{"id":7210,"date":"2015-07-28T22:21:21","date_gmt":"2015-07-29T01:21:21","guid":{"rendered":"http:\/\/marceloscalona.com.ar\/?p=7210"},"modified":"2015-07-28T22:21:21","modified_gmt":"2015-07-29T01:21:21","slug":"una-primavera-falsa","status":"publish","type":"post","link":"http:\/\/marceloscalona.com.ar\/?p=7210","title":{"rendered":"Una primavera falsa"},"content":{"rendered":"<p><a href=\"http:\/\/marceloscalona.com.ar\/wp-content\/uploads\/2015\/07\/nude.jpg\"><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" class=\"alignright size-medium wp-image-7211\" src=\"http:\/\/marceloscalona.com.ar\/wp-content\/uploads\/2015\/07\/nude-118x188.jpg\" alt=\"nude\" width=\"118\" height=\"188\" srcset=\"http:\/\/marceloscalona.com.ar\/wp-content\/uploads\/2015\/07\/nude-118x188.jpg 118w, http:\/\/marceloscalona.com.ar\/wp-content\/uploads\/2015\/07\/nude-311x494.jpg 311w, http:\/\/marceloscalona.com.ar\/wp-content\/uploads\/2015\/07\/nude-377x600.jpg 377w, http:\/\/marceloscalona.com.ar\/wp-content\/uploads\/2015\/07\/nude.jpg 454w\" sizes=\"auto, (max-width: 118px) 100vw, 118px\" \/><\/a><\/p>\n<p>.<\/p>\n<div class=\"_5pbx userContent\" data-ft=\"{&quot;tn&quot;:&quot;K&quot;}\">\n<h1>UNA PRIMAVERA FALSA<br \/>\n.<\/h1>\n<h4>.<br \/>\n&#8230;&#8230;&#8230;&#8230;&#8230;.Cuatro horas, camis\u00f3n de saliva, a cielo abierto en una primavera falsa, anda un algo en el aire que dan ganas de apretarla contra la grama o el ligustro, y despu\u00e9s, subido a los alm\u00e1cigos, arranc\u00e1ndose la ropa en el surco, el de ella y sus terrones en medio de la espiga.<br \/>\n.<br \/>\nUna mujer tan blanca que parec\u00eda transparente, suave como una brisa, fresca como esa hora de la tarde en que eleg\u00edan los caminos desiertos, el terral siguiendo su propia polvareda, una m\u00f3dica gauchesca para descubrir que al menos, una vez en la vida, una sola, la llanura est\u00e1 por decir algo y finalmente lo dice. Pero lo dice en un grito, en un gemido, un aye, un temblor, un balbuceo. El placer de la voladura de los p\u00e1jaros antes del ocaso.<br \/>\n.<br \/>\nY despu\u00e9s fueron a la pieza, un hotel en la ruta, pero no un telo sino un Howard Johnson (que ahora hay en cualquier parte), para el caso es lo mismo: dos corredores de fondo, el comienzo moderado, lento, una ceremonia. La preparaci\u00f3n: elegir el sitio, qu\u00e9 ropa iban a quitarse, qu\u00e9 sombra, resolana, banquina, sauce, tipa, ceibo, cultivo. Qu\u00e9 vianda para despu\u00e9s (\u00e9l siempre necesita reponer las 400 calor\u00edas), qu\u00e9 infusi\u00f3n, qu\u00e9 golosina. Ella no usaba ninguna clase de perfume, pero ese olor, quiz\u00e1 solo eso (el olor de ella), iba a ser para siempre su primavera sagrada. La consigna de escritura de un taller literario: escribir una primavera sagrada como la de Rilke. La de Esteban era olerla como hacen los animales.<br \/>\n.<br \/>\nHicieron un mapa para coger por toda la colonia, campos, caminos, cascos, paradores, arboledas, montecitos de Venus, cultivos, cosecha gruesa, fina, alertas de fumigaciones: los Cavanaghs, Tesano Pintos, Arminda, Bogado, Juncal. Hicieron una agenda con sus propios husos horarios: coger a medianoche, al alba, a la siesta, despu\u00e9s de la cena (para dormirse abrazados) y desayunarse otra vez el jugo desovillado del camis\u00f3n de saliva.<br \/>\n.<br \/>\nPodr\u00edamos decir que armaron su casita del \u00e1rbol de amantes en un lugar predilecto, un monte de Venus en un camino de tierra que quiz\u00e1 fuera justo en el l\u00edmite con Buenos Aires, all\u00ed donde hay un cartel de seguridad vial que dice \u201cDecreto DPV 815\/10-Prohibido Sembrar en la Banquina\u201d. El cartel apenas se ve porque lo tapan las mazorcas o las espigas o el yuyo de la soja. Pero bueno, para ser feliz hay que tener la vista de un lince y el hambre de un le\u00f3n. Y el olfato de un lebrel. Las manos de ella, una seda, un t\u00e9 de manzanilla en un pueblo donde la \u00fanica cerveza era Brahma. \u00bfSe entiende?<br \/>\n.<br \/>\nEl caso es que si iban por la ruta (la 18) como quien va para Pergamino, llegando a ese cartel de vialidad, haciendo el esfuerzo por verlo, buscarlo, en la prisa del deseo, ya se iban dando manotazos en el viaje, arranc\u00e1ndose la ropa: a ella le gustaba, los d\u00edas de sol, c\u00e1lidos, aunque fuera una primavera falsa, ir en cueros de cintura para arriba. Ten\u00eda dos pechos firmes, sin ritmo de cirug\u00eda ni n\u00famero, turgentes, blanqu\u00edsimos, nacarados.<br \/>\nEsteban prefer\u00eda sacarse la ropa de abajo, m\u00e1s obvio, pero ella no era de las que se tiran de cabeza a la entrepierna de un tipo manejando. S\u00ed ten\u00eda el modo suave, el ritmo moroso adrede de ir acercando la mano al fuego, le fascinaban sus piernas de ciclista, los muslos duros de \u00e9l que no hab\u00eda perdido ni siquiera en la ca\u00edda debajo del cami\u00f3n de soja, cuando el accidente de Renata.<br \/>\n.<br \/>\nA ella le gustaba mezclar juego y cosquilla, chirlo y pellizcos, pero luego segu\u00eda con la ternura, el ave de la mano abierta, estirada, como un ala cada vez m\u00e1s cerca de las ingles, hasta que al fin agarraba el miembro duro y lo acariciaba hasta hacerlo doler de deseo, gemir del estir\u00f3n, alta en el cielo. Ella lo hac\u00eda acabar en sus manos mientras le daba piquitos en las piernas cerca de las ingles. Unos besos como ventosas de la lengua b\u00edfida. Esa ma\u00f1ana, un rato despu\u00e9s, lo oblig\u00f3 a usar su semen como crema de afeitar y luego estuvo todo el d\u00eda oli\u00e9ndole las mejillas.<br \/>\n.<br \/>\n.<br \/>\n.<br \/>\n&#8230;&#8230;&#8230;&#8230;&#8230;&#8230;&#8230;&#8230;&#8230;&#8230;&#8230;&#8230;&#8230;&#8230;&#8230;&#8230;&#8230;&#8230;&#8230;&#8230;&#8230;&#8230;&#8230;&#8230;&#8230;Marce<br \/>\n.<br \/>\nNO SABIENDO PARA QU\u00c9 , (novela, fragmento)<\/h4>\n<\/div>\n<div><\/div>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>. 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