{"id":5291,"date":"2012-10-28T15:14:38","date_gmt":"2012-10-28T18:14:38","guid":{"rendered":"http:\/\/www.nuestrotaller.com.ar\/?p=5291"},"modified":"2012-10-28T15:14:38","modified_gmt":"2012-10-28T18:14:38","slug":"lucas-almada-impresionante-carta-de-streeford-a-melville","status":"publish","type":"post","link":"http:\/\/marceloscalona.com.ar\/?p=5291","title":{"rendered":"LUCAS ALMADA: impresionante carta de Streeford a Melville"},"content":{"rendered":"<h1>.<img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" src=\"http:\/\/blsciblogs.baruch.cuny.edu\/greatworks2\/files\/2010\/10\/tapa-bartleby.jpg\" alt=\"\" width=\"1009\" height=\"1214\" \/><\/h1>\n<h1><span style=\"color: #800000;\">SOBRE BARTLEBY<\/span><\/h1>\n<p><span style=\"color: #800000;\">&#8211;<\/span><\/p>\n<p><span style=\"color: #800000;\">&#8211;<\/span><\/p>\n<p><span style=\"color: #800000;\"><br \/>\n<\/span><\/p>\n<p>La siguiente es una carta a Herman Melville de su amigo de juventud, el profesor George Streeford, con motivo de la edici\u00f3n del libro \u201c<em>Cuentos de la piazza\u201d <\/em>en el a\u00f1o 1856, cuando aparece por primera vez publicado \u201cBartleby, el escribiente\u201d con Melville como autor. Hab\u00edan pasado tres a\u00f1os de su primera edici\u00f3n en <em>Putnam&#8217;s Magazine, <\/em>una revista cultural de la \u00e9poca, en la que fue publicado en dos partes, y en esa ocasi\u00f3n sin identificar autor.<\/p>\n<p>A principio del siglo XX, cuando se comenz\u00f3 a reconsiderar la importancia de la obra de Melville, se rastrearon, a trav\u00e9s de sus herederos materiales in\u00e9ditos, y se encontr\u00f3 esta \u00fanica carta guardada entre sus m\u00e1s preciados afectos personales. La cr\u00edtica especializada ha elaborado algunas hip\u00f3tesis sobre esta relaci\u00f3n, que algunos consideran m\u00e1s m\u00edtica que real. Lo cierto es que George Streeford, profesor de literatura antigua en la Berkeley University, la \u00fanica huella que ha dejado es su matricula universitaria, y hasta hoy no se ha encontrado la respuesta de Herman a su amigo, quiz\u00e1, para \u00e9l, haya sido s\u00f3lo una \u201ccarta muerta\u201d m\u00e1s.<\/p>\n<p>California, 2 de diciembre de 1856<\/p>\n<p>Querido amigo Herman:<\/p>\n<p>Desde hac\u00eda mucho tiempo que no tengo noticias tuyas,\u00a0 y tras postergar una y otra vez la idea de escribirte, finalmente se me hace impostergable saludarte y felicitarte por la edici\u00f3n de tu nuevo libro, del que debo decir que he disfrutado mucho de su lectura, y he sentido acrecentado el placer cuando pensaba en las manos de d\u00f3nde proven\u00eda ese relato, una pluma que quiere plasmar\u00a0 b\u00fasquedas desesperadas por mar y por tierra.<\/p>\n<p>Hace alg\u00fan tiempo, le\u00ed de manera casual, en la revista Putnam el relato de Bartleby que no identificaba al autor, y ciertamente me transport\u00f3 a momentos tan intensos como irrepetibles de mi vida y que hab\u00edan dejado huellas indelebles en mi destino. Pero, \u00a1oh! Sorpresa, ahora, enterarme que el relato era de tu autor\u00eda. \u00cdntimamente me reprocho no haber siquiera intuido que qui\u00e9n otro que t\u00fa podr\u00eda haber escrito ese relato, que encuentra su significado m\u00e1s profundo evocando \u00a0nuestro trabajo juntos en el correo.<\/p>\n<p>M\u00e1s avanzaba en la descripci\u00f3n de ese mundo seco y anodino de las oficinas de Wall Street, con la gente repitiendo mec\u00e1nicamente una y otra vez la realidad aplastada sobre el papel; m\u00e1s me identificaba con la imposibilidad de volver a formar parte del mundo, este mundo que de tan irracional parece incuestionable y natural.<\/p>\n<p>Recuerdo con nostalgia y gracia nuestra \u00e9poca trabajada en la estafeta postal con las cartas sin destino, aunque muchas con destinatario. Cartas \u201cno reclamadas\u201d le llamaban algunos, aunque el nombre m\u00e1s popular era el de \u201ccartas muertas\u201d \u00bfrecuerdas?, no s\u00f3lo porque en muchos casos estaban muertos los destinatarios, sino porque en el camino que recorr\u00edan hab\u00edan ocultado o perdido su raz\u00f3n de ser, llegaban a un final inesperado, diluyendo su intenci\u00f3n original. Cu\u00e1ntos amores perfumados y encendidos vimos apagarse lentamente amontonados en cajas h\u00famedas, cu\u00e1nta desesperaci\u00f3n retorci\u00e9ndose en medio de muebles viejos, cu\u00e1ntas historias imaginamos, querido amigo, en nuestro bar nocturno entre aguardiente y buen tabaco.<\/p>\n<p>Recuerdo el\u00a0 esfuerzo por torcer el destino de algunas cartas que eran rechazadas y que descubr\u00edamos que el remitente o el destinatario no se correspond\u00edan con las firmas de su interior velando as\u00ed entramados de historias secretas. En fin, hay momentos en la vida, que marcan de tal manera, que pareciera que se transforman en utop\u00eda. En cierta medida, eso sent\u00ed cuando le\u00ed por primera vez la vida del escribiente, asumiendo que lo que me sucedi\u00f3 luego de esa \u00e9poca, ha sido buscar decididamente s\u00f3lo vivir, y vivir me ocupa casi todo el d\u00eda.<\/p>\n<p>Imagino con agrado la tarea minuciosa y disciplinada a la que se dedic\u00f3 Bartleby (\u00bfo debo decir Herman?) en su peque\u00f1o cub\u00edculo de cemento. Estuvo all\u00ed, defendi\u00e9ndose, hasta que pudo, de quienes quer\u00edan arrojarlo a la deriva en el mar embravecido para que se lo tragara el monstruoso pez que hace andar a los coletazos este mundo. S\u00ed, estuvo luchando d\u00eda a d\u00eda con la gran ballena que lo quer\u00eda borrar del mapa, luchando hasta el final sabi\u00e9ndose herido de muerte. No importa, mientras algunos segu\u00edan repitiendo palabra por palabra el mandato del mundo, mientras los domingos la gente iba en masa a la iglesia, y otros paseaban en las plazas simulando una aureola de vida familiar, Bartleby estaba elaborando estrategias para salvarse de la amenaza tangible del monstruo que asecha invisible.<\/p>\n<p>Querido amigo, conservo como un tesoro, aquella carta de la que tanto hablamos. La del escritor\u00a0 que en un sobre lacrado envi\u00f3 su \u201ccarta muerta\u201d, sin destinatario, en la cual relataba el dolor lacerante que le provoc\u00f3 \u201cpreferir hacerlo\u201d y ya no quiso seguir viviendo. Como olvidar esa caminata expectante que hicimos juntos en silencio hasta su casa, en la que encontramos s\u00f3lo los lamentos de las lloronas. Fue en ese momento que decid\u00ed guardar esa carta para m\u00ed, as\u00ed podr\u00eda recordar que algunas veces es \u201cpreferible no hacerlo\u201d.<\/p>\n<p>Celebro nuestra amistad con el afecto de siempre,<\/p>\n<p>&#8211;<\/p>\n<h2><strong>George.<\/strong><\/h2>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>. 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