{"id":946,"date":"2010-09-11T20:27:37","date_gmt":"2010-09-11T23:27:37","guid":{"rendered":"http:\/\/www.nuestrotaller.com.ar\/?p=946"},"modified":"2010-09-11T20:27:37","modified_gmt":"2010-09-11T23:27:37","slug":"anton-chejov-por-vlady-kociancich","status":"publish","type":"post","link":"http:\/\/marceloscalona.com.ar\/?p=946","title":{"rendered":"ANTON CH\u00c9JOV.- por Vlady Kociancich .-"},"content":{"rendered":"<p><strong>.\u00a0\u00a0<a href=\"http:\/\/www.nuestrotaller.com.ar\/wp-content\/uploads\/2010\/09\/chejov1.jpg\"><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" class=\"aligncenter size-full wp-image-947\" title=\"chejov1\" src=\"http:\/\/www.nuestrotaller.com.ar\/wp-content\/uploads\/2010\/09\/chejov1.jpg\" alt=\"\" width=\"257\" height=\"249\" srcset=\"http:\/\/marceloscalona.com.ar\/wp-content\/uploads\/2010\/09\/chejov1.jpg 257w, http:\/\/marceloscalona.com.ar\/wp-content\/uploads\/2010\/09\/chejov1-188x182.jpg 188w\" sizes=\"auto, (max-width: 257px) 100vw, 257px\" \/><\/a>\u00a0 Un amor en voz baja<\/strong><\/p>\n<p>Por\u00a0 VLADY\u00a0 KOCIANCICH<\/p>\n<p><em>El agua corr\u00eda sin saber ad\u00f3nde ni para qu\u00e9. De la misma manera hab\u00eda corrido tambi\u00e9n en mayo; en aquel entonces pas\u00f3 del riacho a un r\u00edo grande, del r\u00edo al mar; luego se evapor\u00f3, se convirti\u00f3 en lluvia y quiz\u00e1s era esta misma agua que corr\u00eda ante la vista de Riab\u00f3vich. \u00bfPor qu\u00e9? \u00bfPara que? Y todo el mundo, toda la vida, se le aparecieron como una broma incomprensible e in\u00fatil. Habiendo apartado la vista del agua y mirando al cielo, record\u00f3 de nuevo c\u00f3mo el destino, en la persona de una mujer desconocida, lo hab\u00eda acariciado sin querer, record\u00f3 los sue\u00f1os y las im\u00e1genes del verano, y su vida le pareci\u00f3 sumamente pobre, miserable e incolora\u2026<\/em><\/p>\n<p>\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0 \u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0Ant\u00f3n Ch\u00e9jov, &lt;&lt;El beso&gt;&gt;<\/p>\n<p>Yo siempre quise a Ch\u00e9jov. No recuerdo si lo admiraba como a Tolstoi y Dostoievski, genios macizos que dominaron las lecturas de adolescencia de mi generaci\u00f3n. Pero yo quer\u00eda a Ch\u00e9jov. Fue un amor en voz baja, sofocado por esa inseguridad de gustos t\u00edpica de la juventud. Debidamente impresionada cuando le\u00eda el fresco colosal de La guerra y la paz o me sumerg\u00eda en las tempestades psicol\u00f3gicas de Crimen y castigo, los cuentos de Ch\u00e9jov me deban un placer vergonzoso, el de entretenerme con minucias mientras se hund\u00eda el mundo. Para colmo, en la competici\u00f3n de aquellos autores que llam\u00e1bamos familiarmente &lt;&lt;los rusos&gt;&gt;, Ch\u00e9jov era un brillante perdedor. Nunca alcanzaba el primer puesto, nunca bajaba al \u00faltimo. Estaba ah\u00ed, como el mercurio de un term\u00f3metro, esperando el contacto de la piel de un lector para marcar una temperatura.<\/p>\n<p>El juicio p\u00fablico lo sosten\u00eda con reservas, como un maestro de relatos breves que contaban muy poco, un Maupassant sin contundencia. Sus obras de teatro se manten\u00edan a flote en una ambig\u00fcedad similar. <em>El jard\u00edn de los cerezos<\/em> ten\u00eda ese prestigio sospechoso de algo demasiado culto para ser realmente interesante. <em>La gaviota<\/em> y <em>El t\u00edo Vania<\/em> eran\u00a0 &lt;&lt;un desafi\u00f3 para los actores&gt;&gt;, halago que siempre ha hecho desconfiar a los espectadores. Teatro acusado de la misma falla de los cuentos: ah\u00ed no pasaba nada. Ch\u00e9jov parec\u00eda haber escrito s\u00f3lo para amantes de Ch\u00e9jov. Tan \u00edntima era su obra, tan exclusiva de ciertos \u00a0temperamentos, que aun s\u00ed\u00a0 a la pregunta &lt;&lt;\u00bfTe gusta Ch\u00e9jov?&gt;&gt; pod\u00eda iniciar una amistad o un romance.<\/p>\n<p>El tiempo corre par ala literatura como corre para la gente. &lt;&lt;Los rusos&gt;&gt;, ese continente de libros que se exploraba en bloque, se ha hundido como una Atl\u00e1ntida en el fondo del mar de otras lecturas, dejando en la superficie unas islas dispersas, visitadas por los nost\u00e1lgicos o por los que de tantos o\u00edr hablar de ellas quieren cerciorarse de que valen la pena. Un Tolstoi abreviado a <em>La muerte de Ivan Ilich y Ana Karenina, el Dostoievski de Los pose\u00eddos, <\/em>quiz\u00e1 padre e hijos de Turgueniev, y si no queda demasiado lejos, la inesperada comicidad de un Mogol tras el titulo sombr\u00edo, telenovelesco, de <em>Las almas muertas<\/em>. \u00bfY Ch\u00e9jov?<\/p>\n<p>Ch\u00e9jov hoy esta en tierra firme. El cronista de momentos fugaces, el dibujante de historias secundarias el creador de dramas sin desenlace tr\u00e1gico, se convirti\u00f3 en un aplaudido autor moderno. Su obra teatral se representa tal como fue hecha, sin necesidad de apelar al homenaje p\u00f3stumo y deslucido que reciben los cl\u00e1sicos. Aquellos cuentos supuestamente leves y de final abierto, como &lt;&lt;La dama del perrito&gt;&gt;, llevados al cine como director Ni\u00f1ita Mijalkov, abruman de intensidad y de emoci\u00f3n. Inhalables durante un par de d\u00e9cadas, salvo en alg\u00fan volumen de librer\u00edas de viejo, reaparecen en nuevas antolog\u00edas. Su nombre ha dado un calificativo-chejoviano- a un humanismo sin ilusiones pero piadosamente\u00a0 humano, con individuos en trance de perderse no por grandes ideas no grandes decisiones, sino por esas cosas de la vida. Su estilo, breve, r\u00e1pido, libre, es la ambici\u00f3n vigente.<\/p>\n<p>Ch\u00e9jov era esc\u00e9ptico sobre la perduraci\u00f3n de su obra. En 1888, cuando la fama le llegaba en grandes olas, le dijo al escritor Bunin: &lt;&lt; \u00bfSabe cu\u00e1ntos a\u00f1os m\u00e1s ser\u00e9 le\u00eddo? Siete&gt;&gt;. Bunin se ri\u00f3 de \u00e9l. &lt;&lt;Muy bien&gt;&gt;, sonri\u00f3 Ch\u00e9jov. &lt;&lt;Digamos siete y medio. Es una pena, porque no voy a vivir m\u00e1s que seis. &gt;&gt;<\/p>\n<p>Fue una confesi\u00f3n chejoviana. Realista (era m\u00e9dico y estaba enfermo de tuberculosis), ir\u00f3nica (conoc\u00eda la veleidad de las modas literarias), ben\u00e9vola (\u00bfpor qu\u00e9 no disfrutar de la fama como del vino, los amores, las amistades) y certera. Muri\u00f3 puntualmente, a los 44 a\u00f1os. Si se equivoco sobre el tiempo de perduraci\u00f3n de sus libros fue por un error, tambi\u00e9n muy chejoviano, de modestia. Odiaba la jactancia.<\/p>\n<p>Su desprecio por la pedanter\u00eda y un sentido del humor muy peculiar, una obra en que la risa y la tristeza hacen un todo, como un \u00e1rbol que se va transformando en el paso de las estaciones, en el paso de la lectura, sin dejar de ser el mismo \u00e1rbol, explican que aquel escritor amado por sus contempor\u00e1neos sea un amigo nuestro. Y hasta lo entendemos mejor. Ant\u00f3n Ch\u00e9jov narra una sociedad sin energ\u00eda que se diluye en frivolidades. Sus h\u00e9roes no son heroicos ni en el bien ni en el mal. Prisioneros de un estado de cosas, atontados por la droga de su propio ego\u00edsmo, hablan sue\u00f1an soluciones pero nunca las llevan a cabo.<\/p>\n<p>Sin embargo, para apreciarlo no basta el reconocimiento de la cara de nuestros d\u00edas en el mundo de Ch\u00e9jov, ese hedonismo ap\u00e1tico, esa verborragia sin ante poderes que los superan y a los que se resignan. Finalmente, todos los escritores disparan contra la sociedad en que viven y algunos tienen excelente pulso y armas de largo alcance. Pero Ch\u00e9jov tuvo algo m\u00e1s que punter\u00eda literaria. Tuvo una grandeza rara en todo tiempo: la de no admirar a los fuertes. Admiraci\u00f3n cobarde\u00a0 que llevamos adentro sin sospechas hasta que Ch\u00e9jov la revela por su ausencia en sus textos. Y nos descubre que mientras creemos estar del lado de los d\u00e9biles, les pedimos que triunfen en su debilidad, que ejerzan alg\u00fan tipo de fuerza siquiera negativa, como el suicidio de Ana Karenina o la \u00faltima apuesta del jugador de Dtosievsky.<\/p>\n<p>Los personajes de Ch\u00e9jov realmente viven como pueden. A los buenos y a los malos, a los ciegos y a los l\u00facidos, a los poderosos y a las v\u00edctimas, se los lleva la corriente de la vida cotidiana, en la misma hojarasca de ambiciones, amores, alegr\u00edas y tristezas. Para todos sale y se pone el sol. Ch\u00e9jov escribe la vida sin may\u00fasculas. La vida descartable, escu\u00e1lida o glotona\u00a0 que su cronista nunca juzga. Porque a pesar de toda la miseria que hay en la condici\u00f3n humana, que Ch\u00e9jov vio y narr\u00f3 con sencillez, uno siente que nos quer\u00eda.<\/p>\n<p>\u00bfSer\u00e1 por eso que a un siglo de sus primeros cuentos hoy lo apreciemos tanto?<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>.\u00a0\u00a0\u00a0 Un amor en voz baja Por\u00a0 VLADY\u00a0 KOCIANCICH El agua corr\u00eda sin saber ad\u00f3nde ni para qu\u00e9. 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