ALGUACILES (diciembre) . Por si quedase algún rumor de radio o cortadora de césped, a las dos de la tarde se corta la luz en el campo y no queda nada que ensucie el silencio de las chicharras, ni el zumbido del colibrí en el callistemo, ni el grito del arenero cada vez que vuelca la tolva en la barranca. . No te esfuerces, describe. Sólo describe. . Como pausa de lectura y alivio del bochorno, dejo correr el agua por los escalones de la piscina. El barboteo del chorro hace una cascada que me lleva por un tubo a los primeros días de diciembre de 1974. . Si hubiera un paraíso donde tomaran examen, yo diría aquellos días que conocí a Hermann Hesse. Acababan de terminar las clases, moría Gustavo en La Vigil y ella tenía 4 años. No pregunten cómo, pero yo la estaba extrañando. Horas largas de siestas, juegos de manos, besos de nenes, cabellos de ángeles en los sueños, rizos de oro, espigas de trigo y todos aprendiendo a hacer el trabajo involuntario de la noche o del agua. Pelopincho, chocolatada, tocadiscos, ¡qué disonante era el jazz! ¿De verdad había muerto Marilyn? ¿Y Demian? . Mi segunda infancia terminó con los libros de mi hermano. «Bajo la rueda” donde Hans Giebenrath decide matarse para no sucumbir a Hitler. Cincuenta años después todo está igual en el país de Sísifo, menos una cosa: yo soy feliz y estoy cansado, es mi naturaleza. La nuestra. Vuelve la luz, ¿se había ido? . El bochorno de los 35 grados Celsius colma el campo de alguaciles: planean sobre la pileta por agua y liquen. La imagen de la sed me remite a Fabricio Simeoni: todos los alguaciles se han quedado en su poema “donde no piden nada, salvo el cielo”. . Yo apago la bomba y pienso en ella, en su alegría donde ya viene empezada la tristeza: ¡qué modos tan lindos tiene diciembre de hablarnos del infinito! . . Marce.
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MANTRA
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Es así, lo explica ella.
Tiene 6 años y sus compañeritos le dicen «la vicedirectora’.
Pensá en verde, me dice
pensá en mí
pensá en nosotros
en el verde
caminando juntos
felices …