{"id":6975,"date":"2015-04-07T13:14:00","date_gmt":"2015-04-07T16:14:00","guid":{"rendered":"http:\/\/marceloscalona.com.ar\/?p=6975"},"modified":"2015-04-07T13:14:00","modified_gmt":"2015-04-07T16:14:00","slug":"el-rey-del-lido","status":"publish","type":"post","link":"http:\/\/marceloscalona.com.ar\/?p=6975","title":{"rendered":"El Rey del Lido"},"content":{"rendered":"<h2><a href=\"http:\/\/marceloscalona.com.ar\/wp-content\/uploads\/2015\/04\/el-lido.jpg\"><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" class=\"alignright size-medium wp-image-6976\" src=\"http:\/\/marceloscalona.com.ar\/wp-content\/uploads\/2015\/04\/el-lido-188x134.jpg\" alt=\"el lido\" width=\"188\" height=\"134\" srcset=\"http:\/\/marceloscalona.com.ar\/wp-content\/uploads\/2015\/04\/el-lido-188x134.jpg 188w, http:\/\/marceloscalona.com.ar\/wp-content\/uploads\/2015\/04\/el-lido-494x352.jpg 494w, http:\/\/marceloscalona.com.ar\/wp-content\/uploads\/2015\/04\/el-lido.jpg 600w\" sizes=\"auto, (max-width: 188px) 100vw, 188px\" \/><\/a><\/h2>\n<h2>.<\/h2>\n<h2><span style=\"color: #800000;\">EL REY DEL LIDO<\/span><br \/>\n.<\/h2>\n<h3>.<br \/>\n<span style=\"color: #003366;\">1. Esteban ten\u00eda siete a\u00f1os cuando supo c\u00f3mo era la vida. Era un d\u00eda de lluvia y miraba a la calle por la ventana de su casa de infancia. Llam\u00f3 su atenci\u00f3n que los peatones con paraguas e impermeables no cedieran el lado de la pared a los otros, desprotegidos o inermes. Se qued\u00f3 pensando un rato, y entonces apareci\u00f3 su padre por la vereda del bar El Lido, mojado y desnudo al aguacero cediendo el lado de la pared a todos. Esteban se puso a llorar, y esa noche, antes de dormirse, como si fuera una condena o un tesoro, lo escribi\u00f3 en secreto en la \u00faltima hoja del cuaderno de tareas. Aquellos cuadernos Rivadavia de tapas de hule. Una cursiva gorda, segura y amable sobre los renglones. Una grieta dichosa y fatal. La escritura es el \u00fanico juguete de la infancia que le dura.<\/span><br \/>\n<span style=\"color: #003366;\">. <\/span><br \/>\n<span style=\"color: #003366;\">2. En 1998, aquel ni\u00f1o ya era el doctor Esteban Pereda, un prolijo cirujano del est\u00f3mago que todas las ma\u00f1anas hac\u00eda un recorrido casi directo, desde el Saladillo hasta el Hospital Italiano, en el sur de la ciudad. En un viaje sin curvas, por calle Buenos Aires ven\u00eda desde Avenida Lucero hasta Rueda, giraba a la izquierda y casi todos los d\u00edas deb\u00eda frenar el coche en el sem\u00e1foro de calle San Mart\u00edn. Ese lunes, era una bella ma\u00f1ana de primavera que \u00e9l conoc\u00eda desde el alba, porque a las cinco en punto lo fulminaba el insomnio, cierta inquietud por la agenda del quir\u00f3fano, cargada de intervenciones dif\u00edciles. <\/span><br \/>\n<span style=\"color: #003366;\">Al repaso de esas duras batallas con la sangre, esperando la luz verde, baj\u00f3 la ventanilla de su lado para aspirar la fragancia de los \u00e1rboles de los jardines de la Gendarmer\u00eda. Y ah\u00ed pas\u00f3 todo. En un instante, pas\u00f3 uno de esos fen\u00f3menos donde lo cotidiano roza la maravilla, donde un acto pueril se convierte en una epifan\u00eda. Esteban vio que otro auto hab\u00eda estacionado junto al suyo, esperando la misma luz de paso. Su conductor era un anciano venerable, tranquilo, que no ten\u00eda huellas de insomnio ni de haber perdido la batalla contra el paso del tiempo. Un anciano a bordo de una especie de lancha extinta o ballena brillante. \u00bfC\u00f3mo llamar\u00edan ustedes a un Valiant 4, modelo \u201967, con todos los afeites originales? <\/span><br \/>\n<span style=\"color: #003366;\">La mirada del cirujano es veloz y certera. Curiosa, exhaustiva y de pronto, se vuelve un \u00e9xtasis, un hechizo. Pero de un modo tan turbado, que sin un sentido aparente, el doctor Pereda se conmovi\u00f3. Pero no de pena, ni siquiera una bruma dolorida. No. M\u00e1s bien como una l\u00e1grima de mucha lucidez abotagada. Otra cosa, como una gratitud o una dicha difusa, lo m\u00e1s parecido al fulgor del ni\u00f1o en la ceremonia. <\/span><br \/>\n<span style=\"color: #003366;\">Cuando se puso la luz verde, el anciano retom\u00f3 su marcha por avenida San Mart\u00edn hacia Gaboto, a estacionarse frente al bar El Lido. Esteban modific\u00f3 su recorrido habitual de calle G\u00e1lvez, para seguirlo. Como si hubiera recibido un llamado. Desasido, con una calma de esas que s\u00f3lo consegu\u00eda despu\u00e9s de muchas copas o pastillas. Veneraci\u00f3n, podr\u00eda ser la palabra. Una devoci\u00f3n instant\u00e1nea por un hombre con un Valiant o por un viejo mandam\u00e1s de la mesa principal de El Lido; un anciano distinguido, pero al mismo tiempo en declive. Vacilante, como \u00e9l, en ese momento en que le ha pegado un rayo de clarividencia. Un instante donde sinti\u00f3 el peso de un otro igual y futuro, con sus amores, sus cr\u00edmenes, sus olvidos. <\/span><br \/>\n<span style=\"color: #003366;\">Parece mentira que a veces ya no se pueda reconocer ni a uno mismo. Ni el momento, ni el lugar, apenas las luces del sem\u00e1foro o el vencimiento de tantos controles o cuentas absurdas. Y fue entonces que sucedi\u00f3: cuando el anciano se volvi\u00f3 para asegurarse de que hab\u00eda cerrado la puerta del coche, el grueso cilindro retr\u00e1ctil de hierro de la manija dio el campanazo. La fisura. Reci\u00e9n ah\u00ed Esteban se dio cuenta de que el anciano al que segu\u00eda era su padre. De que el hombre al que estaba siguiendo, subyugado, era el hombre del Valiant, el Rey de El Lido. Aqu\u00e9l hombre del que siempre hab\u00eda pensado, desde los siete a\u00f1os, desde el d\u00eda en que apareci\u00f3 desnudo y mojado al aguacero cediendo el lado de la pared a todos, que si en el mundo hubiera cien m\u00e1s como \u00e9l (solamente cien hombres as\u00ed), con esa dignidad, ese tes\u00f3n y esa alegr\u00eda, todav\u00eda ser\u00eda un para\u00edso. Un lugar donde podr\u00eda uno reconocer a su padre o a su hijo en todos los hombres, y donde \u00e9l, a\u00fan siendo un laborioso contendiente de la sangre, ganando y perdiendo todos los d\u00edas en el quir\u00f3fano, podr\u00eda dormir como un beb\u00e9, y acordarse, todas las ma\u00f1anas en el sem\u00e1foro de Rueda y San Mart\u00edn, de bajar la ventanilla del auto y aspirar la fragancia del cipr\u00e9s, del sauce, del pl\u00e1tano. <\/span><br \/>\n<span style=\"color: #003366;\">.<\/span><br \/>\n<span style=\"color: #003366;\">3. El Lido es el t\u00edpico cafet\u00edn discepoliano, patio de recreo de adultos, las bromas del f\u00fatbol, el juego clandestino, el amparo del licor. Parada de putas, taxistas, m\u00e9dicos (4 hospitales alrededor), y el p\u00fablico que se renueva todo el tiempo. Abierto 24 hs. Esos bares de terminales, amplia esquina, 3 entradas: bar, comedor, anexos, vereda ancha forrada de pl\u00e1tanos. Lo \u00fanico en la vida que se pareci\u00f3 a mi vieja\u2026<\/span><br \/>\n<span style=\"color: #003366;\">&#8211;\u00bfConoc\u00edas a la chica\u2026?<\/span><br \/>\n<span style=\"color: #003366;\">&#8211;S\u00ed, era moza del \u201cKafka\u201d, sab\u00e9s que es mi casa.<\/span><br \/>\n<span style=\"color: #003366;\">&#8211;\u00bfY qu\u00e9 pas\u00f3?<\/span><br \/>\n<span style=\"color: #003366;\">&#8211;Me despertaron los gritos, parec\u00eda que discut\u00eda con alguien. Despu\u00e9s me di cuenta que gritaba sola. Me asom\u00e9 al patio y vi que algo se agitaba en la cornisa del edificio de al lado. De pronto par\u00f3 de gritar, lo escuch\u00e9 n\u00edtidamente, dijo \u201cbueno, basta\u2026 ya est\u00e1\u201d. Y se tir\u00f3. Y cuando ca\u00eda gritaba \u201ccuidado\u201d. Cuidado, varias veces lo dijo. Cuidado. Un grito terrible y despu\u00e9s la explosi\u00f3n. Como una bomba. Cay\u00f3 a mi patio. 14 pisos. 22 a\u00f1os.<\/span><br \/>\n<span style=\"color: #003366;\">&#8211;Comete una medialuna.<\/span><br \/>\n<span style=\"color: #003366;\">&#8211;No pap\u00e1, tengo un nudo. El portero dice que hab\u00eda estado discutiendo con el noviecito, anoche. En el pali\u00e9r. Que hab\u00eda dejado de tomar las pastillas.<\/span><br \/>\n<span style=\"color: #003366;\">&#8211;Porqu\u00e9 no te tom\u00e1s un licor. <\/span><br \/>\n<span style=\"color: #003366;\">&#8211;Tengo cirug\u00eda, a las nueve.<\/span><br \/>\n<span style=\"color: #003366;\">&#8211;Claro. Cuidado\u2026 <\/span><br \/>\n<span style=\"color: #003366;\">&#8212; Seg\u00fan Lacan, la respuesta est\u00e1 en esa palabra: cuidado.<\/span><br \/>\n<span style=\"color: #003366;\">&#8211;\u00bfLacan es el portero\u2026?<\/span><br \/>\n<span style=\"color: #003366;\">&#8211;\u00a1Pap\u00e1! Lacan es un psicoanalista.<\/span><br \/>\n<span style=\"color: #003366;\">&#8211;\u00bfEl de la chica\u2026?<\/span><br \/>\n<span style=\"color: #003366;\">&#8211;Puf\u2026 no, basta viejo. \u00bfQu\u00e9 hac\u00e9s?<\/span><br \/>\n<span style=\"color: #003366;\">Esteban conoc\u00eda muy bien a su padre, afligido y todo ya estar\u00eda pensando en jugar el 14 y el 22 en la nacional del mediod\u00eda. En la otra mesa estaba el quinielero y don Umberto le hizo se\u00f1as, mientras Esteban qued\u00f3 hablando solo: &#8211;No vas a creer pap\u00e1, lo \u00fanico que repet\u00eda la chica era, cuidado, cuidado, cuidado\u2026<\/span><br \/>\n<span style=\"color: #003366;\">.<\/span><br \/>\n<span style=\"color: #003366;\">.<\/span><br \/>\n<span style=\"color: #003366;\">Marcelo Scalona<\/span><br \/>\n<span style=\"color: #003366;\">suplemento \u00abM\u00c1S\u00bb, diario LA CAPITAL de Rosario<\/span><br \/>\n<span style=\"color: #003366;\">domingo 4 de abril de 2015<\/span><\/h3>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>. EL REY DEL LIDO . . 1. Esteban ten\u00eda siete a\u00f1os cuando supo c\u00f3mo era la vida. 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