{"id":817,"date":"2010-09-02T13:01:16","date_gmt":"2010-09-02T16:01:16","guid":{"rendered":"http:\/\/www.nuestrotaller.com.ar\/?p=817"},"modified":"2010-09-02T13:07:21","modified_gmt":"2010-09-02T16:07:21","slug":"fogwill-vivir-afuera-p-7-11","status":"publish","type":"post","link":"http:\/\/marceloscalona.com.ar\/?p=817","title":{"rendered":"FOGWILL.-  Vivir Afuera, p. 7-11.-"},"content":{"rendered":"<p><strong>.\u00a0\u00a0<a href=\"http:\/\/www.nuestrotaller.com.ar\/wp-content\/uploads\/2010\/09\/bibir-afuera.gif\"><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" class=\"aligncenter size-full wp-image-819\" title=\"bibir afuera\" src=\"http:\/\/www.nuestrotaller.com.ar\/wp-content\/uploads\/2010\/09\/bibir-afuera.gif\" alt=\"\" width=\"315\" height=\"445\" srcset=\"http:\/\/marceloscalona.com.ar\/wp-content\/uploads\/2010\/09\/bibir-afuera.gif 315w, http:\/\/marceloscalona.com.ar\/wp-content\/uploads\/2010\/09\/bibir-afuera-133x188.gif 133w\" sizes=\"auto, (max-width: 315px) 100vw, 315px\" \/><\/a>\u00a0VIVIR\u00a0 AFUERA .-\u00a0 Ed. \u00a0El Ateneo<\/strong><\/p>\n<p>Algo raro: estaban en Florida, eran como las once de la noche, se oy\u00f3 sonar el timbre del tel\u00e9fono del mostrador, un empleado atendi\u00f3 y el cajero les hizo una se\u00f1al: sosten\u00eda el receptor con la mano en alto indicando que quer\u00edan hablar con ellos. Llamaba Bioy. Raro a esas horas. \u00c9l, antes de que empezaran a aparecer las chicas del instituto de pintura, sol\u00eda despedirse diciendo: -Me voy a recoger\u2026 Y todos sab\u00edan que a las diez ya estaba durmiendo, o tendido en la cama, con los ojos cerrados y quietos y casi sin o\u00edr, pensando, o fantaseando: la mayor\u00eda de las noches fantaseando. Seguramente se armaba fantas\u00edas heroicas. Por ejemplo, esa en la que se imaginaba envuelto en su perramus blanco dirigiendo una acci\u00f3n de comandos en la Quinta Presidencial de Olivos. Desde el comedor del departamentito de un cuarto piso de avenida Maip\u00fa abr\u00edan fuego con una ametralladora 12.50 refrigerada por circulaci\u00f3n de agua. La metralla intermitente y ruidosa barr\u00eda la zona sudoeste de los jardines y las caballerizas tratando de concentrarse en el sector que en esa \u00e9poca llamaban \u201cpaseo de los coches\u201d. Al minuto, desde la costa de Olivos, tres unidades de morteros emplazadas entre las casas de barrio bajo y los fondos bald\u00edos de los recreos y campings de la avenida del Libertador bombardeaban a intervalos el sector este, la zona del jard\u00edn y el frente de la residencia principal. Alguna de las piezas estallar\u00eda directamente en los tejados. Otras, menos certeras, har\u00edan impacto entre los \u00e1rboles, en las fuentes y en los chalets del personal, pero sus relampagueos y estruendos servir\u00edan para disuadir a cualquiera que intentase establecer una l\u00ednea armada de defensa. Segundos despu\u00e9s, los dos hombres infiltrados en la guardia ya habr\u00edan inutilizado la central el\u00e9ctrica y las conexiones de emergencia y aprovechar\u00edan los intervalos programados del bombardeo y la metralla para bajar a guarecerse en el refugio subterr\u00e1neo, confundi\u00e9ndose all\u00ed con el personal de servicio y la tropa de seguridad que, a esa altura, ya estar\u00eda ganada por el p\u00e1nico. Entonces, al cuarto minuto de la primera descarga, el cami\u00f3n tanque de la Shell superar\u00eda el port\u00f3n enfilando hacia el frente de la residencia. El hombre empuja hacia el costado de los blindajes de la puerta derecha, y tras ellos, se deja caer accionando con su peso la cuerda fijada a los volantes del magneto que activar\u00e1 los explosivos. Lleva malla antibalas bajo el uniforme de bombero de la Polic\u00eda de Buenos Aires. Se supone que el casco de fibra, las botas y la ropa de amianto y cuero amortiguar\u00e1n el golpe contra el piso que corre a m\u00e1s de cuarenta kil\u00f3metros por hora y lo proteger\u00e1n de los fragmentos de metralla y mamposter\u00eda que han de estar arrasando esa parte del jard\u00edn y de los chorros de combustible ardiendo que la explosi\u00f3n de la cabina difundir\u00e1 en un radio de cincuenta o sesenta metros. El hombre, aquel polista que rechaz\u00f3 la medalla ol\u00edmpica como repudio al r\u00e9gimen, eligi\u00f3 esa misi\u00f3n jact\u00e1ndose de contar con ocho posibilidades en diez de sobrevivir y, de que si el objetivo de p\u00e1nico buscado con las cargas de mortero y las r\u00e1fagas de ametralladora se cumpl\u00eda cabalmente, tendr\u00eda a su favor seis chances sobre diez de cubrir los pocos metros que lo separaban del cerco y ganar la avenida. S\u00f3lo despu\u00e9s del estallido del cami\u00f3n, de la huida a salvo del chofer y de la diseminaci\u00f3n del incendio que habr\u00eda avanzado hacia la residencia, entraba el Pontiac blindado que lo conduc\u00eda junto a sus hombres de confianza, vestidos con uniformes de comandos y armados con las granadas y las autom\u00e1ticas livianas elegidas para reducir a eventuales defensores y guardaespaldas y, una vez alcanzado el refugio subterr\u00e1neo, abrirse paso hacia el b\u00fanker de Per\u00f3n y donde terminar\u00e1n con \u00e9l de una vez por todas. Llevaban planos detallados de los accesos al refugio y al b\u00fanker. En caso de que la confusi\u00f3n impidiese identificar al hombre, las voces de mando largamente ensayadas y un manejo h\u00e1bil de las sirenas port\u00e1tiles y las linternas conseguir\u00edan que en menos de cinco minutos todos quedasen concentrados abajo, bien al alcance de los vapores de mostaza que empezar\u00edan a brotar de los bidones que los t\u00e9cnicos de la usina hab\u00edan emplazado en el dep\u00f3sito de combustible y lubricantes contiguo al refugio. Los reactivos precipitar\u00e1n entre el cuarto y el d\u00e9cimo minuto de los primeros estallidos. Para entonces, los comandos que hab\u00edan infiltrado en la guardia se habr\u00e1n sumado al grupo reforzando su avance hacia el jard\u00edn. De lo contrario, correr\u00edan la misma suerte que Per\u00f3n y los quince o veinte boludos de su corte, que, muertos de miedo, estar\u00edan amonton\u00e1ndose en el refugio. Tiene a\u00fan fresca la imagen del cajero Rafael levantando el brazo derecho, el tubo negro del tel\u00e9fono colgando de su mano como un p\u00e9ndulo, y el micr\u00f3fono y el auricular apuntando hacia su mesa del bar Florida, que por entonces no estaba sobre Florida sino en Viamonte, casi llegando a San Mart\u00edn, junto a la librer\u00eda Verbum, frente a la librer\u00eda Galatea, en la manzana que hac\u00eda cruz con la de la Universidad y los dos edificios de renta de las Ocampo. Tiene la sensaci\u00f3n de que todos estaban como clavados en las sillas, de que fue el \u00fanico que obedeci\u00f3 la se\u00f1al de Rafael, y de que, con las piernas entumecidas y un molesto hormigueo a cada lado de los muslos, fue caminando hacia la caja mientras por los bordes de su campo visual el p\u00fablico del bar flotaba en el humo y se desplazaba como para librarse de esa luz amarilla y pegajosa que era un emblema del Florida: una suerte de marca de distinci\u00f3n que lo emparentaba al Queen Bess de Santa Fe y Suipacha. Tiene la sensaci\u00f3n de que todo aquello apenas le llegaba un rumor vago como un magma de voces o de ecos de voces murmuradas simult\u00e1neamente en varias lenguas desconocidas. El trayecto de no m\u00e1s de seis metros hacia la caja debi\u00f3 haberse prolongado infinitamente. Una cabellera rubia, con ondulaciones artificiales y reflejos dorados a la moda, subi\u00f3 flotando hacia \u00e9l: tras ella descubri\u00f3 la imagen invertida de unos ojos azules que conoc\u00eda, y despu\u00e9s la nariz, la boca y el cuello de la mujer que se extendieron m\u00e1s all\u00e1 del respaldo de la silla, en lo que debi\u00f3 ser una manera de saludarlo. Desde otra mesa, a su izquierda, la calva de un cuarent\u00f3n giraba lentamente hacia \u00e9l y reci\u00e9n se detuvo cuando el ment\u00f3n super\u00f3 el l\u00edmite de su hombro derecho y ya ni el cuello obeso, ni su torso atrapado en la silla estrecha, permitieron esa mejor perspectiva que la voluntad del hombre habr\u00eda estado buscando. Casi al mismo tiempo, alguien \u2013quiz\u00e1s el mismo hombre- lanz\u00f3 una espesa bocanada de humo de cigarro. A trav\u00e9s de esa bruma azulina lleg\u00f3 a reconocer sobre la mesa un paquete de cigarrillos americanos sin sello fiscal, una Parker de baquelita, un block de papel de bocetar y la portada de una edici\u00f3n de La Pl\u00e9iade, que \u2013supone ahora-, debi\u00f3 ser un Racine. Por esa zona cercana a la barra del cajero el olor a habano se disipaba dando lugar a una atm\u00f3sfera de mezclas de perfume de mujer, tabaco americano y cerveza. Pero nadie beb\u00eda cerveza en el Florida. Sobre el mostrador, en fila, brillaban esas bandejas de zinc, dispuestas con botellas de Martini, sifoncitos de medio litro, platillos de aceitunas, cubos de queso y rodajas descaradas de lim\u00f3n. El espejo detr\u00e1s de la barra duplicaba esa imagen nubl\u00e1ndola y distorsion\u00e1ndola. Siempre se dijo que los gallegos tendr\u00edan que cambiar el espejo. Por entonces ya estaba surcado por un trazo en zigzag del que part\u00edan unos meandros caprichosos, pruebas del resquebrajamiento de su fondo de papel azogado, en los puntos donde la descomposici\u00f3n del adhesivo le permit\u00eda librarse del cristal en busca de su estado originario: aquel rollo de papel envuelto alrededor de s\u00ed e intacto que alguna vez debi\u00f3 haber sido y que, en la intimidad de la materia, sus fibras intentaban recuperar. Rafael le pas\u00f3 el tubo del tel\u00e9fono, y \u2013raro a esas horas- reconoci\u00f3 la voz de Bioy preguntando: -\u00bfQu\u00e9\u2026? \u00bfTodav\u00eda est\u00e1n ah\u00ed? -S\u00ed \u2013respondi\u00f3 in\u00fatilmente. -Bueno\u2026 -dijo la voz con desgano-. Debo avisarte que ya es tu hora de despertar. \u00a1La hora de despertar! Levant\u00f3 el brazo izquierdo, se incorpor\u00f3 apoy\u00e1ndose sobre el codo derecho, y mir\u00f3 el reloj de la pared del dormitorio. Sent\u00eda las piernas entumecidas y un molesto hormigueo paraliz\u00e1ndole los muslos. Eran las seis de la tarde y a las ocho ten\u00eda su primer encuentro con Leticia: deb\u00eda afeitarse, ducharse, comer algo despu\u00e9s de doce horas de sue\u00f1o y vestirse para salir antes de las siete y llegar al lugar de la cita con alguno de los diarios de aquel domingo le\u00eddo. Dicen que los sue\u00f1os duran apenas un instante y que solamente se recuerdan los m\u00e1s cercanos al despertar. Pero aquel sue\u00f1o del bar Florida debi\u00f3 durar varios minutos: a\u00fan hoy recuerda n\u00edtidamente la escena en su mesa, las caras del p\u00fablico de las otras mesas, cada una de las im\u00e1genes que se proyectaron durante su recorrido hacia la caja y los detalles del mostrador, el arreglo del espejo y las botellas, los colores o la luz de la \u00e9poca, y los aromas del Florida. Entre ellos, recuerda uno que conjugaba el olor de cierto componente de los vermuts americanos con el humo de los Chestefield sin filtro \u2013tambi\u00e9n americanos- y el del pelo de mujer rubia reci\u00e9n lavado. No aquella tarde de domingo cuando lo so\u00f1\u00f3, sino ahora \u2013hoy-, han de haber muerto todos los que aquella noche, rato despu\u00e9s de la salida de las chicas del instituto de pintura, compartieron aquella mesa de su bar y all\u00ed quedaron, eternamente clavados en las sillas y en su memoria. Si escribiera sus nombres, los nombres de aquellos hombres y mujeres y los de las chicas y los muchachos de primer a\u00f1o de la universidad ya casi a punto de convertirse en mujeres y en hombres, nadie los reconocer\u00eda, imagin\u00e1ndolos mu\u00f1ecos de papel armados con retazos de sue\u00f1os que se recuerdan veinticinco a\u00f1os despu\u00e9s. El sue\u00f1o debi\u00f3 haberle ocurrido entre 1958 y 1959. Los sucesos del sue\u00f1o \u2013aquellas mesas y aquella gente petrificada alrededor- deben pertenecer a los a\u00f1os cincuenta y tres o cincuenta y cuatro. Su evocaci\u00f3n del sue\u00f1o se produjo anoche, al cabo de un encuentro de ex alumnos del Liceo. El relato del sue\u00f1o se compuso esta misma ma\u00f1ana de 1996 mientras pensaba en la imagen \u2013so\u00f1ada- de aquellos cuerpos clavados en sus sillas pregunt\u00e1ndose por qu\u00e9 volv\u00edan a representarse con tanta nitidez esos recuerdos de las luces. Volv\u00eda a ver aquella luz filtrada por pantallas de pergamino que rebotaba en superficies igualmente amarillas de barniz, ti\u00f1endo todo, proyectando sombras sobre partes de cuerpos, mitades de caras y espacios huecos de pura oscuridad cerca del piso. Evocando esa luz, se imagina capaz de narrar una historia encajada en el interior de\u2026 \u00bfDe otra historia?, se preguntaba Wolff. No: dentro de s\u00ed. Justo en el centro de s\u00ed misma y no en un pedazo de otra historia que la contiene\u2026 En otra historia \u2013pensaba Wolff- se traman casi todas las historias, por lo menos, desde Homero. En cambio, uno tendr\u00eda que permitirse urdirlas dentro de s\u00ed, como aquella pelota representada en un Scientific American de los a\u00f1os ochenta\u2026 Wolff record\u00f3 el informe de un matem\u00e1tico que afirmaba que, contando con una pelota de material suficientemente flexible, y de extensi\u00f3n suficientemente grande \u2013quiz\u00e1s grande como el planeta, o el universo mismo, eso no interesaba en el teorema que comentaba aquel informe- y pleg\u00e1ndola sobre s\u00ed, o dentro de s\u00ed, tal como se dispone un par de medias antes del viaje, bastar\u00eda repetir la operaci\u00f3n muchas veces \u2013un n\u00famero de veces que en el informe se expresaba con una potencia de ocho, ocho a la octava, o a la sexag\u00e9simo cuarta potencia- para acceder a un en\u00e9simo pliegue al cabo del cual, ante el supuesto observador, aparecer\u00eda un sector de la cara interna de la pelota, tal como quien dio vuelta su guante derecho de esqu\u00ed encuentra desde el primer pliegue un guante izquierdo afeado por las arrugas de una tela sint\u00e9tica con motas que, cuanto mejor imitaron la piel de un cordero, m\u00e1s restos de tabaco, cera de esqu\u00edes y bolitas de arena y tierra cementadas por el sudor son capaces de contener. Pero los guantes y las medias tienen una embocadura, en cambio las pelotas est\u00e1n cerradas sobre s\u00ed mismas\u2026 Igual que nosotros ahora, pensaba Wolff y por un momento volvi\u00f3 a dudar si hab\u00eda le\u00eddo aquel informe en un Scientific American, o si lo hab\u00eda so\u00f1ado en cada uno de sus detalles. S\u00f3lo el recuerdo de los diagramas que ilustraban las distintas etapas del plegado de una bola amarilla y conclu\u00edan con la emergencia de una leng\u00fceta de goma roja, de ese mismo color que representaba el interior de la pelota, indicaba que la paradoja descripta en ese comentado teorema de la topolog\u00eda no era parte de un sue\u00f1o, aunque esa noche Wolff no descartaba que su recuerdo fuese el producto de restos de una lectura distra\u00edda cuyas lagunas e inconsistencias se fueron atenuando con el paso del tiempo, y, tal vez, con el agregado de fragmentos de otras lecturas, y hasta de im\u00e1genes de sue\u00f1os por ellas provocadas. Esa noche, al cabo de un encuentro de ex alumnos, Wolff volv\u00eda convencido de que celebraban sus veinticinco a\u00f1os de egresados. Era una madrugada de noviembre, ser\u00edan las dos y, a pesar de lo avanzado de la primera, la temperatura hab\u00eda ca\u00eddo de golpe. Al salir de la parte urbanizada de La Plata sinti\u00f3 fr\u00edo y, mientras cruzaban el parque Pereyra en el auto de gobernaci\u00f3n, debieron detenerse para revisar el manual con las instrucciones del sistema de calefacci\u00f3n. Aquel 505 conservaba el manual envuelto en una funda virgen de poliestireno, pero a bordo no hab\u00eda herramientas, linternas y ni siquiera un f\u00f3sforo. Nunca lleg\u00f3 a saber si tendr\u00eda rueda de auxilio, algo que debi\u00f3 haber verificado por la tarde, cuando salieron hacia la Base Naval. Tampoco sus acompa\u00f1antes conoc\u00edan los mandos de la calefacci\u00f3n, y a la luz de la llama de un encendedor de gas pasaron un rato de intentonas y esperas: ensayos y errores con diferentes combinaciones de palancas y llaves seguidas de tanteos en la oscuridad esperando verificar una corriente de aire c\u00e1lido que nunca lleg\u00f3 a aparecer. Finalmente decidieron arrancar, acelerar y soportar, porque la espera y la creciente sensaci\u00f3n de fracaso no resultaban m\u00e1s tolerables que el fr\u00edo. Como para olvidar el fr\u00edo, mientras aceleraba el Peugeot en la ruta vac\u00eda coment\u00f3: -\u00a1Que boludez! \u00a1Ir a festejar veinticinco a\u00f1os de egresados para terminar muri\u00e9ndose de fr\u00edo en el camino de vuelta! Y entonces uno de atr\u00e1s corrigi\u00f3: -\u00a1Que veinticinco! \u00a1Treinta y cinco, boludo! En efecto, hab\u00edan pasado treinta y cinco a\u00f1os \u2013era muy f\u00e1cil cerrar la cuenta-, y todo el d\u00eda y durante toda la comida hab\u00eda estado refiri\u00e9ndose a los veinticinco a\u00f1os, pensando acerca del plazo de veinticinco a\u00f1os como cuarto de siglo y hasta imagin\u00e1ndose el mismo n\u00famero veinticinco corporizado con tipograf\u00eda flotante en la c\u00fapula del cielo negro y, ahora, a trav\u00e9s del parabrisas, el vac\u00edo helado de la ruta ven\u00eda hacia \u00e9l a ciento treinta kil\u00f3metros por hora para representar ese vac\u00edo de diez a\u00f1os en su memoria.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>.\u00a0\u00a0\u00a0VIVIR\u00a0 AFUERA .-\u00a0 Ed. \u00a0El Ateneo Algo raro: estaban en Florida, eran como las once de la noche, se oy\u00f3 sonar el timbre del tel\u00e9fono [&hellip;]<\/p>\n","protected":false},"author":1,"featured_media":0,"comment_status":"closed","ping_status":"closed","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"footnotes":""},"categories":[3],"tags":[],"class_list":["post-817","post","type-post","status-publish","format-standard","hentry","category-taller"],"_links":{"self":[{"href":"http:\/\/marceloscalona.com.ar\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts\/817","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"http:\/\/marceloscalona.com.ar\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"http:\/\/marceloscalona.com.ar\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"http:\/\/marceloscalona.com.ar\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/users\/1"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"http:\/\/marceloscalona.com.ar\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Fcomments&post=817"}],"version-history":[{"count":3,"href":"http:\/\/marceloscalona.com.ar\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts\/817\/revisions"}],"predecessor-version":[{"id":821,"href":"http:\/\/marceloscalona.com.ar\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts\/817\/revisions\/821"}],"wp:attachment":[{"href":"http:\/\/marceloscalona.com.ar\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Fmedia&parent=817"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"http:\/\/marceloscalona.com.ar\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Fcategories&post=817"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"http:\/\/marceloscalona.com.ar\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Ftags&post=817"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}