{"id":6798,"date":"2015-01-03T22:37:27","date_gmt":"2015-01-04T01:37:27","guid":{"rendered":"http:\/\/marceloscalona.com.ar\/?p=6798"},"modified":"2015-01-03T22:37:27","modified_gmt":"2015-01-04T01:37:27","slug":"la-plancha-hace-su-magia","status":"publish","type":"post","link":"http:\/\/marceloscalona.com.ar\/?p=6798","title":{"rendered":"La plancha hace su magia"},"content":{"rendered":"<p><a href=\"http:\/\/marceloscalona.com.ar\/wp-content\/uploads\/2015\/01\/Marce-plancha-2.jpg\"><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" class=\"alignright size-medium wp-image-6799\" src=\"http:\/\/marceloscalona.com.ar\/wp-content\/uploads\/2015\/01\/Marce-plancha-2-188x153.jpg\" alt=\"OLYMPUS DIGITAL CAMERA\" width=\"188\" height=\"153\" srcset=\"http:\/\/marceloscalona.com.ar\/wp-content\/uploads\/2015\/01\/Marce-plancha-2-188x153.jpg 188w, http:\/\/marceloscalona.com.ar\/wp-content\/uploads\/2015\/01\/Marce-plancha-2-494x402.jpg 494w, http:\/\/marceloscalona.com.ar\/wp-content\/uploads\/2015\/01\/Marce-plancha-2-737x600.jpg 737w\" sizes=\"auto, (max-width: 188px) 100vw, 188px\" \/><\/a><\/p>\n<p>.<\/p>\n<div class=\"aboveUnitContent\">\n<div class=\"userContentWrapper\">\n<div class=\"_wk\">\n<h1 id=\"id_54a898aa85bdb4057861119\" class=\"text_exposed_root text_exposed\"><em><span style=\"color: #800000;\">LA PLANCHA HACE SU MAGIA<\/span><\/em><\/h1>\n<h3 class=\"text_exposed_root text_exposed\">.<br \/>\n.<br \/>\n<span style=\"color: #003366;\">Con la plancha, ahora, son cuatro veces que me pas\u00f3 quedar \u201cTraspuesto\u201d, como el padre de Shepard dando de comer a sus canarios, a la mula y a \u00e9l mismo, a media ma\u00f1ana, en el desierto de Arizona.<\/span><br \/>\n<span style=\"color: #003366;\">.<\/span><br \/>\n<span style=\"color: #003366;\">La primera vez <span class=\"text_exposed_show\">fue a los siete a\u00f1os, en el \u00e1bside de la iglesia del asilo, era monaguillo y hab\u00eda una luz marfil los domingos, una resolana en el vidrio, una hora antes de la misa de las once. Un dibujo de la Virgen en el vitraux de calle Necochea hac\u00eda una sombra femenina en la puerta de la sacrist\u00eda. Fue lo primero que escrib\u00ed, a los siete a\u00f1os, un poema a una mujer que era una sombra, ajena, imposible, sin sexo. A\u00f1os despu\u00e9s se encarnar\u00eda en una chica rubia, catequista, y nos dimos el primer beso bajo la luz del vitraux, me acab\u00e9 en seco, en el pantal\u00f3n y los dos entramos al para\u00edso, pero no sin dudas. Ella pensaba que se le notar\u00eda el beso, que quedar\u00eda tatuada una marca roja en su mejilla, infamante. Yo no sab\u00eda con qu\u00e9 tapar la mancha de almid\u00f3n que empastaba la ingle de mi jean azul. \u00c9ramos dos chiquilines. Cuando la chica se fue, me vino por primera vez el flash aquel del fotograma donde ve\u00eda toda clase de gente, como en un \u00e1lbum de retratos de las miles de personas (ordinarias, accidentales, provisorias), que alguna vez me hab\u00edan querido, ayudado, sonre\u00eddo: Teresa, la mujer del verdulero de calle De\u00e1n Funes que a escondidas del marido, me daba los mejores duraznos. El enfermero de Salsipuedes, que diez a\u00f1os atr\u00e1s me hab\u00eda puesto la mascarilla de oxigeno en mi primer falso crup. La se\u00f1orita Yolanda, de primer grado, y su hija, Ana Mar\u00eda, de cuarto, mi primera novia, aunque ella nunca lo supo.<br \/>\nY as\u00ed comenz\u00f3 ese turbi\u00f3n de im\u00e1genes de gente que ha sido dichosa, buena o simple conmigo. Un inventario de fotos fijas, pero sin montaje de pel\u00edcula, sin la ilusi\u00f3n del movimiento, nada de moviola o aventura, a lo sumo un gesto. Uno solo. Pero eso s\u00ed, como un atropello de un mont\u00f3n de personas, en especial, gente que no ha sido decisiva en mi vida. No son los seres m\u00e1s queridos, eso ser\u00eda obvio. Son personas m\u00ednimas, comunes, que apenas he visto una o dos veces en la vida, aunque sin embargo, han dejado una resolana en el vitraux, un destello de bien, de verdad, de belleza.<br \/>\n.<br \/>\nYa de adulto, treinta a\u00f1os despu\u00e9s me pas\u00f3 un verano en la tumba de mi hija. Locuras del dolor insoportable. Cre\u00edamos con su madre que las flores que pon\u00edamos en el florero de la l\u00e1pida no se marchitaban. Macanas. Pero lo que s\u00ed era cierto es que estando all\u00ed el tiempo no parec\u00eda transcurrir, se sent\u00eda una placidez de morirse extenuado, al sol, respirando un perfume de reliquias y se o\u00edan voces futuras del pasado ef\u00edmero. El punto muerto, el mejor vac\u00edo, el puro presente, el r\u00edo inm\u00f3vil. Premonici\u00f3n de eternidad, del otro lado. Yo musitaba -pegando mis labios a la losa-, los versos de Aleixandre \u201c\u2026cantas color de piedra \/ color de beso o labio\/ cantas como si el n\u00e1car \/ durmiera o respirara\u201d, y luego cerraba los ojos y empezaba el desfile de las caras provisorias, precarias, amables. Pocho Bernardo, el due\u00f1o de la funeraria, que contra toda ley nos dio la ni\u00f1a (sin papeles) en una caja de cart\u00f3n para que la noche antes del entierro, la tuvi\u00e9semos en casa. Un velatorio en la cocina. La fuimos pasando entre brazos de dolientes como a una mu\u00f1equita de Navidad, de Reyes. Nunca habl\u00e9 con ese hombre, ni antes, ni despu\u00e9s (creo que ya ha muerto), pero su cara es una de las que siempre aparece, sonriente, compungido, casi tan desolado como nosotros.<br \/>\n.<br \/>\nLa tercera vez fue otro verano que \u00edbamos con Mat\u00edas, de 9 a\u00f1os, a pescar a la Fluvial o al Mangrullo. A m\u00ed nunca me gust\u00f3 pescar, pero aprend\u00ed que es un ejercicio de paciencia formidable, como cuando uno espera la primera p\u00e1gina del cuento, que termine el parto, que llegue la mujer a la cita o que Mat\u00edas atrapara sus peces voladores en una faena reversible: pescarlos y devolverlos al agua. Pero era estar toda la noche vigilando a ese ni\u00f1o inquieto que supo agotar el stock de hilo quir\u00fargico de la sala de guardia del Sanatorio de Ni\u00f1os. Mientras \u00e9l trasegaba riles, ca\u00f1as, lombrices, yo le\u00eda con linterna, sorb\u00eda un cog\u00f1ac y entraba en esa fisura de la enso\u00f1aci\u00f3n donde atropellaban los fotogramas de mis bienhechores accidentales, pasajeros: Ren\u00e9, el cuidacoches de tribunales, por calle Cochabamba, el primero, en los noventa, en confundirme con el Inspector Columbo; la mucama del Hotel San Juan, en Miramar, que todos los veranos me propiciaba encuentros con el hu\u00e9sped favorito, Don Luis, el hijo de Alfonsina Storni; aquel Leo cusque\u00f1o que en 2001 comparti\u00f3 conmigo esa chica alemana en el \u201cSargento Pimienta\u201d, de Barranco; Alberto D\u00edaz, Gerente de Planeta, editor de Saer, de S\u00e1bato, que en 1991, en un escritorio de la calle Moreno al 3200, en Buenos Aires, vi\u00e9ndome por primera vez, sin recomendaci\u00f3n alguna, se ley\u00f3 todo mi anillado de \u201cEl camino del oto\u00f1o\u201d y me dijo que yo deb\u00eda dejar todo y escribir. No dejar nunca de escribir.<br \/>\n.<br \/>\nY ahora esto, la cuarta vez, con la plancha Moulinex. Planchando (poco), los s\u00e1bados de ma\u00f1ana, se me hace una pausa, una enorme pausa al vaiv\u00e9n de la m\u00e1quina de vapor el\u00e9ctrica. Un trance que al correr del vals de la mano, me va llevando de un acto conciente (leer, escribir, contestar mails, preparar una clase, un oficio judicial), a doblar una bermuda Legacy, ponerle el apresto, el parche Mendaf\u00e1cil y comenzar ese extra\u00f1o ida y vuelta.<br \/>\nOriento la tabla al sol, al r\u00edo, al jard\u00edn lujurioso de Dante Taparelli y ese humilde estribillo de la mano llevando y trayendo el vapor caliente, me introduce en un zen, un yoga, un mantra sin esfuerzo, una hipnosis suave, luminosa, reminiscente.<br \/>\nY entonces sucede, pasa. Pasa y se repite. Es un vals, el tropel de im\u00e1genes de peque\u00f1os gestos, personas comunes que en un instante han sido piadosas, comprensivas, felices, conmigo. Jorge, aquel chofer mexicano de Chamapula que nos llev\u00f3 clandestinos al Oventic del Subco, en Chiapas. Jennifer, la chica inglesa que me orient\u00f3 en el Raval (quiz\u00e1 me salv\u00f3 la vida), una noche llena de junkies fieros, y me ense\u00f1\u00f3 la Pedrera, el Montjuic, la Plaza del Diamante y que no hace falta el idioma para que haya lenguaje. El maletero de Gesell, que me confundi\u00f3 con Carusso Lombardi y no pude evitar firmarle un aut\u00f3grafo en una camiseta de Tigre. Deborah, la ultima chica que atendi\u00f3 a Fabri en el puticlub de Pujato. Gabriel Razetto, inspirador de El Portador, llamando por cobrar desde la c\u00e1rcel de Coronda, una madrugada, para advertirme que tuviera ojo con la educaci\u00f3n de Matias, que la calle estaba dura. Y los ojos de mi gata Awful, invalida y desahuciada, mientras yo le pon\u00eda su inyecci\u00f3n de morfina.<br \/>\n.<br \/>\nY podr\u00eda seguir todo el d\u00eda, un inventario como el que hace Leopoldo Bloom recorriendo el cementerio de Dubl\u00edn, aburrido, abotagado, la ma\u00f1ana del 16 de junio de 1904. Entiendo que puede ser pesante para el que lo lee. No son muy entretenidos los \u00e9xtasis dom\u00e9sticos, transparentes, invisibles. Hasta en la Biblia hay efectos especiales en muchos pasajes para que el p\u00fablico no abandone la lectura o la iglesia. Pero yo creo que la enso\u00f1aci\u00f3n de esos peque\u00f1os gestos de dicha, real y concreta, es un acumulador de energ\u00eda seguro para llenar la carga de sentido de una vida y de una escritura.<br \/>\n.<br \/>\nHace pocos d\u00edas, Esther, que me ayuda en la casa, me sugiri\u00f3 que deber\u00edamos cambiar la plancha. Negociamos. Voy a comprar una nueva para ella, una Whirlpool con sonidos musicales y luces tricolores seg\u00fan su marcha. Muy simp\u00e1tica, pero yo guardar\u00e9 la m\u00eda, mi Moulinex Chronomate para los s\u00e1bados, para ese rato infinito en que no plancho m\u00e1s que una camisa o dos remeras, y sin embargo, a menudo, como esta ma\u00f1ana, con s\u00f3lo el vaiv\u00e9n apretado del hierro vaporoso sobre un par de medias, volv\u00ed a ver a todos mis amiguitos de la playa La Perla, en el verano de 1971, jugando en la orilla a los roles de \u201cCombate\u201d, \u201cKung Fu\u201d, \u201cBatman\u201d, o lo m\u00e1s com\u00fan, haciendo castillos de arena, surfeando olas con una tabla de porolito blanco y m\u00e1s tarde, tomando un Toddy con unos s\u00e1ndwiches de mortadela, cuya fragancia no se me ir\u00e1, al menos, hasta el lunes.<br \/>\n.<br \/>\n.<br \/>\n&#8212;&#8212;&#8212;&#8212;&#8212;&#8212;&#8212;&#8212;&#8212;-Marce<\/span><\/span><\/h3>\n<\/div>\n<\/div>\n<\/div>\n<div class=\"letterboxedImage photoWrap\"><\/div>\n<p>&nbsp;<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>. LA PLANCHA HACE SU MAGIA . . Con la plancha, ahora, son cuatro veces que me pas\u00f3 quedar \u201cTraspuesto\u201d, como el padre de Shepard [&hellip;]<\/p>\n","protected":false},"author":1,"featured_media":0,"comment_status":"open","ping_status":"open","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"footnotes":""},"categories":[3],"tags":[],"class_list":["post-6798","post","type-post","status-publish","format-standard","hentry","category-taller"],"_links":{"self":[{"href":"http:\/\/marceloscalona.com.ar\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts\/6798","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"http:\/\/marceloscalona.com.ar\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"http:\/\/marceloscalona.com.ar\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"http:\/\/marceloscalona.com.ar\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/users\/1"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"http:\/\/marceloscalona.com.ar\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Fcomments&post=6798"}],"version-history":[{"count":1,"href":"http:\/\/marceloscalona.com.ar\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts\/6798\/revisions"}],"predecessor-version":[{"id":6800,"href":"http:\/\/marceloscalona.com.ar\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts\/6798\/revisions\/6800"}],"wp:attachment":[{"href":"http:\/\/marceloscalona.com.ar\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Fmedia&parent=6798"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"http:\/\/marceloscalona.com.ar\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Fcategories&post=6798"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"http:\/\/marceloscalona.com.ar\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Ftags&post=6798"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}