{"id":971,"date":"2010-09-15T09:39:56","date_gmt":"2010-09-15T12:39:56","guid":{"rendered":"http:\/\/www.nuestrotaller.com.ar\/?p=971"},"modified":"2010-09-15T09:39:56","modified_gmt":"2010-09-15T12:39:56","slug":"damian-fornaso-arrimando-a-carver","status":"publish","type":"post","link":"http:\/\/marceloscalona.com.ar\/?p=971","title":{"rendered":"DAMI\u00c1N FORNASO.- Arrimando a Carver.-"},"content":{"rendered":"<p><em>\u00a0. <a href=\"http:\/\/www.nuestrotaller.com.ar\/wp-content\/uploads\/2010\/09\/Leung.jpg\"><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" class=\"aligncenter size-full wp-image-972\" title=\"Leung\" src=\"http:\/\/www.nuestrotaller.com.ar\/wp-content\/uploads\/2010\/09\/Leung.jpg\" alt=\"\" width=\"266\" height=\"338\" srcset=\"http:\/\/marceloscalona.com.ar\/wp-content\/uploads\/2010\/09\/Leung.jpg 266w, http:\/\/marceloscalona.com.ar\/wp-content\/uploads\/2010\/09\/Leung-147x187.jpg 147w\" sizes=\"auto, (max-width: 266px) 100vw, 266px\" \/><\/a><\/em><\/p>\n<p><strong>Promesa<\/strong><em><\/em><\/p>\n<p><em>\u00a0<\/em><\/p>\n<p><em>\u00a0<\/em><\/p>\n<p><em>\u00a0<\/em><\/p>\n<p><em>\u00a0<\/em><\/p>\n<p>Al terminar la cena, otra vez la misma discusi\u00f3n con su esposa que le pide que vaya a la cama con ella; \u00e9l trata de explicar que tiene problemas para dormirse, que prefiere mirar un poco de televisi\u00f3n hasta que el sue\u00f1o, por fin, lo atrape. No tom\u00e9s mucho por favor, despu\u00e9s est\u00e1s muy inquieto y te levant\u00e1s mucho al ba\u00f1o, le pide mientras camina hacia ese lugar. No, quedate tranquila, una copa de vino y voy a la cama.<\/p>\n<p>Por fin se queda solo en el living, el departamento est\u00e1 en silencio y en penumbras, apag\u00f3 todas las luces menos las peque\u00f1as lamparitas de la barra pasaplatos que separa la cocina del comedor diario: mira la soledad que lo rodea y disfruta de ese momento del d\u00eda. Camina hacia la heladera, la noche es de invierno y cerrada, sin luna. Sabe que no tendr\u00eda que tomar tanto para poder dormir, pero sin embargo sabe tambi\u00e9n, que es imposible que esa noche no tome hasta sentir la seguridad que le da el exceso. El ant\u00eddoto al miedo del insomnio se vende en cualquier supermercado, piensa, y sabe que\u00a0 ma\u00f1ana pagar\u00e1 el impuesto por escapar as\u00ed de los trastornos nocturnos que desde hace tiempo lo asaltan contra el sue\u00f1o: el sudor fr\u00edo, el coraz\u00f3n que galopa en un cuerpo lleno de miedo a morir; el dolor en la nuca, el fuego espeso que, por la columna vertebral, sube como lava. Que karma la noche, la puta madre, se dice, mientras destapa una botella de vino tinto de doce pesos. Tal vez si pudiera pagar botellas de treinta o cuarenta, el costo, ma\u00f1ana, podr\u00eda ser m\u00e1s barato, pero su econom\u00eda no da para dos botellas por d\u00eda de ese precio. Sabe que va a fumar, le gusta fumar mientras mira televisi\u00f3n. Termina con la ceremonia de descorche y arrima un vaso, toma la botella con la mano derecha y se sirve por primera vez; los dos o tres primeros borbotones de vino que salen desde el pico de la botella realizan un r\u00edtmico espect\u00e1culo que ya no se repetir\u00e1 (al menos hasta la pr\u00f3xima botella), ese ruido \u00fanico le agrada, siempre le presta una atenci\u00f3n extra a ese instante para poder disfrutar de la corta melod\u00eda que la botella le regala. \u00a0Vuelve a pensar como casi todas las noches, que antes del aburrido Clonazep\u00e1n prefiere esto: soledad, descorche, canci\u00f3n, oscuridad, televisi\u00f3n y una borrachera leve para entrar en el sue\u00f1o.<\/p>\n<p>Camina despacio hacia el sill\u00f3n, prepara el terreno para su momento, sobre la mesa ratona que est\u00e1 entre el sill\u00f3n y la tele deja el vaso, luego va en busca del control remoto y lo apoya al costado, vuelve a la cocina a buscar un repasador que segundos despu\u00e9s utilizar\u00e1 de mantel para apoyar el cenicero, los cigarrillos y la copa de vino tinto. Prende la televisi\u00f3n y deambula por los canales como un zombi. Enciende el primer cigarrillo y piensa en su vida, en lo distinta que seria si fuera interesante, si pudiera tener los huevos para patear el tablero y empezar de nuevo. Pero no se siente capaz, no tiene valor para dejar todo y marcharse (<em>qu\u00e9 maravilla)<\/em> ni para enfrentar la noche sin alcohol. Los minutos que indica el equipo de m\u00fasica que est\u00e1 debajo del televisor pasan a cuenta gotas: no hay un destino en la pantalla que logre entretenerlo, las canales son <em>como hojas de un libro sin leer.<\/em><\/p>\n<p><em>\u00a0<\/em><\/p>\n<p>Vuelve a servirse vino y esta vez nadie le regala una canci\u00f3n. Siente melancol\u00eda, piensa en sus ex parejas o compa\u00f1eras de cama, piensa en que tendr\u00eda que haber disfrutado m\u00e1s con algunas, no dejarlas ir tan r\u00e1pido. Incluso hay noches que se excita con estos pensamientos recurrentes, pero hoy no es el caso, solo remueve fotos viejas en su cabeza de alguna de ellas, un agridulce en su medida justa.<\/p>\n<p>Vuelve a poner atenci\u00f3n en la tele mientras enciende otro cigarrillo, lo hace con culpa, sabe que fumar lo mata, pero tambi\u00e9n piensa en que no fuma tanto como para hacerse da\u00f1o, y cree que eso mismo deben pensar todos los fumadores del mundo: que hay alguien que fuma m\u00e1s que uno y todav\u00eda anda por ah\u00ed, pitando. Seis o siete puchos al d\u00eda no es tanto, dejate de joder, se dice a s\u00ed mismo y descubre que est\u00e1 por empezar la final de la Copa Libertadores y se interesa en la pantalla, dejando de lado los pensamientos culposos y las mujeres que pasaron y siguen volviendo.<\/p>\n<p>Reci\u00e9n al terminar la botella le dan ganas de ir al ba\u00f1o. Abre muy despacio la puerta de la pieza donde ella duerme, sabe que otra vez va a faltar a la promesa de tomar poco y\u00a0 dormirse temprano, la mira con cari\u00f1o y envidia, ella no necesita nada para descansar, le dan ganas de besarla, pero si lo hace corre el riesgo de despertarla y que descubra que ya es tarde, que su aliento huele a alcohol y que le pida que vaya a la cama con ella. Cierra la puerta con el mismo cuidado que al abrirla y ahora s\u00ed, se dirige al ba\u00f1o, prende la luz, se refleja al pasar por el espejo pero no se presta atenci\u00f3n. Mientras mea sabe que va directo a la heladera a abrir la segunda botella, la segunda canci\u00f3n.<\/p>\n<p>Se repite la ceremonia: destapador, descorche, canci\u00f3n, vaso lleno y otra vez al sill\u00f3n. Empezaba el segundo tiempo del partido y no pasaban demasiadas cosas. Un instante en punto muerto que se multiplica formando un constante presente que se va hacia el pasado sin dejar nada. \u00c9l y el televisor se miraban de la misma manera: sin vida, mec\u00e1nicamente. La noche se iba convirtiendo en madrugada sin dar se\u00f1ales del cambio, mientras \u00e9l iba sintiendo que sus ojos le pesaban tanto como sus piernas, que se negaban a caminar derechas hacia la cocina. Vaci\u00f3 el cenicero en el tacho de basura, le peg\u00f3 una enjuagada r\u00e1pida bajo el fr\u00edo chorro de la pileta, sac\u00f3 de la heladera una botella de agua que se llevar\u00eda a la pieza \u2013como todas las noches- para, al despertarse con ardor en el pecho, pudiera con un trago apagar el fuego. Calibr\u00f3 con la mirada la botella de vino que quedaba en la heladera, un poco m\u00e1s de la mitad vac\u00eda, un poco m\u00e1s de lo prometido se hab\u00eda tomado.<\/p>\n<p>Despu\u00e9s de mear otra vez apoyado contra la pared y lavarse los dientes enfil\u00f3 para la pieza, apoy\u00f3 la cabeza en la almohada y cerr\u00f3 los ojos. Un peque\u00f1o meneo de la habitaci\u00f3n lo dej\u00f3 inmerso en un sue\u00f1o que al otro d\u00eda no recordar\u00eda.<\/p>\n<p>El radio despertador dejaba salir la voz del locutor que anunciaba un poco m\u00e1s de fr\u00edo (el invierno se ha estirado parece): <em>tenemos otro d\u00eda invernal y les recomiendo salir abrigado<\/em>. <em>Otra vez tuviste una noche de mierda, me tenes la bolas llenas, te pusiste agresivo adem\u00e1s, cuando te ped\u00ed que te corrieras que me estabas tirando de la cama, me puteaste&#8230; otra vez la misma mierda&#8230; tom\u00e1s y hac\u00e9s boludeses de noche. No tom\u00e9 anoche, fijate, media botella nom\u00e1s&#8230; es que estoy un poco nervioso por el laburo y no puedo descansar bien. La que no pude descansar bien soy yo<\/em>, dijo y desapareci\u00f3 de la pieza hacia el ba\u00f1o.<\/p>\n<p>\u00c9l se qued\u00f3 en la cama un rato m\u00e1s y la escuch\u00f3 salir sin saludar, reci\u00e9n ah\u00ed se levant\u00f3 un poco mareado y con mucha sed, se lav\u00f3 los dientes y luego tom\u00f3 un largo trago de agua de la pileta del ba\u00f1o; el agua estaba helada, afuera har\u00eda fr\u00edo otra vez y a \u00e9l le doler\u00eda la cabeza hasta pasado el mediod\u00eda. Camin\u00f3 hacia la cocina, abri\u00f3 la heladera y al ver otra vez la botella de vino medio vac\u00eda se prometi\u00f3 que esa misma noche iba a irse a la cama con ella sin tomar una gota de alcohol. Como cada noche.<\/p>\n<p>P\u00e1jaro Fornaso<\/p>\n<p><strong>\u00a0<\/strong><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>\u00a0. 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