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DESHORA
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Una escena [interior día], donde ella le dice a él te quiero. Es en otro tiempo, y lo dijo a otro, pero repetido ahora, en el tiempo de la escritura, la palabra es actual. Es otra. Nueva. La repetición de un estribillo favorito. El ser es tiempo consolidado. El amor también. La escritura también.
Los tres segundos [toda la escena], en que él se da vuelta y la ve sentada en la cama cepillándose el pelo, son tres actos, él piensa, oye, pero no sabe bien en qué momento ella lo dijo o cuándo él lo escribió pues el murmullo de las ondas de voz queda mucho tiempo en el espacio.
El pasado se nutre de dos materias vivas y una sola modalidad visible: la escritura [la memoria] y el deseo [un susurro], porque cuando él se dio vuelta y escuchó la frase, o la recordó, o fue un eco, pues aún no la había escrito, quizá fue un dictado, tal vez era la letanía de ella.
El amor puede terminar pero la escritura no.
La deshora es un texto amoroso que ignoran los relojes.
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Marcelo.
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