{"id":8878,"date":"2020-09-18T09:39:16","date_gmt":"2020-09-18T12:39:16","guid":{"rendered":"http:\/\/marceloscalona.com.ar\/?p=8878"},"modified":"2020-09-18T09:39:16","modified_gmt":"2020-09-18T12:39:16","slug":"eugenia-luna-apenas-distinto","status":"publish","type":"post","link":"http:\/\/marceloscalona.com.ar\/?p=8878","title":{"rendered":"Eugenia Luna &#8211; Apenas distinto"},"content":{"rendered":"<h1>.<a href=\"http:\/\/marceloscalona.com.ar\/wp-content\/uploads\/2020\/09\/Manuscritos-literarios-argentinos.jpg\"><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" class=\"alignnone size-medium wp-image-8879\" src=\"http:\/\/marceloscalona.com.ar\/wp-content\/uploads\/2020\/09\/Manuscritos-literarios-argentinos-188x141.jpg\" alt=\"\" width=\"188\" height=\"141\" srcset=\"http:\/\/marceloscalona.com.ar\/wp-content\/uploads\/2020\/09\/Manuscritos-literarios-argentinos-188x141.jpg 188w, http:\/\/marceloscalona.com.ar\/wp-content\/uploads\/2020\/09\/Manuscritos-literarios-argentinos-768x576.jpg 768w, http:\/\/marceloscalona.com.ar\/wp-content\/uploads\/2020\/09\/Manuscritos-literarios-argentinos-494x371.jpg 494w, http:\/\/marceloscalona.com.ar\/wp-content\/uploads\/2020\/09\/Manuscritos-literarios-argentinos-800x600.jpg 800w, http:\/\/marceloscalona.com.ar\/wp-content\/uploads\/2020\/09\/Manuscritos-literarios-argentinos.jpg 1600w\" sizes=\"auto, (max-width: 188px) 100vw, 188px\" \/><\/a><\/h1>\n<h1><strong>APENAS DISTINTO\u00a0 &#8211;<\/strong><strong>\u00a0 <\/strong><\/h1>\n<h1><strong>por Eugenia #Luna<\/strong><\/h1>\n<h1>.<\/h1>\n<h1><strong>Sentado en el borde de la cama, Gero miraba sus anteojos rotos, pregunt\u00e1ndose si se hab\u00eda levantado realmente con el pie izquierdo o si, otra vez, hab\u00eda fallado en hacer carne la met\u00e1fora. Derecho o izquierdo, su pie hab\u00eda aterrizado sobre ese armaz\u00f3n de marco delgado que hab\u00eda comprado el a\u00f1o pasado, asesorado por Nina, quien destac\u00f3 el dise\u00f1o liviano. Quiz\u00e1s demasiado liviano, pens\u00f3 \u00e9l, mientras adivinaba qu\u00e9 movimiento lo hab\u00eda tirado al suelo.<\/strong><\/h1>\n<h1><strong>El sol apenas se colaba por las hendijas de la persiana de madera, pero con eso le alcanz\u00f3 para encontrar en el caj\u00f3n de la mesa de luz los anteojos de repuesto. Por un momento le parecieron irreconocibles, y a\u00fan m\u00e1s cuando los acomod\u00f3 delante de sus ojos. Nina odiaba ese armaz\u00f3n, siempre le dec\u00eda que era viejo, marr\u00f3n, <em>demod\u00e9<\/em>, con ese tono agudo e insoportable, que, seis meses despu\u00e9s de la separaci\u00f3n, \u00e9l empezaba a olvidar. Aunque las lentes ten\u00edan la misma graduaci\u00f3n que los anteojos aplastados, algo se sent\u00eda apenas distinto.\u00a0 <\/strong><\/h1>\n<h1><strong>El resto de su ma\u00f1ana parec\u00eda confirmar que el d\u00eda iba a estar signado por aquel primer paso. Al levantarse choc\u00f3 con la silla del escritorio, tirando los libros de poes\u00eda que estaba analizando hasta la locura por las noches. Luego confundi\u00f3 el cacharro de la comida del perro con el del agua, y arruin\u00f3 la \u00faltima raci\u00f3n de alimento balanceado. Otros hubiesen dejado de lado actividades m\u00e1s complejas despu\u00e9s de tantos inconvenientes, pero \u00e9l se distingu\u00eda por su perseverancia. Puso a calentar el caf\u00e9 que encontr\u00f3 preparado, siguiendo la t\u00e9cnica que hab\u00eda aprendido de otros escritores, pero su tacto fall\u00f3 cuando verific\u00f3 la temperatura seg\u00fan los pasos indicados, y se quem\u00f3 la mano izquierda tocando la tapa de la cafetera. <\/strong><\/h1>\n<h1><strong>En otro acto optimista -aunque a esas alturas pod\u00eda tildarse de\u00a0 irresponsable-, desbloque\u00f3 el tel\u00e9fono y se entretuvo con las novedades de las redes sociales mientras pon\u00eda la mano averiada debajo del chorro de agua fr\u00eda. Fue en Instagram donde encontr\u00f3 aquel anuncio que lo llevar\u00eda a salir de su casa sin desayunar. Llam\u00f3 a los gritos a su hermana, que apareci\u00f3 en la cocina con la expresi\u00f3n de terror de quien corre a rescatar a alguien. <\/strong><\/h1>\n<h1><strong>\u00a0<\/strong><\/h1>\n<ul>\n<li>\n<h1><strong>\u00a1Est\u00e1n haciendo descuentos en Yenny! &#8211; gritaba torciendo la cabeza para mirar a Paula, que revole\u00f3 los ojos y se acerc\u00f3 a ver qu\u00e9 le hab\u00eda pasado en la mano.<\/strong><\/h1>\n<\/li>\n<li>\n<h1><strong>Casi me infart\u00e1s, Gero. \u00bfVas a seguir comprando libros vos? \u00bfYa arruinaste los otros con tus anotaciones? &#8211; la agresividad de su tono lo tom\u00f3 por sorpresa, pero no el contenido de lo que dec\u00eda, ya que ninguno de sus familiares se reservaba esos comentarios. Ella sonri\u00f3, intentando alivianar lo antedicho &#8211; \u00a1Es una broma, che! &#8211; pero su expresi\u00f3n cambi\u00f3 cuando se acerc\u00f3 a la bacha y vi\u00f3 la mano de su hermano color bord\u00f3 debajo del agua &#8211; \u00bfQu\u00e9 te pas\u00f3 en la mano?<\/strong><\/h1>\n<\/li>\n<li>\n<h1><strong>Nada, me quem\u00e9 un poco <\/strong><\/h1>\n<\/li>\n<\/ul>\n<h1><strong>\u00a0<\/strong><\/h1>\n<h1><strong>No era una quemadura grave, de manera que el agua y las buenas noticias anestesiaron el ardor. M\u00e1s tarde, revisando las mesas de novedades en la librer\u00eda, descubri\u00f3 que la piel reci\u00e9n quemada tambi\u00e9n le hab\u00eda dejado una sensaci\u00f3n apenas distinta al tacto. S\u00f3lo para comprobar esa extra\u00f1eza, sostuvo el libro que encontr\u00f3 m\u00e1s a mano y pase\u00f3 sus dedos por el canto de las hojas. Not\u00f3 que su actitud estaba llamando la atenci\u00f3n cuando escuch\u00f3 a la cajera quejarse con el empleado. <\/strong><\/h1>\n<h1><strong>\u00a0<\/strong><\/h1>\n<ul>\n<li>\n<h1><strong>\u00a1Qu\u00e9 b\u00e1rbaro! \u00c9ste vino dado vuelta a las doce de un jueves. And\u00e1 a preguntarle si necesita algo, que para eso est\u00e1s vos ac\u00e1, Lucio. <\/strong><\/h1>\n<\/li>\n<li>\n<h1><strong>Victoria, es un cliente. Dejalo que mire &#8211; arremeti\u00f3 con una voz suave y pausada que Ger\u00f3nimo admir\u00f3 -. Adem\u00e1s vos tambi\u00e9n est\u00e1s ac\u00e1 para eso, ni que fueras la due\u00f1a de la estancia. <\/strong><\/h1>\n<\/li>\n<\/ul>\n<h1><strong>\u00a0<\/strong><\/h1>\n<h1><strong>Ten\u00eda que llamarse Victoria, pens\u00f3 mientras se dirig\u00eda a la secci\u00f3n de poes\u00eda. Aquella parte de la librer\u00eda siempre estaba en silencio, las alfombras limpias mostraban que no era una zona muy transitada. Ger\u00f3nimo conoc\u00eda perfectamente el cat\u00e1logo de poes\u00eda, escueto y apenas variable, que ofrec\u00edan a sus clientes, esa gran mayor\u00eda que acud\u00eda s\u00f3lo a pasear por las g\u00f3ndolas de las novedades musicales. Pero \u00e9l, acostumbrado a hacer algo con lo poco que se le ofrec\u00eda, consider\u00f3 que, para un lector en formaci\u00f3n, esos estantes eran bastante, y aquel jueves decidi\u00f3 comprar la poes\u00eda completa de la que, seg\u00fan dec\u00edan, hab\u00eda sido la enamorada de su enamorada. <\/strong><\/h1>\n<h1><strong>Pase\u00f3 su mano izquierda por los lomos de los libros, como si aquella sensibilidad nueva, que le hab\u00eda sido otorgada de manera accidental, le permitiera reconocer los ejemplares en cuesti\u00f3n. Ten\u00eda total conciencia de que no funcionaba as\u00ed el reconocimiento que anhelaba, pero el intento le pareci\u00f3 en s\u00ed mismo po\u00e9tico. Pens\u00f3 que si con ese gesto extra\u00f1o pod\u00eda hacerse del libro de Silvina Ocampo, podr\u00eda apropiarse, en ese mismo acto, de los poemas de Pizarnik que analizaba y recitaba en voz alta por las noches. Estaba tentado a cerrar los ojos para seguir con la tarea, pero, en un instante de cordura, decidi\u00f3 que no iba a abogar por la hip\u00f3tesis de Victoria. No iba a dejar que lo mandaran a la calle, diciendo que \u201cestaba dado vuelta\u201d. <\/strong><\/h1>\n<h1><strong>Encontr\u00f3 los dos ejemplares que buscaba y los oje\u00f3 con la sonrisa de un enamorado, hasta que descubri\u00f3 que el lomo del primer vol\u00famen estaba da\u00f1ado. Chasque\u00f3 la lengua, y suspir\u00f3, pensando en las manos que hab\u00edan marcado el libro para siempre. No era un fundamentalista de lo impoluto, pero si los libros estaban subrayados o marcados, deb\u00edan estarlo porque alguien lo hab\u00eda hecho con un sentido. Las marcas en los libros deb\u00edan ser significantes o no ser.<\/strong><\/h1>\n<h1><strong>Dej\u00f3 que el libro se abriera siguiendo su voluntad, o m\u00e1s bien, la voluntad impuesta por otro lector torpe, y descubri\u00f3 que tambi\u00e9n las hojas estaban llenas de marcas. En los m\u00e1rgenes de aquel poema encontr\u00f3 palabras escritas con una caligraf\u00eda que le pareci\u00f3 familiar. Por un momento pens\u00f3 que era su propia letra, pero enseguida reconoci\u00f3 la palabra \u201cni\u00f1ez\u201d escrita con una tinta azul. La caligraf\u00eda, el color, la presi\u00f3n sobre el papel, eran similares a los que hab\u00eda visto en el libro de <em>Manuscritos literarios argentinos<\/em>. <\/strong><\/h1>\n<h1><strong>Acomod\u00f3 sus lentes, otra vez, sin poder creer lo que ten\u00eda en sus manos. Ger\u00f3nimo suspir\u00f3, convencido de que esa palabra hab\u00eda sido escrita por Alejandra, esas ten\u00edan que ser las marcas de su lectura. Claro que eso era l\u00f3gicamente imposible, pero se sabe que los enamorados no entienden de l\u00f3gica. La fascinaci\u00f3n del muchacho de anteojos marrones lo ceg\u00f3 unos minutos, hasta que algunos movimientos a su alrededor lo arrimaron a la realidad. <\/strong><\/h1>\n<h1><strong>De repente lo invadi\u00f3 el miedo a ser descubierto por la cajera. Pens\u00f3 que si ve\u00eda el libro marcado pod\u00eda echarlo de la librer\u00eda sin vend\u00e9rselo, o peor, denunciarlo y llamar a la polic\u00eda, o peor a\u00fan, descubrir el verdadero valor de aquel libro y negarse a venderlo. Consider\u00f3 la posibilidad de robarlo, pero no ten\u00eda mochila ni abrigo donde esconderlo, y en la entrada hab\u00eda una alarma. Las opciones eran pocas, y ninguna satisfactoria. Puso los anteojos en su lugar y estudi\u00f3 el panorama. Era la una del mediod\u00eda, horario del cambio de turno. Se acerc\u00f3 a la mesa frente a la caja, sin prestar atenci\u00f3n a los libros que hab\u00eda sobre ella, y observ\u00f3 los movimientos de los empleados. Su mirada y la del vendedor desgarbado se cruzaron un instante, y Gero tom\u00f3 instintivamente un libro. <\/strong><\/h1>\n<h1><strong>Tard\u00f3 algunas inhalaciones en darse cuenta de que sosten\u00eda <em>Serotonina<\/em> de Houellebecq. Todav\u00eda no estoy para esto, se dijo. Nina hab\u00eda intentado regal\u00e1rselo alguna vez, pero, por supuesto, ella no ten\u00eda idea de qu\u00e9 iba la cosa. Y pensar que hab\u00eda perdido tanto tiempo esperando que ella lo reconociera como lector y escritor, que al final olvid\u00f3 que ese era el verdadero reproche detr\u00e1s de las razones que esgrimieron la madrugada que decidieron cortar. <\/strong><\/h1>\n<h1><strong>La palabra <em>serotonina<\/em>, adem\u00e1s, le tra\u00eda malos recuerdos. Algo ten\u00eda que ver con la regulaci\u00f3n del \u00e1nimo, seg\u00fan le hab\u00eda dicho ella, y a Ger\u00f3nimo le parec\u00eda que las palabras regulaci\u00f3n y \u00e1nimo no pod\u00edan ir de la mano. La asociaci\u00f3n de ideas que se precipit\u00f3 en su cabeza result\u00f3 ca\u00f3tica: <em>Serotonina <\/em>&#8211; regulaci\u00f3n &#8211; honorarios &#8211; tribunales &#8211; tribuna &#8211; una &#8211; ninguna &#8211; Cero &#8211; grado cero &#8211; escritura &#8211; Barthes &#8211; discurso amoroso &#8211; Nina, de nuevo &#8211; fracaso amoroso &#8211; \u00bf<em>La amistad<\/em>? &#8211; Blanchot &#8211; <em>El instante de mi muerte<\/em> &#8211; angustia &#8211; exceso &#8211; defecto &#8211; regulaci\u00f3n &#8211; <em>Serotonina<\/em> &#8211; Sergio con Nina &#8211; Serio &#8211;\u00a0 Se\u00f1or<\/strong><\/h1>\n<h1><strong>\u00a0<\/strong><\/h1>\n<ul>\n<li>\n<h1><strong>Se\u00f1or &#8211; insisti\u00f3 el vendedor, con la suavidad de quien se dirige a un desquiciado -, \u00bfpuedo ayudarlo?<\/strong><\/h1>\n<\/li>\n<li>\n<h1><strong>No, no, todo bien. Gracias. <\/strong><\/h1>\n<\/li>\n<\/ul>\n<h1><strong>\u00a0<\/strong><\/h1>\n<h1><strong>Ger\u00f3nimo se acomod\u00f3 los anteojos que se le deslizaban, quiz\u00e1s por el sudor, y mir\u00f3 a su alrededor. Desde el mostrador, la cajera lo observaba con atenci\u00f3n, y pregunt\u00f3 algo a su compa\u00f1ero cuando este volvi\u00f3 a su sitio. Pasados diez minutos de la una, dos mujeres con polleras negras y camisas azules se acercaron a Victoria y Lucio, que comenzaron a preparar su retirada. Ella se encamin\u00f3 al ba\u00f1o, y Ger\u00f3nimo, sin darle m\u00e1s vueltas, se precipit\u00f3, con una seguridad inusitada. <\/strong><\/h1>\n<h1><strong>Puso sobre el mostrador los dos tomos de Silvina Ocampo, con un gesto tan delicado que le pareci\u00f3 ajeno, y trat\u00f3 de desacelerar su respiraci\u00f3n, que estaba descompasada con el resto de su actitud. El muchacho de voz apacible lo salud\u00f3 y acerc\u00f3 los dos libros a su computadora. Ger\u00f3nimo transpiraba tanto que apenas pod\u00eda sostener los lentes en su lugar, pero estaba decidido a no tocarlos, y disimular cualquier movimiento que pudiera levantar sospechas. Primero pas\u00f3 el c\u00f3digo de barras del ejemplar limpio, y enseguida lo meti\u00f3 en una bolsa con el logo de la librer\u00eda, pero cuando tom\u00f3 el segundo libro por el lomo, empalideci\u00f3. Levant\u00f3 la vista, con una expresi\u00f3n que Ger\u00f3nimo no supo descifrar y qued\u00f3 inm\u00f3vil. Abri\u00f3 el libro en una p\u00e1gina al azar, pero lo cerr\u00f3 inmediatamente cuando Victoria apareci\u00f3 junto a \u00e9l. <\/strong><\/h1>\n<h1><strong>\u00a0<\/strong><\/h1>\n<ul>\n<li>\n<h1><strong>\u00bfQu\u00e9 pasa, Lucho? \u00bfNo lo reconoce? &#8211; los dos leyeron enseguida la hipocres\u00eda en su tono amable <\/strong><\/h1>\n<\/li>\n<li>\n<h1><strong>\u00bfQu\u00e9? No, no, todo bien. Gracias &#8211; dijo el vendedor, que de repente parec\u00eda m\u00e1s nervioso que el comprador. <\/strong><\/h1>\n<\/li>\n<\/ul>\n<h1><strong>\u00a0<\/strong><\/h1>\n<h1><strong>Guard\u00f3 el segundo libro en la bolsa, casi sin respirar, tom\u00f3 el dinero que Ger\u00f3nimo hab\u00eda dejado en el mostrador y le entreg\u00f3 aquel par de libros. El flaco de uniforme no pod\u00eda emitir palabra, por terror a ser descubierto por Victoria, que no hubiese perdido la oportunidad de humillarlo ante tal esc\u00e1ndalo. Los dos lectores se miraron por un instante, con la perplejidad que se observan dos extranjeros que s\u00f3lo pueden comunicarse con gestos, y se despidieron con algunas f\u00f3rmulas aprendidas, como \u201cmuchas gracias\u201d o \u201cque tenga buen d\u00eda\u201d, s\u00f3lo que ninguno pudo recordar cu\u00e1l hab\u00eda pronunciado.<\/strong><\/h1>\n<h1><strong>Ger\u00f3nimo apur\u00f3 el paso para alejarse de la librer\u00eda y camin\u00f3 por calle C\u00f3rdoba, creyendo tener en sus manos un objeto m\u00e1gico. Sent\u00eda que su suerte hab\u00eda cambiado, quiz\u00e1s para siempre. Incluso cre\u00eda que algo en su andar era distinto, m\u00e1s \u00e1gil o seguro; no pod\u00eda precisar qu\u00e9 era, pero <em>algo<\/em> se sent\u00eda apenas distinto. No dejaba de sonre\u00edr pero tampoco de transpirar, como si adivinara que a unos metros de distancia lo segu\u00eda aquel vendedor de letra prolija, decidido a recuperar la que en realidad era <em>su<\/em> lectura de la poes\u00eda de Silvina Ocampo.<\/strong><\/h1>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>. APENAS DISTINTO\u00a0 &#8211;\u00a0 por Eugenia #Luna . 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