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PARA DORMIR
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Si supieras guardar un secreto te contaría.
Te juro que sí…
¿En quién pensás antes de dormirte?
¿Eso es el secreto?
Sí. ¿En quién pensás antes de dormirte?
Eso no es un secreto. Es una pregunta.
La última persona.
Yo tengo insomnio. A veces no pienso en nadie.
Pienso en este kilombo, el país, en el trabajo,
la guita que no alcanza.
Yo duermo.
Vos tampoco dormías.
Pero ahora sí.
Un rezo corto con todo apagado y zás.
¿El velador también…?
Todo, tele, velador y libro.
¿Y en quién pensás?
Pienso en lugares.
En momentos.
Objetos, cosas.
Olores, texturas, colores.
Y ahí me llegan las personas.
¿Quiénes?
Muchas, pero sólo las muy queridas.
El cerebro derecho es selectivo.
Al sueño pasa lo más puro.
Un echarpe, mechones de cabellos
un anillo, la petaca
cuadernos, lápices
fotos, dos tazas de Gaudí
cinco ciudades
el relente del mate el día
que escribí de Tesalio
dos perros, dos gatos
miles de sonrisas
y un solo llanto, universal
perenne.
–¿Estoy yo?
–Siempre.
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Marcelo
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