© 2010 admin. All rights reserved.

TESS GALLAGHER .-

.

Tess Gallagher  – EE.UU   1943

 

Dejo de escribir el poema                                                                

 

para doblar la ropa. Sin que importe quién vive

y quién muere, sigo siendo una mujer.

Siempre tengo muchas cosas que hacer.

Pongo juntas las mangas de su camisa.

Nada puede detener

nuestra ternura. Volveré

al poema. Volveré a ser

una mujer. Pero por ahora

hay una camisa, una gigantesca

camisa en mis manos, y en alguna parte

una niña pequeña de pie junto a su madre

observando para aprender cómo se hace.

 —

El cuarto infinito

 

Tras haber perdido el futuro con él

ahora estoy en condiciones de amar a aquellos

que no ofrecen futuro cuando el futuro

es la manera en que el corazón se proyecta

en el tiempo. El me dio todo, hasta

el último instante marmóreo,

/y no como un exceso,

sino como si una intención cumplida fuera

un arroyo junto al camino

al que podía acercar mis labios y saciarme

recordando. Así ahora el amor en un cuarto

puede lograr fácilmente que me pierda

como una niña que se apresura por llegar a casa

es la oscuridad, con miedo de que la casa

esté vacía. O sólo con miedo.

Dime otra vez que esto sólo pasará

mientras dure. Quiero ser

frágil y sincera como alguien que extiende

el momento con su muerte intacta,

con el corazón demasiado sabio

limpio del escombro que llamamos esperanza.

Sólo entonces puedo volver a ese último momento

y saber con la salvaje exactitud

de una ventana destrozada lo que quiso decir

ya sin tiempo

cuando dijo “Te amo”.

Ahora ofréceme otra vez

Lo que creías que era nada.

———– 

En el lugar de la tristeza

 

Tomo una foto del Buda de piedra

que contempla desde su momento eterno

todos los cuerpos erosionados de cientos

de Budas del tamaño de un niño. Hombro contra

/hombro,

dicen algo sobre que no se le ofrece

a la muerte otro camino. Los espíritus

de los que no tienen parientes que los lloren,

/una entidad

que impulsa las lágrimas hacia adentro, de modo

que el rostro sólo muestra la ráfaga,

la implosión del dolor.

A través del rojo estrellado de las hojas de arce:

/un hombre

semi-visible con camisa blanca y corbata negra

alzado a la misma altura del Buda de piedra –uno

en su inmovilidad viviente, el otro más-que-vivo-

da un paso hacia mí

cuando aprieto el disparador

y miro hacia arriba,

como un muerto

a quien le dieran la tarea de demostrar,

con dos piedras idénticas,

la diferencia entre

un espíritu y un cuerpo.

 ———-

A la manera de los chinos

 

Al romper el día un viento norte ha desprendido

la nieve de las ramas del abeto. Ningún disfraz

dura mucho. ¿Creíste que no había viento

bajo tierra? Mi caballo tártaro prefiere

el viento norte. ¿Creíste que un poco

de tiempo y muerte me detendrían?

¿Acaso no me elegiste por la postura terca

de la cabeza, por mis ojos verdes que desanimaban

a charlatanes y vendedores que llamaban a la

puerta?

Dejé marcado un sendero, un círculo ahuevado

alrededor de tu tumba para mantener el calor

mientras te hablo. Soy la única

en el cementerio. Elegiste bien. Nadie

es tan terca como yo, y mi caballo tártaro

prefiere el viento norte.

———————————-

Tess Gallagher fue la compañera de Raymond Carver y estos poemas son un contrapunto a los que él publicara como despedida, antes de morir, en 1988 en su libro «Un nuevo camino a la cascada «, Ed. Visor.-