{"id":6865,"date":"2015-02-15T22:09:24","date_gmt":"2015-02-16T01:09:24","guid":{"rendered":"http:\/\/marceloscalona.com.ar\/?p=6865"},"modified":"2015-02-15T22:09:24","modified_gmt":"2015-02-16T01:09:24","slug":"la-mancha","status":"publish","type":"post","link":"http:\/\/marceloscalona.com.ar\/?p=6865","title":{"rendered":"La Mancha"},"content":{"rendered":"<h1><a href=\"http:\/\/marceloscalona.com.ar\/wp-content\/uploads\/2015\/02\/La-mancha.jpg\"><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" class=\"alignright size-medium wp-image-6866\" src=\"http:\/\/marceloscalona.com.ar\/wp-content\/uploads\/2015\/02\/La-mancha-171x188.jpg\" alt=\"La mancha\" width=\"171\" height=\"188\" srcset=\"http:\/\/marceloscalona.com.ar\/wp-content\/uploads\/2015\/02\/La-mancha-171x188.jpg 171w, http:\/\/marceloscalona.com.ar\/wp-content\/uploads\/2015\/02\/La-mancha-450x494.jpg 450w, http:\/\/marceloscalona.com.ar\/wp-content\/uploads\/2015\/02\/La-mancha-547x600.jpg 547w, http:\/\/marceloscalona.com.ar\/wp-content\/uploads\/2015\/02\/La-mancha.jpg 876w\" sizes=\"auto, (max-width: 171px) 100vw, 171px\" \/><\/a><\/h1>\n<h1><span style=\"color: #800000;\">LA MANCHA<\/span><\/h1>\n<h3><span style=\"color: #800000;\">.<\/span><br \/>\n<span style=\"color: #003366;\">.<\/span><br \/>\n<span style=\"color: #003366;\">Todav\u00eda no llega Ariana, Esteban est\u00e1 solo cuidando a su madre en la casa. Poco esfuerzo f\u00edsico, la mujer ya debe pesar treinta kilos, se manipula como una mu\u00f1eca. Desmadejada, eso s\u00ed. Cada dos horas hay que limpiarla. Lleva dos meses acostada, ni siquiera se sienta en la cama inflable y el enemigo son las escaras. Esteban la revisa, el suero (\u00fanico alimento), aumenta el ritmo urinario. La orina, ahora, ha pasado los pa\u00f1ales, el pa\u00f1o traversa y algo como un agua rosada dej\u00f3 una mancha en la s\u00e1bana turquesa que si no recuerda mal, sus padres compraron en Uruguayana en 1979. \u00bf1979? Esteban piensa en otro mancha.<\/span><br \/>\n<span style=\"color: #003366;\">.<\/span><br \/>\n<span style=\"color: #003366;\">Hay que sacar todo r\u00e1pido, le ense\u00f1\u00f3 su amigo y colega del Hospital Italiano, Ale Parol\u00edn, cirujano pl\u00e1stico, dermat\u00f3logo. Esteban pone debajo del cuerpo de su madre el cambiador de cuerina verde, se coloca los guantes de l\u00e1tex y quita los pa\u00f1ales descartables (son dos, uno enorme por fuera y otro ajustado en el medio), los tira en el cesto y comienza a limpiar el pubis de su madre. No solo no tiene repulsi\u00f3n ahora que se le ha hecho un trabajo, una rutina, sino que trata de hacerlo con cuidado y delicadeza, \u00e9l cree que el pudor y la ternura le servir\u00e1n cuando todo haya terminado. Muy pronto le dijo su colega, el Dr. Esta\u00f1\u00e1n, hace ya varios meses. <\/span><br \/>\n<span style=\"color: #003366;\">.<\/span><br \/>\n<span style=\"color: #003366;\">Pervinox, Platsul, la colonia Heno de Pravia, la cinta adhesiva, la cinta de papel, la tijera, los pa\u00f1ales limpios, el de afuera, el de adentro, las toallas, el alcohol, el suero con dextrosa. En Rosario hace 40 grados de calor, y ni bien termina la faena se acerca a la cara de su madre por la recompensa. Ella le da dos o tres piquitos en la mejilla, los dos parecen el perro de Pavlov, reaccionan al est\u00edmulo. El amor es un reflejo. Esteban revisa el suero, si el goteo es correcto y sale al patio, al lavadero, hay que fregar la ropa sucia antes de ponerla en remojo para cuando venga Esther a lavarla, y fregando el agua rosada de la s\u00e1bana turquesa, de 1979, recuerda aquella otra mancha. Una de las primeras, a los 16 a\u00f1os, en el pantal\u00f3n de franela gris del uniforme del Colegio Sagrado Coraz\u00f3n. Aquellas noches de septiembre que comenz\u00f3 a acabarse en seco, la mancha de semen, ese pegote de almid\u00f3n pastoso y abundante en el pantal\u00f3n, mientras besaba y acariciaba en el zagu\u00e1n a aquella noviecita que cre\u00eda que los besos dejaban marcas indelebles en la cara. Manchas.<\/span><br \/>\n<span style=\"color: #003366;\">.<\/span><br \/>\n<span style=\"color: #003366;\">Esteban se recuerda escondido y temeroso en la primavera de 1979, en este mismo lavadero donde est\u00e1 ahora fregando una mancha de agua rosada. Y recuerda que despu\u00e9s, deb\u00eda intentar borrar la aureola h\u00fameda con el secador del cabello, en el ba\u00f1o de abajo, silenci\u00e1ndolo con varias toallas a las dos de la madrugada. Y recuerda a la ma\u00f1ana siguiente, cuando su madre, la mu\u00f1eca desmadejada que yace a diez pasos en ese instante, advirtiendo el problema de la mancha, la aureola desva\u00edda pero amarilla y segura, le dijo con una imperceptible sonrisa pudorosa: \u201cyo te limpio los pantalones\u2026\u201d<\/span><br \/>\n<span style=\"color: #003366;\">.<\/span><br \/>\n<span style=\"color: #003366;\">Esteban volver\u00eda a acabarse en seco muchas veces en 1979, incluso en noviembre, cuando sus padres fueron a pasear a Uruguay y Brasil y trajeron estas s\u00e1banas, pero ya no fregar\u00eda sus pantalones, ni el del uniforme, ni los jeans, ni las bermudas, ni los boxers hasta unos diez a\u00f1os despu\u00e9s que comenzar\u00eda con los pa\u00f1ales de sus hijos. Al volver del patio, su madre duerme tranquila bajo el zumbido de los cuatro ventiladores, dos de techo, dos de pie. Esteban prende la tele sin volumen, enciende su Netbook, revisa el celular y luego abre un cuaderno de tapas de hule donde escribe una novela. No sabiendo para qu\u00e9. \u00a1Para qu\u00e9 escribir\u2026!<\/span><br \/>\n<span style=\"color: #003366;\">.<\/span><br \/>\n<span style=\"color: #003366;\">.<\/span><br \/>\n<span style=\"color: #003366;\">Marce<\/span><br \/>\n<span style=\"color: #003366;\">15-2-15<\/span><\/h3>\n<h3><span style=\"color: #003366;\">Fragmento de la novela en proceso, NO SABIENDO PARA QU\u00c9.<\/span><\/h3>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>LA MANCHA . . Todav\u00eda no llega Ariana, Esteban est\u00e1 solo cuidando a su madre en la casa. 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