uno podr\u00eda tomar de la casa lo que quisiera; terminado el tiempo medido por el reloj, deb\u00edamos retirarnos todos y no volver m\u00e1s a la casa.<br \/>\nTodos supusieron que la extra\u00f1a invitaci\u00f3n de posesi\u00f3n de su legado conllevaba una trampa oculta. As\u00ed fue que primero buscar\u00edamos -me incluyeron como una marioneta- una caja fuerte con dinero, t\u00edtulos inmobiliarios, bonos p\u00fablicos, alg\u00fan que otro reloj de oro, y luego si el tiempo lo permit\u00eda ir\u00edamos en busca de cosas menores. Los muebles de estilo eran sumamente tentadores pero dif\u00edciles de transportar. La vajilla encontrada en el modular del comedor rememoraba tiempos de reuniones familiares y protocolares, mientras los cuadros, jarrones, plater\u00eda y porcelanas completaban el escenario en que se sosten\u00eda la farsa del recuerdo del t\u00edo soltero al que tanto quer\u00edan. Como adherido a la misma mentira cada pieza se manten\u00eda inerte en su lugar y ahora conservaba una suave e imperceptible capa de tierra diaria. Desde la internaci\u00f3n del t\u00edo la casa hab\u00eda quedado sin cuidado, aunque todo estaba como si existieran habitantes del lugar y agitaran el silencio para conservar la pulcritud y el orden.<br \/>\nEl escribano revis\u00f3 la hora en su reloj de bolsillo, se levant\u00f3 y se apoy\u00f3 sobre el reloj de arena -lo trajo desde la chimena hasta la mesa-, lo que daba la certeza que lo har\u00eda girar en ese preciso instante. \u201cSeg\u00fan s\u00e9 -dijo- el reloj mide exactamente doce minutos y medio de tiempo -volvi\u00f3 a controlar su reloj- y seg\u00fan \u00f3rdenes del se\u00f1or comenzar\u00eda justo\u2026- sigui\u00f3 mirando- \u2026ahora\u201d; por lo que atin\u00f3 a girarlo lentamente y lo pos\u00f3 de nuevo sobre la mesa. Mientras todos se miraron ante esta extra\u00f1a situaci\u00f3n, cada uno de los deudos comenz\u00f3 una loca carrera hacia todos lados en la casa con rumbo desorbitado; revisar\u00edan cada min\u00fasculo rinc\u00f3n esperando encontrar la caja fuerte y la llave, \u00fanicos tesoros pretendidos. Uno pidi\u00f3 calma, para que todo saliera seg\u00fan lo planeado. Algunos de los parientes ser\u00edan arque\u00f3logos, otros jugar\u00edan el papel de analistas urbanos ordenando la circulaci\u00f3n por las habitaciones, el resto completar\u00eda el cuadro conformado por arquitectos, antrop\u00f3logos y un sinf\u00edn de personajes entre carism\u00e1ticos y siniestros, todos buscando un tesoro escondido, una raz\u00f3n l\u00f3gica para quedarse con una parte de la historia familiar, de la que jam\u00e1s nadie se interes\u00f3.<br \/>\n\u201cNo te dejes llevar por la ansiedad\u201d, me dec\u00eda siempre el t\u00edo, esperando que las palabras cayesen de a una, como si entre el duelo reciente y la resignificaci\u00f3n estuviera guardado un enigma, el espacio entre dos palabras en cuyo salto silencioso se encontrara el inframundo, el vertiginoso despertar al inconsciente. La calma del principio dur\u00f3 poco porque el tiempo era poco. En medio del revuelo y del bullicio todos se chocaban entre s\u00ed, como enloquecidos. Atropellaban todo a su paso sin mediar cuidado ni respeto por los objetos que con tanto esmero hab\u00edan permanecido intactos, relucientes durante tantos a\u00f1os, custodiados por el t\u00edo. La escena ten\u00eda por momentos un tinte tr\u00e1gico y por otros un matiz caricaturezco. Las muecas desencajadas ante cada situaci\u00f3n ten\u00edan una notable comicidad entre tanta pasi\u00f3n por destruir cada cosa que se interpon\u00eda entre ellos y la supuesta caja fuerte y su llave, sin importar nada. Ante esto, lo \u00fanico que pod\u00eda pensarse era que ten\u00edan la obligaci\u00f3n de la sangre filial de saquear todo. No importaba si serv\u00eda, si ten\u00eda alg\u00fan valor sentimental o comercial, sino que el goce de la posesi\u00f3n suspend\u00eda en el vac\u00edo de la raz\u00f3n toda l\u00f3gica de recuerdo del t\u00edo. Yo estaba como inhibido en el lugar, como si no perteneciera al \u00e1rbol geneal\u00f3gico que me signaba el nombre y apellido, porque aun ten\u00eda en mi mente el recuerdo v\u00edvido de momentos de mi infancia junto al t\u00edo. Ve\u00eda algunas fotos enmarcadas delicadamente que acompa\u00f1aban la decoraci\u00f3n de la casa y aparec\u00edan recuerdos de lugares visitados por el t\u00edo, miraba algunos muebles y rememoraba advertencias de cuidados, ve\u00eda el reloj de arena y surg\u00edan en mi mente las charlas y juegos inventados. Entre esos que el cari\u00f1o de siempre y el dolor actual jugaban en m\u00ed como un rompecabezas, estaba una escena. La m\u00e1gica escena del peque\u00f1o ser que cierta vez inventamos con el t\u00edo; la escena en que un ser protector de los recuerdos que viv\u00eda dentro del reloj visitaba todas las noches la casa en penumbras y silencio. Siempre me pregunt\u00e9 c\u00f3mo ser\u00eda vivir dentro de ese reloj. Junto al t\u00edo, sentados en la alfombra frente al fuego del hogar encendido en invierno me invitaba a pensar c\u00f3mo meter dentro del reloj a un ser imaginario. \u201cLe har\u00edamos un agujero arriba, despu\u00e9s un tap\u00f3n y al final lo cerramos con las tapas y la columnitas y ya est\u00e1, as\u00ed podr\u00eda salir por las noches a recorrer la casa y luego se ir\u00eda a dormir\u201d era la explicaci\u00f3n que mi mente infantil hab\u00eda encontrado, y que fuera aprobada por el t\u00edo. La parte que le correspond\u00eda a \u00e9l era contarme historias inveros\u00edmiles de lo que pasaba con ese ser extra\u00f1o cada vez que diera vuelta el reloj. El escribano, que permanec\u00eda lejos del revuelo me mir\u00f3 llorar en el recuerdo y me dijo: \u201cLl\u00e9velo, su t\u00edo hubiera querido que usted lo conserve\u201d &#8211; \u201c\u00bfC\u00f3mo lo sabe?\u201d- quise preguntar. Sonri\u00f3 y se levant\u00f3 para advertir que quedaba poco tiempo. Pas\u00f3 a mi lado y me palme\u00f3 el hombro; esa actitud cambi\u00f3 todo el panorama de la situaci\u00f3n. Escuch\u00e9 a alguien tropezando en la escalera que llevaba a las habitaciones de arriba. Ese min\u00fasculo conducto -es decir, la escalera que un\u00eda dos partes de la casa- me hizo ver que la finca era como un gran reloj de arena y yo era ahora aquel peque\u00f1o ser de anta\u00f1o buscando descifrar un enigma.<\/span><\/strong><\/p>\n<p><strong> <\/strong><\/p>\n<p><strong>El tiempo hab\u00eda penetrado los cuerpos e hilvanaba uno a uno los destinos miserables de cada quien en este momento. La llave no se encontraba, la caja fuerte tampoco, los objetos no ser\u00edan jam\u00e1s tenidos en cuenta, las ilusiones se ir\u00edan perdiendo como arena entre los dedos. Si algo diferenciaba al t\u00edo de los dem\u00e1s parientes eran la generosidad y el desinter\u00e9s; ahora no cab\u00edan dudas, \u00e9l ten\u00eda raz\u00f3n y estar\u00eda riendo a carcajadas, y yo con \u00e9l.<br \/>\nMientras el tiempo se terminaba cada uno entr\u00f3 en la cuenta de que se ir\u00eda con las manos vac\u00edas, y para su mediocridad eso era impensable. Lo que hasta hac\u00eda unos instantes parec\u00eda ser un trabajo de equipo, una organizaci\u00f3n planificada, ahora se empezaba a serializar de nuevo. El ej\u00e9rcito de saqueadores entr\u00f3 en un zafarrancho que no pudo sino desperdigarse en pocos segundos.<br \/>\nCuando el escribano anunci\u00f3 que restaba s\u00f3lo un minuto, ya no hubo vuelta atr\u00e1s. La sinraz\u00f3n tom\u00f3 forma humana y se encarniz\u00f3 en cada uno de los parientes que empezaron a apropiarse de cuanto pod\u00edan guardar en bolsos, carteras, bolsillos o lo que cupiera entre las manos. Los que aun permanec\u00edan en la planta alta de la casa bajaron r\u00e1pidamente por las escaleras, no sin tropiezos y golpes importantes. Si algo pod\u00edan llevarse estar\u00eda entre las cosas del mueble principal de la sala, donde se juntaron todos a tomar alg\u00fan objeto sin saber bien qu\u00e9 estaban llevando. En el amontonamiento y el apuro se chocaban entre s\u00ed y algunas cosas ca\u00edan al piso, rompi\u00e9ndose en pedazos sin importar su valor. Lo \u00fanico que parec\u00eda tener sentido era la rapacidad de llevarse cualquier cosa, no importaba si serv\u00eda, si ten\u00eda alg\u00fan valor afectivo o si pod\u00eda venderse por migajas, y esto por el s\u00f3lo hecho de la avidez y la acumulaci\u00f3n material sin sentido. Sin embargo, una cantidad importante de objetos de valor se hab\u00edan ca\u00eddo al suelo y estaban rotos en varios pedazos, y algunos que ca\u00edan sin roturas eran pisoteados y quedaban en un estado imposible de explicar. Lo que hac\u00eda unos minutos era casi un museo universal portando siglos de historia y sabidur\u00eda, ahora parec\u00eda un circo en ruinas; Roma quemada, Pompeya desaparecida. La arena del reloj podr\u00eda rememorar a los hombres valientes del Coliseo; sin embargo, mostraba lo peor de las miserias de la humanidad.<br \/>\nEl apremio del tiempo que corr\u00eda hizo que pasara todo r\u00e1pidamente de una algarab\u00eda desbordada a una desesperaci\u00f3n incontrolable. Yo no iba a entrar en esa vor\u00e1gine de locura por un par de trastos que hasta el d\u00eda de hoy, nunca necesit\u00e9. Decid\u00ed detener mi cabeza. No quedaba m\u00e1s que unos instantes antes del final.<br \/>\nAlguien grit\u00f3 avisando que hab\u00eda dado con la caja fuerte; su ubicaci\u00f3n en la pared de la sala ten\u00eda un due\u00f1o, un primo lejano que hab\u00eda aparecido de la nada en la casa a reclamar una parte de la herencia y que la encontr\u00f3 empotrada en la pared tras un cuadro, como en una pel\u00edcula hollywoodense. Todos dejaron de buscar la llave para abocarse al trabajo de abrirla a golpes. Empezaron con utensilios de cocina que usaban como barretas; despu\u00e9s intentaron forzarla con los cuchillos damasquinados y luego con el abrecartas del que rompieron la hermosa cubierta de terciopelo. La inminencia del final les hizo perder el control total de la situaci\u00f3n. Estaban frente al hallazgo deseado, pero sin la llave la caja fuerte no serv\u00eda para nada. Alguien tuvo la ocurrencia de que pod\u00eda estar escondida en las mu\u00f1ecas rusas, pero fue el \u00faltimo intento; una a una descubrieron la frustraci\u00f3n vac\u00eda. Todos se miraron impotentes y resignados a la vez ante el fracaso colectivo. Por \u00faltimo y ante la desesperaci\u00f3n, estrellaron los jarrones contra la puerta blindada de la caja fuerte. Entre insultos y acusaciones de ineptitud mutuas, la \u00faltima esperanza de salvaci\u00f3n econ\u00f3mica se hab\u00eda malogrado.<br \/>\nEl escribano hizo una se\u00f1a con sus manos avisando que se hab\u00eda acabado el tiempo. Los invit\u00f3 con firmeza a retirarse de a uno. Esta vez, nadie pudo mirarse entre s\u00ed; sus cabezas gachas aun buscaban en el piso el ego\u00edsmo y la miseria que alg\u00fan pedazo deshecho les pudiera devolver. Algunas piezas estaban irreconocibles por la cantidad de roturas que ten\u00edan. As\u00ed, de a uno, se iban yendo, con la manos vac\u00edas de todo. Ni afecto guardado, ni recuerdos materiales, pero sobre todo sin la menor dignidad en su interior.<br \/>\nPermanec\u00ed sentado un rato y me qued\u00e9 cuidando el tiempo junto al reloj, alejado de la escena. Nadie se percat\u00f3 de que el reloj aun no se hab\u00eda detenido. De a poco desde la superficie de la arena en la parte superior de la ampolla de vidrio se hab\u00eda asomado un brillo distinto, como si los cristales de la arena refractaran otra realidad interior. Cada grano de la fin\u00edsima sustancia contenida cambiaba su forma como un caleidoscopio a medida que se vaciaba, poco a poco. Entonces, el brillo se hizo m\u00e1s intenso a medida que asomaba una pieza de metal que hasta ese momento se ocultaba en la profundidad de la arena, custodiando el tiempo, la espera, la raz\u00f3n interior, la reflexi\u00f3n del enigma. Una llave. Le hice caso al escribano y acept\u00e9 en silencio la sugerencia de qued\u00e1rmelo. Tom\u00e9 el reloj, lo envolv\u00ed en un saco sport que uso siempre, tend\u00ed mi mano y lo salud\u00e9 amablemente. \u00c9l me despidi\u00f3 con una impostura de frialdad y puso con disimulo entre mis dedos un papel con las instrucciones que el t\u00edo le hab\u00eda dejado para m\u00ed. Nos ver\u00edamos ma\u00f1ana, a la misma hora, para ultimar detalles.<\/strong><\/p>\n<p><strong><span style=\"color: #993300;\">&#8211;<\/span><\/strong><\/p>\n<p><strong><span style=\"color: #993300;\"> GERM\u00c1N \u00a0C. <\/span><\/strong><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>. . 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