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Amor

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Las primeras veces no supe si decirle doctor, usted, Luis o vos. El primer año le dije doctor o usted. Más adelante, cuando empezó a reírse en las sesiones le fui diciendo vos, y finalmente, Luis. Él también empezó con usted y terminó con vos.

Este fragmento es de los finales, cuando ya éramos vos y vos. Y terminamos porque él se murió.

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–Ya no quiero volver a enamorarme, dije ese mediodía.

–No te enamores… ¡qué obligación! Pero entonces no empieces a escribirle.

–¿Se va a enamorar si le escribo?

–No, ella no… no sé… pero vos sí te vas a enamorar si le escribís.

–Ella me dijo que no quiere enamorarse.

–Bueno, tema resuelto entonces…

–¿Vos decís?

–Sí, seguro… los dos van a enamorarse. O ya están. El no, tiene un reverso, es sí… el que lo dice no lo sabe. Pedro Salinas. Quesíquenó… no, no, es sí.

–Pero yo preferiría algo random ahora.

–¿Vos random? ¿Alguna vez te funcionó eso?

–Jamás.

–¿Y a ella? ¿Te parece que a ella le irá el random?

–Menos. Es dura… fuerte, si dice no, será no.

–Bueno, mejor… si al cabo vos tampoco querés…

–¿Pero eso depende de mí, depende de nosotros ?

–No, no depende de ustedes. Depende de muchas cosas que uno no decide ni maneja.

–¿Por ejemplo?

–A veces uno conoce a alguien en el momento en que sin saber necesita que le salven la vida… es algo medio imperceptible. No es que uno necesite un riñón, un préstamo o un trabajo. Necesita sentido…

–Pero nosotros somos dos personas realizadas ya. Familias, trabajos, vocaciones. Y una edad que… ya tuvimos parejas largas.

–No. Eso es lo más evidente. A veces uno no busca, pero necesita una especie de espejo. Un cristal donde verse. La réplica. La complicidad. Ser esperado y esperar.

–Pero es un lío… ya me separé varias veces. Y después duele. En este caso, además, los dos somos muy libres, con carácter y autosuficientes.

–¡Pero vos trajiste la pregunta hoy acá! Yo no te quiero enamorar, Tampoco es que te vas a casar… ¿O qué? Vos trajiste la pregunta, vos estás buscando esa respuesta.

–Sí, entiendo… pero total ella tampoco quiere,

–Bueno, no sabemos. Date tiempo de llegada a vos mismo con esto. Y dale tiempo a ella también, a su pregunta y a su respuesta.

–¿Le tengo que preguntar?

–Pero no… ¡cómo le vas a preguntar! ¿Pensás mucho en ella?

–Todo el tiempo.

–Ja… entonces ya sabés todo. No me hagás perder más tiempo.

–¿Cuánto es?

–….

–¿Aumentaste de nuevo…?

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Marcelo.