{"id":5584,"date":"2013-01-13T13:17:50","date_gmt":"2013-01-13T16:17:50","guid":{"rendered":"http:\/\/www.nuestrotaller.com.ar\/?p=5584"},"modified":"2013-01-13T13:17:50","modified_gmt":"2013-01-13T16:17:50","slug":"roberto-sanchez-2","status":"publish","type":"post","link":"http:\/\/marceloscalona.com.ar\/?p=5584","title":{"rendered":"ROBERTO S\u00c1NCHEZ"},"content":{"rendered":"<p>.<img decoding=\"async\" src=\"http:\/\/worldraider.files.wordpress.com\/2010\/03\/cabo-lc2b4agulhas-se-sube-al-faro-por-una-larga-escalera-de-madera.jpg\" alt=\"\" \/><\/p>\n<p>&#8211;<\/p>\n<h2>\u00a0<span style=\"color: #ff0000;\">\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0 Una noche singular<\/span><\/h2>\n<h2><span style=\"color: #ff0000;\">\u00a0<\/span><\/h2>\n<p>&#8211;<\/p>\n<p>&#8211;<\/p>\n<p>Con el contraste de una noche tan pl\u00e1cida y silenciosa, el <em>primer crujido<\/em> son\u00f3 con una nitidez desmesurada.<\/p>\n<p>Hab\u00eda cenado algo ligero y estaba concentrado en un ensayo sobre los romanos cuando escuch\u00e9, claramente, el t\u00edpico quejido de la madera reseca al flexionarse por un peso. Interrump\u00ed la lectura y me qued\u00e9 quieto y atento. Durante unos segundos, solo pude o\u00edr ese zumbido, excepcional, que \u00fanicamente se capta en el silencio absoluto. Ni un murmullo, ni un rumor lejano. Nada. Al rato, alargado, indudable, se oy\u00f3 el <em>segundo. Alguien sub\u00eda<\/em>.<\/p>\n<p>Mi reducido departamento es el \u00faltimo de una vieja construcci\u00f3n de cuatro pisos, al que se accede por una endeble escalera de madera que desemboca en un peque\u00f1o vest\u00edbulo. Inmediatamente est\u00e1 la puerta de entrada. No suelo recibir visitas y mis vecinos, ancianos en su mayor\u00eda, tienen por costumbre acostarse muy temprano. El barrio, por otra parte, es apartado y tranquilo y nunca se sabe de incidentes de ning\u00fan tipo.<\/p>\n<p>\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0 Por un momento, me qued\u00e9 sin saber qu\u00e9 hacer. Mis libros y una oficina p\u00fablica conforman, desde hace a\u00f1os, la rutina invariable de mis d\u00edas y en ese esquema, inalterable y l\u00e1nguido, no hay lugar para lo inesperado.<\/p>\n<p>No soy de asustarme con facilidad y los pocos conocidos que tengo me han se\u00f1alado, mas de una vez, la indolencia que muestro ante el decurso de las cosas. Yo les respondo que las cosas son como son y lo que tiene que suceder sucede y que nada de lo que hagamos, en definitiva, altera en lo sustancial los acontecimientos de nuestra vida. Ellos replican con una bater\u00eda de calificativos que van desde fr\u00edo, insensible, ap\u00e1tico y ab\u00falico hasta otros que no reproducir\u00e9 pero que de todas maneras me importan un bledo.<\/p>\n<p>De modo que si me hubieran podido ver en ese momento, seguramente sonreir\u00edan, ir\u00f3nicos, al comprobar que con el <em>tercer crujido<\/em> comenc\u00e9 de veras a inquietarme.<\/p>\n<p>No lograba imaginar quien podr\u00eda ser a esa hora de la noche, pero era evidente que procuraba moverse con sigilo y que la madera, reseca, contrariaba su prop\u00f3sito.<\/p>\n<p>Comenz\u00f3 a invadirme, creciente, un desasosiego desconocido y empec\u00e9 a comprobar, no sin asombro, que de mi cuerpo asustado solo respond\u00edan plenamente la vista y el o\u00eddo. Con una lucidez llamativa, me daba cuenta perfectamente de la desmesurada reacci\u00f3n ante lo que estaba ocurriendo. Pero no pod\u00eda evitarla.<\/p>\n<p>Aguard\u00e9 anhelante el pr\u00f3ximo crujido para decidir, por fin, qu\u00e9 hacer. Pero el silencio total, sin fisuras, se estiraba hasta la exasperaci\u00f3n. Mis o\u00eddos, tensos como una cuerda, estaban dispuestos a captar el mas m\u00ednimo rumor. Pero no se o\u00eda nada; absolutamente nada.<\/p>\n<p>Pens\u00e9 en dirigirme a la puerta para asegurar que estuviera con llave y de paso, con la oreja pegada a ella, registrar mejor el menor ruido, pero ca\u00ed en la cuenta que el viejo piso de parquet, que siempre cruj\u00eda con mis pisadas, alertar\u00eda al intruso. Fue en ese momento que son\u00f3 el <em>cuarto<\/em>.<\/p>\n<p>La frescura de la noche no pudo impedir que empezara a transpirar. Pod\u00eda sentir la boca reseca y el coraz\u00f3n tumultuoso pero una absurda y obstinada par\u00e1lisis me manten\u00eda inmovilizado. La vieja puerta de roble, siempre s\u00f3lida y segura, se hab\u00eda convertido ahora en una l\u00e1mina delgada y fr\u00e1gil, la \u00fanica que me proteg\u00eda de un exterior incierto y ominoso.<\/p>\n<p>Me mantuve as\u00ed, quieto, un tiempo incalculable. Con sumo esfuerzo, atento a mis pisadas, me deslic\u00e9 como un gato hacia la puerta. Me agach\u00e9 con lentitud y observ\u00e9 la cerradura. Estaba cerrada y por poco no lanc\u00e9, imprudente, un resoplido de alivio.<\/p>\n<p>Con el mayor cuidado, volv\u00ed a incorporarme. Apoy\u00e9 mis palmas sudorosas sobre la puerta y pegu\u00e9 con suavidad mi oreja a la madera. Mi o\u00eddo se hab\u00eda convertido en un sensible y extenso receptor que captar\u00eda hasta el salto de una pulga.<\/p>\n<p>Al principio, salvo un bocinazo muy lejano, no escuch\u00e9 nada. Pero al rato, n\u00edtido, me lleg\u00f3 el sonido inconfundible de un jadeo.<\/p>\n<p>Era una respiraci\u00f3n grave y extra\u00f1a. Comenzaba con una agitaci\u00f3n creciente, alcanzaba una especie de cl\u00edmax y luego, descendiendo, culminaba en un estertor prolongado. Sobreven\u00eda una pausa de segundos y recomenzaba, tenaz, con su ciclo inquietante.<\/p>\n<p>Me apart\u00e9 bruscamente y a pesar de estar agarrotado, logr\u00e9 retroceder, silencioso, hasta la mesa sobre la que reposaban, indiferentes, los restos de la cena. Rodeada de migas de pan, sobre un plato de madera con restos de c\u00e1scaras de queso y salam\u00edn, opacada su hoja por la grasa, protectora, estaba la cuchilla.<\/p>\n<p>Con manos torpes y temblorosas, me aferr\u00e9 a ella como si fuera un punto de anclaje que me sosten\u00eda en medio de un v\u00e9rtigo creciente. Mi reducido mundo cotidiano, ordenado y previsible, que hasta hace poco transcurr\u00eda imperturbable, se desmoronaba velozmente ante esta contingencia inaudita. Sent\u00eda el cuerpo helado y las manos crispadas sobre el mango de la cuchilla. El universo se hab\u00eda colapsado reduci\u00e9ndose a una puerta, la cuchilla, el silencio y mi terror.<\/p>\n<p>Un nuevo crujido me sobresalt\u00f3, pero no pude atinar a nada porque sin pausa sobrevino otro y otro m\u00e1s. Me pareci\u00f3 escuchar un gemido y luego un golpe sordo. Despu\u00e9s volvi\u00f3 a instalarse, persistente, un silencio denso quebrado, al fin, por un murmullo apagado y lejano.<\/p>\n<p>La noche se hizo eterna. Pod\u00eda sentir la estirada lentitud de los minutos y el espeso fluir de un tiempo interminable. El mundo se hab\u00eda detenido y yo acompa\u00f1aba su quietud como una estatua.<\/p>\n<p>Me surgi\u00f3 la extra\u00f1a idea de que si no me mov\u00eda, nada se mover\u00eda y en consecuencia nada <em>podr\u00eda sucederme. Nada deb\u00eda sucederme. Nada deb\u00eda&#8230;sucederme&#8230;de..b\u00eda&#8230;su..ce..der&#8230;me<\/em>. .<em>Su..ce..duer. .me&#8230; se..duer..me.<\/em><\/p>\n<p>Tuve un sobresalto. Familiares y distantes, los viejos rumores de la ciudad que despertaba diluyeron el silencio. Colectivos y camiones, peatones, algunos p\u00e1jaros y hasta el triste y lejano silbato de un tren renovaban, regulares, el ajetreo de un nuevo d\u00eda. Tard\u00e9 un rato en darme cuenta que esa noche, infinita, conclu\u00eda.<\/p>\n<p>Entumecido, deposit\u00e9 la cuchilla sobre la mesa y, ya sin precauciones, embotado, me duch\u00e9, me vest\u00ed, tom\u00e9 caf\u00e9 y me dispuse a salir. En una \u00faltima prevenci\u00f3n, entreabr\u00ed despacio la puerta y espi\u00e9 el vest\u00edbulo. No hab\u00eda nadie.<\/p>\n<p>Al bajar la escalera los crujidos de los escalones \u2013mis crujidos, mis pisadas- sonaron intrascendentes. Todo volv\u00eda a su lugar.<\/p>\n<p>Ya en la vereda, me detuvo el portero pregunt\u00e1ndome si no hab\u00eda escuchado ruidos durante la noche. Parec\u00eda apesadumbrado.<\/p>\n<p>Con un tono lac\u00f3nico, me inform\u00f3 que un viejo del segundo piso, viudo y card\u00edaco, hab\u00eda sufrido un ataque. Al parecer, intent\u00f3 primero pedir auxilio a sus vecinos inmediatos pero, como dije, casi todos son ancianos que, a esta altura, se resguardan del mundo con el sue\u00f1o artificial de los sedantes.<\/p>\n<p>Tras un par de intentos infructuosos \u2013siempre seg\u00fan el portero- el viejo record\u00f3 que el \u00fanico inquilino joven del edificio, que adem\u00e1s siempre se quedaba leyendo hasta muy tarde, viv\u00eda en el \u00faltimo piso. Pens\u00f3 que, aunque era extremadamente reservado y distante y no se daba con nadie, no le negar\u00eda una mano en esa circunstancia.<\/p>\n<p>Hizo el intento y al llegar casi al final de la escalera, lo abandonaron las fuerzas. Probablemente intent\u00f3 desandar el trayecto y termin\u00f3 desplom\u00e1ndose. El portero, que vive en el primero, escuch\u00f3 el golpe y lo asisti\u00f3 hasta la llegada de un m\u00e9dico de la cuadra.<\/p>\n<p>Yo lo escuchaba imperturbable, con una ligera irritaci\u00f3n porque me estaba demorando. Cuando concluy\u00f3, le ped\u00ed que transmitiera al anciano mis deseos de mejor\u00eda y comenc\u00e9 a caminar.<\/p>\n<p>Esperando el colectivo, decid\u00ed que no contar\u00eda este episodio en la oficina. Total, una vez m\u00e1s, ten\u00eda raz\u00f3n. Lo que tiene que suceder, sucede, y no vale la pena alterarse demasiado.<\/p>\n<p><strong>&#8211;<\/strong><\/p>\n<p><strong>&#8211;<\/strong><\/p>\n<p><strong>\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0 Roberto<\/strong> <strong>S\u00e1nchez<\/strong><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>. &#8211; \u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0 Una noche singular \u00a0 &#8211; &#8211; Con el contraste de una noche tan pl\u00e1cida y silenciosa, el primer crujido son\u00f3 con una [&hellip;]<\/p>\n","protected":false},"author":1,"featured_media":0,"comment_status":"closed","ping_status":"closed","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"footnotes":""},"categories":[3],"tags":[],"class_list":["post-5584","post","type-post","status-publish","format-standard","hentry","category-taller"],"_links":{"self":[{"href":"http:\/\/marceloscalona.com.ar\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts\/5584","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"http:\/\/marceloscalona.com.ar\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"http:\/\/marceloscalona.com.ar\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"http:\/\/marceloscalona.com.ar\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/users\/1"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"http:\/\/marceloscalona.com.ar\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Fcomments&post=5584"}],"version-history":[{"count":1,"href":"http:\/\/marceloscalona.com.ar\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts\/5584\/revisions"}],"predecessor-version":[{"id":5585,"href":"http:\/\/marceloscalona.com.ar\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts\/5584\/revisions\/5585"}],"wp:attachment":[{"href":"http:\/\/marceloscalona.com.ar\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Fmedia&parent=5584"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"http:\/\/marceloscalona.com.ar\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Fcategories&post=5584"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"http:\/\/marceloscalona.com.ar\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Ftags&post=5584"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}