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CARLOS DRUMMOND de ANDRADE.
LOS HOMBROS SOPORTAN EL MUNDO
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Llega un momento en que no se dice más: Dios mío.
Un momento de absoluta depuración.
Un momento en que no se dice más: mi amor.
Porque el amor resultó inútil.
Y los ojos no lloran.
Y las manos tejen apenas el rudo trabajo.
Y el corazón está seco.
En vano las mujeres llaman a la puerta, no abrirás.
Estás solo, la luz se apagó,
pero en la sombra tus ojos resplandecen enormes.
Eres todo certidumbre, ya no sabes sufrir.
Y nada esperas de tus amigos.
Poco importa que venga la vejez ¿qué es la vejez?
Tus hombros soportan el mundo
y él no pesa más que la mano de un niño.
Las guerras, el hambre, las discusiones en los edificios
prueban apenas que la vida prosigue
y que no todos se liberaron todavía.
Algunos, encontrando bárbaro el espectáculo
preferirían (los delicados), morir.
Estamos en un momento en que de nada vale morir.
Estamos en un momento en que la vida es una orden.
La vida apenas, sin mistificación.
La vida.
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Carlos Drummond de Andrade
(Brasil, 1902-1985)
(Trad. Santiago Kovadloff)
Foto Santa Teresa, Río de Janeiro
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