{"id":5279,"date":"2012-10-22T19:01:28","date_gmt":"2012-10-22T22:01:28","guid":{"rendered":"http:\/\/www.nuestrotaller.com.ar\/?p=5279"},"modified":"2012-10-22T19:01:28","modified_gmt":"2012-10-22T22:01:28","slug":"vignoli-es-imposible-pero","status":"publish","type":"post","link":"http:\/\/marceloscalona.com.ar\/?p=5279","title":{"rendered":"VIGNOLI: Es imposible pero&#8230;"},"content":{"rendered":"<h1>.<img decoding=\"async\" src=\"https:\/\/fbcdn-sphotos-g-a.akamaihd.net\/hphotos-ak-ash4\/304386_282392908543704_416625724_n.jpg\" alt=\"\" \/><\/h1>\n<h1><span style=\"color: #ff0000;\"><strong>1. <\/strong><strong>Ceniceros<\/strong><\/span><strong> <\/strong><\/h1>\n<p><strong> <\/strong><\/p>\n<p><strong> <\/strong><\/p>\n<p><strong> <\/strong><\/p>\n<p>&#8211;<\/p>\n<p>&#8211;<\/p>\n<p>Y un d\u00eda ya no hubo m\u00e1s ceniceros. Antes hab\u00eda. Eran grandes, pesados, viriles, coloridos, hermosos. Los hab\u00eda de cer\u00e1mica y de vidrio coloreado, o de una combinaci\u00f3n de ambos: eran mis favoritos, por fuera con esa costra\u00a0 ahumada que luego supe que se llamaba <em>rak\u00fa<\/em> y que adentro ten\u00eda ese esmalte vidriado, psicod\u00e9lico y burbujeante como lava en el interior de un volc\u00e1n. Hab\u00eda en ellos espacio para los cigarrillos de toda la noche de un grupo de estudio o de una c\u00e9lula terrorista completa.<\/p>\n<p>Hab\u00eda otras calidades de la noche, m\u00e1s fr\u00edvolas. \u201cRobado en [<em>nombre del boliche<\/em>]\u201d, dec\u00eda un cenicero de cer\u00e1mica que un primo m\u00edo contaba que alguien (\u00bf\u00e9l mismo?) se hab\u00eda robado de un boliche. Ceniceros robados, trofeos de la noche. Hab\u00eda ceniceros por todas partes: en los bares, en las discotecas, en los pasillos, en las salas de espera, en los consultorios de los psicoanalistas. Era posible matar a tu psiquiatra de un cenicerazo certero. Esos ceniceritos densos de los a\u00f1os ochenta, met\u00e1licos, redondos y macizos como balas de ca\u00f1\u00f3n. Era posible vivir de fabricar ceniceros. Una pareja amiga lo hizo durante a\u00f1os. Iba ella de d\u00eda en bicicleta a los boliches a ofrecer el muestrario y a levantar pedidos. Despu\u00e9s, \u00e9l y ella se quedaban toda la noche trabajando. No fumaban.<\/p>\n<p>No fum\u00e1bamos. Fumar era de otros, de los grandes. Lo de nosotros era hacer el cenicero de arcilla sin horno, pintado de t\u00e9mpera, para el d\u00eda del padre. Todos hac\u00edamos ese cenicero con la escuela. Un chorizo de arcilla que luego iba enrosc\u00e1ndose sobre la base redonda y chata del mismo material. Mi pap\u00e1 no fumaba. Pero hab\u00eda que regalarle el cenicero. \u00c9l despu\u00e9s lo usaba para guardar chinches, monedas y puchos de l\u00e1pices. Cenicero c\u00e9libe, virgen del olor sensual de las cenizas. Los ceniceros in\u00fatiles de mi padre siempre me asombraron. La sonrisa torcida con que los recib\u00eda. La cortes\u00eda excesiva de su \u201cGracias, chicos, qu\u00e9 trabajo, no se hubieran molestado\u201d. Cuatro ceniceros vac\u00edos cada ma\u00f1ana del tercer domingo de junio. Que por suerte despu\u00e9s ir\u00edan llen\u00e1ndose de ganchitos ca\u00eddos de la abrochadora, clippers y otros detritos laborales.<\/p>\n<p>\u201c\u00bfQu\u00e9 ganan sacando humo de un palito?\u201d, se preguntaba en voz alta mi padre. Y ante un partido de futbol: \u201c\u00bfQu\u00e9 ganan persiguiendo a una pelota?\u201d. Lo viril de mi padre eran las camisas, las corbatas y el trabajo, el trabajo, el trabajo. Mi t\u00edo tampoco fuma, pero practica tiro al blanco. Mi primo s\u00ed fuma. Recuerdo su olor a tabaco. Usaba botas de cuero entonces. Una mezcla interesante. Mi abuelo paterno jugaba al ajedrez toda la noche, dicen. Nunca me dijeron si fumaba. Supongo que s\u00ed. \u00bfQu\u00e9 se gana estando despierto toda la noche sin cigarrillos? Los no fumadores dormimos de noche. Vida sana. Pero nos perdemos las conversaciones, las confesiones entre nubes falsas, la m\u00fasica de un hombre como arrancada al humo, la escena social o sexual del tabaco.<\/p>\n<p>Muchas cosas pierden sentido sin cigarrillos. Pintar. Leer. Hablar. El sexo mismo. Hasta matar se vuelve a\u00fan m\u00e1s est\u00fapido si el pobre asesino carece del perfume oscuro que tape el olor a mierda y sangre, lo calme, cubra su fuga y sirva de rito funerario. Estar preso sin cigarrillos debe ser el infierno mismo. En las c\u00e1rceles todav\u00eda se fuma. Se fuma en los hoteles. Un cenicero de vidrio en la mesa de luz es un detalle civilizado.<\/p>\n<p>En los manicomios, parece, se fuma mucho: andan en torno al Agudo \u00c1vila esas mujeres hombrunas, de pelo te\u00f1ido a rubio hace ya a\u00f1os, andrajosas pero dignas como reinas, pidiendo para puchos. Se las reconoce por las marcas: la del Lucky Strike, la del Derby suave. La marca del cigarrillo para la fumadora solitaria es casi como un apellido de casada. Por eso me gustaban los Philip Morris. Tendr\u00edan que haberse llamado Philip Marlowe. La adolescencia, la entrada en la adultez, los chistes con las marcas. \u201cLuqui Venga\u201d. \u201cPar\u00ed cien\u201d, mal chiste de fumados. La marihuana no es tabaco. No clava cada instante en el tiempo como m\u00fasica, como latidos, como sangre. No ve irse los segundos. El tiempo del que fuma es un tiempo barroco. Avanza hacia la muerte, valientemente.<\/p>\n<p>Al fumador nocturno, verse mortal lo angustia. La angustia existencial lo desvela y lo hace fumar. No vienen m\u00e1s tiempos as\u00ed. El tiempo de ahora est\u00e1 inm\u00f3vil y es medido por m\u00e1quinas. El aire limpio tiene su precio. Respiramos mejor pero nos creemos eternos. Cuando desaparecieron los ceniceros grandes, como dinosaurios hermosos que se extinguen y dejan nada m\u00e1s que una memoria de dragones fabulosos, desaparecieron muchas cosas. El atado compartido, el pucho mangueado, el \u201cdame fuego\u201d. \u00bfC\u00f3mo encaran los pibes ahora si no pueden decir \u201cdame fuego\u201d? F\u00e1cil. No encaran. Ahora hay otras cosas: se sale a fumar afuera, se tiran las cenizas en la vereda. Las cenizas se han vuelto invisibles pero a cambio se da esa intimidad en la intemperie. Los raros fumadores a lo que se les permite fumar adentro terminan ensuciando el pocillo de caf\u00e9. Se encuentran as\u00ed, por sorpresa, con algo de lo que ofrec\u00eda el cenicero: los puchos muertos, la fosa com\u00fan de puchos muertos, cad\u00e1veres del tiempo ido de cada cual.<\/p>\n<p>&#8211;<\/p>\n<p>&#8211; \u00a0 \u00a0 \u00a0 \u00a0 \u00a0 \u00a0 \u00a0 \u00a0 \u00a0 \u00a0 \u00a0 \u00a0 \u00a0 \u00a0 \u00a0 \u00a0 \u00a0 \u00a0 \u00a0 \u00a0 \u00a0 \u00a0 \u00a0 \u00a0 \u00a0 \u00a0 \u00a0 \u00a0 \u00a0 \u00a0 \u00a0 \u00a0 \u00a0 \u00a0 \u00a0 \u00a0 \u00a0 <strong><em> BEATRIZ VIGNOLI<\/em><\/strong><\/p>\n<p><strong><em>&#8211;<\/em><\/strong><\/p>\n<p><strong><em><br \/>\n<\/em><\/strong><\/p>\n<p><strong> fragm. de la nouvelle ES IMPOSIBLE PERO PODR\u00cdA MENTIRTE, Ed. Homo Sapiens<\/strong><\/p>\n<p>Colecc. CIUDAD Y ORILLA, p. 15-17.-<\/p>\n<h2><span style=\"color: #008000;\">EL LIBRO SE PRESENTA <\/span><\/h2>\n<h2><span style=\"color: #008000;\">el pr\u00f3ximo mi\u00e9rcoles 31 de octubre a las 19,30 hs. <\/span><\/h2>\n<h2><span style=\"color: #008000;\">en LIBRER\u00cdA HOMO SAPIENS<\/span><\/h2>\n<h2><span style=\"color: #008000;\"><br \/>\nSarmiento 825, con la presencia de la autora, <\/span><\/h2>\n<h2><span style=\"color: #008000;\"><span style=\"color: #ff6600;\">Marcelo Scalona<\/span> (Director de la colecci\u00f3n) y <span style=\"color: #0000ff;\">el escritor Nicol\u00e1s Manzi<\/span>.-<\/span><\/h2>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>. 1. Ceniceros &#8211; &#8211; Y un d\u00eda ya no hubo m\u00e1s ceniceros. Antes hab\u00eda. Eran grandes, pesados, viriles, coloridos, hermosos. 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