Menos mal que el corazón va detrás de las costillas. El tipo que hizo el muñeco, Gepetto, sabía algo de mecánica. El corazón va detrás de las costillas, sino, duraríamos un solo día. Y en moto, quizá menos. Paso por la calesita de calle San Martín y me acuerdo de los escenarios de Hopper, esa fantasía que no es una amenaza a lo real o su tergiversación, sino una especie de «realidad abandonada», como en esas plazas metafísicas vacías de Chirico, o esas ciudades desoladas a la luz de la luna de Max Ernst. Presentar la soledad en la multitud o el desgaste de la civilización en la aspereza de los bordes de todas las cosas. [HANDKE]. . Llueve. Pero todo comienza antes. Chispeaba al salir. De cualquier modo voy a mojarme. ¿Cuánto puede durar un escritor en un mundo donde la única estación será la lluvia? Pero lo pienso antes de las palabras. Antes de la lluvia. Llegó la lluvia y antes de la lluvia yo tenía que cruzar la ciudad. Y no vale decir que son sólo 50 cuadras. No. Cuando la poesía era una práctica responsable había que decir que Ayolas, la calle del comienzo del viaje, homenajea a España, y Pje. Álvarez, la del destino, homenajea a Rosario, a nosotros, felices y delirados como yo en moto cuando empiezo a escribir antes de escribir. . Y cuando viene un recuerdo, antes, ya lo va trabajando el olvido a través del lenguaje. Por ejemplo, el olor de la lluvia es el mismo que una tarde de primavera de 1978 en la plaza Bélgica. Sinestesia. De Tablada al centro son 7 mares. La hipérbole. Yo te extrañaba Ana y aún no te había conocido. La metáfora. Después de antes sólo hay repeticiones, la aporía. . En el cuento, el viajecito será la materia del relato. Pero cuando viajo en poemas, como ahora, es la conciencia la que se expande y pareciera que mientras canto o escucho Spoty, olvido lo que quería recordar. Pero lo olvido mientras lo escribo para recordarlo: como si ella, la ciudad, estuviera tan cerca de mí que cualquier deja vú, incluso forzado o por asalto, no pudiera darme ni siquiera su imagen. . Marcelo.