{"id":6671,"date":"2014-11-16T11:30:31","date_gmt":"2014-11-16T14:30:31","guid":{"rendered":"http:\/\/marceloscalona.com.ar\/?p=6671"},"modified":"2014-11-16T11:30:31","modified_gmt":"2014-11-16T14:30:31","slug":"el-portador-fragmento","status":"publish","type":"post","link":"http:\/\/marceloscalona.com.ar\/?p=6671","title":{"rendered":"EL PORTADOR, fragmento"},"content":{"rendered":"<div class=\"aboveUnitContent\">\n<div class=\"userContentWrapper\">\n<div class=\"_wk\">\n<h1 class=\"text_exposed_root text_exposed\"><a href=\"http:\/\/marceloscalona.com.ar\/wp-content\/uploads\/2014\/11\/Marce-Portador-altillo.jpg\"><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" class=\"alignright size-medium wp-image-6672\" src=\"http:\/\/marceloscalona.com.ar\/wp-content\/uploads\/2014\/11\/Marce-Portador-altillo-188x170.jpg\" alt=\"Marce Portador altillo\" width=\"188\" height=\"170\" srcset=\"http:\/\/marceloscalona.com.ar\/wp-content\/uploads\/2014\/11\/Marce-Portador-altillo-188x170.jpg 188w, http:\/\/marceloscalona.com.ar\/wp-content\/uploads\/2014\/11\/Marce-Portador-altillo-494x447.jpg 494w, http:\/\/marceloscalona.com.ar\/wp-content\/uploads\/2014\/11\/Marce-Portador-altillo.jpg 614w\" sizes=\"auto, (max-width: 188px) 100vw, 188px\" \/><\/a><\/h1>\n<h1 class=\"text_exposed_root text_exposed\">.<\/h1>\n<h1 id=\"id_5468b4493626e4288456716\" class=\"text_exposed_root text_exposed\"><span style=\"color: #ff0000;\">EL PORTADOR<\/span><\/h1>\n<h3 class=\"text_exposed_root text_exposed\"><span style=\"color: #333399;\">(fragmento p. 129-136, cap. 8)<\/span><\/h3>\n<h3 class=\"text_exposed_root text_exposed\">.<br \/>\n.<br \/>\nLa Patricia, dijo Pucho, tiene que acompa\u00f1arte. Y la chica no era tonta, ya hab\u00eda agarrado el est\u00e9reo, las llaves y el tel\u00e9fono. Le colgaba una carterita al tono donde guard\u00f3 un rev\u00f3lver. Me ind<span class=\"text_exposed_show\">ic\u00f3 el arma con adem\u00e1n imperativo y para demostrar car\u00e1cter. No me asustaba, nunca pod\u00eda asustarme una criatura pintada como un payaso. Pero no ten\u00eda alternativa, as\u00ed que por lo menos ped\u00ed que se corrigiera el maquillaje. Le di las quejas a Pucho. Me parec\u00eda obvio que la polic\u00eda nos iba a agarrar en quince minutos. O por el BM Roadster (como el de James Bond en Goldeneye), o por la chica, algo me dec\u00eda que los dos eran muy famosos. Dej\u00e9 aclarado que yo no responder\u00eda por la vida ni el silencio de mi acompa\u00f1ante, y entonces no supe bien c\u00f3mo nombrarla, si Aldo o Patricia. Si todav\u00eda cuando arrancamos, ella me dijo algo m\u00e1s incre\u00edble al o\u00eddo: &#8211; &#8230;decime Pamela.<br \/>\nAlguien les hab\u00eda hecho creer que yo ten\u00eda agallas o era curtido en las peleas: con una mezcla de pudor y orgullo me dieron a elegir entre varias armas. Yo no sab\u00eda manejar ninguna, y vaya a saber si por las pel\u00edculas, o los juegos de chico, me pareci\u00f3 m\u00e1s simple un rev\u00f3lver, de pu\u00f1o breve, ca\u00f1o corto, tambor rebatible, seis balas, calibre 38. Pucho me ense\u00f1\u00f3 el seguro y dud\u00f3 si ser\u00eda suficiente, si no prefer\u00eda una pistola de diez tiros, dijo, algo autom\u00e1tico, de nueve, o de once veinticinco.<br \/>\nLa verdad nunca dicha, es que pens\u00e9 que con una pistola as\u00ed, me iba a matar solo. No s\u00e9&#8230; yo sab\u00eda llevar un rev\u00f3lver debajo el asiento del auto, pero era para completar el Goldeneye, no para disparar. Har\u00eda veinte a\u00f1os que no tiraba, de adolescente, cuando cazaba alg\u00fan pato o perdices con una escopetita del doce. Me acordaba el d\u00eda exacto en que hab\u00eda renunciado a las explosiones, en la laguna de Monte, mientras tir\u00e1bamos a los p\u00e1jaros. No hab\u00eda a qui\u00e9n tirarle, una tarde. Ofendido, sin bot\u00edn de caza, pas\u00f3 lo m\u00e1s com\u00fan, cuando el odio se sacia con la sangre inocente. Apareci\u00f3 una paloma que iba y ven\u00eda del bosque al nido. Yo no vi los pichones. No los vi&#8230; no hubiera tirado; no soy tonto, soy triste, pero a veces llegan al mismo sitio. La paloma llena de perdigonadas, ni siquiera pod\u00eda completarse para trofeo. Un pudor o una torpeza que siempre me dejaron hu\u00e9rfano en los duelos. Y ahora mismo, no hab\u00eda hecho el primer disparo y ya me faltaban dos falanges. Y el a\u00f1o que yo dej\u00e9 de tirar, empezaron a tirar todos.<br \/>\n.<br \/>\n.<\/p>\n<p>Pamela no ten\u00eda inhibiciones. Qued\u00f3 bien claro cuando quiso manejar el BM y le dije que de ninguna manera. Que yo era tolerante en todo, pero siempre hab\u00eda un l\u00edmite. En mi caso, dije, nunca hab\u00eda comprendido por qu\u00e9 designio, azar o bendici\u00f3n, una mujer que conduce un auto, llega a destino.<br \/>\nLa chica no era tonta, dijo que ella hab\u00eda aprendido a manejar a los once, cuando todav\u00eda no estaba definida y se llamaba Aldo. Por lo dem\u00e1s, dijo que era una l\u00e1stima que yo fuera tan estirado y machista, un cavern\u00edcola, dijo: &#8211; &#8230;que la mujer no maneje, que no se pinte, una l\u00e1stima, hubi\u00e9ramos podido divertirnos- y se me colg\u00f3 del hombro izquierdo, del mismo lado que ten\u00eda un pa\u00f1uelo que me hac\u00eda un cabestrillo hasta la mu\u00f1eca donde terminaba el vendaje de la mano. Me gust\u00f3 el abrazo y m\u00e1s el perfume, fuerte y dulce. Se sent\u00eda tan fresca, tan sana, tan sin pose ni mentira. Esa cosa indefinida la hac\u00eda parecer un efebo. Y era bonita, los rasgos de ni\u00f1o que le quedaban eran suaves y no se le hab\u00edan deformado con el crecimiento. \u00bfC\u00f3mo decirlo&#8230;? Un ni\u00f1oni\u00f1a, como esos angelitos vacilantes de Bouguereau, pero en el cambalache y cuanto m\u00e1s pasaba el tiempo me parec\u00eda una muchachita: porque en ning\u00fan momento su aspecto representaba el marica o el travesti. Hab\u00eda algo ambiguo, pero en el sentido que todos tenemos. Era una ni\u00f1a, una jovencita con cierto aire varonil, pero de antes, de haber sido un ni\u00f1o en otra vida que ya hab\u00eda evolucionado hasta convertirse en una mujer.<br \/>\nY tan as\u00ed, que puesta al volante y con los ejercicios que ten\u00eda que hacer con las piernas, para los frenos, embrague y todo eso, dejaba lucir unos muslos estupendos, largos, \u00e1giles y macizos, pero no con la esfinge del deportista, del var\u00f3n de gimnasio, sino con la forma suave y redonda de las mujeres. La verdad es que me bast\u00f3 un viaje de diez cuadras para convencerme de que ella era lo m\u00e1s apropiado para conducir mi auto, incluso, vestida de leopardo.<br \/>\nDijo que le gustaba la cabina con m\u00e1s espacio, y en mitad de la marcha corri\u00f3 hacia atr\u00e1s el asiento del conductor. Lo hac\u00eda adrede, sobreactuaba las piernas al conducir para liberar una bombachita blanca de encaje que asomaba del leopardo como un aliado invitando a la trinchera. Y se re\u00eda de todo, de las esquinas, de los peatones, de los imprudentes y de los veloces. Yo hubiera puteado a m\u00e1s de cinco en el trayecto, pero se ve que la vida debajo de los puentes era otra cosa y empec\u00e9 a sentirme relajado, dichoso de compartir su risa y tararear un estribillo que sal\u00eda del est\u00e9reo, que por cierto, no era de Bill Evans sino de Calamaro. Si el viaje hubiera durado un d\u00eda entero y fuera el \u00faltimo, hubiera estado satisfecho. Me hubiera enamorado r\u00e1pido, ya ver\u00edamos si era rec\u00edproco, si era mujer o var\u00f3n. Lo que importaba era la ausencia de poses. Ella daba ese tipo y ya casi le iba a sugerir algo cuando sin querer me toqu\u00e9 el rev\u00f3lver, me vi el semblante turbio en el espejo y m\u00e1s all\u00e1 un auto negro, sin patente, que nos ven\u00eda siguiendo. Nos siguen, dije, y torpemente quit\u00e9 el seguro del Smith and Wesson.<br \/>\n&#8211; Son nuestros -dijo la chica-. Es un Ala Uno, un protector, por las dudas. Los m\u00f3viles nuestros se llaman Ala, \u00bfno le\u00edste las instrucciones? Los de color negro, son Uno. Son los mejores, mejor auto y mejor gente. Los azules son Dos, los rojos son Tres y as\u00ed sucesivamente.<br \/>\n&#8211; \u00bfY cu\u00e1ntos colores tienen?<br \/>\n&#8211; No s\u00e9 bien, yo conozco los colores primarios nom\u00e1s, pero s\u00e9 que hay mezclas. Se ve que el Portador te aprecia, porque los Ala Uno no salen para nadie. A lo sumo van con la madre o el santo.<br \/>\n&#8211; \u00bfQui\u00e9n es el santo?<br \/>\n&#8211; No s\u00e9 bien, otros compa\u00f1eros lo nombran con unci\u00f3n y misterio, pero no s\u00e9 qui\u00e9n es. Es un protector de Furlet, alguien importante que lo gu\u00eda. La leyenda dice que el santo lo bautiz\u00f3.<br \/>\n&#8211; \u00bfPor qu\u00e9 le dicen el Portador?<br \/>\n&#8211; Por la pija; los m\u00e1s elementales lo dicen por el miembro, que lo tiene como un brazo, un miembro haitiano. Dicen que le creci\u00f3 culeando canas en la Jefatura. Pero bueno, es grande&#8230; s\u00ed, te impresiona verla dormida y amasarla. Pero no es el tama\u00f1o, las cosas hay que saber usarlas. Lo que vale es el oficio.<br \/>\nY mientras lo dec\u00eda, su mano hizo un roce desde la palanca de cambios a mi bragueta que ven\u00eda levantando. Cada vez que agarraba la cabeza redonda de la palanca, la suavidad y la malicia de los dedos me rozaban el glande. Empez\u00f3 a contarme una historia acerca del estilo, esa cosa remanida de que el tama\u00f1o no es importante. Ustedes disculpen si no soy textual en este punto, la situaci\u00f3n era precipitada, yo hab\u00eda perdido mucha sangre y estaba a punto de perder cuatrocientas calor\u00edas. Pamela dijo: &#8211; Una de mis maestras en el oficio, la Farah Diva, un d\u00eda se cans\u00f3 de que la cana nos cogiera gratis y mat\u00f3 al Jefe de Robos y Hurtos con un bal\u00edn del 22, \u00bfqu\u00e9 te parece? Hay que saber usar un fierro para embocar un monstruo de dos metros con un revolvito as\u00ed&#8230; Pobrecita, la Farah, despu\u00e9s dijeron que se hab\u00eda ahorcado en la celda, con el cinto. Ps\u00e9&#8230; jam\u00e1s us\u00f3 pantalones. Pero gracias a ella, nosotras nos dignificamos. Y no fue el tama\u00f1o, \u00bfentend\u00e9s?, fue el estilo. Desde entonces, la cana cobra en dinero su parte. Y si quieren coger, pagan con guita. Hijos de puta, alg\u00fan d\u00eda van a pagar hasta las pizzas.<br \/>\nYa veo, dije, y guard\u00e9 silencio mientras aseguraba otra vez el arma. La aseguraba de m\u00ed, porque estaba inquieto, porque yo no le hubiera embocado al polic\u00eda ni con un lanzallamas. No era dif\u00edcil imaginar la identidad del santo y su domicilio, a esta altura de las sorpresas, no me hubiera asombrado que en el convento de los Capuchinos hubiese una baticueva. M\u00e1s extra\u00f1o era que la chica hablara con estos modos de autodidacta, de le\u00edda, de informada. Era seguro que no hab\u00eda ido a la escuela y acababa de nombrar a su maestra en la vida. \u00bfC\u00f3mo pod\u00eda entonces una chica leopardo, pintada como payaso, analizar conductas y augurar que el polic\u00eda que coimea la pizza era un tipo antropol\u00f3gico caduco?<br \/>\nAcaso ella tuviera en la amueblada otra biblioteca infinita como la de Furlet. Acaso Furlet le diera las clases y por eso le dec\u00edan el maestro o acaso fuera lugarteniente del hombre al que llamaban comandante. Acaso fuese su novia o su amor o su trola y de escucharle todo el tiempo le hab\u00edan quedado esos latiguillos. O acaso fuese la esperanza, la m\u00eda, que necesitaba creer en algo. O la de todos, incluido el santo, que qui\u00e9n sabe por qu\u00e9 designio, bendici\u00f3n o azar, nos hab\u00eda reunido en este ej\u00e9rcito de locos, enclenque, impreciso. Y qui\u00e9n sabe lo que era, si un designio, una bendici\u00f3n o un azar de llanto.<br \/>\nA m\u00ed me bastaba con la bandera blanca de encaje. Ni celeste ni blanca, ni siquiera un bander\u00edn bocarriver&#8230; otra clase de literatura le hab\u00eda dicho a Furlet. La bandera, para m\u00ed, eran las tres capas sociales anquilosadas en un cors\u00e9 de hierro, el de las armas de los milicos que garantizaba la torre. Una clase sobre otra; la alta sobre el medio, y todo sobre los negros. La bandera representaba ese orden, una temporada de hambre y fr\u00edo para los de abajo. Eso era la guerra. Y siempre hab\u00eda sido, por eso no me interesaba y se lo hab\u00eda dicho. Ninguna bandera, salvo \u00e9sta, la de puntillas, femenina, sudada por el deseo. Yo lo sab\u00eda en carne propia, hab\u00eda salvado mi vida con lencer\u00eda de jovencitas y la f\u00f3rmula no estaba en los libros, me lo hab\u00eda ense\u00f1ado un ujier, un repuestero de motos y las masajistas de Vinuesa. Eso, y la vereda del sol. Y el BM. Y la bandera blanca de encaje.<br \/>\nLa duda era qu\u00e9 habr\u00eda detr\u00e1s de la bandera, porque la chica se llamaba Aldo y la mano era m\u00e1s r\u00e1pida que la cabeza. Yo sab\u00eda que ten\u00eda que aguantar, pero el cuerpo est\u00e1 hecho de otra cosa. \u00bfY si era mina de Furlet? \u00bfO del novio de Furlet? \u00a1Qui\u00e9n pod\u00eda saber nada entre estos tipos!<br \/>\nPor mirarte estoy accidentado, tengo miedo de no recuperar&#8230; dec\u00eda la canci\u00f3n de Calamaro que sal\u00eda del est\u00e9reo argentino compatible. Yo tarareaba y hac\u00eda teclados en el tablero de cuerina, golpeteaba con la mano entera y pensaba en qu\u00e9 charco estar\u00edan el anular y el dedo medio de la mano izquierda. Ya no podr\u00eda tocar el piano como Evans. El rabillo del ojo me devolv\u00eda la felicidad, de costado ve\u00eda flamear la insignia nacional del ej\u00e9rcito del Portador, Pamela se sub\u00eda cada vez m\u00e1s la pollera de leopardo y yo cada vez m\u00e1s alto en el m\u00e1stil.<br \/>\nPor la avenida costanera hab\u00eda un nudo de tr\u00e1nsito, un mar de conductores en fila o domingueros de los que acatan todas las se\u00f1ales. El paseo Col\u00f3n estaba infestado de patrulleros, as\u00ed que la chica peg\u00f3 un volantazo y subi\u00f3 por M\u00e9xico hasta Defensa y por all\u00ed con dos esguinces hasta Bol\u00edvar y Per\u00fa. Su pericia al volante me record\u00f3 su nombre de pila, de antes: Aldo. Y para festejar su haza\u00f1a conductiva termin\u00f3 de levantarse la mini con la mano y entramos al Parque Lezama en hurra, volando, a fondo.<br \/>\nPar\u00f3 en un kiosco por cigarros, cervezas y otras cosas. Cuando el Ala Uno se acerc\u00f3 a ver qu\u00e9 pasaba, Pamela les sac\u00f3 la lengua, se la pas\u00f3 h\u00fameda y carnosa por los labios y la meti\u00f3 para adentro, contra la pared de la boca semejando una fellatio.<br \/>\nTir\u00f3 en el asiento un pack de seis latas de cerveza, ten\u00eda un cigarro prendido en la boca y no s\u00e9 bien con qu\u00e9 mano se prepar\u00f3 un saque. Aspir\u00f3 la pala, larg\u00f3 el humo y puso primera. Se vio de nuevo la punta de la insignia de encaje que a causa del sudor iba perdiendo el blanco inmaculado. Todos los olores conduc\u00edan a la embriaguez: l\u00fapulo, tabaco, Chanel y los fluidos de los cuerpos. Y la imaginaci\u00f3n, que todo lo exagera. \u00a1Vaya a saber cu\u00e1ntos \u00e9ramos en la cabina del auto&#8230;! Yo contaba por lo menos tres cuerpos sudorosos que ya no pod\u00edan evitar el roce: el m\u00edo, el del Aldo y el de Pamela. La pr\u00f3xima vez que me tocara le saltar\u00eda. Y as\u00ed fui en busca de la bandera blanca, como la mayor\u00eda de los h\u00e9roes, por impulso, por instinto, por estar ah\u00ed. \u00bfAcaso una batalla no es una org\u00eda? La chica hablaba sin pausa, ustedes disculpen si no soy textual, es que las \u00faltimas frases coincidieron con la ruta del cierref\u00e1cil a todo lo largo del leopardo sint\u00e9tico, un vestidito de la casa Etam. Le qued\u00f3 solamente la bandera blanca. Y las palabras. Pueden faltar algunas, pero dijo m\u00e1s o menos as\u00ed: -Para los elementales, la visi\u00f3n santa es la forma, el tama\u00f1o, la fuerza, las proporciones &#8230;aunque los deformes tienen lo suyo. El hombre es primitivo, ciego, hay que buscar con las manos, la boca, el pelo. El fuego brota de las fricciones. Los tesoros se guardan en huecos peque\u00f1os y lo m\u00e1s hermoso es la ilusi\u00f3n de poder abrirlos. Con llave, con fuerza o con jugos y modos de seda. Hay agujeros que se niegan al principio y puertas que rechinan, para eso se inventaron los aceites y las sorpresas. Empezar\u00e1 como un hurto y acabar\u00e1 en un saqueo.<br \/>\nDe ah\u00ed en adelante puedo acordarme de los gestos, no de las palabras. Si esto era una religi\u00f3n, yo entraba y sal\u00eda del arca, mete y saca. No pod\u00eda parar de quemar, de romper la bombacha, de echar simiente, la m\u00e1s poderosa, del deseo, blanca, espesa, abundante. Como una hostia, aunque cayera afuera de la boca, en la cara, o sobre el asiento del BM, de un cuero de unas vacas criadas en Escocia, sin alambrado de p\u00faas. Pero la violencia es inevitable cuando hay tanto deseo y poco espacio. No acertaba a saber con qu\u00e9 mano o c\u00f3mo sacar el \u00faltimo encaje. La chica no me dejaba romperla ni hubiera podido, como hacen en las pel\u00edculas. La desliz\u00f3 suave entre las piernas y mete y saca, esta vez una lluvia de fuego, de sangre y hacia adentro, dio una vuelta imaginaria y salt\u00f3 por el torrente de su lengua, las tetas y las manos. Por fin salt\u00f3 su lluvia blanca, afuera, a mi boca, la cara y al asiento cuerovaca de Escocia.<br \/>\nMi mano m\u00e1s pr\u00f3xima era la mutilada, pero el deseo se extend\u00eda hasta las partes ausentes. Se dice que los mutilados conservan la sensibilidad de los miembros que faltan, as\u00ed como hay quienes los tienen y no sienten nada. Me quit\u00e9 el pa\u00f1uelo que me sosten\u00eda la armadura de los vendajes. El dedo medio que faltaba era \u00fatil para lo que quer\u00eda hacer, tarea espec\u00edfica de esa falange. Como un cyber me ayud\u00e9 con las gasas, las tablillas de torniquete y todo lo que compon\u00eda ese mu\u00f1\u00f3n consolante. Consolante para ella, que emit\u00eda gemidos dulces, suaves y estudiados. Abri\u00f3 esa boca inmensa, ten\u00eda unos dientes blanqu\u00edsimos y la lengua me transmiti\u00f3 una energ\u00eda, una fuerza y un deseo que solo pod\u00eda atribuir a la vida salvaje de abajo de los puentes.<br \/>\nSali\u00f3 todo de adentro m\u00edo y sin embargo a\u00fan me faltaba entrar, meterme en su cuerpo. Reci\u00e9n all\u00ed ser\u00eda completo para los dos. Carne y carne o comuni\u00f3n dec\u00eda. La comuni\u00f3n de los santos y otras cuatrocientas calor\u00edas. Para los dos, porque ella tambi\u00e9n era el Aldo. Yo sent\u00ed que llegaba la delicia de la gloria, un \u00e9xtasis irrefrenable y ning\u00fan santo podr\u00eda negarse. Se puso como perrito, apret\u00e9 las nalgas, la resistencia dec\u00eda que eran de dieciocho, moj\u00e9 con saliva y prepar\u00e9 el hueco: mete y saca y atr\u00e1s y adelante. Me puse loco cuando sent\u00ed que se ven\u00eda, que gritaba sin estudio, sin pose, que gozaba. Dejamos el chorro adentro, tirarlo afuera es un c\u00e1lculo. Ni el lugar ni la hora. Entonces ella gritaba: -&#8230;dale, dale, dale &#8230;s\u00ed, s\u00ed, loco, loco, loco- y empezaron a abrirse puertas y ventanas de todo el vecindario. \u00a1Qui\u00e9n dir\u00eda&#8230;! Yo acababa de hacerme coleccionista de los discos de Calamaro.<br \/>\n.<br \/>\nMarcelo Scalona<\/span><\/h3>\n<\/div>\n<\/div>\n<\/div>\n<div class=\"letterboxedImage photoWrap\"><\/div>\n<p>&nbsp;<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>. EL PORTADOR (fragmento p. 129-136, cap. 8) . . La Patricia, dijo Pucho, tiene que acompa\u00f1arte. 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