{"id":6172,"date":"2014-05-24T16:46:45","date_gmt":"2014-05-24T19:46:45","guid":{"rendered":"http:\/\/www.nuestrotaller.com.ar\/?p=6172"},"modified":"2014-09-18T20:01:54","modified_gmt":"2014-09-18T23:01:54","slug":"marcelo-scalona-3","status":"publish","type":"post","link":"http:\/\/marceloscalona.com.ar\/?p=6172","title":{"rendered":"MARCELO SCALONA"},"content":{"rendered":"<p>.<img decoding=\"async\" src=\"https:\/\/fbcdn-sphotos-a-a.akamaihd.net\/hphotos-ak-xfa1\/t1.0-9\/10414649_10203298661523843_9144213440870209931_n.jpg\" alt=\"\" \/><\/p>\n<h1><em><span style=\"text-decoration: underline; color: #ff0000;\">NO SABIENDO PARA QU\u00c9<\/span><\/em><\/h1>\n<h3><span style=\"color: #003366;\">(Novela, 2\u00b0 parte de EL PORTADOR, Ed. Homo Sapiens, 2010)<\/span><\/h3>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>Esteban sal\u00eda de uno de sus habituales per\u00edodos de enso\u00f1aci\u00f3n, aunque \u00e9ste hab\u00eda sido m\u00e1s largo, como dos a\u00f1os de una muerte dulce, el escape de gas de la estufa o el ovillo humano tiritando en el atrio de la iglesia. Dos a\u00f1os en la grieta de la met\u00e1stasis, los aprestos para el barco de Caronte, un camarote de dos plazas, la pr\u00f3stata del padre, el \u00fatero de la madre, el lugar del hijo. Dos a\u00f1os esperando a Godot, y mientras tanto, una chica se tir\u00f3 a su patio del piso 14 del edificio contiguo; su alba\u00f1il favorito, hermano del Negro Laertes, se colg\u00f3 de un tirante; y el asedio lleg\u00f3 al colmo cuando muri\u00f3 Fabricio, el poeta de los poetas de Rosario, la musa, el \u00faltimo talism\u00e1n burlador de la muerte. Ni que hablar de ella, no sab\u00eda c\u00f3mo ni cu\u00e1ndo se hab\u00eda hecho <i>la ella sin sombra<\/i>. Tengo que ser cort\u00e9s, \u00e9ste es el momento, si no le\u00edste a Macedonio, no sigas leyendo.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>El primer mail lleg\u00f3 a finales de febrero, a un mes exacto del \u00faltimo entierro y pens\u00f3 en la agenda del personaje de Rilke, El Sepulturero. Hotel Almagro Ediciones le propon\u00eda un cronograma de presentaciones de libros, algunos alumnos suyos, otros no, pero todos escritores, y a cambio de lo cual, era probable que leyeran una novela suya mal editada, enrarecida, olvidada, y quiz\u00e1 despu\u00e9s de las presentaciones, a modo de salario, la reeditaran, pero eso s\u00ed, entonces, \u00e9l no podr\u00eda presentarla y habr\u00eda que buscar otro locutor. La persona que llam\u00f3 de la editorial para confirmar la llegada del mail us\u00f3 el t\u00e9rmino locutor. En ese instante Esteban pens\u00f3 en el t\u00edtulo de un cuento, <i>Locutores so\u00f1aron poemas<\/i>, que se hubiera podido escribir en el Hotel Almagro y esconderlo en un doblefondo de un placard o detr\u00e1s de la luna del espejo, e incluso, en alguna grieta de mamposter\u00eda que siempre hay en esos edificios viejos y h\u00famedos de calle Rivadavia y Castro Barros.<\/p>\n<p>El 27 de marzo (San Alejandro de Disipara, patriarca de Alejandr\u00eda), deb\u00eda presentar la novela \u201cLlueve sobre los rieles\u201d de Alejandro Hugolini. Le sonaba el autor de unas clases de Historia de la Cultura del Padre Barufaldi, el \u00fanico cura en el mundo que comprendi\u00f3 a Nietszche, a Kierkegaard\u00a0 y a John William Cook. O que los hab\u00eda le\u00eddo. Recordaba eid\u00e9ticamente que Hugolini en una clase de S\u00f3crates hab\u00eda preguntado a Barufaldi si la expresi\u00f3n \u201c<i>solo s\u00e9 que no s\u00e9 nada<\/i>\u201d era un acto de humildad del fil\u00f3sofo y el cura dijo que no, que era de estricto realismo aristot\u00e9lico. Pregunta y respuesta, los hizo a los tres, compa\u00f1eros de bar nocturno en la primavera alfonsinista. Esteban recordaba que en esa \u00e9poca hab\u00eda un gran escritor argentino llamado C\u00e9sar Aira. Clicke\u00f3 responder y acept\u00f3 el cronograma de presentaciones de la editorial Hotel Almagro, sin sopesar que le llevar\u00eda todo el oto\u00f1o hacer el locutor de tantos libros, aunque s\u00ed pens\u00f3 que la peor parte la llevan los \u00e1rboles.<\/p>\n<p>A vuelta de mail pidi\u00f3 los originales de Hugolini no sin antes atisbar feliz en las redes sociales, las fotos de las Virginias Gulfes que seguir\u00edan en la temporada de oto\u00f1o, Carolina Musa, Natalia Massei, Laura Rossi y Silvia Tombolini. Son mujeres, le dec\u00eda siempre Fabricio. Chelo, deciles que me quedan tres meses de vida. Leen, escriben, pero son mujeres, dec\u00ed que s\u00ed\u2026 son mujeres Chelo. A ver, a ver\u2026 crey\u00f3 reconocer a la \u00faltima y dijo:<\/p>\n<p>&#8211; \u00a1Qu\u00e9 buena est\u00e1 la hermana de Jorge!<\/p>\n<p>-\u00bfQu\u00e9 Jorge\u2026?<\/p>\n<p>&#8211; Jorgito, ya probaste el chiquito, ahora prob\u00e1 el grandote. Y esa risotada del Rengo.<\/p>\n<p>Esteban lo tiene grabado en un mensaje en el fijo. Ese mensaje y otros cinco de su vieja pregunt\u00e1ndole si ir\u00e1 a almorzar, si tiene que lavar camisas, si lleg\u00f3 de Buenos Aires y si de una vez por todas le ir\u00e1 a arreglar la video y el tele, porque su hermano Javier, el abogado, le desconcha todas las conexiones cuando se pone a ver la peli \u201cLa Fuga\u201d, de madrugada.<\/p>\n<p>Esteban tiene un rito que aprendi\u00f3 de Monterroso, los domingos, a las siete de la tarde, mueve su sill\u00f3n poltrona del living donde da sus talleres literarios, hasta el tel\u00e9fono Panasonic donde est\u00e1n grabados los mensajes. Se sirve un Chivas Regal en un vaso de precipitados, al mil\u00edmetro, de una botella que le regal\u00f3 la autora de \u201cMara\u00f1a\u201d (Natalia Massei lo conducir\u00e1 el 10 de mayo), para escanciarlo con el rigor de una frase de Di Benedetto, y aprieta el play por esos 5 mensajes. Y los repite. Y llora, claro, igual que Monterroso con el final de Karamazov.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>Esteban ten\u00eda siete a\u00f1os cuando supo por primera vez c\u00f3mo era el mundo de los adultos. Era un d\u00eda de lluvia y miraba a la calle por la ventana de la casa de infancia. Llam\u00f3 su atenci\u00f3n que los peatones que llevaban paraguas e impermeables no cedieran\u00a0el lado de la pared a los otros, desprotegidos o inermes. Se qued\u00f3 pensando un rato y entonces apareci\u00f3 su padre por la vereda de enfrente, mojado y desnudo al aguacero, cediendo el lado de la pared a todos. Esteban se puso a llorar y esa noche antes de dormirse, como si fuera una condena o un tesoro, lo escribi\u00f3 en secreto en la \u00faltima hoja del cuaderno de tareas. Aquellos cuadernos Rivadavia de tapas de hule. Una cursiva gorda, segura y amable sobre los renglones. Una grieta dichosa y fatal. La escritura es el \u00fanico juguete de la infancia que le dura.<\/p>\n<p>En 1998, aquel ni\u00f1o ya era el doctor Esteban Pereda, un prolijo cirujano del est\u00f3mago que todas las ma\u00f1anas hac\u00eda un recorrido casi directo, desde el Barrio Saladillo hasta el Hospital Italiano \u201cGiuseppe Garibaldi\u201d, en el sur de la ciudad. En un viaje sin curvas, por calle Buenos Aires (Camino Real en la colonia), ven\u00eda desde Avenida Lucero hasta Rueda, giraba a la izquierda y casi todos los d\u00edas deb\u00eda frenar el coche en el sem\u00e1foro de calle San Mart\u00edn. Ese d\u00eda era lunes 5 de octubre, una bella ma\u00f1ana de primavera que \u00e9l conoc\u00eda desde el alba, por que a las cinco en punto, todas las madrugadas lo fulminaba el insomnio, cierta inquietud por la agenda del quir\u00f3fano cargada de intervenciones dif\u00edciles. A menudo ni\u00f1os.<br \/>\nY al repaso de esas duras batallas que tendr\u00eda con la sangre, esperando la luz verde, baj\u00f3 la ventanilla de su lado para aspirar la fragancia de los pinos de los jardines de la Gendarmer\u00eda. Y ah\u00ed pas\u00f3 todo. En un instante, pas\u00f3 uno de esos fen\u00f3menos donde lo cotidiano roza la maravilla. Esos pasajes donde un acto pueril se convierte en una epifan\u00eda. El doctor Esteban vio que otro auto hab\u00eda estacionado junto al suyo esperando la misma luz de paso. Su conductor era un anciano venerable, tranquilo, que no ten\u00eda huellas de insomnio ni de haber perdido la batalla contra el paso del tiempo. Un anciano a bordo de una especie de lancha extinta o ballena brillante. \u00bfC\u00f3mo llamar\u00edan ustedes a un Valiant 4, modelo \u201967, con todos los afeites originales? La mirada del cirujano es siempre veloz y certera. Curiosa, exhaustiva y de pronto, sin un porqu\u00e9, se vuelve ext\u00e1tica, hechizada, contemplativa. Pero de un modo tan turbado, que sin un sentido aparente, el doctor Pereda se hab\u00eda conmovido. No parec\u00eda de pena, ni siquiera una bruma dolorida. No. M\u00e1s bien como una l\u00e1grima de mucha lucidez abotagada. Otra cosa, como una gratitud o una dicha difusa, lo m\u00e1s parecido al fulgor inicial del ni\u00f1o en una ceremonia.<br \/>\nCuando se puso la luz verde el anciano retom\u00f3 su marcha hacia calle Rueda, y el doctor Esteban modific\u00f3 su recorrido habitual de calle G\u00e1lvez para seguirlo. Lo sigui\u00f3 como si hubiera recibido un llamado. Desasido, de s\u00fabito, con una calma de esas que s\u00f3lo consegu\u00eda despu\u00e9s de muchas copas o pastillas.<br \/>\nVeneraci\u00f3n podr\u00eda ser la palabra. Una devoci\u00f3n instant\u00e1nea por un hombre con un Valiant; un anciano, distinguido, todav\u00eda fuerte, pero al mismo tiempo vulnerable. Vulnerable como \u00e9l, en ese momento en que le hab\u00eda pegado un rayo de clarividencia. Un instante donde sinti\u00f3 el peso de los ochenta a\u00f1os del otro, de un otro igual y futuro, con sus amores, sus cr\u00edmenes, sus olvidos.<br \/>\nY parec\u00eda mentira, pens\u00f3, que a veces ya no se pudiera reconocer a los otros ni a uno mismo. Ni el momento, ni el lugar, apenas las luces del sem\u00e1foro o el vencimiento de tantos controles o cuentas absurdas. Y fue entonces que sucedi\u00f3: cuando el anciano se volvi\u00f3 para asegurarse de que hab\u00eda cerrado la puerta del coche, el grueso cilindro retr\u00e1ctil de hierro de la manija dio el campanazo. La fisura. Reci\u00e9n ah\u00ed Esteban se dio cuenta de que era su padre. De que el anciano al que estaba siguiendo, subyugado, era Umberto: el hombre del Valiant. Umberto sin h. Aqu\u00e9l hombre del que siempre hab\u00eda pensado (y escrito) desde los siete a\u00f1os, desde el d\u00eda en que apareci\u00f3 desnudo y mojado al aguacero cediendo el lado de la pared a todos, que si en el mundo hubiera cien m\u00e1s como \u00e9l (solamente cien hombres as\u00ed), con esa dignidad, ese tes\u00f3n y esa alegr\u00eda, todav\u00eda ser\u00eda un para\u00edso. Un lugar donde podr\u00eda uno reconocer a su padre o a su hijo en todos los hombres, y donde \u00e9l, a\u00fan siendo un laborioso contendiente de la sangre, ganando y perdiendo todos los d\u00edas en el quir\u00f3fano, podr\u00eda dormir como un beb\u00e9, y acordarse, todas las ma\u00f1anas en el sem\u00e1foro de Rueda y San Mart\u00edn, de bajar la ventanilla del auto y aspirar la fragancia del cipr\u00e9s, del sauce y del pl\u00e1tano.<br \/>\n&#8212; Chist, chist\u2026 &#8211; y despu\u00e9s le silb\u00f3, m\u00e1s bien un chiflido, Esteban no sab\u00eda silbar.<br \/>\n\u2013 Pap\u00e1, \u00bfqu\u00e9 hac\u00e9s?<br \/>\n&#8211;\u00a1Esteban&#8230;! -algarab\u00eda infantil del padre, el despertar de un ni\u00f1o, vive con asombro desde el caf\u00e9 con leche hasta el alunizaje de la Apolo XI.<br \/>\n&#8212; Lo llev\u00e9 a Lisandro a la escuela.<br \/>\n&#8211;\u00bfPor qu\u00e9\u2026?<br \/>\n&#8211;Estamos sin dormir, desde las tres-. La generaci\u00f3n que siempre conjugaba con la esposa, plural de la primera persona. El yo eran dos. Umberto y Teresa. Umberto sin h.<br \/>\n&#8211;\u00bfQu\u00e9 pasa?<br \/>\n&#8211;Todav\u00eda estoy temblando. A eso de las tres sentimos un grito terrible y despu\u00e9s una explosi\u00f3n. Como una bomba. Una chica del edificio de al lado, se tir\u00f3 desde la terraza y cay\u00f3 al patio nuestro. 14 pisos. 22 a\u00f1os\u2026<br \/>\n&#8212; \u00bfY c\u00f3mo no me llamaron?<br \/>\n&#8212; Lo llam\u00e9 a Andr\u00e9s, es igual. Est\u00e1 m\u00e1s cerca y vos ten\u00e9s quir\u00f3fano los martes &#8211; el hombre de la memoria de elefante o eid\u00e9tica. La memoria de lo ajeno como delicadeza amorosa.<br \/>\n&#8211;\u00bfY mam\u00e1?<br \/>\n&#8211;Se qued\u00f3 de tu hermano, llamamos a la emergencia y le dieron unos Sidenar.<br \/>\n&#8211;\u00bfY vos?<br \/>\n&#8211;Yo me tom\u00e9 el Losacor y llev\u00e9 a Lisandro a la escuela, para hacer algo\u2026<br \/>\n&#8211;\u00bfY ahora?<br \/>\n&#8211;Voy a sacar turno al dispensario.<br \/>\n&#8211;Dejate de joder con el Pami, si vos ten\u00e9s Osd\u00e9n.<br \/>\n&#8211;Cariello me atiende igual ac\u00e1 en el barrio y me regala las pastillas.<br \/>\n&#8211;Pero la historia cl\u00ednica y los estudios\u2026<br \/>\n&#8211;Ps\u00e9, ustedes tienen todo en la computadora.<br \/>\n&#8211;\u2026<br \/>\n&#8212; Todav\u00eda est\u00e1 la calle cortada. La polic\u00eda, m\u00e9dicos, parientes, vecinos.<br \/>\n&#8212; \u00bf\u2026 no retiraron el cad\u00e1ver?<br \/>\n&#8212; No. Y a m\u00ed se me ocurri\u00f3 mirar. Primero pens\u00e9 en un accidente y fui a ver.<br \/>\n&#8212; Puf\u2026<br \/>\n&#8212; Tiene algo magn\u00e9tico, por eso no lo ponen en los diarios.<br \/>\n&#8212; Vos tambien, viejo&#8230;<br \/>\n&#8211;El grito, Esteban. No me puedo sacar el grito de la piba de la cabeza\u2026 Por eso prefer\u00ed salir. Dijo algo de que ya est\u00e1, que bueno, basta-dijo\u2026 as\u00ed, y al final, no vas a creer, dijo, cuidado y una explosi\u00f3n terrible. Ya est\u00e1, que bueno, basta\u2026 cuidado!<br \/>\n&#8211;Bueno, s\u00ed\u2026 tomemos un caf\u00e9 rapidito en El Lido.<br \/>\n&#8211;Por m\u00ed no te hag\u00e1s problema, yo estoy bien.<br \/>\n&#8211;Es por m\u00ed, pap\u00e1, dale, crucemos.<br \/>\nEl Lido es el cafet\u00edn discepoliano, el patio de recreo de los adultos. Las bromas del f\u00fatbol, juego clandestino (cartas, apuestas, turf), el amparo del licor, parada de putas, taxistas, muchos m\u00e9dicos (en 5 manzanas hay 4 hospitales), y el p\u00fablico que se renueva todo el tiempo. Abierto las 24 hs. Esos bares de terminales, de amplia esquina, con 4 puertas de entrada y salida: bar, sal\u00f3n comedor, anexo billares, una rockola y vereda ancha sobre la avenida forrada de pl\u00e1tanos. Lo \u00fanico en la vida parecido a la vieja, al amparo.<br \/>\nDon Umberto prefer\u00eda las mesas en la vereda, sobre la avenida, el bullicio, el colmado, ir viendo todo y anotarlo en su cabeza de memoria eid\u00e9tica, delicada, amorosa. Esteban pensaba que su padre era el fl\u00e2neur de barrio, salvaje, una adaptaci\u00f3n de aquel m\u00e1s fino de Benjamin. Un fl\u00e2neur oral, con la percepci\u00f3n sin filtro, otra avenida, recibiendo toda la informaci\u00f3n o experiencia y acumulando memoria hasta de los descartes, rumores, voces, gestos. Un iceberg barrial. Otra cosa era escribirlo. Quiz\u00e1 Javier, explicaba don Umberto a los mozos, mi hijo m\u00e1s chico, el escritor, podr\u00eda un d\u00eda contar las historias de estas mesas. El abogado de la familia, que est\u00e1 viviendo en Europa. El viejo sab\u00eda hablar con eufemismos, porque Javier se hab\u00eda tenido que fugar a Europa por la mitad de los delitos que trae el C\u00f3digo Penal y ni siquiera en Barcelona (sitio probable) pod\u00eda tener paradero conocido. Memoria selectiva adem\u00e1s de eid\u00e9tica.<br \/>\n&#8211;\u00bfConoc\u00edas a la piba?-pregunt\u00f3 Esteban.<br \/>\n&#8211;No s\u00e9\u2026 imagino que s\u00ed. Viv\u00eda en el edificio de al lado.<br \/>\n&#8211;Para m\u00ed, caf\u00e9 corto. \u00bfVos?<br \/>\n&#8211;Tambi\u00e9n. Igual. Cuando sal\u00ed a la calle reconoc\u00ed a un amigo historiador que estaba abrazando al padre de la chica, pero evit\u00e9 la charla. Ni salud\u00e9. Era terrible la situaci\u00f3n.<br \/>\n&#8211;\u00bf22 a\u00f1os\u2026?<br \/>\n&#8211;Decime vos\u2026 el portero dice que la piba hab\u00eda estado discutiendo con el noviecito anoche ah\u00ed en el pali\u00e9r.<br \/>\n&#8211;\u00bfPorqu\u00e9 no se vienen a dormir a casa un par de d\u00edas?<br \/>\n&#8212; El portero dice que la piba no quer\u00eda tomar las pastillas.<br \/>\n&#8212; \u00bfMe escuchaste pap\u00e1?<br \/>\n&#8211;No, no hace falta. Adem\u00e1s hay mucho que hacer. Tu madre estaba programando el lavarropas reci\u00e9n.<br \/>\n&#8211;\u00bfQuer\u00e9s az\u00facar?<br \/>\n&#8211;No, sacarina.<br \/>\n&#8211;Comete una medialuna.<br \/>\n&#8211;No, tengo un nudo&#8230;<br \/>\n&#8211;Todos los hombres sanos, al menos una vez en la vida piensan en el suicidio.<br \/>\n&#8211;Seguro.<br \/>\n&#8211;Es de Camus la frase, el de La Peste.<br \/>\n&#8211;S\u00ed, el suicidio es una peste. Por eso no sale en las cr\u00f3nicas de los diarios.<br \/>\n&#8211;Igual siempre obedece a cosas muy complejas. As\u00ed nom\u00e1s no te tir\u00e1s de una terraza.<br \/>\n&#8211;No s\u00e9. Yo te digo que te da un v\u00e9rtigo. Como una hipnosis. Mir\u00e1s arriba, mir\u00e1s abajo. Entr\u00e1s y volv\u00e9s a mirar. Se te pega el horror.<br \/>\n&#8211;Tomate un licor viejo\u2026 Abel, tra\u00e9 un T\u00eda Mar\u00eda.<br \/>\n&#8211;El grito, Esteban. La frase, no me la voy a olvidar nunca. Ya est\u00e1, que bueno basta\u2026 as\u00ed, y al final, no vas a creer, dijo, cuidado. Dijo cuidado\u2026 cuidado\u2026<br \/>\n&#8211;Bueno, seg\u00fan Lacan la respuesta habr\u00eda que buscarla en esa palabra.<br \/>\n&#8211;Cuidado\u2026<br \/>\n&#8211;Cuidado Umberto, el licor\u2026 -dijo el mozo apoyando la copa- \u00bfHielo?<br \/>\n&#8211;No, as\u00ed nom\u00e1s. \u2013dijo el viejo y apur\u00f3 un trago grande- Le pas\u00f3 la copa al hijo.<br \/>\n&#8211;No, tengo cirug\u00eda a las nueve.<br \/>\n&#8211;Claro.<br \/>\n&#8211;Bueno, salgo tipo una y te llamo. Los paso a buscar, vamos a almorzar por ah\u00ed.<br \/>\n&#8211;Dale, ya debe haber cola en el dispensario.<br \/>\n&#8211;Saludalo a Cariello.<br \/>\nEntonces don Umberto sac\u00f3 dinero para pagar la cuenta. Eterno pagadi\u00f3s el viejo. Entre los billetes apareci\u00f3 un variado list\u00edn de remedios de los que ten\u00eda que pedir recetas. Y m\u00e1s abajo, unos tickets de quiniela, un recorte de La Naci\u00f3n, una rese\u00f1a de cuando Pugliese hab\u00eda tocado en El Col\u00f3n. Cuando Esteban iba rumbo al auto, escuch\u00f3 al menos tres veces m\u00e1s la palabra \u201ccuidado\u201d, el mozo, el diariero, el cuidacoches, todos parec\u00edan saber qu\u00e9 le hab\u00eda faltado a esa chica.<br \/>\n\u2026\u2026\u2026\u2026\u2026\u2026\u2026\u2026..<\/p>\n<p>\u2026\u2026\u2026\u2026\u2026\u2026\u2026\u2026..<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>\u2026\u2026\u2026\u2026\u2026\u2026\u2026\u2026\u2026\u2026\u2026\u2026UNA NOVELA QUE RECI\u00c9N COMIENZA\u2026<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>. NO SABIENDO PARA QU\u00c9 (Novela, 2\u00b0 parte de EL PORTADOR, Ed. Homo Sapiens, 2010) &nbsp; . &nbsp; Esteban sal\u00eda de uno de sus habituales [&hellip;]<\/p>\n","protected":false},"author":1,"featured_media":0,"comment_status":"closed","ping_status":"closed","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"footnotes":""},"categories":[3],"tags":[],"class_list":["post-6172","post","type-post","status-publish","format-standard","hentry","category-taller"],"_links":{"self":[{"href":"http:\/\/marceloscalona.com.ar\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts\/6172","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"http:\/\/marceloscalona.com.ar\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"http:\/\/marceloscalona.com.ar\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"http:\/\/marceloscalona.com.ar\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/users\/1"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"http:\/\/marceloscalona.com.ar\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Fcomments&post=6172"}],"version-history":[{"count":5,"href":"http:\/\/marceloscalona.com.ar\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts\/6172\/revisions"}],"predecessor-version":[{"id":6368,"href":"http:\/\/marceloscalona.com.ar\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts\/6172\/revisions\/6368"}],"wp:attachment":[{"href":"http:\/\/marceloscalona.com.ar\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Fmedia&parent=6172"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"http:\/\/marceloscalona.com.ar\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Fcategories&post=6172"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"http:\/\/marceloscalona.com.ar\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Ftags&post=6172"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}