{"id":6683,"date":"2014-11-20T10:48:49","date_gmt":"2014-11-20T13:48:49","guid":{"rendered":"http:\/\/marceloscalona.com.ar\/?p=6683"},"modified":"2014-11-20T10:48:49","modified_gmt":"2014-11-20T13:48:49","slug":"el-portador-frag-la-infancia","status":"publish","type":"post","link":"http:\/\/marceloscalona.com.ar\/?p=6683","title":{"rendered":"EL PORTADOR, frag. \u00abla infancia\u00bb"},"content":{"rendered":"<p><a href=\"http:\/\/marceloscalona.com.ar\/wp-content\/uploads\/2014\/11\/Marce-B-y-N.jpg\"><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" class=\"alignright size-medium wp-image-6684\" src=\"http:\/\/marceloscalona.com.ar\/wp-content\/uploads\/2014\/11\/Marce-B-y-N-188x141.jpg\" alt=\"Marce B y N\" width=\"188\" height=\"141\" srcset=\"http:\/\/marceloscalona.com.ar\/wp-content\/uploads\/2014\/11\/Marce-B-y-N-188x141.jpg 188w, http:\/\/marceloscalona.com.ar\/wp-content\/uploads\/2014\/11\/Marce-B-y-N-494x370.jpg 494w, http:\/\/marceloscalona.com.ar\/wp-content\/uploads\/2014\/11\/Marce-B-y-N.jpg 640w\" sizes=\"auto, (max-width: 188px) 100vw, 188px\" \/><\/a><\/p>\n<p>.<\/p>\n<p><span style=\"color: #ff0000;\"><strong>NOVELA EL PORTADOR, p. 253-6<\/strong><\/span><\/p>\n<p>.<\/p>\n<h3><span style=\"color: #003366;\">Cuando era chico me asustaba solo. Me encerraba en un cuartito de trastos en la terraza, una especie de altillo, apagaba la luz y corr\u00eda las cortinas. Si no hab\u00eda <\/span><span class=\"text_exposed_show\"><span style=\"color: #003366;\">cortinas, cubr\u00eda con diarios y papeles los vidrios para que no entrase la luz. Me sentaba solo y a oscuras en mitad de la pieza. Esperaba un rato, hasta que se me iba de los ojos la claridad de afuera, el resplandor que todav\u00eda les duraba de haber estado al sol, en la calle. Sab\u00eda que cuando empezaba a ver en la oscuridad, era porque la luz se me hab\u00eda ido de los ojos y m\u00e1s a\u00fan, de los ojos de adentro tambi\u00e9n. Entonces sent\u00eda que estaba bien oscuro, solo, en el mejor de los mundos y en silencio; era la hora de la siesta y en esa \u00e9poca la dorm\u00edan hasta los pedig\u00fce\u00f1os. <\/span><br \/>\n<span style=\"color: #003366;\">A veces me disfrazaba para la ceremonia, de mujer, de doctor o de Batman. Ten\u00eda socios y socias, seis o siete a\u00f1os. Pero lo que m\u00e1s me gustaba era estar solo, callado, pensando o asustarme; ten\u00edan un deleite esa soledad y el miedo. No me recuerdo un ni\u00f1o taciturno y no me faltaban amiguitos, pero naturalmente sent\u00eda un deseo contemplativo, inventarme un territorio solitario, un paisaje reconcentrado de silencio y cavilaci\u00f3n, preparando la tarea de gustar de ir viendo todo y escribirlo. Y una de las cosas que me provocaba la fantas\u00eda era el miedo, y cuando no ven\u00eda, practicaba un rito llamador. Me asustaba solo gritando: Popopo, Popopo, en un tono de voz neutro, de hechicero. Como una invocaci\u00f3n. Popopo era una especie de cuco, bruja o demiurgo, el m\u00e1s temible de mis fantasmas: Popopo Popopo. Creo que se escrib\u00eda separado, Po-Po-Po. Daba m\u00e1s susto en s\u00edlabas, como si la fon\u00e9tica fuera importante para los monstruos. <\/span><br \/>\n<span style=\"color: #003366;\">Popopo no ven\u00eda, pero yo me asustaba, alguien o algo ven\u00eda a ese altillo y me insuflaba un esp\u00edritu, un fuego, una gracia. Despu\u00e9s me pon\u00eda a escribir. Alg\u00fan demiurgo que me visitaba me propon\u00eda ideas, juegos, travesuras. Pero eso mismo me asustaba. Yo lo sent\u00eda como un poder o un don con el que pod\u00eda jugar y hacer sufrir. Crear mundos donde otros pod\u00edan perder (por mi l\u00e1piz en unos cuadernos de hule), todo y lo \u00fanico que eran o ten\u00edan. Como si me fuera dado un extra\u00f1o poder para dar y quitar la vida. Y no lo entend\u00eda del todo. Por eso me asustaba y a veces no dorm\u00eda. Y temblaba bajo las s\u00e1banas esperando el alba. Y cuando llegaba el d\u00eda, cosa rara, me met\u00eda en lo oscuro, en ese cuartito que m\u00e1s bien parec\u00eda un templo, ornado por m\u00ed con dibujos, diapositivas, disfraces hechos con ropa vieja o de muertos. Entonces escrib\u00eda unas historias para jugar porque hab\u00eda descubierto el modo de hacer coincidir mi fantas\u00eda con la realidad, aunque no sab\u00eda el orden. A los ocho o nueve a\u00f1os me escrib\u00eda los guiones para jugar a Combate, Jim West o el teatro. Preparaba escenograf\u00edas, vestidos y a cada uno sus papelitos. Unas tiritas blancas con la letra que cada uno deb\u00eda recitar, parlamentos para todos en una cursiva gorda y redonda, aunque la mayor\u00eda de las obras eran unipersonales o mon\u00f3logos para un solo genio multifac\u00e9tico, dramaturgo, regista, actor, boletero y escen\u00f3grafo. La compa\u00f1\u00eda callejera bien pudo llamarse Amigos y Primas. Montamos un Romeo y Julieta con un extra\u00f1o anexo del juego del doctor en forma de ep\u00edlogo. La escena en que el m\u00e9dico intentaba salvar a Julieta envenenada, ten\u00eda su voltaje adulto, con un completo examen macrosc\u00f3pico de los genitales. Hubo tambi\u00e9n un Otelo al corcho quemado, y un Rey Lear en versi\u00f3n pr\u00f3xima al western. Los dramas de Shakespeare eran concebidos para representar a parientes y vecinos en alguna gala navide\u00f1a. La producci\u00f3n exig\u00eda dos ni\u00f1as verdaderas, y los varones, Montescos y Capuletos, usaban armas autom\u00e1ticas y cartucheras de cowboy. Una vez, en la gala de pascua, cuando los varones intentamos aquel cruce dram\u00e1tico del Shakespeare con el juego del doctor, mis t\u00edos se avivaron y nos dieron puerta. Con una l\u00f3gica implacable, la prima Silvia dec\u00eda que en la obra original no hab\u00eda m\u00e9dico<\/span> <span style=\"color: #003366;\">que revisase a Julieta despu\u00e9s del suicidio. Ni el traspi\u00e9 ni el desaire, nada har\u00eda que nos quit\u00e1semos la vida como el tonto de Romeo, a lo sumo, como los perros, nos sac\u00e1bamos la mufa a los tarascones o nos desquit\u00e1bamos con las manos o la pelota, en la placita Remedios de Escalada o Evita, el solar cambiaba de nombre seg\u00fan qui\u00e9n estuviera en el gobierno.<\/span><br \/>\n<span style=\"color: #003366;\">Pero cuando anochec\u00eda y las sombras cubr\u00edan el medio de la plaza, deb\u00edamos volver aprisa, ten\u00edamos una orden estricta de los padres. El ocaso era la hora en que los bancos de la plaza enredaban obreros y sirvientas. De vuelta a mi casa era inevitable cruzar por el 340, un enorme conventillo que truncaba la calle Ayolas, empezando por Ayacucho y saliendo por De\u00e1n Funes. De fondo siempre o\u00eda la voz del Mono Pantale\u00f3n imitando a Guaran\u00ed, Sandro y Goyeneche, y hab\u00eda un yiro (Graciela se llamaba) que siempre me dec\u00eda que era el ni\u00f1o m\u00e1s lindo del barrio y que guardaba sus ahorros en una alcanc\u00eda y que iba a esperarme&#8230; que cuando yo fuera grande, nos casar\u00edamos. Entonces yo me iba de una oscuridad a la otra, volv\u00eda a mi altillo con la pelota y las im\u00e1genes de aquellas sombras, aleteos, sonidos. A veces lloraba pensando en que todo ese mundo maravilloso desaparecer\u00eda. Lloraba a cuenta, por la destrucci\u00f3n de aquel para\u00edso, pero con una congoja tan fuerte que el hipo no me dejaba aliento. Y sin embargo era un ni\u00f1o feliz, pero era una parte de m\u00ed que deb\u00eda hacer eso: una tarea que me hab\u00eda sido asignada, un par\u00e9ntesis de lamentar el porvenir, una misi\u00f3n, como todos tenemos alguna y no es cuesti\u00f3n de gustos, como si uno fuera un lugarteniente de Belgrano, ac\u00f3lito de As\u00eds o pe\u00f3n de Mar\u00eda Antonieta. Ni modo de correrse. Pero luego me reanimaba escribi\u00e9ndolo, conjeturando c\u00f3mo pasar\u00edan las cosas, si podr\u00edan evitarse o qu\u00e9 hacer para que se consumaran. Entonces recuperaba la vitalidad y el tono y al final ofrec\u00eda todo en el altar de Po-po-po y \u00e9l me recompensaba con las historias. Fue la \u00e9poca en que comenc\u00e9 a intercalar alegor\u00edas a la Virgen o juegos de soldados en los cuadernos de clase. En ciernes, aparec\u00edan mis ep\u00edstolas. Po-po-po, Po-po-po le dec\u00eda a mis musas, en s\u00edlabas; yo pensaba que la fon\u00e9tica era importante para los monstruos.<\/span><\/p>\n<p><span style=\"color: #003366;\">* * * * *<\/span><\/span><\/h3>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>. NOVELA EL PORTADOR, p. 253-6 . Cuando era chico me asustaba solo. 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