{"id":6686,"date":"2014-11-20T10:53:09","date_gmt":"2014-11-20T13:53:09","guid":{"rendered":"http:\/\/marceloscalona.com.ar\/?p=6686"},"modified":"2014-11-20T10:53:09","modified_gmt":"2014-11-20T13:53:09","slug":"el-portador-ult-frag-la-epica","status":"publish","type":"post","link":"http:\/\/marceloscalona.com.ar\/?p=6686","title":{"rendered":"EL PORTADOR, \u00falt. frag. \u00abla \u00e9pica\u00bb"},"content":{"rendered":"<h3><a href=\"http:\/\/marceloscalona.com.ar\/wp-content\/uploads\/2014\/11\/SCALONA-tapa-Portador.jpg\"><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" class=\"alignright size-medium wp-image-6687\" src=\"http:\/\/marceloscalona.com.ar\/wp-content\/uploads\/2014\/11\/SCALONA-tapa-Portador-188x108.jpg\" alt=\"Imprimir\" width=\"188\" height=\"108\" srcset=\"http:\/\/marceloscalona.com.ar\/wp-content\/uploads\/2014\/11\/SCALONA-tapa-Portador-188x108.jpg 188w, http:\/\/marceloscalona.com.ar\/wp-content\/uploads\/2014\/11\/SCALONA-tapa-Portador-494x284.jpg 494w, http:\/\/marceloscalona.com.ar\/wp-content\/uploads\/2014\/11\/SCALONA-tapa-Portador-800x460.jpg 800w, http:\/\/marceloscalona.com.ar\/wp-content\/uploads\/2014\/11\/SCALONA-tapa-Portador.jpg 1494w\" sizes=\"auto, (max-width: 188px) 100vw, 188px\" \/><\/a><\/h3>\n<h3>.<\/h3>\n<h3><span style=\"color: #0000ff;\"><strong>EL PORTADOR, \u00a0 cap. \u00a017 \u00a0fragmento<\/strong><\/span><\/h3>\n<h3><span style=\"color: #0000ff;\"><strong>.<\/strong><\/span><\/h3>\n<h3><span style=\"color: #800000;\"><strong>.<\/strong><\/span><\/h3>\n<div class=\"aboveUnitContent\">\n<div class=\"userContentWrapper\">\n<div class=\"_wk\">\n<h3 id=\"id_546df0c54d27f0202602857\" class=\"text_exposed_root text_exposed\"><span style=\"color: #800000;\"><strong>&#8212;-Entonces lleg\u00f3 el d\u00eda, sofocante, soleado, pegajoso, mal tiempo y mal ag\u00fcero. Monumento a la Bandera, cure\u00f1a militar, honores: los resto<\/strong><\/span><span class=\"text_exposed_show\"><span style=\"color: #800000;\"><strong>s de un h\u00e9roe del siglo diecinueve, sin sabor y sin perfume. Dec\u00edan que el aroma lo hab\u00eda dejado en la tumba del enemigo. Tanta fama sanguinaria y hab\u00eda muerto en la cama. Siempre lo mismo, los caperucitas mueren en combate, y los Generales, de esclerosis m\u00faltiple.<\/strong><\/span><br \/>\n<span style=\"color: #800000;\"><strong>Empec\u00e9 a notar una inquietud en los guardias, en el palco, una electricidad rara que llegaba hasta la cola de los caballos de los Granaderos. Un corrillo parec\u00eda, un rumor, el reguero de la traici\u00f3n encendiendo la p\u00f3lvora del adversario. Alguien hab\u00eda escupido el asado, por treinta monedas o dos veinte alterna. Estamos fieros era la contrase\u00f1a de problemas, se la dije al Topo y por las dudas, nos cagaron.<\/strong><\/span><br \/>\n<span style=\"color: #800000;\"><strong>Cambios de \u00faltima hora: Su Excelencia iba a comulgar en el palco. El cuerpo de Cristo de manos del capell\u00e1n castrense. Rubencito tieso en el altar, hac\u00eda unas muecas desesperadas, la segunda hostia se le hab\u00eda pegado en el paladar. Es ese instante justo de la batalla o la tormenta que da vuelta el viento o la estrategia, un minuto de shock y el que golpea primero, gana. Y fueron ellos, estaban avisados y ya nos estaban metiendo en la bolsa. Primero fusilaron a los francotiradores, de espaldas, en las terrazas. Un Ala Uno cay\u00f3 del techo del Concejo Deliberante. Les tiraban con itakas, son in\u00fatiles los escudos, antecedentes y prontuarios. Ni bolas de acero. La infanter\u00eda sin bastones ven\u00eda cerrando un cerco al medio de la multitud. El p\u00fablico hacia afuera, los milicos hacia adentro. Era el d\u00eda de los santos inocentes, aunque faltara una semana: chicos, mujeres, ancianos debajo de las patas de los caballos, destrozados por la estampida, la multitud a locas, las balas al bulto. El Hombre Elefante larg\u00f3 la pirotecnia, pero el momento y el lugar eran inoportunos. <\/strong><\/span><br \/>\n<span style=\"color: #800000;\"><strong>De pedazos de gente se hizo la cr\u00f3nica del acto. Casi todos caperucitas, votantes agradecidos o desesperados que iban al desfile por una caja de leche o los cincuenta pesos falsos que les repart\u00eda V\u00e9rtiz. <\/strong><\/span><br \/>\n<span style=\"color: #800000;\"><strong>Yo hice lo mismo que un padre de familia, atin\u00e9 a salvar los chicos, un brazo para Rub\u00e9n y otro para la Knicks. Rub\u00e9n todav\u00eda balbuceaba con el pan en la boca. En mitad del escenario, lloraba del susto esperando mi se\u00f1a. Muy tarde para darme cuenta de que era un chico. Yo miraba su destino desde la ola humana que me tiraba calle C\u00f3rdoba hacia arriba, al centro, la peatonal, la plaza. Los matones lo agarraron del pelo, a pu\u00f1etazos y patadas. Lo arrastraban a un furg\u00f3n, pero de pronto apareci\u00f3 otro, inspector o jefe, por la elegancia, de atr\u00e1s, decidido, sac\u00f3 una pistola y la descarg\u00f3 toda en el pibe. <\/strong><\/span><br \/>\n<span style=\"color: #800000;\"><strong>Tarde se da uno cuenta de los \u00e1ngeles que lo rodean\u2026 Baj\u00e9 los brazos, los ojos, la visi\u00f3n de algo que nunca ten\u00eda que haber visto. Me quedaban los o\u00eddos y cada martillazo al pibe me revolv\u00eda las entra\u00f1as. La ola me llevaba y me volvieron los temblores y el miedo. Mal momento, mal ag\u00fcero. La Knicks chillaba como un animal rabioso, con los dedos apuntaba al escenario y con los ojos a m\u00ed, que lo hab\u00eda consentido. Cuando volv\u00ed a mirar, el palco no estaba, las granadas del Topo estaban cambiando el decorado. Y otra m\u00e1s, y otra, y ya se ve\u00eda mejor el r\u00edo y las islas. No daba para finezas, si no lo arregla el cirujano, le toc<\/strong><\/span>a <span style=\"color: #800000;\">al carnicero. <\/span><br \/>\n<span style=\"color: #800000;\">Cuando volv\u00ed a girar, me vi a tres metros de seis manos choriceras, tipo Baldassini, rostros felices, de frente, hacia m\u00ed. Agarrarme vivo era la consigna, pero el privilegio no era por cabecilla, jefe o inteligencia. Era por el dato, yo sab\u00eda el lugar exacto del pozo, sacar\u00edan los cuatro palos y me pondr\u00edan a m\u00ed. No alcanc\u00e9 a llevar la mano a la cintura y una balacera me quit\u00f3 el cerco. De Furlet, supuse. Uno de los milicos, herido y todo, me alcanz\u00f3 en el cuello y se me colg\u00f3 para ahorcarme. Con esas pinzas me hubiera ahorcado hasta despu\u00e9s de muerto. Pero fue el instante, en sus ojos vi lo que me esperaba, el olor de la sangre, una baba, un corrimiento. Se le iba el alma del cuerpo y a m\u00ed me volv\u00eda. Saqu\u00e9 la Luger y le di en la cabeza, para que tuviera. Furlet ven\u00eda capeando la paliza con dos formaciones ciempi\u00e9s, veinte o treinta vectores por fuera, en redondo, y \u00e9l y el Hombre Elefante en el medio. El Topo jugaba solo, era el \u00fanico que pod\u00eda. Est\u00e1bamos diezmados, s\u00e1lvese quien pueda. En un solo grito Furlet me dio el \u00faltimo mandamiento, la retirada, que me metiera en el ciempi\u00e9s, dijo, y usara las dos pistolas. Que \u00edbamos a tratar de enganchar a la Knicks, a meterla en el cerco y viol\u00edn en bolsa. Por Avenida Belgrano, dijo, m\u00e1s abierto y al rev\u00e9s de los milicos. Si nos quedamos&#8230; fue lo \u00faltimo que entend\u00ed.<\/span><br \/>\n<span style=\"color: #800000;\">Cayeron dos hidrantes por la bajada de C\u00f3rdoba y no escuch\u00e9 m\u00e1s que el crujido del ciempi\u00e9s triturado. La ola iba menguando de gente, pero no de pavor. Nos fuimos arrastrando por la plaza hacia arriba, en el \u00faltimo mal\u00f3n desesperado alcanzamos a guarecernos en el Concejo Deliberante. La Luger no la ten\u00eda; la Smith s\u00ed, todav\u00eda sent\u00eda el calce por detr\u00e1s, en la cintura. Trat\u00e9 de hacerme del p\u00fablico, del miedo, del sinsentido, alg\u00fan mat\u00f3n me entrevi\u00f3 en el gent\u00edo, me tir\u00e9 al piso, me buscaban, pas\u00e9 dos puertas, una escalera y un ventanuco. Buscaba un hueco al aire, una chimenea, un ventil\u00faz. De ah\u00ed a los techos, a los vecinos, a un bald\u00edo que hab\u00eda hacia calle Rioja. Entr\u00e9 en un ba\u00f1o, cuatro tabiques, en el \u00faltimo estaba el ventanuco, muy peque\u00f1o. Dudando qu\u00e9 meter primero, sent\u00ed la estampida viniendo al sitio. Era el fin, o peor, me llevar\u00edan vivo hasta el pozo de la guita. Me encerr\u00e9 temblando en el \u00faltimo tabique, levant\u00e9 las piernas para que no me vieran de entrada. Me colgu\u00e9 del viejo ca\u00f1o de hierro del dep\u00f3sito del inodoro. De eso pend\u00eda mi vida. Entr\u00f3 una peque\u00f1a turba a los ba\u00f1os, revisaron de apuro, gritos, patadas, unos pasos y la voz. La voz inconfudible, el sonsonete, el acento: <\/span><br \/>\n<span style=\"color: #800000;\">&#8211; D\u00e9jenme en paz, cabrones, hijos de puta, esperen afuera, quiero cagar tranquilo&#8230; -V\u00e9rtiz. Era V\u00e9rtiz que no aguantaba la diarrea del cagazo.<\/span><br \/>\n<span style=\"color: #800000;\">Lo escuch\u00e9 desvestirse, limpiar un poco la tapa y largar el bufido de las entra\u00f1as. Mov\u00ed dos veces la cabeza, hacia el ventil\u00faz y hacia la puerta. Est\u00e1bamos solos, no pod\u00eda creerlo&#8230; el Presidente cagando en el tabique de al lado. Cuando me llev\u00e9 la mano a la cintura, tuve miedo de que la Smith se me hubiera ca\u00eddo. La incredulidad de la dicha repentina, milagrosa. Uno a veces siente miedo de que la felicidad sea tanta o de golpe. Pero no, no era mentira, ah\u00ed estaba el rev\u00f3lver, el arma de Pamela. El Smith and Wesson hab\u00eda sido de ella. Y de arriba nom\u00e1s, los tabiques no ten\u00edan techo, una mano al ventanuco para no caerme con la estampida y la otra en el gatillo. Ni cuenta se dio el mierdita&#8230; \u00a1Por Pamela!, dije al primer tiro. \u00a1Por Furlet, por Rub\u00e9n!, y salt\u00e9 de punta al hueco. Primero saqu\u00e9 la cabeza. Es lo que dice mi vieja, yo estaba, pero no me acuerdo, los nacimientos son as\u00ed&#8230; Creo que por ese ventil\u00faz hubiera pasado todo el pueblo argentino. Sal\u00ed a los techos, hacia el bald\u00edo de la calle Rioja. Pero en lo alto tambi\u00e9n dominaban ellos, cueteaban de arriba y de abajo, y no hay escudo que pueda contra la itaka. El Topo me cubr\u00eda a los tiros, desde una claraboya, parec\u00eda un gui\u00f1apo colorado en una terraza blanca, y yo, queriendo avisarle que le faltaba un brazo. En la confusi\u00f3n hice el numerito de siempre, ped\u00ed un alto al fuego, levant\u00e9 la credencial de la Corte Suprema y dije a viva voz que yo era el doctor Mariani. Se fueron apagando los tiros y multiplicando los ecos: es Mariani, no tiren, es Mariani. Ahora o nunca, pens\u00e9, y me tir\u00e9 de cabeza a la multitud que sub\u00eda por C\u00f3rdoba. Cuando reaccionaron, ya estaba en la base de la correntada. Dieron vuelta los ca\u00f1ones otra vez hacia la terraza blanca. \u00bfA salvo? No recuerdo bien, no pod\u00eda hacer m\u00e1s nada. No me quedaba aliento, recuerdo unos brazos, alguien que me acomod\u00f3 en la marea, en la ola, para que me llevara. Yo iba flotando en la dicha, liberado, no me sent\u00eda los golpes ni las heridas. Miraba a mis vecinos y no pod\u00eda comprender qu\u00e9 hac\u00edan en el suelo, con esas muecas de horror y espanto. Ellos no sab\u00edan, y no me sal\u00eda la voz para decirles. Ni siquiera la Knicks me entend\u00eda, me enjugaba los cabellos con las l\u00e1grimas prestadas de Rubencito, arrasada de odio y de dolor, me apretaba unos besitos ansiosos como los que dan las nenas a las mu\u00f1ecas. Ayporqu\u00e9sporqu\u00e9s que ni Dios quiere o\u00edr. Y por eso se ha ido del mundo, por verg\u00fcenza.<\/span><br \/>\n<span style=\"color: #800000;\">Yo deliraba cuando nos recogieron, ni siquiera recuerdo si iba en auto o a cocoyito de ella. Dicen que dec\u00eda incoherencias&#8230; que la Navidad, los santos inocentes, las vacaciones. A nuestro alrededor todo era fuego, el frenes\u00ed de rajarle a la muerte y un olor acre de la carne chamuscada; sin embargo, de pronto vi un papel, los bordes de un mapa dejaban un peque\u00f1o territorio de papel blanco&#8230; suficiente para m\u00ed, para hacer una tirita entre las salpicaduras rojas. Caperucita mat\u00f3 al lobo. Caperucita mat\u00f3 al lobo. Lo escrib\u00ed diez veces, tembloroso y enclenque y lo pas\u00e9. Lo pas\u00e9 con devoci\u00f3n como si fueran reliquias del despojo: Caperucita mat\u00f3 al lobo&#8230; unas tiritas de papel blanco como escarapelas del 25 de mayo de 1810. Vicente L\u00f3pez y Planes, poeta y abogado, \u00bfle habr\u00eda pasado lo mismo&#8230;? La infancia argentina, la \u00fanica patria: Blas Parera, Vicente L\u00f3pez, Furlet, la Knicks, el Topo, Rubencito. Que se hiciera una cadena y las fueran pasando.<\/span><\/span><\/h3>\n<\/div>\n<\/div>\n<\/div>\n<div class=\"letterboxedImage photoWrap\"><\/div>\n<p>&nbsp;<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>. EL PORTADOR, \u00a0 cap. \u00a017 \u00a0fragmento . . &#8212;-Entonces lleg\u00f3 el d\u00eda, sofocante, soleado, pegajoso, mal tiempo y mal ag\u00fcero. 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