{"id":7027,"date":"2015-05-15T15:59:46","date_gmt":"2015-05-15T18:59:46","guid":{"rendered":"http:\/\/marceloscalona.com.ar\/?p=7027"},"modified":"2015-05-15T15:59:46","modified_gmt":"2015-05-15T18:59:46","slug":"elogio-de-bernardo","status":"publish","type":"post","link":"http:\/\/marceloscalona.com.ar\/?p=7027","title":{"rendered":"Elogio de Bernardo"},"content":{"rendered":"<div class=\"_5pbx userContent\" data-ft=\"{&quot;tn&quot;:&quot;K&quot;}\">\n<h2><a href=\"http:\/\/marceloscalona.com.ar\/wp-content\/uploads\/2015\/05\/Bernardo.jpg\"><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" class=\"alignright size-medium wp-image-7028\" src=\"http:\/\/marceloscalona.com.ar\/wp-content\/uploads\/2015\/05\/Bernardo-188x128.jpg\" alt=\"Bernardo\" width=\"188\" height=\"128\" srcset=\"http:\/\/marceloscalona.com.ar\/wp-content\/uploads\/2015\/05\/Bernardo-188x128.jpg 188w, http:\/\/marceloscalona.com.ar\/wp-content\/uploads\/2015\/05\/Bernardo-494x337.jpg 494w, http:\/\/marceloscalona.com.ar\/wp-content\/uploads\/2015\/05\/Bernardo-800x546.jpg 800w, http:\/\/marceloscalona.com.ar\/wp-content\/uploads\/2015\/05\/Bernardo.jpg 960w\" sizes=\"auto, (max-width: 188px) 100vw, 188px\" \/><\/a><\/h2>\n<h2>.<\/h2>\n<h2><span style=\"color: #993300;\">ELOGIO DE BERNARDO (diario La Capital, 3-5-15)<\/span><br \/>\n<span style=\"color: #993300;\">. <\/span><\/h2>\n<h3>.<br \/>\nEl lechero se llamaba Bernardo. A todos los pibes que crecimos en Tablada (rep\u00fablica ubicada entre bulevar Segu\u00ed, San Mart\u00edn, 27 de Febrero y el r\u00edo Paran\u00e1), nos tra\u00eda la leche a casa. Leche suelta, a granel. Era leche que el tipo cargaba de las vacas reci\u00e9n orde\u00f1adas en La Planchada del Bajo Ayolas, a las cuatro de la ma\u00f1ana. De ah\u00ed a los tachos, al carro tirado por el caballo y luego, calle arriba. Ayolas fue siempre empinada, como los codos de los vecinos. Ah\u00ed donde Berni imagin\u00f3 a Juanito Laguna y Rosa Wernicke escribi\u00f3 \u00abLas colinas del hambre\u00bb.<br \/>\nLa lecher\u00eda estaba (la casa sigue ah\u00ed) en Ayacucho al 3500; un port\u00f3n a\u00f1il de chapa con un bander\u00edn azulgrana encima, pero no por San Lorenzo. En ese territorio, el azul y rojo ten\u00eda un solo significado: charr\u00faa, Gabino Sosa, De la Mata, Carlovich, Central C\u00f3rdoba. Bernardo Frontera era un hincha ilustre, tan identificable en los tablones de 1\u00ba de Mayo y Virasoro como el mism\u00edsimo Trinche o Pepe, aquel hermoso ni\u00f1o Down de una edad intemporal que fue la mascota del equipo inolvidable de los setenta: Mainonis, Carlovich y el Beb\u00e9 Cassinerio. Adelante, Patoruz\u00fa Sullivan, el Saso Fachetti y el debut del Bocha Forgu\u00e9s. Para entonces, Bernardo ya ten\u00eda un Jeep IKA carrozado y los tachos saltaban menos por el empedrado de adoquines lustrados por la llovizna. De otro modo, desde la planchada que estaba en los confines de avenida Grandoli, hasta llegar a las casas, la mitad de la leche se le convert\u00eda en crema o manteca. Los tachos se llamaban tambos, y dicen que de un batuque parecido ayudantes de tamberos, en los viajes hasta el pueblo, para entretenerse empezaron a golpearlos y aparecieron un candombe, una milonga y al fin un tanguito. Tamb\u00f3, tamb\u00f3 es el origen de todas nuestras melod\u00edas.<br \/>\nLa propiedad de los Frontera era la t\u00edpica casa chorizo con la galer\u00eda a la derecha. A la izquierda, en lugar de patio, hab\u00eda un camino de adoquines hasta el establo. El fondo era un centro de manzana con gallinero, cubos de alfalfa y unos patos tipo Saturnino, que todos los ni\u00f1os del barrio se mor\u00edan por espiar. Ra\u00fal Gustavo Aguirre lo hubiera ilustrado con aquellos versos suyos: \u201cQuienes se acercan a espiar, se desesperan; quienes se acercan a mirar, se maravillan\u201d. Y me consta que muchos ni\u00f1os del vecindario aceptaban ir a la maestra particular, una sobrina de Bernardo, s\u00f3lo para poder conocer la reserva natural que hab\u00eda en el fondo.<br \/>\nYo no. A m\u00ed no me hac\u00eda falta porque era olfa y adem\u00e1s, amigo del alma de Juanci, sobrino de Bernardo. El establo y el tambo eran mi casa. Esas galer\u00edas eran el b\u00fanker del equipo de la capilla del asilo de ancianos, altillo de Batman y Robin o escondite de la afici\u00f3n manual por las Memorias de una princesa rusa. Tambi\u00e9n eran la sede oficial y permanente de todos los campeonatos mundiales de botones. Jug\u00e1bamos por plata, por asados, por naranjada. Una Coca Cola en ese barrio era como un viaje a Disney. El pizarr\u00f3n era el mismo de las tareas escolares y todav\u00eda hoy soporta, en mi altillo, alguna s\u00edntesis argumental para un cuento. No puedo evitar el recuerdo de una tarde de lluvia en que apareci\u00f3 Marcelo Bielsa, invitado por mi hermano Oscar, con un escrupuloso equipo de botones, con unas camisetitas de papel todas iguales, unos n\u00fameros con dise\u00f1o Warhol sacadas de un calendario de Pinturas Alba de 1968. Todo un detalle; y quiz\u00e1 el germen de todo lo que hizo despu\u00e9s en las canchas verdaderas, aunque esa tarde yo le gan\u00e9 cinco pesos con los botones de un tapado viejo de mi abuela Mar\u00eda.<br \/>\nUna infancia neorrealista. Bernardo era el director t\u00e9cnico del equipo, nos llevaba en el Jeep lechero a jugar por todos los bald\u00edos del Saladillo, la cancha de Trupia, Mangrullo, Tiro Suizo y hasta barrio Las Flores. Los d\u00edas que jugaba V\u00edctor Ramos para nosotros era aburrido: Condorito se gambeteaba a todos, 7 a 0, 9 a 1, no ten\u00eda gracia&#8230; y menos las caras de los rivales, que no eran chicos diplom\u00e1ticos ni educados en liceo de se\u00f1oritas. Para el Tanque de Grandoli atajaba un petiso orejudo de apodo Topo Yiyo, que siempre dejaba paquetes extra\u00f1os detr\u00e1s del arco y luego ser\u00eda un mito: el primer delincuente infantil de la ciudad. Pero para entonces, para nosotros, era solamente un chico. Uno m\u00e1s, hasta simple y feliz, para adentro.<br \/>\nDe aquel equipo de Bernardo sali\u00f3 una base para el de la Vigil, campe\u00f3n Evita 1975: Gustavo Chan, gemelo de Riquelme, Condorito Ramos (m\u00e1ximo scorer en la historia de \u00d1uls), Bigote Gonz\u00e1lez y un servidor, wing derecho o vector izquierdo agarrando para el centro; total, que ya dije, siempre alrededor de la derrota. Bernardo era fan\u00e1tico de Boca, despu\u00e9s de los charr\u00faas, claro. Su Sant\u00edsima Trinidad eran el Trinche Carlovich, Gabino Sosa y Riquelme. El descenso que se cern\u00eda sobre Central C\u00f3rdoba en el 2001 y el \u00e9xodo inminente de Riquelme al Barcelona lo ten\u00edan muy angustiado. El mundo es la aldea de uno y es dif\u00edcil seguir viviendo cuando desaparece: sue\u00f1o, hormig\u00f3n, mujer o wing izquierdo. Total, que vamos siempre alrededor de la derrota.<br \/>\nEntonces decidi\u00f3 apurar el carro y se fue para siempre, tres d\u00edas despu\u00e9s que las Twin Towers. Como si hubiera aprovechado el descuido; Bernardo era un simpl\u00f3n metaf\u00edsico de esos que nunca se quejan ni hablan por gusto. Es un lujo cada vez m\u00e1s raro encontrar tipos as\u00ed. Como cuando pegaba aquel grito a punto en la planchada, calle arriba, m\u00e1s arriba&#8230; porque Ayolas era muy empinada. \u00bfQu\u00e9 cuentas le puede pedir San Pedro a un lechero casa por casa? \u00bfA tu propio lechero, a granel, de la infancia? Si hasta yo ahora mismo no s\u00e9 si estoy hablando de la infancia o del sue\u00f1o de la infancia. Tablada se me ha quedado congelada en esa imagen de Bernardo d\u00e1ndonos una charla t\u00e9cnica en los tablones del sulky, entre los tambores de leche y los patos saturninos picoteando la grana y la lustrina del adoqu\u00edn las tardes de llovizna.<br \/>\nYo no creo que pase un d\u00eda en que cortando mi caf\u00e9 con la tira blanca, no me acuerde de esos gestos, la pureza, sus consejos, las botellas de vidrio sin tapa y aquella catarata blanca y espumosa en el jarr\u00f3n de mi vieja. Me he guardado para siempre un gesto invisible que \u00e9l ten\u00eda, el rebenque compasivo sobre el ayudante y un murmullo, casi una s\u00faplica: \u201cArre, arre Charr\u00faa&#8230;\u201d. \u00bfDe qu\u00e9 otro modo pod\u00eda llamarse el caballo?<br \/>\n.<br \/>\n.<br \/>\n&#8212;&#8212;&#8212;&#8212;&#8212;Marcelo Scalona<\/h3>\n<\/div>\n<div><\/div>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>. ELOGIO DE BERNARDO (diario La Capital, 3-5-15) . . El lechero se llamaba Bernardo. 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